- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
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Carlisle observó los autos de sus hijos y sus sobrinos al llegar. Como siempre el Volvo plateado estaba cubierto con su lona. Edward era muy cuidadoso con sus cosas, ya tenía más de un año con el auto y estaba como nuevo, incluso podía decir que aún olía a nuevo.
Estacionó al lado de este y se bajó para sacar su maletín y algunas compras. Con parsimonia se dirigió a la casa.
Disfrutaba de la brisa fresca proveniente del bosque, el olor a pino que este emanaba, el tenue calor del sol.
Le gustaba trabajar en el hospital pero estaba siempre encerrado en el edificio y el olor a hospital- a pesar de estar acostumbrado- era algo que no le gustaba.
Entró a la casa, colocó su chaqueta en el pequeño closet de la entrada y se fue directo a la cocina donde su mujer debía estar a esa hora. Tenían cocinera, pero a Esme le gustaba estar allí charlando mientras la mujer trabajaba.
Vio a los chicos reunidos en el salón y como siempre Edward no estaba con ellos. Sus hijos y Jacob siempre decían que Edward era un asocial que nunca se quería integrara su grupo. Por otro lado, Edward se encogía de hombros y daba cualquier excusa sin mirarlo a los ojos.
Quería creerle a ambas partes pero conocía muy bien a Emmett, Alice, Jacob y Bella, sabía que ellos no eran unos angelitos y que no querían a su primo de cabellos cobrizos.
—Buenas tardes —saludó con una sonrisa al llegar a la cocina.
—Buenas tardes, señor.
—Buenas tardes, amor.
Ambas mujeres saludaron con una sonrisa. Esme fue hasta su marido para abrazarlo por el cuello y la cocinera siguió con su trabajo.
— ¿Qué es lo que huele tan delicioso? Aparte de tu perfume —le susurró lo último a Esme en el oído con picardía, lo que hizo que su mujer riera quedamente.
—La salsa carbonara con brócoli, pan de ajo, ensalada cesar y los jóvenes pidieron pollo empanizado con papas fritas —dijo Matilde—. Para el postre, Ana preparó un pastel de arándanos.
—Ya estoy ansioso por probar la salsa carbonara, haces la mejor de todas, Ana —le sonrió Carlisle—. ¿Y eso que Edward no está aquí estudiando? No volvió a escaparse. ¿Cierto?
—No… Edward está en su habitación. Se cayó en deportes y anda herido, no quiso que lo curara. Cuando bajé a meter una ropa en la lavadora estaba él metiendo unas prendas llenas de pintura. Habla con él, Carlisle —le resumió Esme con tristeza.
—Mmm… Sí, eso haré —dijo Carlisle pensativo. No sabía porque pero tenía la ligera impresión de quien, o quienes, habían sido los causantes de esa pintura en la ropa del joven.
Subió las escaleras hacia la habitación de su sobrino.
Después de tocar la puerta y escuchar un leve "adelante", entró.
—Hola Edward ¿Cómo estuvo la escuela? —saludó.
—Igual —murmuró Edward monótono, sin despegar la vista de su cuaderno.
—Tu tía me dijo que te caíste en deportes —volvió a hablar Carlisle conciliador.
—Sí, me… tropecé —suspiró Edward dejando su lápiz sobre el cuaderno y girando en la silla para mirar a su tío.
Carlisle preparó todo para limpiarle las heridas a Edward. Solo eran raspones pero igual había que desinfectarlos.
Con cuidado, Carlisle limpió las heridas de Edward, quien siseaba con las más profundas. Mientras, el rubio iba comentándole de lo que había visto en el hospital. Edward permaneció en silencio la mayor parte del tiempo y para cuando su tío terminó alegó que tenía mucha tarea atrasada, por lo que debía seguir estudiando.
—Pero vas a bajar a comer —le dijo Carlisle.
—No tengo hambre —murmuró Edward.
—Edward, no vas a saltarte la cena —le reprendió Carlisle.
—Pero…
La ceja alzada de su tío le indicó que era caso perdido discutir. Por lo que no le quedó más remedio que asentir.
Carlisle salió de la habitación con una mueca de disconformidad. Edward estaba muy callado, mucho más de lo normal.
Con un suspiro emprendió la marcha a su habitación para darse una ducha rápida y cambiarse de ropa para la cena.
Iba directo al comedor cuando escuchó la conversación que había en la sala. Los chicos se estaban riendo de algo y frunció el ceño al escuchar el nombre de Edward.
—… ese tonto se quedó pasmado. No sabía lo que había pasado —se burló Emmett—. A Edward le cayó pintura por todos lados y pasó todo el día con el cabello manchado de pintura, cada vez que lo veía no podía evitar sentirme orgulloso de semejante broma. No había un solo compañero que no se riera y para terminar el día Mike lo hizo caer en la carrera, dijo que parecía una planta rodadora como esas que hay en el desierto.
La risa de todos hizo que Carlisle se molestara aun más. No solo le habían hecho una broma en el colegio a su primo, sino que se burlaron de él allá, vieron como una hazaña que un compañero lo hubiera sacado de la pista y ahora lo contaban como si de la mejor historia del mundo se tratara.
—Emmett ¿Cómo es eso que llenaron a su primo de pintura? —preguntó Carlisle entrando a la estancia para sorpresa de todos.
¡Mierda! Pensaron al unisonó.
Los cuatro se miraban sin saber que decir o hacer. Sabían que si Carlisle había escuchado su conversación, lo que seguramente había ocurrido, estarían metidos en un gran problema y Edward podría soltar todo. Contaría el sinfín de bromas que había recibido en todos estos años.
El rubio los miraba con los brazos cruzados sobre su pecho y moviendo su pie izquierdo hacia arriba y hacia abajo, esperando una respuesta que tardaba en llegar pero que sabía a la perfección cual sería.
— Hola, papá ¿Cómo estuvo tu día? — inquirió el chico tratando de desviar la conversación
— No cambies el tema, Emmett. Quiero que me digas ahora mismo que es eso de que llenaron a Edward de pintura— volvió a reclamar el mayor, comenzando a molestarse
— No sé qué has escuchado, tío, pero no hemos hablado de nada con pintura ni menos de Edward— intentó defender Jacob
— No te he preguntado a ti, Jacob. Te agradecería que te quedaras en silencio— lo cayó al instante y este solo bajó la cabeza, asintiendo— Vamos Emmett, no te quedes callado ¿O es que acaso ahora no tienes la valentía para encarar lo que has hecho?
El chico solo se encogió en su lugar. Su padre pocas veces le había hablado tan serio y cortante como en estos momentos y aun no lograba acostumbrarse.
Alice y Bella intentaron huir del lugar, pero Carlisle las detuvo al instante mandándolas a sentarse en los sillones que habían estado ocupando. No sabía que tanta participación habían tenido en los hechos, pero de seguro no saldrían con las manos limpias de todo esto.
Volvió a exigirle a su hijo una explicación y este, entre tartamudeos, trataba de volver a desviar el tema causando que la rabia de su padre fuera en aumento.
— ¡No estoy para tus juegos, Emmett! — le gritó Carlisle ya furioso, haciendo que los chicos se estremecieran
— ¿Qué está ocurriendo? — preguntó Esme entrando en la sala como un rayo. Había escuchado el grito de su marido, ese que casi nunca se escuchaba en la mansión a excepción que de verdad ocurriera algo importante o que lo exasperara de sobremanera—. ¿Carlisle, por qué gritas?
Su marido comenzó a explicarle todo lo que había escuchado a su mujer y ella lo escuchaba atentamente sin creer lo que le decía. Para ellas sus pequeños eran unos ángeles que no serían capaces de hacerle mal a nadie, por lo que le resultaba difícil enterarse de que esto no era así y que habían sido los responsables del estado en el que había llegado su sobrino ese día.
Mientras el rubio relataba todo lo que había escuchado los chicos, o mas ben el grandote, trataba de pensar en una excusa para librarse del castigo que seguramente recibirían si es que no se le ocurría una buena mentira para decir.
— ¡No puedo creer que hayan sido capaces de hacer algo como esto! ¿En qué estaban pensando? ¡En nada, obviamente si hicieron eso tan terrible!— gritaba colérica la castaña
Edward escuchaba a sus tíos gritando realmente molestos, incluso mas que el dia anterior cuando el regresó de su escapada a la nieve o cuando Emmett habia reprobado un examen muy importante y con el que estuvo a punto de reprobar una asignatura. Estaban molestos.
Recordó la ropa que no había logrado meter en el lavado. A lo mejor su tía la había metido a lavar, pero no estaba seguro y no quería perder su camisa favorita.
Se encaminó despacio hacia el cuarto del lavado tratando de no llamar la atención de los demás y mucho menos interrumpir s sus tíos en su discusión con sus hijos. Pero sus intentos fueron en vano.
El llamado de Ana alertó a todos sobre su presencia y se voltearon a verlo al instante. Intento esconderse y huir, pero no pudo.
Su tía le pidió que se acercara y no le quedó más remedio. Ahora tendría que soportar las miradas asesinas que sus primos de daban.
— ¿Tú fuiste, cierto? ¿Tu andas inventado cosas acerca de nosotros y se los dices a nuestros padres?— reclamó Alice con molestia, pero sabía que eso los podía sacar del apuro
—Yo...— Edward no sabía que decir. Si decía que si ellos seguirían molestándolo y esto nunca acabaría, pero si decía que no ellos podrían volverse más vengativos en su contra.
— Él no nos ha dicho nada, Alice. El simplemente les ha escondido todas sus bromas de mal gusto y las ha aguantado sin decir absolutamente nada— le informó Esme, aún enojada
— Se acaban de terminar de delatar— dijo Carlisle con los brazos cruzados sobre su pecho— Y esto tendrá sus consecuencias. Lo primero... Jacob, Bella, llamaré a sus padres para informarles de todo lo que han hecho y ellos tomaran las medidas que estimen convenientes. En cuanto a Emmett y Alice, ustedes van a quedar sin automóviles por dos semanas y tendrán que ayudarles a Ana y Matilde en los quehaceres de la casa.
— ¡¿Qué?!— gritaron los dos hermanos, impresionados por las palabras de sus padres
— Quiero sus computadoras y celulares en mi despacho cuando salgan de acá y no hay dinero extra por dos semanas
— ¡No nos puedes hacer eso, papá!— reclamó la pequeña Cullen
—¡Oh, claro que puedo Mary Alice!—recalcó su padre— Puedo y lo haré
—¿Y cómo quieres que vayamos a clases? ¿Caminando?— inquirió el grandote
— Pues no les haría mal— contestó el rubio
— Pueden tomar el transporte público o yo los llevo antes de irme al hogar— aclaró Esme, haciendo que los dos hermanos palidecieran.
Tanto Edward como Jacob y Bella no cabían en lo que estaban escuchando. Sus tíos estaban siendo muy duros con sus primos y eso era algo que pocas veces habían escuchado en todos estos años.
El cobrizo pensaba en su interior que sus tíos habían tardado demasiado en tomar medidas con sus hijos, después de todo ya eran unos malcriados y que no respetaban a nada ni a nadie. Incluso creían que tenía el poder de la escuela completa por el simple hecho de tener un poco de dinero.
Al acabar con el regañó Alice y Emmett se fueron a sus habitaciones completamente molestos por las medidas que sus padres habían tomado. No creían que ellos de verdad los habían castigado.
Carlisle llamó a su cuñada y a su mejor amigo para que fueran a buscar a sus hijos, aprovechando de contarles lo que habían hecho. Los padres no podían creerlo y tardaron muy poco en llegar a la mansión Cullen.
Por otro lado Edward, después de meter la camisa en la lavadora, se fue a esconder en su habitación. Sabía que sus primos podrían comportarse por un tiempo, pero pronto volverían a lo de antes y ahora sería peor.
La noche llegó y con eso la hora de la cena. Ninguno de los jóvenes había querido salir de sus cuartos cuando las empleadas fueron a buscarlos, por lo que al final tuvieron que ir Esme y Carlisle a buscarlos.
La castaña fue a buscar sus hijos. Alice estaba hojeando una revista de moda y no dijo nada cuando su madre la llamó, solo se puso de pie y salió de su cuarto. Mientras que Emmett estaba jugando en una consola portátil, que era lo único que le quedaba para entretenerse, y este tampoco le dirigió la palabra a su madre y salió en dirección al comedor.
Por otro lado el rubio se había dirigido a buscar a su sobrino, pero se lo encontró completamente dormido apoyado sobre el escritorio y con sus cuadernos esparcidos en este. Su celular brillaba mostrando los mensajes que Rosalie y Diego le habían mandado por Whatsapp y que no habían sido respondidos.
Lo movió con delicadeza para que despertara y este a penas lo hizo. Carlisle aprovechó su poca lucidez para decirle que la cena estaba lista, pero el chico solo asintió y se acomodó más en el escritorio.
Suspiró audiblemente y decidió desistir de intentarlo. Se acercó a la cama y cogió la manta que había a los pies de esta para cubrirlo y luego salir de la habitación.
Esme y Carlisle cenaron junto a sus hijos en silencio esa noche. Nadie mencionó nada con respecto a lo ocurrido hace unas horas y tampoco preguntaron por Edward. Carlisle le había informado a su esposa que este se había dormido y que no había logrado despertarlo, por lo que lo dejó descansar.
Cuando terminaron de comer los chicos dejaron los platos sobre la mesa para marcharse a sus habitaciones y que las sirvientas lo recogieran todo, pero Esme les pidió que como mínimo lo llevaran la cocina. Molestos, agarraron el plato y salieron para dejarlo en el lavavajilla y subieron a sus cuartos.
No paso mucho tiempo cuando las luces de toda la casa se fueron apagando mostrando que todos estaban durmiendo. La casa había quedado en completo silencio y solo los ruidos de los autos transitando por la calle y uno que otro perro ladrando a lo lejos se escuchaba en la casa.
Edward despertó a eso de la media noche. Su cuello le dolía a horrores por la incómoda posición en la que estaba durmiendo ¿Cuánto había pasado? Miró la hora en su reloj y vio lo tarde que era. Se estiró, haciendo que la manta cayera sobre el suelo.
Se levantó con pereza y la cogió para dejarla en su lugar. En cuanto hizo esto escuchó como su estómago se quejaba de hambre. No había comido nada desde el almuerzo y desde eso ya habían pasado más de 10 horas.
Con paso lento salió de su habitación y se dirigió hacia las escaleras para bajar hacia la cocina. Ahí vería que podía comer y beber.
La luz de la cocina le dañó un poco los ojos, era demasiado brillante, pero sus ojos pronto s acostumbraron a ella y le permitieron poder caminar en dirección al refrigerador. Desde este sacó una botella con jugo de naranja y un trozo del pastel de arándano que había preparado Ana.
Adoraba el pastel que esa mujer hacía y si pudiese se lo comería completo, pero era para toda la familia y no podía comerlo el solo.
Cuando acabó dejó todo en el lavabo y salió solo con un vaso de jugo hacia su habitación. Por las noches le solía dar sed y no quería tener que salir nuevamente hacia la cocina por u vaso de agua.
Caminaba en la oscuridad del pasillo cuando sintió que algo lo jalaba hacia atrás haciéndole perder un poco el equilibrio, lo que provocó que el vaso cayera al suelo y se rompiera en mil pedazos. Luego su espalda se estrelló contra la pared y su cabeza rebotó contra esta, haciendo que le doliera a horrores.
— Lo que pasó esta tarde está muy mal, primito— dijo Emmett, moviendo su cabeza— Si antes las cosas estaban mal para ti, ahora todo será peor. Yo mismo me voy a encargar de hacerte la vida miserable ¿Entendiste?
Edward ni siquiera podía responderle a lo que su primo le había dicho. Emmett lo tenía sujeto por la camiseta, con su enorme brazo apretándolo por el pecho contra la pared y dejándolo completamente inmóvil. Si, él no era ningún debilucho y tenía músculos, pero su primo era mucho más grande que él y lo sujetaba con facilidad. Tanta era la fuerza que sus pies apenas tocaban el suelo con la punta de sus dedos.
Pronto se escucharon unos pasos resonando en la planta alta y Emmett lo soltó de inmediato para poder ingresar nuevamente a su habitación.
Las luces de la escalera se encendieron y ellas dejaron ver la figura de Carlisle bajando por estas, acompañado por un bate de béisbol y con Esme siguiéndolo de cerca.
— ¿Edward? — inquirió el rubio, incrédulo
— Si… Soy… Yo— respondió, jadeante
Esme se separó de su esposo y bajó corriendo las escaleras para acercarse a su sobrino. Preocupada, comenzó a preguntarle qué era lo que le había ocurrido y el chico le respondió que había resbalado al estar solo con calcetas.
Entre Esme, Carlisle y el cobrizo recogieron los trozos de vidrio que habían quedado regados por el suelo cuando el vaso se rompió y secaron el jugo derramado, a la vez que seguían insistiéndole al chico para que les dijera lo que realmente había pasado.
Edward insistió hasta el final que solo había tropezado y ya después, cansado de responderles, se fue a su cuarto alegando que estaba cansado. Los adultos se despidieron de él y lo vieron desaparecer tras la puerta, sintiendo después el sonido del cerrojo: se había encerrado.
Ambos suspiraron al mismo tiempo y, después de tirar los trozos de vidrio y dejar el trapo en el mueble donde guardaban los productos de limpieza, se fueron a acostar.
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¡Hola a todo el mundo! Aquí les traigo el capítulo de esta semana ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué creen de los chicos? ¿Creen que fueron muy suaves con ellos?
Como siempre me gustaría agradecer, en primer lugar, a mi gran amiga Jennifer que siempre me ayuda en los momentos difíciles y más ahora que me había quedado un poco pegada en la parte más o menos final de la historia. También a Sandra, que me ayuda cuando me cuesta escribir algo. Y obviamente a cada uno de ustedes que leen mi historia, pero en especial a:
Yolo: Hola. Bueno, ya volví a mi casa pero estuvieron excelente y conocí muchos lugares hermosos. ¿No son muchas cosas para contestar? Creo que vas a tener que ir esperando capítulo a capítulo para irlas respondiendo por ti misma, pero tranquila que subiré todas las seanas si es que el destino así lo quiere. Saludos y cuídate.
Aru1313: A mi tampoco me gusta que Eddie sufra y quiero matarlos a todos, pero es parte de la historia. Que bueno que te siga gustando y te mantenga atrapada. Saludos y cuídate.
Sandryttaa: ¡Me encontraste! Nos leemos.
Sin nada más que decir y deseándoles un buen día, se despide.
Babi_Cullen
