- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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— ¿Por favor?— preguntó Edward por enésima vez esa mañana.

— ¡Que no!— y eso le contestó Diego también por enésima vez— Estás castigado, Edward ¿Qué parte del castigo no te ha quedado clara aun?

— Pero Diego, no puedes impedirme ir a la nieve. Menos hoy que hay una competencia tan importante— se quejó

Alec miraba atentamente a los dos hombres que defendía con garras y colmillos su pensamiento. Diego no daba su brazo a torcer con respecto al castigo del chico y Edward no dejaba de insistir agregando cada vez más argumentos a su posición. Le divertía verlos así y no dejaba de pensar en que él ya habría cedido ante la insistencia de su hijo.

— Tal vez podrían llegar a un acuerdo— trató de dar su opinión el castaño

— ¡Si!— gritó Edward

— ¡No! ¡Y es mi última palabra!— sentenció Diego levantándose de la mesa del comedor para llevar sus cubiertos al lava platos.

— Pero Diego...— iba a insistir Alec, pero su mirada lo hizo callar

— Dije que no. Ahora ve a revisar tus cuadernos, estudia, lee un libro o has algo productivo que no te quiero a mi lado con cara de perro atropellado— le indicó al cobrizo, quien bufó molesto.

Sin decir nada más Edward se puso de pie y fue a buscar sus cuadernos al cuarto de Diego. Como no tenía un cuarto para sí mismo dejaba sus cosas ahí y dormía en la sala, en el sillón cama que había en el lugar.

Eso también era una desventaja. Al tener sus cosas en la pieza de Diego él tenía la tabla de surf y la de snowboard en el closet y eso hacía difícil sacarla sin que lo notara.

Diego había desaparecido de la casa por unas horas en la tarde cuando Edward se despejó un poco de su estudio. Según le había comentado Alec lo solicitaban en el centro de ski y se había marchado a ver qué ocurría.

El chico solo asintió entendiendo sus palabras. La verdad es que le había prestado poca atención ya que sus sentidos estaban cien por ciento centrados en su teléfono mientras respondía los mensajes de Rosalie que le preguntaba dónde estaba.

— ¿Te molesta si viene mi novia?— inquirió el chico mirando al castaño que veía una película en la televisión.

— Pues no, pero no sé qué pensará Diego y él es el dueño de casa— se encogió de hombros

— Mejor le pregunto por whatsapp— se regañó mentalmente. Sabía que Diego era el dueño del departamento y a él tenía que preguntarle.

— ¿Desde cuándo tienes novia?— inquirió Alec

— Hace un tiempo ¿Por?

— Nada. Mera curiosidad— el chico cobrizo asintió— ¿Cómo se llama? ¿Cómo la conociste?

— ¿Qué? ¿Estamos en un interrogatorio?— Alec se disculpó y Edward solo suspiró. No era necesario que le respondiera así— No, perdóname a mí. Se llama Rosalie y la conozco desde que éramos pequeños.

El castaño asintió y decidió mejor no seguir preguntando más cosas, pero Edward ahora si tenía interés en conocer más al sujeto que había llegado a vivir con su tío y que decía ser su amigo.

— ¿Y tú? ¿De dónde conoces a mi tío? — inquirió con interés

— Fuimos amigos por mucho tiempo, pero nos distanciamos cuando tuve que irme. Hace poco volví a la ciudad y, como no tengo lugar para vivir y tengo que buscar trabajo, el me ofreció un cuarto en su departamento— le contestó mirándolo con atención. Aun le impresionaba lo parecido que era a su madre.

— Ya veo— siguió el chico— ¿Pero tú no eres…? Ya sabes… ¿No te gusta Diego, cierto?

— ¡¿Qué?! ¡No, claro que no! — gritó impresionado y Edward se comenzó a reír por el rostro que había colocado el hombre.

— Vale, vale… Bueno, Rosalie va a llegar dentro de poco— explicó dejando su teléfono a un lado— ¿Veías televisión?

Alec asintió y lo invitó a quedarse con él en la sala, mirando un programa que estaban dando en ese momento.

Si es que alguien los miraba de frente notaría que ellos dos se parecían bastante. A lo mejor Edward, a los ojos de su padre, era igual a Bree, pero la verdad era que se parecía más a él. Solos sus ojos eran distinto, pero los labios y hasta forma de la cara era idéntica a la de su padre.

El timbre del departamento sonó después de una media hora y Edward se levantó como si tuviera un resorte pegado en su trasero. Alec no pudo evitar imaginárselo cuando lo veía alejarse.

Una voz dulce, pero que a la vez mostraba una fuerza interior, lo alertó de la llegada de la chica y se levantó para ordenar un poco el desorden que había en el lugar. Tomó los vasos en los que habían bebido gaseosa y se llevó los cuencos de patatas para llevarlos al fregadero.

— Ehm, Alec— lo llamaron a sus espaldas y se volteó al instante— Te presento a Rosalie Hale, mi novia. Rose, él es Alec Vulturi. Es un amigo de Diego.

— Un gusto conocerte, Rosalie— le tendió la mano y ella, impresionada un poco por el sujeto que estaba frente a ella y que le hacía recordar a su novio, la tomó.

— Igualmente, señor.

Alec miraba a la chica que estaba frente a él. Era guapa, no se esperaba que tanto. Podía pasar fácilmente como una modelo de alta costura y bailarina, sobre todo por sus largas piernas y esbelta figura.

— Eh… Bueno, creo que saldré a dar una vuelta. Necesito tomar un poco de aire fresco y voy a ir a comprar unas cosas que necesito— trató de huir. No quería que los chicos se sintieran incómodos con su presencia.

Ninguno de los dos jóvenes dijo nada, solo se miraron y vieron como Alec preparaba todo para salir del departamento.

Pronto quedaron solo los dos en el piso y decidieron ir a ver una película en la sala. La verdad es que solo quería pasar el tiempo juntos y aclarar algunos temas o tal vez solo uno. Qué era lo que había pasado para que Edward decidiera irse a vivir con Diego.

Edward trataba de evitar el tema, pero al final Rosalie siempre se salía con la suya y logró sacarle la información. Quedó impresionada cuando escuchó lo que su novio le decía y no podía creer que Emmett hubiese sido capaz de amenazarlo. Le insistió a Edward para que lo delatara, pero el chico no lo iba a hacer.

— ¿Diego no dijo a qué hora llegarían?— preguntó la chica rubia recostada sobre el pecho de su novio e intentando cambiar el tema para no enojarse.

— La verdad no lo sé, pero supongo que para la cena. Según me dijo Alec lo llamaron desde el centro de ski y tuvo que partir hacia allá— le contestó acariciando su suave y platinado cabello y llevando un mechón detrás de su oreja— ¿Por qué quieres saberlo?

— No sé. Estaba pensando que podríamos hacerle algo para la cena y así agradecerle que te haya recibido a pesar de no tener espacio. Además que te tiene una paciencia enorme— le sonrió y el chico frunció su ceño

— Oye, yo no soy tan complicado— se quejó enfurruñado y cruzándose de brazos. Ella se comenzó a reír para luego colocarse sobre él y comenzar a besarlo con dulzura. Al principio Edward no le correspondía, pero luego paso a disfrutar de los besos de su amada atrayéndola más hacia él.

Después de unos minutos los dos jóvenes se levantaron de sus puestos y se fueron a la cocina para preparar la cena. Habían decidido preparar unos canelones rellenos con salsa boloñesa y un mousse de chocolate para el postre.

Edward sacó la masa de pasta, la carne, leche y otras cosas desde el refrigerador mientras Rose sacaba los demás ingredientes y los utensilios que utilizarían.

Mientras que Edward se encargaba de preparar la salsa de tomate ella preparaba el mousse de chocolate. Aunque no lo pareciera Edward era un muy buen chef y aprendía las recetas con mucha facilidad.

Mientras cocinaban no dejaban de besarse o bailar al ritmo de la música que habían colocado para hacer más ameno el ambiente. Les gustaba pasar cada buen momento disfrutándolo lo más que podían.

— ¿Rose, está bien esto?— preguntó el chico sacando la cuchara desde la olla y llevándola hasta ella. Lo que no esperaban era que la rubia no se diera cuenta de este acto y se volteara sin medir la fuerza.

La cuchara llena de salsa cayó de lleno en la camiseta azul eléctrico impecable del chico. Rose abrió los ojos impresionada y se llevó las manos a la boca mientras que Edward solo miraba su mano sujetando la cuchara sobre su camiseta manchada de esa salsa completamente roja.

— Lo siento, lo siento, lo siento— se disculpaba una y otra vez la chica intentando limpiar la camiseta entre risas. No podía parar de reír por la situación.

— Era mi camiseta favorita— sollozo el chico con un puchero en sus labios intentando ayudarle a su novia— Mi camiseta.

— Lo siento, mi vida. De verdad lo lamento— seguís intentando disculparse la chica cuando sintió que algo pegajoso se estampaba contra su mejilla derecha. Al levantar la mirada vio a Edward sonriendo ampliamente como un niño pequeño que era pillado en una travesura

—Dulce venganza— siguió sonriendo ante la incrédula mirada de la chica

Rosalie tomó un poco del mousse desde el recipiente y estampó su mano sobre el rostro del cobrizo, moviéndola de un lado a otra para esparcir bien la mezcla por todos lados. Edward permanecía quieto en su lugar y con los ojos cerrados fuertemente.

Luego fue su turno y entre risas terminaron todos manchados por el mousse café oscuro. Desde la punta de sus cabellos hasta la última arruga de su ropa estaba completamente manchada de la extraña mezcla.

A eso de las ocho de la noche las puertas del departamento se abrieron y las voces de los dos hombres habitantes del lugar resonaron con fuerza.

— Edward, llegamos— le informó Diego desde la puerta

Estamos en el comedor— gritó el joven y los dos hombres se dirigieron a ese lugar.

Pero ellos nunca esperaron encontrarse a los dos chicos en las condiciones que estaban. La mesa ya estaba instalada y a sus lados Rosalie y Edward se hallaban completamente sucios, llenos de algo café y una que otra mancha roja. Ambos sonreían ampliamente dejando ver sus blancas sonrisas.

— Les hicimos la cena— dijeron al unísono ante la mirada incrédula de Diego y Alec.

Esos dos chicos eran unos pocos, pero locos de amor. Al ver como se miraban se podía ver lo mucho que se querían y que se apoyaran incluso en estos momentos solo les corrobora a la información.

Los dos adultos sonrieron por la imagen y se sentaron en sus puestos para cenar junto a los jóvenes.

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¡Hola a todo el mundo! Perdón que no les subiera el capítulo en la mañana, pero tenía cosas que hacer y se me pasó el día volando. Pero nunca es demasiado tarde para subirlo, así que aquí está y espero que les guste.

¿Qué les pareció Rosalie? ¿Y diego? ¿Creen que exagera en el castigo? ¿Y qué tal Alec?

Como siempre me gustaría agradecer, en primer lugar, a mi gran amiga Jennifer que siempre me ayuda en los momentos difíciles y más ahora que me había quedado un poco pegada en la parte más o menos final de la historia. También a Sandra, que me ayuda cuando me cuesta escribir algo. Y obviamente a cada uno de ustedes que leen mi historia, pero en especial a:

Yolo: Hola. ¿Ves cómo te sorprendo a cada capítulo? No te esperabas que pasaran esas cosas. Lo de sus tíos, habrá que esperar unos capítulos. Saludos y cuídate.

Mellarkcullen: Hola. Bueno, habrá que ver qué pasa con esos dos en la historia. Saludos y cuídate.

Marce Capuccino: Hola. Si, con quien hablaba era Alec. Edward da penita, pero ahora no va a estar tan mal con Diego y Alec, eso creo. Cuídate y saludos.

Aru1313: Hola. Jajajaja, me pillaste. Pero caíste muy fácil en la trampa de Bree. Nos leemos en el siguiente. Saludos y cuídate.

Sin nada más que decir y deseándoles un buen día, se despide.

Babi_Cullen

P.D: Chicas y chicos, si es que hay alguno por ahí, les tengo que contar que esta semana entré a la universidad y como nunca nos están sacando el jugo desde un principio, así que puede ser que haya algunas semanas donde me tarde en subir el capítulo como ocurrió hoy. Espero me entiendan y me esperen si no está a primera hora del día.