- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
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Cuando llego la mañana los primeros en despertarse, como casi todas las mañanas, fueron Carlisle y Esme. Ambos se metieron en la ducha, se arreglaron y, cuando estuvieron listos, fueron a la cocina para desayunar en calma.
En este lugar Ana ya les tenía preparado lo que a cada uno les gustaba y Matilde les daba el informe de los chicos. Al parecer aún no habían despertado y no tenían intenciones de hacerlo.
La pareja comenzó a conversar de distintos temas como, por ejemplo, las próximas vacaciones de Carlisle y sus turnos. Según le habían informado este año si se podría tomar todos los días por las nuevas adquisiciones que se habían hecho en el personal, ya no tenían los problemas de hace un tiempo. Otro punto era que, desde ahora, ya no trabajaba más los fines de semana, por lo que ahora podía disfrutar junto a su mujer.
Poco tiempo después, y cuando ellos ya estaban en la mitad de su desayuno, llegaron los dos hermanos Cullen. Ambos seguían molestos por el castigo que sus padres les habían impuesto y casi no hablaban, pero si les salió la voz cuando Carlisle les recordó que debían ayudarles a Ana y a Matilde en el quehacer de la casa.
Por otro lado Edward continuaba en su habitación, recostado en la cama y con su mente trabajando a mil por horas. Llevaba horas despierto pero no había querido levantarse. La verdad era que después de la amenaza de su primo apenas había podido dormir, se sentía aterrado.
— ¿Joven Edward, está despierto? — inquirieron desde el otro lado de la puerta de su habitación a la vez que tocaban. Era Matilde.
— Si, lo estoy— respondió
— Joven, sus tíos dicen que se levante y baje a desayunar ¿O prefiere que te lo traiga al cuarto?
— No te preocupes, Matilde. Ya bajo.
Pronto escuchó los pasos de la empleada resonando en el pasillo y, perezosamente, comenzó a levantarse para ir a ducharse y cambiarse de ropa. Tenía la esperanza de que su mente se relajara con el agua tibia.
Al salir del baño, con una toalla atada a su cadera y con otra en su mano con la que se secaba el cabello, notó que la pantalla de su teléfono estaba iluminada. Se acercó a cogerlo y vio los mensajes que tenía perdidos. Casi todos eran de Rosalie, Jasper y Diego. Rose se disculpaba por cómo le había hablado y culpaba a los cambios hormonales previos a su menstruación, Jasper le preguntaba que le había hecho a su hermana para que estuviera tan molesta y luego le decía que ya lo había descubierto así que no importaba y Diego le informaba que iría a verlo el día de hoy porque tenían que conversar seriamente.
— Muy bien, más problemas— suspiró lanzando el teléfono sobre la cama y acercándose a su armario para sacar la ropa que se pondría.
Cuando estuvo listo salió de su habitación y bajo a la cocina donde ya no quedaba nadie, solo estaban Ana y su primo. Ella lavaba la loza utilizada por su familia y él le ayudaba a acomodarla en los muebles y a ordenar la cocina.
El cobrizo trató de esquivar la mirada penetrante de su primo cada vez que lo miraba. Se sentía incómodo y aun recordaba las palabras que le había dicho la noche anterior.
El timbre de la casa sonó, alertando a todos los habitantes sobre la llegada de alguna visita. Esme, quien era la que estaba más cercana a la puerta, fue a abrirla y se sorprendió al encontrar a Diego junto a un hombre a su lado.
— Buen día, Esme— la saludó Diego con una sonrisa, saludándola con dos besos en sus mejillas
— Diego, que sorpresa verte. Adelante, pasen— le sonrió Esme, indicándoles con la mano que entraran— Hola, mi nombre es Esme ¿Usted es?
— Lo siento, que descortés. Mi nombre es Alec Vulturi— el hombre le tendió la mano. Una fuerte y de venas marcadas.
Esme se quedó anonadada al ver a aquel hombre. Era guapo, muy guapo. Su nariz era perfilada, su mentón bien definido, su cabello era castaño pero en un tono muy especial y que había visto pocas veces, su sonrisa perfecta relucía de lo blanca que era y tenía unos profundos ojos azules que se parecían al mar.
— Él es un buen amigo y se viene a vivir a Seattle. Estará viviendo en mi departamento por un tiempo hasta que consiga uno propio— le explicó Diego
— Eso es bueno, así no estás tan solo— le sonrió Esme y los invitó a que la siguieran a la sala
En ese momento apareció Carlisle, quien venía saliendo de su despacho. Se topó de lleno con los dos hombres y su mujer y al instante se acercó a saludar a Diego y a conocer al nuevo tipo que entraba a su casa. Luego los cuatro se dirigieron a la sala.
Estuvieron hablando de todo y de nada a la vez. Tanto Carlisle como Esme querían conocer más al nuevo amigo de Diego y fue así como se enteraron de que él conocía a Bree, la madre de Edward. Había conocido a la chica antes que Diego y luego ellos dos se hicieron amigos con el pasar del tiempo.
— Tía, voy a salir con…— Edward se quedó de piedra cuando vio a Diego sentado en el gran sillón. Con eso sus planes para huir de casa antes de que él llegara se habían esfumado y ahora tendría que afrontarlo— Olvida lo que dije. Creo que no iré a ningún lado.
— Claro que no iras a ningún lado. Tú y yo tenemos una conversación pendiente— le recordó Diego, levantándose de su puesto.
Alec miraba atónito al joven que estaba frente a él. Era igual a su madre, pero con su color de cabello y porte. Su mismo color de ojo, su misma nariz, las mismas orejas… Era igual. Su hijo, por fin veía a su hijo.
— ¿Y ese no se va? ¿Es de piedra?— escuchó que preguntaba su hijo cuando volvió a la realidad
— "Ese", como tú le dices, tiene nombre. Se llama Alec Vulturi y es un buen amigo mío— le informó Diego.
Los Cullen habían salido de la sala y en esta solo habían quedado los tres. Edward estaba sentado en el sillón frente al suyo, con sus codos apoyados en sus piernas y mirando atentamente a Diego.
— Esta bien ¿Pero tiene que estar aquí? — inquirió el chico
— Yo… mejor los dejo solos para que conversen— el castaño cobrizo hizo ademán de levantarse, pero su amigo lo detuvo
— No es necesario, Alec. Lo que tengo que decirle a Edward no es nada que no puedas escuchar. Además creo que mejor te vas acostumbrando porque estas conversaciones son más frecuentes de lo que crees— le aclaró Diego y luego se volteó hacia el chico— Quiero que sepas que lo que hiciste el otro día estuvo muy mal ¿Eres consciente de ello, cierto? — Edward asintió— Bien. No quiero verte más por el centro de ski en día de semana porque o sino yo mismo te voy a sacar a patadas o llamaré a la policía para que te lleven a clases. Me da igual si no tuviste clases, saliste antes, se quemó el colegio o es feriado porque el mismísimo presidente de los Estados Unidos lo decretó. Ni un pie colocas en el centro de ski mientras sea semana ¿Hablé claro?
— Como el agua de un río— respondió el joven
— Ahora, quiero que me digas porque faltaste ese día ¿Es porque Rosalie lo hizo? ¿Huías de un examen? — el chico negó— ¿Entonces?
— No puedo decírtelo— contestó
— ¿Por qué no? ¿Te quedaste sin voz? ¿Te comieron la lengua los ratones? ¿O es porque no hay un motivo? — Edward guardó silencio— ¡Habla, Edward!
— Es problema mío y no quiero que lo sepas. Solo quería saber si… Si me puedo ir a vivir contigo
Eso pilló por sorpresa a los dos hombres frente al chico. Diego sabía lo mucho que él quería irse a vivir a su departamento desde que era muy pequeño, pero nunca se lo había pedido de frente, o al menos no hace mucho tiempo. Pensó que eso había quedado en la niñez de aquel joven.
—Pues sabes que en mi apartamento solo hay dos habitaciones: la mía y la de huéspedes donde se quedará Alec…
—No importa, duermo en el sofá. Solo… solo no quiero estar aquí —murmuró Edward agachando la cabeza.
— Si acepto, ¿responderás todas mis preguntas? —le preguntó Diego inquisidor.
Edward dudó pero asintió momentos después.
—Esme es tu tutora. Si ella accede, está bien —dijo Diego cruzándose de brazos.
Enseguida Edward corrió hacia su tía para contarle la decisión que había tomado.
La mujer se impresionó, no esperaba que petición de su sobrino pero se dio cuenta que detrás de esa mascara despreocupada se encontraba un chico desesperado por salir de allí. No le quedó de otra más que aceptar.
Como alma que lleva el diablo el joven se dirigió a su habitación y comenzó a hacer sus maletas. Ni siquiera se preocupó en acomodar la ropa, simplemente la arrojó en estas y se sentó sobre ellas para cerrarlas.
En su morral de camping metió todos sus útiles escolares mientras que en el morral del colegio metió su laptop, tablet, cargadores, teléfono, cartera.
Prácticamente había empacado toda su habitación.
—Estoy listo —anunció al llegar a la sala.
— Y qué ¿No vas a volver a casa de tu tía? — se burló Diego al ver todas las maletas de Edward y la tabla de snowboard favorita del chico—. ¿Y para donde crees que llevas eso?
— ¿Para tu apartamento…?
Diego comenzó a reír a carcajadas haciendo que todos lo miraran confundidos, entonces cortó su risa repentinamente y observó a Edward con seriedad.
—No. estas castigado, ya te lo dije, nada de centro de ski para ti hasta que terminen las clases.
—Habías dicho que no podría ir los días de semana —replicó el chico.
—Ahora estoy diciendo que nada de centro de ski hasta que terminen las clases —dijo Diego con tal seriedad que Edward no quiso volver a replicar.
Edward se abstuvo de responder, pero la verdad era que si por él fuera iría solo para visitar a sus tíos y si podían reunirse en otra parte, mejor.
Esme observaba como metían las maletas al auto de Diego y no pudo evitar notar el parecido que tenían Edward y Alec. No era parecido en los rasgos, era en la forma de moverse, los gestos…
Será que… ¡No, no lo creo! Pensó Esme mientras los observaba subirse al auto.
Antes que se marcharan, Edward salió del automóvil y corrió hacia su tía a quien atrapó en un fuerte abrazo y besó repetidamente sus mejillas.
—Adiós, tía —se despidió el chico.
La abrazó con una fuerza impresionante, como si realmente se estuviera despidiendo y eso hizo que se estremeciera. En el tiempo que llevaba con Edward había aprendido a quererlo y lo hacía tanto como si fuera su propio hijo por lo que verlo marchándose hacía que le doliera el alma.
Al separarse disimuladamente se limpió una lágrima rebelde que había caído desde sus ojos y trató de sonreírle para disimular su tristeza. El chico hizo lo mismo y luego se marchó hacia el auto para subirse y salir del lugar.
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¡Hola a todo el mundo! Perdón por la demora en el capítulo, pero el día de ayer fue de locos y se me hizo imposible poder subírselos. Pero mejor tarde que nunca, asi que aquí está ¿Qué les pareció el capítulo?
Como siempre me gustaría agradecer, en primer lugar, a mi gran amiga Jennifer que siempre me ayuda en los momentos difíciles y más ahora que me había quedado un poco pegada en la parte más o menos final de la historia. También a Sandra, que me ayuda cuando me cuesta escribir algo. Y obviamente a cada uno de ustedes que leen mi historia, pero en especial a:
Yolo: Hola. Bueno, como Edward se ha ido de casa hay que esperar para ver que hacen estos chicos, pero ¿qué crees tu? Saludos y cuídate.
Mellarkcullen: Que bueno que te guste la historia. Si, Emmett y Alice con malvados, pero Bella y Jacob no se quedan atrás. Saludos y cuídate.
Sin nada más que decir y deseándoles un buen día, se despide.
Babi_Cullen
