- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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La mañana estaba nublada, algo inesperado en esa época del año pero no por eso extraño. Las nubes dejaban que un brillo tenue se colara por la ventana del cuarto del chico de cabellos cobrizos que aún estaba recostado sobre su enorme cama tamaño king con las mantas y sábanas envueltas alrededor de su cuerpo y con una almohada sobre su cabeza.

Estaba tendido sobre su estómago, con sus piernas recogidas, uno de sus brazos descansaba a un lado de su cuerpo y el otro estaba doblado y ubicado a un lado de su cabeza. Su cabello estaba aún más revuelto que de costumbre y unos cuantos mechones caían sobre sus ojos. Necesitaba urgente un corte de cabello.

El teléfono celular que sus abuelos le habían regalado comenzó a resonar en la habitación en un intento por despertarlo. Se estiró y su brazo se alargó hasta la mesita de noche que estaba a un lado de la cama y tanteó todo el lugar hasta que encontró el aparato. Con los ojos entrecerrados vio de quien se trataba y luego deslizó su dedo por la pantalla para contestar.

— ¿Diga? — su voz salió ronca y eso le molestó. Odiaba hablar cuando recién despertaba por las mañanas

Edward, soy yo— la voz de su amada Rosalie lo terminó de despertar. Se sentó en la cama y se pasó la mano por el rostro y su cabello

— ¿Rosie, que sucede? ¿Estás en clases? — inquirió mirando el reloj despertador que estaba en la mesa de noche. Eran las ocho de la mañana y… Se había quedado dormido para ir a clases.

No, no fui— su voz sonaba angustiada y parecía que no estaba bien

— ¿Por qué? ¿Qué pasó? — preguntó sentándose en la orilla de la cama. Su Rose estaba mal y necesitaba saber que le pasaba— Rosalie, respóndeme

Necesito que vengas, por favor— para ese momento la chica ya estaba llorando y no hizo nada más que colgar la llamada. No podía más.

Edward maldijo entre dientes y de un salto salió de la cama para colocarse la ropa que estaba tirada en el piso. Ahí había quedado después de que se la había sacado la noche anterior. No tenía ánimos de dejarla acomodada, así que la tiró donde fuera.

Sin siquiera bañarse ni lavarse se colocó la ropa y luego salió casi corriendo de la casa. Poco le importaron los llamados de sus abuelos que le preguntaban por qué no había ido a clases, solo quería llegar a donde su novia lo antes posible.

Manejó rápidamente, mucho más que en cualquier otra oportunidad. Sus puños iban cerrados alrededor del manubrio, haciendo que sus nudillos se colocaran blancos por la fuerza que ejercía. Su mandíbula iba apretada y tensa, sus brazos rígidos y su espalda recta apoyada en el asiento.

Su mente no dejaba de trabajar a mil por hora imaginándose el sinfín de cosas que le podía estar pasando a su novia ¿Sus abuelos estarían bien? ¿Habría discutido con Jasper? ¿Estaría él bien? ¿A lo mejor era algo del colegio? Si era esto último tenía que ser muy grave como para que Rose faltara a clases.

Llegó a la casa de su novia y ni siquiera tuvo que tocar la bocina o el timbre para que le abrieran el portón ya que este se comenzó a abrir al instante.

Casi derrapando se estacionó frente a la entrada y bajó de un salto del auto para caminar hacia la puerta, donde Rosalie ya lo estaba esperando.

Su rubio cabello estaba cogido en una coleta desordenada con un par de mechones cayendo a un costado de su rostro, sus ojos azules ahora estaban irritados y humedecidos por lo que supuso que había estado llorando un buen rato. Estaba vestida con apenas una camiseta y un short de dormir, completamente descalza.

Se acercó a ella con cautela y, cuando estuvo a solo unos centímetros de distancia, la chica se lanzó a sus brazos. Él la recibió con gusto y comenzó a preguntarle qué era lo que ocurría, pero la chica no hacía más que sollozar en sus brazos.

— Vamos a adentro— la cogió en sus brazos como a una novia y se encaminó hacia la sala.

En este lugar se sentó en un sofá y la dejó a su lado, aun permitiéndole que se apoyara en su pecho y sollozara. Acariciaba su cabello con dulzura, besaba su frente y la mantenía apegada firmemente a su cuerpo, pero le desesperaba no saber qué era lo que estaba pasando con su novia.

— ¿Estás sola? — le preguntó cuando por fin se calmó un poco y dejó de llorar. Ella asintió y se abrazó a su cuerpo— ¿Ya desayunaste? — negó— Bien, entonces vamos a comer algo y después hablamos de lo que pasó. No quiero que te vayas a desmayar y tienes que comer para estar fuerte.

Esas palabras calaron hondo en el pecho de la chica. Esas palabras no podía tener más sentido ahora.

Los dos se pusieron de pie y se encaminaron a la cocina para preparar un desayuno ligero para los dos. Tenían hambre, más de lo que pensaban, así que prepararon algo lo suficientemente llenador como para poder aguantar hasta la hora del almuerzo.

Estaban en silencio, ninguno de los dos se atrevía a decir nada. Rosalie aún no asimilaba lo que pasaba y Edward… Él aun no sabía lo que estaba sucediendo y el cambio que generaría en sus vidas.

Una vez sentados a la mesa se dedicaron a comer, claro que cada uno lo estaba haciendo con una sola mano porque la otra la tenía aferrada a la de su pareja. Los dos tenían miedo a perderse el uno al otro.

— ¿Qué fue lo que pasó? — preguntó de una vez por todas el chico de cabellos cobrizos y profundos ojos verdes. Ella solo desvió la mirada, incapaz de mirarlo.

Edward se dio cuenta de la reacción de su novia y con delicadeza cogió su mentón entre sus manos para alentarla a mirarlo. Una sonrisa complaciente fue lo que le dio y ella le respondió de igual manera, pero en su interior sentía que explotaría.

— Anda, puedes decirme que fue lo que pasó— la alentó, besándole las manos después de cogerlas entre las suyas— Sea lo que sea estaré contigo

— Es que… No sé… Todo esto es complicado— suspiró la chica

— Rose, sabes que sea lo que sea me lo puedes decir— le recordó con dulzura— ¿Es otro? ¿Te enamoraste de otro?

— ¡¿Qué?! — exclamó impresionada la chica. No se esperaba que le preguntara eso— No, no es eso ¿Cómo puedes pensarlo? Yo te amo y no te cambiaría por nadie más.

Edward suspiró aliviado. Llevaba dándole la vuelta a esa posibilidad y era por eso que había tratado de alargarlo lo más posible preparando el desayuno y aguardando todo este tiempo para conversar. No quería asumir la opción de que ella lo fuera a cambiar por…

— Creo que estoy embarazada—…otra persona, otro hom…

— ¿Qué? — Edward dejó de pensar en la opción de otro hombre en la vida de Rosalie para concentrarse en las palabras que ella había mencionado— ¿Cómo que crees que estas embarazada?

— Es que… Mi período aún no llega y suelo ser bastante regular— suspiró y volvió a bajar la mirada. Sentía que sus ojos se estaban llenando nuevamente de lágrimas y pronto no podría aguantarlas más— Tengo tres semanas de retraso.

— Pero… ¿Estas segura? ¿Te hiciste un test? — inquirió el chico. Aun no entendía bien que era lo que estaba pasando, solo sabía que había escuchado la palabra "embarazada" saliendo de la boca de su novia… Pero ellos no podían ser padres, no con apenas diecisiete años y sin siquiera haber terminado la educación escolar.

— No me he hecho el test, pero no sé… Tengo miedo, Edward— sollozó. Las lágrimas ya habían comenzado a salir nuevamente de sus ojos.

— ¡¿Y tú crees que yo no?! ¡Somos jóvenes, no hemos terminado la secundaria y no tenemos dinero propio! ¿Cómo vamos a mantener un bebé? ¡Esto no puede estar pasando!— soltó sin más las manos de su novia y se pasó las suyas por sus cabellos. No podía estar ocurriendo— Pero si tu tomas pastillas, yo uso preservativo ¡Esto no puede pasar! ¡Se supone que esto no pasa si tomas precauciones!

— No sé qué pasó. Algo falló— sollozo la chica

— ¡Claro que algo falló! ¡Algo salió mal en todo esto y la fregamos!— le gritó, pero se arrepintió al ver como se colocaba ella— Está bien, está bien. Vamos a estar juntos en esto, tu tranquila— la abrazó con fuerza contra él y comenzó a acariciarle el cabello— Vamos a hacer algo ¿Vale? Voy a ir a comprar un test a la farmacia mientras tú te quedas acá y te relajas. Yo no voy a tardar y todo va a estar bien.

La rubia asintió y se limpió las lágrimas que salían de sus ojos. Edward la besó en los labios y se levantó para salir en su auto hacia la primera farmacia que encontrara.

En este lugar la chica que lo atendió lo quedó mirando fijamente cuando le pidió los test. Pensaba que era demasiado joven para estar comprando eso, y la verdad es que no se equivocaba. Claro que a Edward eso le importaba bien poco, en su mente el solo trataba de recordar cómo podría haber pasado esto si Rose tomaba la pastilla y él siempre usaba preservativo.

En eso recordó aquella noche, aquella en que todo puede haber ocurrido.

Había sido una noche maravillosa y llena de pasión. Tanto él como Rose se habían entregado el uno al otro en cuerpo y alma y se habían dado los momentos más apasionados en todo el tiempo que llevaban de pareja. Si, lo habían hecho en otras ocasiones, pero esta había sido sin lugar a dudas la mejor.

A lo mejor era el alcohol, a lo mejor los mariscos de la cena o simplemente la búsqueda de calor que los dos necesitaban en esa fría noche en el centro de ski.

La cena, una jardinera de mariscos con vino blanco había sido la más deliciosa que hubiesen probado en todo ese tiempo. Los dos amaban los productos del mar y adoraban comerlos aún más en pareja y, sin lugar a dudas, el vino blanco le había dado su toque.

También era una gran ventaja que en el centro los conocieran tan bien o de lo contrario ese trago no habría estado en su mesa al ser menores de edad. Pero siendo tan reconocidos no les habían puesto inconvenientes.

Por otro lado tenían la cabaña para ellos solos. Los abuelos de Rose habían tenido que bajar con Jasper después de que este se intoxicara con la cena de la noche anterior y decidieran llevarlo al hospital para que lo atendieran. Estaban solos, abrazados por el calor de la chimenea y escuchando solo el viento que chocaba contra las paredes externas de su hogar.

Esa noche había sido la mejor. Solo la alfombra, las paredes y más tarde la cama habían sido testigos de la pasión y la lujuria con la que se habían amado y entregado al otro. Solo ellos habían presenciado aquel acto de amor tan puro que habían hecho que esa fría noche de invierno pasara a ser la más cálida.

Fue maravilloso— exclamó la chica, abrazada al desnudo torso de su novio y acariciando cada centímetro de su piel— Me hiciste sentir completa

Y tú me hiciste sentir el hombre más afortunado del mundo— la besó en los labios, apretando más su mano en la baja espalda de la chica

Se estuvieron besando y acariciando por un tiempo más hasta que la chica cayó rendida de cansancio y con cierto dolor al lado de su novio. Este, por su parte, seguía aun despierto recordando cada instante de esa noche.

Se apartó lentamente de su novia, dejándola aun dormida en la cama, y se dirigió al cuarto de baño para orinar y de paso ducharse. Pronto amanecería según había visto en el reloj, y los abuelos de Rosalie no tardarían en regresar al lugar.

¡Maldición! — exclamó cuando se percató de un pequeño problema. El preservativo que recién se había quitado estaba roto. No sabía si ya estaba así desde antes o se había rasgado cuando lo sacó, pero si supo que su cuerpo se paralizó por un instante— No, cuando lo revisé al abrirlo estaba bien, estaba bueno— trató de convencerse a si mismo, pero no podía confirmarlo por completo. La verdad era que ni siquiera lo había revisado y solo se lo había puesto, pero vamos ¿Cómo puede tener tanta mala suerte como para que estuviese roto de antes? — No, definitivamente estaba integro cuando lo saqué.

Sin pensarlo más lo lanzó en el papelero del baño y se metió a la ducha para quitarse el sudor y el sinfín de pensamientos que colmaban su mente

Todo estará bien…

Pero no todo estaba bien. Había olvidado que hasta hace un par de días antes de ese echo Rosalie había estado consumiendo antibióticos por una amigdalitis que había sufrido y que la había tenido en cama por lo menos una semana. De seguro eso también había bajado el efecto de los anticonceptivos y ellos… Ellos no lo habían considerado confiándose en que el preservativo solo funcionaría a la perfección.

— Son 22 dólares con 99 centavos— le informó la chica y el sacó el dinero desde su billetera. En ese momento agradecía que sus abuelos le hubiesen depositado su mesada hace unos pocos días.

Después de pagar tomó la bolsa con los test y salió del lugar para retomar su camino hacia la casa de los Hale.

Los tres minutos que pasaba Rosalie dentro del baño se le estaban haciendo eternos. En cuanto llegó le tendió la cajita con los aparatos en su interior, leyeron las instrucciones y ella ingresó en el cuarto de baño para poder realizarlos.

Edward había comprado dos cajas con dos pruebas cada una y así poder estar seguros de que no habría error alguno. Pero el tiempo que tardaban estaba comenzando a desesperarlo por completo y pronto se quedaría completamente sin uñas si es que su novia no salía a decirle el resultado de los test.

Escuchó el clic de la puerta cuando Rosalie le sacó el seguro y la abrió un poco, indicándole casi en un susurro que entrara. Edward abrió con cuidado la puerta y se asomó para verla sentada en la orilla de la bañera, con su rostro apoyado entre sus manos y con los ojos llenos de lágrimas. También apreció los cuatro aparatos sobre el lavamanos y se acercó para mirarlos más de cerca.

— ¿Qué? ¿Qué significan? — preguntó con miedo mirando a cada uno de ellos. Tres con dos líneas claramente marcadas y uno con solo una línea ¿Qué se suponía que significaba eso?

— Según esos aparatos, o por lo menos tres de ellos, estoy embarazada— sollozo y se abrazó con sus propios brazos

— Pero uno salió negativo— trató de calmarla el chico. Había una esperanza ¿Cierto?

— ¡¿Qué no lo ves, Edward?! ¡Estoy embarazada! ¡No nos hagamos los ciegos y asumámoslo! ¡Fuimos unos irresponsables y por eso nos está pasando esto! — le gritó molesta la rubia, levantándose de su lugar y acercándose a su novio— ¿Qué se supone que vamos a hacer ahora? ¡Somos jóvenes, tenemos o teníamos un futuro por delante! ¡Yo quería ser bailarina!

Rosalie le gritaba con rabia, pena, miedo… Muchas emociones. Se acercaba cada vez más a él gritándole a más no poder.

Edward la observaba en completo silencio dejando que se desahogara. Sabía que lo necesitaba o en cualquier otro momento explotaría sin control y sería peor. Solo se acercó a ella y la abrazó contra su pecho, pero ella intentó alejarlo dándole pequeños golpes con sus puños y dejando escapar quejidos a través de su garganta.

Poco a poco su cuerpo se fue relajando y su llanto cesando hasta que se convirtió en sollozos. Sus piernas no le dieron más y poco a poco fue cayendo al suelo, pero Edward la sostuvo siempre contra su pecho y cayó junto a ella para quedarse los dos sentados en el frío suelo de baldosa.

Se quedaron ahí por lo que fue un buen rato. Edward acunándola entre sus brazos y ella aferrada a su pecho. Nadie decía nada, nadie pensaba nada.

— Debemos ir donde tu doctor— le susurró Edward contra su cabello mientras le acariciaba unos mechones con una mano y la espalda con la otra

— No podemos. Mis abuelos se pueden enterar— Edward negó

— Se enteraran tarde o temprano, Rosie. Debemos asegurarnos de que esto está realmente pasando

La rubia lo miró por unos segundos y luego asintió. Sabía que su novio tenía razón y era mejor que terminaran de descubrir esto por completo antes de tomar cualquier decisión.

— Esta bien. Llamaré para ver si hay alguna hora

Los dos se pusieron de pie y Rosalie salió del baño para ir a llamar mientras Edward tiraba los test y sus cajas de tal manera que nadie descubriera lo que había ocurrido en ese lugar. Luego salió y vio a su novia hablando aun por teléfono, así que decidió ir a lavar la loza que había quedado sucia del desayuno.

Ordenó, se duchó y luego esperó a que Rosalie saliera de su habitación ya vestida con un pantalón de jean ajustado a sus finas piernas, una blusa blanca con diseños en negro y unos zapatos de tacón que la hacía ver más alta de lo que ya era. Además venía con su cabello suelto y cayendo sobre su espalda.

Se acercó a cogerla de la mano y de esta manera salieron hacia el automóvil.

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Hola a todos y todas los que han leído este nuevo capítulo ¿Cómo han estado? Espero que bien y que solo cosas buenas les hayan pasado en estos días. Por mi parte les cuento que ya inicié mis prácticas clínicas en pabellón/recuperación y estoy feliz, aunque agotadísima.

Ahora, volviendo a lo que nos convoca ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Se esperaban lo de Rosalie? ¿Y qué tal Edward? ¿Qué creen que pasará? Espero sus ideas.

Como todas las semanas le agradezco a mi amiga Jennifer, quien me ayuda cuando me quedo bloqueada, y a Sandra, que siempre está para darme ideas. Además les agradezco a:

Candy1928: Hola. Si, por fin se encontraron. Lo de hacer a Edward feliz… Creo que lo pensaré jijiji. Cuídate y nos leemos.

Mepi: bienvenida a la historia. Eres libre y quedas invitada a pasarte por mis otras historias para que me digas que te parece. Cuídate y nos leemos.

Yolo: Hola. Sí, es bueno que Edward empiece a hablar de cómo se siente y lo que ocurre, pero es un terco de lo peor. Creo que nadie se esperaba el reencuentro de Alec y Bree, de hecho ni yo lo había pensado cuando lo estaba escribiendo, pero no sé si será bueno o malo para Diego, eso tendrás que verlo a medida que avancen los capítulos. Me gustaría saber que piensas de este capítulo. Cuídate y nos leemos.

Patlive: hola y bienvenida a la historia. Espero te guste y me hagas saber que piensas. Eres bienvenida y libre de pasarte por mis otras historias. Cuídate y nos leemos.

Ahora, sin nada más que decir y deseándoles una buena semana, me despido. Cuídense.

Babi_Cullen