- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Manejó por las calles de Seattle pasando por distintos lugares, unos más conocidos que otros, pero que no sabía por qué le generaban sentimientos en el interior.

Cuando menos se dio cuenta se percató que estaba frente a su antiguo edificio. Estaba frente a ese imponente departamento de 15 pisos y que, cuando era más pequeño, se le hacía más grande. Pero eso era lo único que lograba recordar de aquel lugar pues su memoria de todo lo vivido en él se había esfumado cuando sus pensamientos fueron madurando.

Lo que siempre había querido recordar era lo que había pasado esa noche en que su vida y la de su madre cambió por completo, pero no lo había logrado. Era como si su mente no quisiera que lo recordara y simplemente lo había borrado como quien elimina un archivo en una computadora.

Movió la cabeza en un intento de eliminar esos pensamientos y esas extrañas imágenes que atacaban su mente de vez en cuando y siguió con su trayecto ahora en dirección a otro lugar que conocía a la perfección. La cárcel de Seattle.

Aun recordaba aquella primera vez que lo llevaron a ver a su madre cuando era apenas un niño. Para su cumpleaños número 4 le había preguntado qué era lo que quería como regalo y él solo pudo pedir ver a su madre. Tres días después estaba visitando a su mamá en la cárcel, aunque el aun no sabía que eso era el lugar donde estaba su mamá.

Flash Back

Era una mañana tranquila en Seattle donde el sol brillaba acariciando con su calidez la piel de los que transitaban por las calles a esas horas y que acompañaba a los que habían madrugado aquel día sábado.

Uno de ellos era Edward que iba acompañado por su nuevo abuelo y su nueva tía Esme en el automóvil de ella. Por fin iba a ver a su mami después de mucho tiempo, no sabía cuánto pero era mucho. Ese había sido su regalo de cumpleaños y se lo iban a cumplir.

La voz de su tía llamándolo lo sacó de sus pensamientos y solo sonrió cuando escuchó que vería a su mamá.

Se soltó de su sillita y, con la ayuda de su abuelo, se bajó del automóvil. Cogió su mano y así los tres se encaminaron hacia el interior del lugar.

Era feo, muy feo. No tenía color, todo era gris, y las puertas eran tan grandes que estaba seguro podrían detener hasta a un gran dinosaurio como el de las películas o sus monitos animados. Había muchas policías que llevaban palos y pistolas en sus cinturones y eso le asustó, pero luego sintió la mano de su abuelo presionando la suya y lo miró.

No tengas miedo, pequeñole sonrió ampliamente y él correspondió al gesto.

Una de las oficiales los encaminó por unos largos pasillos hasta que llegaron a un cuarto donde solo había una mesa y una pequeña, pero muy pequeña, ventana que daba hacia el exterior. También era feo ¿Por qué su mami tenía que estar en ese lugar tan feo?

De pronto las grandes puertas por las que habían entrado hace un momento se abrieron y por ellas entró su mami. Su rostro se iluminó al instante y no pudo aguantar las ganas de correr hacia ella para abrazarla con fuerza.

¡Mami!su gritó de emoción hizo que todos sonrieran ampliamente y Bree, completamente emocionada por volver a ver a su pequeño, solo pudo agacharse y tomar a su pequeño solcito en sus brazos para acercarlo a su cuerpo.

Mi pequeño solcito— las lágrimas comenzaron a brotar sin control desde los ojos de Bree y mojaban la camiseta de su niñito— Te extrañé mucho, mi niño.

Yo también, mamita ¿Ya no nos van a separar? — preguntó apoyando su cabeza en el hombro de su mami y enrollando un mechón de su pelo en su mano

Ojala pudiera decir eso, mi pequeño— lamentó la castaña

No importa, mami. Yo te esperaré por siempre

Esas palabras calaron hondo en el pecho de la joven madre, quien no pudo evitar derramar más lágrimas de las que ya había dejado escapar.

Fin Flash Back

Después de ese día los viajes a la cárcel fueron por lo menos una vez al mes hasta que cumplió los trece años. El día de su cumpleaños, todos pensaban que pediría ir a ver a su madre como siempre, pero el chico los sorprendió a todos pidiendo algo totalmente distinto. Y no fue eso lo que más los sorprendió sino que fue la respuesta que dio dos días después cuando Diego lo iba a acompañar a visitar su madre. Ese día Edward no quiso ir a ver a Bree y así pasaron por lo menos dos años en los que Edward ni siquiera se acordó que su madre estaba en la cárcel.

Cuando le preguntaron qué era lo que ocurría él les dijo simplemente que ya no quería ver a su mamá y es que la adolescencia le había llegado con fuerza al joven y ahora se avergonzaba de su madre, la culpaba de todo lo que le había pasado. Pero todo cambió cuando cumplió los quince. A esa edad se dio cuenta que estaba siendo el idiota más grande del mundo y que por su estupidez estaba perdiendo a la mejor madre del planeta.

Al llegar al gran edificio se estacionó justo frente a la puerta y la miró por largo rato pensando en la hermosa mujer que lo esperaba adentro, pero no podía entrar, no en las condiciones en las que se encontraba en estos momentos con la ceja y el pómulo inflamado.

Apagó el motor, reclinó el asiento y dejó que los sentimientos lo embargaran por completo. Cerró los ojos fuertemente y se dejó llevar por su mente hacia otro lugar lo más alejado de la realidad.

Cuando volvió a abrir los ojos notó que el cielo estaba completamente oscuro y que las gotas de lluvia caían incesantemente sobre la carrocería de su Volvo. Levantó el asiento desde la posición en la que se encontraba, aunque con cierta dificultad pues sus costillas no dejaban de molestarle, y se estiró un poco para reparar un poco a sus adoloridos músculos.

Colocó la llave en la entrada e hizo contacto para encender el motor y dirigirse al departamento de Diego. De seguro él ya estaba consciente de todo lo que estaba ocurriendo y el regaño que le llegaría sería monumental.

— Adiós, mamásusurró y movió el automóvil desde el estacionamiento en el que se encontraba.

Condujo a una velocidad normal, sin apresurarse y dándose el tiempo de pensar en lo que pasaría de ahora en adelante, en lo que le diría a Diego cuando llegara al departamento. Estaba seguro que su tía Esme ya le habría informado de lo que había sucedido en la escuela y Diego, a pesar de quererlo como a su hijo, no le aguantaba tantas cosas como su verdadera familia. Ahora sí que se había metido en un problema grande y tendría que aguantarse los reclamos del mayor.

Cuando estuvo bajo el imponente edificio se dirigió a la entrada del estacionamiento subterráneo. Estacionó el automóvil en su lugar de siempre y luego descendió desde este para dirigirse al ascensor que lo llevaría al piso donde vivía.

Al llegar a este se detuvo frente a la puerta incapaz de meter la llave y girarla para abrir y adentrarse en este. No quería entrar, sus piernas le temblaban y su corazón latía a mil por hora. Cálmate, Edward. Cálmate.

Suspiró una última vez y giró la llave para abrir la puerta. Se adentró y lo vió al instante. Diego estaba sentado en la sala mirando el televisor casi distraídamente, con un vaso de gaseosa en su mano y un paquete de galletas a su lado.

Sin hacer ruido trató de dirigirse al baño para escapar del regaño, pero la voz de Diego lo detuvo al instante. Apagó el televisor, dejó las cosas sobre la mesa de centro, se levantó y se giró para mirar frente a frente al joven chico.

— Hasta que al fin llegas— comentó cruzándose de brazos y mirando a Edward con atención— ¿A dónde estabas?

— Por ahí, dando un par de vueltas por la ciudad— le contestó dejando su bolso en el suelo— Yo… Estoy cansado. Voy a darme un baño.

— No, tú te quedas aquí— exigió el mayor— Tú y yo tenemos una conversación pendiente y la vamos a tener ahora, así que mejor te sientas y te pones cómodo

Su voz era calmada, no sonaba alterada como otras veces, pero no sabía si eso era mejor o peor. Esa voz solo lo colocaba más nervioso y no sabía que pensar, como actuar ni mucho menos que decir.

— Tu tía me llamó después de salir del instituto, cuando se dirigía a casa, y me contó todo lo que ha pasado ¿Qué estaba pasando por tu cabeza cuando iniciaste esa pelea? — preguntó de manera tajante y directa, sin andarse con rodeos. Edward suspiro sabiendo que en ese momento iniciaba la regañina— Tú no eres así Edward. Necesito, no, quiero que me expliques que te pasa para que esto ocurriera — exigió con seriedad

— No pasó nada— dijo Edward con un suspiro y desviando la mirada. No podía mentirle cara a cara.

— Nunca pasa nada, pero siempre hay algo— dijo Diego queriendo que Edward explicara más. Sabía que había un motivo para que Edward actuase de esa manera y no era precisamente que le hubiesen roto un teléfono celular. Él no era un joven materialista— ¿Qué ocurrió?

— No fue nada, de verdad... — le intentó asegurar, pero seguía sin mirarlo a la cara.

— No Edward, esta vez quiero la verdad— volvió a exigir Diego colocándose a su lado en el sofá— Edward, me preocupa tu actitud. Has cambiado, ya no eres el mismo

— ¿Por qué no soy el mismo? — preguntó el chico colocándose de pie. Estaba agobiado, era mucho el tiempo que llevaba guardando cosas dentro de su pecho y no sabía cuánto más podría aguantar con esa carga— Soy exactamente el mismo, nada ha cambiado en mí.

— En eso te equivocas. Antes te preocupabas de tus deberes, ibas a clases sin faltar… Eras más feliz. Pero desde hace años que dejaste de ser así, tus calificaciones bajaron y ya no me puedes venir con eso de que los estudios no son lo tuyo porque sabemos que eres inteligente— le reclamó el mayor

Alec, que había estado en su cuarto y que había escuchado la conversación, se acercó a la sala solo para encontrarse a Edward caminando desesperado por la sala y a Diego mirándolo con atención. Su hijo se veía mal con esos golpes por el rostro, se tomaba las costillas del lado izquierdo y su rostro de desesperación delataba los sentimientos que en ese instante gobernaban su cuerpo y mente.

— Por qué no hacemos algo más fácil y dejan de preocuparse por mí— preguntó el chico ya aburrido de que los demás lo acosaran. No contaría nada, no se arriesgaría a que lo volvieran a atacar.

— ¡Porque no podemos, te queremos! — respondió Diego

Alec se adentró en el lugar y preguntó qué era lo que ocurría, pero solo se ganó una respuesta agria por parte del chico. Diego notó la molestia de este y lo detuvo, no era justo que la agarrara con los demás si ni siquiera sabían que era lo que le ocurría y solo le demostraban la preocupación que sentían por él.

Edward respondió con un bufido y pasó las manos con desesperación por su cabello. Quería esconderse, que lo dejaran tranquilo y hasta, tal vez, ir a donde Rose para relajarse. La necesitaba más que nunca.

— Ya está bueno, Edward. Lo único que queremos es ayudarte y tú solo te pones a la defensiva. No tienes porqué agarrarla con Alec— reclamó Diego y Edward se burló.

— Ya defiende a su novio— susurró para que no lo escucharan, pero su padre lo hizo

— No somos novios, solo amigos y estamos preocupados por ti— le repitió

— Pues gracias, pero no lo necesito. Solo quiero a mi novia a mi lado y a mi madre. Solo ellas dos me comprenden, me importan y son las personas que siempre van a estar a mi lado

— ¡¿Y yo estoy pintado?! ¡¿Acaso no he estado a tu lado todos estos años preocupándome por ti?! — gritó Diego ya exasperado. Había dejado de hacer su vida por cuidarlo a él como a su hijo y aún mantenía las esperanzas de poder formar una familia junto a Bree y el chico. No buscaba que lo premiaran por su labor, pero sí que Edward reconociera su esfuerzo— No puedes ser tan injusto. Me he desnucado por cuidarte, por ser un padre y nunca dejarte solo. No formé familia, no tuve hijos y no continué con mis estudios por dártelo todo a ti. No puedes ser tan injusto

— Sé que has estado, pero no eres mi padre. No eres mi familia— esas palabras le dolieron, le llegaron al fondo de su alma y Alec notó lo mucho que le habían dolido. El padre de Edward era él, pero su amigo había hecho lo que a él le correspondía. No era justo que Edward no se lo reconociera.

— ¡No me hables de esa forma, jovencito!— exigió Diego, dolido— ¡Me merezco aunque sea un poco de respeto y no dejaré que me hables de esa forma! ¡Sigue así y ya verás!

— ¿Y qué es lo que planeas hacer? ¿Castigarme? ¿Dejarme sin celular o computadora? Ja, pues ya se te adelantaron— exclamó con ironía, lo que molestó aún más a Diego que ya estaba por darle un golpe por su actitud.

— No, no haré eso. Será algo peor…— comentó suspirando. La decisión que había tomado le dolía, pero podía ser lo mejor para Edward. A lo mejor era bueno hasta para él, así dejaba de inventarse el mundo de fantasías que se había inventado— Te quiero fuera de mi departamento, ahora.

Tanto Edward como Alec quedaron pasmados en su lugar sin creer lo que escuchaban. No podían creer que Diego lo hubiese echado de su departamento y Alec temía por lo que le podía pasar a su hijo ahora.

— ¿Es en serio? — inquirió Edward y el hombre asintió

— Diego, amigo, medítalo mejor. No puedes tomar una decisión como esa tan a la ligera

— Está más que decidido— respondió— Te quiero fuera de mi departamento ahora mismo. No puedo seguir manteniéndote si tú no muestras el más mínimo interés en tratar de salir adelante. Sigues lamentándote por ser un chico que creció sin padres y ya estoy aburrido de eso. Estoy aburrido que no reconozcas el esfuerzo que hacen todos por cuidarte y de lo mucho que nos preocupas.

— Bien, perfecto ¡Quédate con tu asqueroso departamento y con tu noviecito! — gritó el chico cogiendo el bolso desde el suelo— ¡Espero que ahora disfruten de su privacidad y aprovechen que este estorbo no los molestará más!

Si pensar en nada y furioso salió del departamento dando un sonoro portazo que se seguro había puesto en alerta a todos los habitantes del piso y que podría haber dejado la puerta como una giratoria por la fuerza que había utilizado.

Caminó por el pasillo sin darse la vuelta ante los llamados de Alec que gritaba desesperado para que esperara. Se subió al ascensor y bajó hasta el subterráneo donde estaba su automóvil.

Ahora tenía que ver hacia donde iría ¿La casa de sus tíos? No, ahí estaban sus primos y no quería toparse con ellos ¿Rosalie? No, también estaba descartada. Ella se preocuparía demasiado y no quería eso ¿Sus abuelos? Pues no le quedaba de otra.

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¡Hola a todo el mundo! Aquí está el capítulo y espero que les guste ¿Qué les pareció? ¿Qué creen de Edward? ¿Creen que Diego exageró? ¿Y Alec? ¿Creen que debió actuar más y evitar que Edward se fuera?

Como siempre me gustaría agradecer, en primer lugar, a mi gran amiga Jennifer que siempre me ayuda en los momentos difíciles y más ahora que me había quedado un poco pegada en la parte más o menos final de la historia. También a Sandra, que me ayuda cuando me cuesta escribir algo. Y obviamente a cada uno de ustedes que leen mi historia, pero en especial a:

Aru1313: Hola. Jajajaja, lo siento por jugar con tu mente, pero es necesario o la historia no tendría sentido. Espero que estés bien y nos leemos.

Yolo: ¡Uy! Cuanto lamento que estuvieras con influenza, pero lo bueno es que estas mejor. Si, Edward está empezando a colapsar con todo y puede que pronto explote. Lo de los Cullen, tendrás que esperar para saberlo. Y Alec… Bueno, también tendrás que esperar para descubrirlo. Saludos y cuídate.

Adriu: Hola, si mucho tiempo. No te preocupes, te comprendo. Si, nuestro Edward está triste, llegando a su límite, pero es verdad eso de que si no habla no le pueden ayudar. En cuanto a Alec… Pues no sé, hay que esperar. Bree… ¿No salió hoy en el flash o eso no cuenta? Saldrá pronto, no desesperes. Cuídate y nos leemos.

Sin nada más que decir y deseándoles un buen día, se despide.

Babi_Cullen