- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. Babi_Cullen .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
El mes de febrero se acabó tan rápido como había comenzado y marzo ya se hacía presente con los tenues rayos de sol que se filtraban por las nubes que cubrían el cielo y que ya iluminaban el lugar, pero que aún eran opacados por el frío invierno. Las lluvias también eran constantes y no era difícil imaginarse que ese día comenzaran a caer unas cuantas gotas.
En ese mes que Edward llevaba viviendo con ellos había conocido bastante a Alec y había aprendido a tenerle cierta estima y a reconocer sus mañas. La verdad es que habían simpatizado bastante y coincidían en varios temas.
También en este mes el departamento se había convertido en un verdadero chiquero. Los platos se acumulaban en el lavabo, la rumba de ropa se hacía cada vez más grande y las cajas de pizza y botellas de gaseosa repletaban el lugar. El lavamanos del baño estaba lleno de pasta dental y la ducha de shampoo regado... Si, un verdadero chiquero.
— Edward...— lo llamaban a lo lejos y lo removían con suavidad. Pero sus ojos se rehusaban a abrirse y el solo los apoyaba en su pereza— Edward, levántate.
— No... No quiero— se quejó acomodándose mejor en el sofá y cubriéndose con las mantas.
— ¡Anthony, levántate ahora mismo!— le gritó Diego e hizo que el joven saltara de su puesto. A su lado estaba Alec, quien lo había tratado de despertar en varias ocasiones sin éxito, riéndose de buena manera de él— Ya estas atrasado para ir a clases y nosotros ya tenemos que irnos.
Restregándose los ojos y con pereza se levantó del sillón y se dirigió al baño para ducharse y prepararse para ir a clases.
Cuando estuvo completamente listo salió para ir a desayunar junto a Alec y Diego, pero se encontró completamente solo.
Claro que iba a estar solo. Diego entraba temprano el día de hoy al centro de esquí pues estaban preparando una competencia que se realizaría el fin de semana en ese lugar y Alec ya había conseguido trabajo en una productora local que se encargaba de reclutar modelos para publicidad y grandes eventos de pasarelas mundiales. También había conseguido un par para el mismo, así que ahí recibía un dinero extra.
Desayunó en calma y luego cogió las cosas para irse del departamento. Ya iba atrasado, pero le daba igual.
En cuanto se estacionó en el recinto y se adentró al edificio fue detenido por uno de los inspectores, quien lo mandó a la oficina del director.
Perfecto, más problemas pensó en su interior a la vez que caminaba hacia la oficina.
La señora Cope, secretaria del director, le sonrió con dulzura en cuanto lo vio entrar. Esa anciana lo adoraba por su sencillez y él a ella porque siempre lo ayudaba cuando lo necesitaba.
— Adelante, chiquillo. El director está desocupado— le indicó y el suspiró
Tocó a la puerta y escuchó la voz ronca desde el interior. Volvió a suspirar y entro en la elegante oficina.
El director lo invitó a sentarse y le pregunto qué era lo que había ocurrido para que lo enviaran donde él. Le contó todo con detalles y el hombre solo asintió.
— Bueno Edward, sabes que no hay nada que pueda hacer más que suspenderte por uno días. Haz faltado muchas veces a clases y este ya sería tu décimo atraso en el año
— ¡Pero este mes no he faltado!
Efectivamente desde que Edward estaba viviendo con Diego que no había faltado un solo día a clases a pesar que las burlas y bromas se habían hecho más y más grandes.
Se había aguantado todo para no levantar sospechas y recordarle a Diego que aun tenían una conversación pendiente sobre lo que le pasaba. Tal parecía que ya lo había olvidado y él no sería el responsable de recordárselo.
— Lo sé, muchacho. Pero tus faltas anteriores tienen más peso que todo lo que has hecho este mes— justificó el director— Voy a llamar a tus tíos para informarles lo que pasa.
— No es necesario— respondió Edward colocándose de pie y cogiendo su bolso— ¿Ya me puedo ir?
El hombre asintió y el chico, después de despedirse, salió del lugar.
Estaba furioso. Por primera vez en mucho tiempo se había comportado como correspondía en el colegio tratando de llegar a tiempo, no faltando a clases y haciendo todos sus deberes y ahora, justamente ahora, era que se metía en problemas.
Si Diego se había olvidado de su conversación de seguro con esto se volvía a acordar y su vida se iría en picada.
A paso lento se acercó al salón de castellano donde tenía clases. Como siempre la maestra lo riñó. Esa anciana le tenía bronca desde el primer día y es que era tan estirada como cualquiera de sus compañeros. Siempre se jactaba de su dinero, los viajes que hacía y lo mucho que amaba a su esposo, un viejo también estirado y que era dueño de un viñedo de gran renombre.
Sin prestarle demasiada atención se fue a sentar a su puesto, justo en frente a la amiga de sus primos y al lado de Seth. Ella solo bufó con molestia y él le sonrió ampliamente para luego preguntarle qué era lo que había pasado para que llegara tarde. El chico solo le indicó que más tarde le decía y sacó sus cosas para prestar atención a lo que decía la anciana.
Una vez la clase terminó guardó sus implementos en su bolso y se dispuso a salir, pero la maestra lo retuvo y le mandó un trabajo como castigo por el atraso. Ahora, además del examen de castellano tendría que hacer un ensayo de dos mil palabras para la semana que venía.
Suspiró sin siquiera atreverse a reclamarle a la mujer y salió del lugar. Solo quería que este horrible día acabara de una vez por todas.
— Sí que te odia esa vieja, amigo— comentó Seth
— ¿En serio? Si no me lo dices no me doy cuenta— respondió sarcásticamente, pero se arrepintió al instante. Seth no tenía la culpa de lo que le estaba pasando— Lo siento. De verdad lo siento.
— No hay problema— le sonrió el chico— Tengo que ir a la biblioteca ¿Vienes conmigo o nos vemos en el salón?
— No quiero ir a la biblioteca. Ahí hay otra bruja que me odia— contestó y el moreno asintió encaminándose más tarde por el pasillo hacia su destino.
Tomó su celular para llamar a Rosalie, pero un golpe en su espalda lo hizo perder el agarre y el pequeño aparato se estampó en el suelo dejando a los que estaban en el pasillo pasmados por el ruido. Todos se voltearon a ver qué era lo que había caído.
Edward se agachó para recogerlo al instante y lo tomó entre sus manos. La pantalla se había trizado desde una de las esquinas y abarcaba hasta la esquina en diagonal, el botón de encendido se había hundido y no se podía presionar y se había apagado por completo.
— ¡Ay no, pero que torpe he sido! — lamentó una voz tan conocida a sus espaldas. Newtonto.
— ¡¿Qué es lo que te sucede, maldito idiota?! — le gritó encarándolo y empujándolo de pasada.
— Pero si solo ha sido un accidente. No me di cuenta y te pasé a llevar, Eddicito. Me resbalé con el suelo— sonrió con malicia
— ¡Ah sí! Pues mira cómo se resbala mi puño hasta tu rostro, idiota— el golpe viajó hasta la el rostro de Newton y lo hizo perder un poco el equilibrio.
Al instante los amigos de Mike estuvieron reteniendo a Edward y la batalla campal comenzó. Mike aprovechaba que sus secuaces sostenían a Edward para plantarle unos buenos golpes en donde podía, pero Edward tampoco se los permitía tan fácilmente y tiraba patadas y se removía para que lo soltaran.
El griterío que se había armado en el pasillo, tanto alentándolos como tratando de detenerlos, hacía que le pelea llamara la atención de los que iban pasando y que se quedaban a mirar. Incluso Bella, Emmett, Alice y Jacob estaban viendo que era lo que pasaba.
Finalmente los maestros e inspectores tuvieron que intervenir para separar a los chicos que no dejaban de gritarse y lanzarse golpes. Alejaron a los amigos de Michael y se quedaron solo con los dos actores principales del gran pleito.
Un maestro comenzó a sacarlos a todos hacia sus salones de clases, seguido después por uno de sus colegas. Así también aprovechaban de que los dos jóvenes se calmaran un poco antes de hablar con ellos y averiguar qué era lo que había ocurrido para que comenzaran a pelear de esa forma.
— Los dos, a la oficina del director— los mandó el profesor Ackles arrastrándolos hasta ese lugar.
Los dos caminaban a paso lento tanto por el dolor de los golpes como por la preocupación de entrar en esa oficina. Sabían que llamarían a sus padres o tutores y que con eso se meterían en problemas.
Al llegar a la recepción los recibió la señora Cope, quien se asombró al verlos en el estado en el que venían y más a Edward que casi nunca se metía en problemas. O al menos no por peleas dentro del establecimiento.
De inmediato le informó al director que estaban los dos chicos afuera y los hizo pasar. El hombre también se asombró al verlos.
— Tan pronto de regreso, Edward ¿Qué fue lo que pasó esta vez? — inquirió indicándole a los dos jóvenes que se sentaran en las sillas frente a su escritorio.
— Estos dos alumnos comenzaron una pelea en el pasillo, señor director. Entre cinco maestros tuvimos que separarlos— le contó el profesor de deportes
— Gracias, señor Ackles. Puede retirarse que el receso ya está por acabar— le indicó con la mano que se retirara y él así lo hizo.
El hombre mayor miraba a los dos jóvenes evaluándolos metódicamente. No veía una gota de arrepentimiento en el cobrizo y el rubio, más que furioso, parecía asustado ¿Qué era lo que estaba pasando con estos dos muchachos?
Ninguno de los dos jóvenes decía nada, solo se dedicaban a pensar en lo que había pasado y trataban de asimilarlo. Edward en su interior seguía hirviendo de ira por lo estúpido que había sido Newton al romper su teléfono y hacerse el tonto, mientras que Mike sentía rabia por el problema en que lo había metido Masen.
— Bien… ¿Alguno de los dos me va a decir por qué se pelearon en medio del pasillo? — preguntó el director apoyando sus manos entrecruzadas sobre el escritorio, pero ninguno de los dos respondió a su pregunta— ¿Se van a quedar en silencio? ¿No se van a defender?
— Yo solo tengo una cosa que decir, señor— respondió Mike tratando de acomodarse en la silla y pasando uno de sus pulgares por el labio que le había partido Edward— Este tipo comenzó a golpearme solo porque lo pasé a llevar y por accidente tiré su teléfono al suelo. Le dije que lo pagaría, pero él se enfureció y enloqueció.
— ¡Eres un maldito mentiroso! — exclamó el cobrizo, sintiendo como los gestos hacían que el golpe en su ceja le doliera— ¡Este tipo lo hizo a propósito! ¡Me empujó sabiendo que mi teléfono caería y que se rompería en mil pedazos!
— ¿Y por eso se enfurece, joven Masen? — preguntó el director— Los teléfonos celulares son apenas cosas materiales y no podemos andar peleando con el mundo por un accidente donde se rompe
— Claro, porque si usted o este niñato quieren se pueden comprar veinte— murmuró Edward apenas audiblemente
— ¿Qué ha dicho? — inquirió el mayor, pero Edward le restó importancia a sus palabras— ¿O es que hay algo que no me ha dicho?
Edward se pensó muy bien si es que era conveniente decir algo. Tenía dos opciones: lo dejaban en paz y no sufría más de los maltratos de sus primos y secuaces o su vida se volvería más infernal de lo que ya era. No se podía arriesgar, así que prefirió callar.
— Excelente. Bueno jóvenes, creo que saben muy bien que dentro de nuestro reglamento las peleas no están permitidas— se sentó mejor en su asiento reclinándose un poco pero sin perder la mirada de los chicos— Es por esto que me veo en la obligación de llamar a sus padres para que vengan a buscarlos.
El chico Newton tembló de pies a cabezas y rogaba para que no llamaran a su padre. El señor Newton era conocido por ser alguien demasiado ocupado en su empresa y no se le podía molestar por cualquier cosa. Mike tenía miedo de lo que le podía llegar a pasar más tarde si su padre se enteraba de lo que había pasado en el colegio.
Por otro lado Edward simplemente no prestó atención a lo que el director había dicho. Ya había asumido que estaba metido en un gran lío y que no podría salir tan fácilmente de esta.
Después de media hora las puertas del gran instituto se abrían de par en par para dejar pasar a Esme Cullen y a Mike Newton padre. Ella venía preocupada por lo que le podría haber pasado a su sobrino y él tan solo pensaba en el tiempo que estaba perdiendo al estar ahí por alguna estupidez realizada por su hijo.
La señora Cope los recibió con amabilidad y les explicó más o menos lo que pasaba a los dos adultos. Luego de eso los guio hasta el despacho del director y anunció su llegada.
Esme quedó espantada en cuanto vio la ceja inflamada de su sobrino, su pómulo que comenzaba a tornarse de un color púrpura y como se cogía las costillas con dolor. Solo lo había visto tan golpeado cuando llegó a casa después de una caída en el centro de esquí.
Se acercó corriendo a su lado y le cogió el rostro para evaluarlo con detenimiento, pero el chico se alejó al instante alegando que se encontraba bien a pesar de los golpes, que no tenía nada malo. Ella no se lo creyó pero decidió dejarlo así.
El director los invitó a sentarse y les explicó que era lo que había pasado para que los dos chicos terminaran en esas condiciones y en su oficina. Ninguno de los dos podía creerlo, Esme porque su sobrino no era así por cosas materiales y el señor Newton porque no podía creer que lo llamaran por algo tan idiota como eso.
— Tanto escándalo por un celular. Toma muchacho— el hombre sacó su billetera desde el bolsillo de su chaqueta y tomó un montón de billetes desde su interior. Luego se los tendió a Edward
— No necesito de su dinero, señor— le reclamó el chico
— ¡¿Entonces para que pelearse por un teléfono?! — le gritó
— ¡No le grite a mi sobrino, señor Newton! — lo defendió la castaña como una leona que cuida de sus cachorros
— Pues entonces que no haga estupideces, señora ¡Debería decirle a sus padres que lo críen de mejor manera! — gritó y eso solo hizo que Edward se estremeciera por el dolor que le generaba el recordar que sus padres no estaban a su lado. El hombre desvió su mirada hacia el director— ¡¿No ve que me hacen perder mi tiempo para venir a esta escuela?! Señor director, creo que quedó bien claro que no me debían llamar a menos que fuera lo suficientemente importante y creo que el dinero que doy mensualmente a la escuela lo clarificaba aun más.
— Esto no se trata de dinero, señor Newton. Su hijo se vio involucrado en una pelea y eso es un tema más que importante, o al menos debería serlo— se quejó el hombre de edad— ¡Estamos hablando de un tema importante y creo que debería prestar más atención a lo que nos reúne aquí que estar pensando en huir de sus responsabilidades como padre!
El hombre se quedó pasmado en su lugar pues pocas veces lo habían encarado y le habían dicho la verdad directamente, sin tapujos.
Conversó un tiempo más con los tutores de los chicos y luego les contó cuales serían los castigos que recibirían.
A Mike le dieron una semana de suspensión y luego tendría que hacer trabajo en el instituto ayudándole a la señora de la biblioteca a acomodar libros. Por otro lado Edward también tendría una semana de suspensión, pero la diferencia sería que a él le sumarían los dos días que ya tenía de suspensión y ayudaría al maestro de ciencias a ordenar el laboratorio. Los dos chicos tendrían bastante trabajo en las áreas que les habían asignado y así podrían pensar en lo que habían hecho.
Luego de eso el director envió a los dos chicos a sus casas para que sus familias pudieran hablar con ellos y para que los revisara un médico. No fuera a ser cosa que luego resultaran con alguna complicación por los golpes que se habían propinado.
Los primeros en irse fueron Mike y su padre. El hombre no dejaba de gritarle a su hijo y le repetía a cada momento que conversarían una vez el regresara de la empresa por la noche.
Luego salieron Esme con su sobrino. Edward se acercó a su auto y metió su bolso en el interior.
— ¡Edward!— lo llamó Esme desde las espaldas y el, con un suspiro, se dio la vuelta para encararla— Cariño, tenemos que hablar.
Esme no parecía enojada ni nada por el estilo frente a los ojos de Edward, más bien se veía preocupada y parecía que de verdad quería hablar con él.
Edward sabía que su tía lo quería, que de verdad se preocupaba por él y que no lo consideraba una obra de caridad, debía que él era como un hijo más. Pero él no quería que eso ocurriera, el solo quería que su madre estuviera a su lado y poder vivir la vida normal que se merecía un joven de casi 18 años de edad.
— Cariño, por favor, cuéntame que es lo que está pasando. Tú no eres un chico que reaccione de esa forma por nada y menos por cosas materiales ¿Qué es lo que está pasando en tu vida? — Esme se notaba inquieta
— No es nada, tía Esme. No es nada— respondió tratando de sonar calmado, pero sus manos retorciéndose impacientemente lo delataban. A Esme no la engañaba con sus más de 20 años de experiencia tratando a niños y jóvenes como psicóloga.
— Edward, por favor, sé que algo te pasa. Esta ojeroso, más delgado y hasta pálido ¿Estas comiendo bien? — cogió su rostro y comenzó a examinarlo de cerca, pero el chico se alejó al instante— ¿Qué fue lo que te hizo actuar así?
— No fue nada, tía. Solo un impase del momento que no se volverá a repetir
— Edward, no me mientas
— ¡Pero si es la verdad! — le gritó y Esme se estremeció— ¡Estoy bien, por el amor de Dios! ¡No me pasa nada y solo quiero que me dejen tranquilo! ¡Quiero poder estar un día sin que me molesten! ¡Quiero poder mandar al demonio todo!
Sin aguantar más la insistencia de su tía cogió su carro y, omitiendo el dolor que le generaban sus costillas, manejó sin rumbo definido. Solo sabía que quería huir del lugar para ir a cualquier otra parte donde no lo molestaran.
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¡Hola a todo el mundo! Aquí está el capítulo y espero que les guste ¿Qué les pareció? ¿Odian a Mike? ¿Creen que exagera en el castigo? ¿Y qué tal Edward? ¿Se esperaban que actuara así?
Como siempre me gustaría agradecer, en primer lugar, a mi gran amiga Jennifer que siempre me ayuda en los momentos difíciles y más ahora que me había quedado un poco pegada en la parte más o menos final de la historia. También a Sandra, que me ayuda cuando me cuesta escribir algo. Y obviamente a cada uno de ustedes que leen mi historia, pero en especial a:
Candy1928: Si, Rose y Edward son unos amorosos. ¿Quién le dirá lo de Alec? Pues creo que hay que esperar a ver quién será, pero que se vendrán muchas sorpresas sí que lo habrán. Saludos y cuídate.
Sin nada más que decir y deseándoles un buen día, se despide.
Babi_Cullen
