- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Debían llevar por lo menos quince minutos esperando cuando la enfermera llamó a Rosalie para guiarla hacia uno de los box de atención. Claro que ella no sabía que Edward era el novio de la chica y no le quería permitir el paso, pero Rosalie insistió y al final la mujer terminó accediendo.

Le entregaron una horrible bata del hospital con la que se tenía que vestir y luego le tomó las constantes vitales. Al acabar le informó que el doctor ya venía.

Los dos chicos se quedaron cogidos de la mano frente al escritorio y mirándose sin decir nada. Los dos tenían esa conexión especial que les hacía saber lo que el otro estaba pensando con tan solo mirarse a los ojos.

La puerta de la consulta se abrió dándole paso a un hombre de avanzada edad. Él era el doctor Gerandy, quien también había sido ginecólogo de la madre de Rosalie y que se había encargado de traerla a ella y a sus hermanos al mundo, por lo que el hombre se sentía como un "padre" de la chica y siempre había sido muy cordial y atento con ella. También había sido quien le había dado las pastillas cuando fue a su primera consulta junto a Edward y conocía al chico desde ese momento.

El hombre se alegró de verlos a los dos nuevamente en el lugar y los saludó y les hablaba con alegría, pero su rostro cambió en cuanto Rosalie le explicó el motivo de la consulta. No se esperaba esa noticia y mucho menos siendo los dos tan jóvenes.

Les explicó todo, desde porqué habían fallado las pastillas hasta los resultados de las pruebas de embarazo. También le hizo un par de preguntas a Rosalie sobre cómo se había sentido en este tiempo, su alimentación, sus periodos, entre otras cosas y le comentó lo de las pruebas para confirmar lo que ya era obvio.

Llamó a una enfermera a través del intercomunicador y le pidió que trajera todo lo necesario para realizarle una prueba de sangre a la chica.

Rosalie se puso nerviosa en cuanto escuchó esas simples palabras. Las agujas y la sangre siempre habían sido su debilidad y se colocaba muy mal cada vez que tenían que hacerle una prueba. Edward lo notó y comenzó a calmarla con dulzura, dándole palabras de aliento y permaneciendo a su lado en todo momento.

Después de obtener la muestra la enfermera los llevó al laboratorio y el médico se quedó con los chicos dándoles un par de indicaciones más y haciendo tiempo para obtener los resultados.

De todas maneras los dos chicos no parecían estar demasiado atentos a lo que el anciano les decía y solo pensaban en el tiempo que estaba pasando mientras esperaban la respuesta a sus dudas.

Poco tiempo después llegó nuevamente la enfermera con el sobre en sus manos y se lo tendió al médico. Este lo revisó y miró a los chicos con una cara digna de un jugador de póker profesional. Ningún sentimiento se podía apreciar en su rostro, nada que les hiciera saber tan siquiera los resultados de esas pruebas.

Poco a poco su rostro se fue relajando y les confirmó lo que ya sabían. Rosalie estaba embarazada y, según los datos que manejaba, estaba de ya unas ocho semanas de gestación.

Los dos chicos aguantaron el aire y luego lo soltaron de una. Sabían que esa respuesta sería la más segura en su caso y habían tratado de hacerse a la idea, pero era difícil… Sobre todo siendo tan jóvenes.

El doctor le pidió a Rosalie que se subiera a la camilla para terminar de hacer las últimas pruebas antes de darles las indicaciones finales de la consulta. La revisó de pies a cabeza, la peso y midió tanto su estatura como su presión. Luego pasó a la ecografía.

— Bueno, en esta se ve todo bien. El bebé está midiendo 17 milímetros. Se ve que está bien para su edad gestacional y no se ven anomalías— les indicaba el doctor mientras tomaba las medidas del bebé

— Doctor… Son manchas— comentó el cobrizo y el médico sonrió

— Edward, sé que solo ves manchas. Pero mira, presta atención a esto— le indicó un ovalo negro que se formaba en la pantalla— Ese es la placenta y ese puntito blanco de ahí, es su hijo.

— E… ¿Ese es nuestro bebé? — preguntó el chico, anonadado. Rosalie solo sonreía por el rostro de asombro de su novio y derramaba unas cuantas lágrimas al ver por primera vez a su pequeño regalo, sacudiéndose un poco por la risa y el llanto

— Lo siento por el movimiento, doctor— se disculpaba Rosalie y él le sonrió

— No te preocupes, pequeña. Si, Edward, ese es su hijo— le contestó la pregunta al cobrizo que aún estaba incrédulo y miraba fijamente la pantalla mientras presionaba la mano de su novia— Miren esto…— el médico presionó un par de botones y unas manchas azules y rojas aparecieron justo encima de donde antes había estado la pequeña manchita— Esos colores que se ven son por los latidos de su corazón. Ese es el corazoncito de su hijo.

Los dos chicos sonrieron ampliamente. Estaba vivo, había vida en el interior del vientre de Rosalie y los dos habían formado a ese pequeño ser que estaba comenzando a crecer.

Edward, que hasta ese momento había permanecido fuerte y sin derramar una lágrima, no aguantó más y dejó que éstas cargadas de emoción salieran a borbotones de sus ojos. Se acercó a Rosalie y comenzó a besarla a la vez que le daba las gracias una y otra vez, le decía que era feliz y que no se separaría nunca de ellos, que los amaría de por vida.

Al salir de la consulta llevaban la carpeta con las imágenes de la ecografía, un disco donde llevaban toda la sesión y un sinfín de papeles con indicaciones, vitaminas y muchas cosas más.

El miedo seguía presente, el miedo a no saber que sería lo que pasaría de ahora en adelante y lo que les depararía el futuro, pero al menos estaban felices al saber que su pequeño estaba sano y que pronto, aunque jóvenes, serían padres.

Se subieron al automóvil y fueron a comer a un restaurante para poder celebrar la buena noticia. Pidieron algo sano para los dos, nada de trago y mucho menos mariscos por miedo a que algo pudiera afectar a su pequeño renacuajo.

— Aun no puedo creerlo. Tengo miedo, pero queda de lado por la emoción y la felicidad— sonrió la chica rubia recibiendo la pasta que su novio le tendía en un tenedor

— Yo tampoco lo creo. Solo sé que ahora si quiero terminar la escuela para que nada le falte. Quiero darle todo lo que quiera y necesite, quiero ser alguien por él o ella.

— Hablando de escuela…— comenzó la rubia después de tragar su comida— Hoy cuando te llame ¿No estabas en clases? Porque viniste muy rápido

— Yo… bueno… Me quedé… Me quedé dormido— susurró casi de manera inaudible

— Edward, no de nuevo— suspiró la chica, enojándose al instante

Había faltado nuevamente a clases por tercera vez ese mes y eso a Rosalie la tenía completamente molesta. Se suponía que no volvería a faltar más en lo que quedaba del año y había faltado a su promesa. Los dos sabían que si Edward seguía faltando lo más probable era que tuviera que repetir el año una vez más ya que la asistencia no le alcanzaría para pasarlo, pero también sabía lo mal que lo pasaba él en ese lugar. A veces deseaba estar en misma escuela que su novio, pero sus abuelos estaban empeñados en que fuera a la misma escuela donde había ido su padre y casi toda su ascendencia y ella no podía ir contra eso.

Después de comer los dos salieron en el auto hacia algún lugar tranquilo para estar solos, pero desde que le había contado que se había quedado dormido y había faltado a clases que Rosalie no le hablaba para nada. Se había quedado muda después de su declaración y él ya no sabía que más hacer.

Llegaron hasta la playa donde solían ir a pasar el tiempo y los dos se encaminaron hacia la arena. Se sentaron cerca de la orilla de la playa y dejaron que los pocos rayos de sol que habían salido cuando el cielo despejó los calentaran. Ella miraba el mar chocar contra las rocas y él la miraba con atención.

— ¿Me vas a hablar de nuevo algún día?— preguntó el chico de cabellos cobrizos intentando llamar su atención, pero ella no quería hablarle en estos momentos. Estaba muy molesta— Vamos, no estés de esta forma

— ¿Y cómo quieres que esté, Edward? Faltaste a tu promesa y eso es imperdonable... Si no tengo tu palabra ¿Cómo confiar en ti? ¿Cómo puedo creerte que podrás cuidar del bebé y de mí si ni siquiera vas a clases?

Volvió a darle la espalda para centrar su mirada en el horizonte. El mar chocaba contra las rocas con fuerza haciéndose notar, el sol comenzaba a desaparecer poco a poco como si se hundiera y el cielo tenía un contraste de colores que solo el atardecer podía otorgarles. La arena bajo sus manos y sus pies se sentía tibia ya que aún mantenía el calor del día.

Edward sabía que Rosalie se había molestado. Tenía razón, él había roto la promesa que le había hecho la última vez, pero es que no quería tener que aguantar a los idiotas de ese ridículo colegio lleno de niños mimados y además la había acompañado a ver por primera vez a su pequeño.

— ¡Agh!— se quejó el cobrizo

Rosalie se dio la vuelta y lo vio restregando su ojo derecho con fuerza. Parecía desesperado y adolorido.

— ¿Qué te pasa ahora?— le preguntó aun enojada

— Creo que me entró arena en el ojo— le respondió con dolor— Me pica

— No seas mentiroso, Edward. No voy a caer en tus mentiras y juegos

— No estoy mintiendo, de verdad me duele y pica

Rosalie se volteó por completo y se acercó poco a poco para revisar el ojo de su novio. Pero al hacerlo no había nada en este.

— No hay nada, Edward— dijo enojada

— Debe haberlo. Me pica— volvió a quejarse— Revisa bien, por favor

Rosalie se acercó más a él para revisar mejor su ojo, pero seguía insistiendo que no había nada.

Aprovechando este momento de debilidad de la chica, Edward la cogió por la nuca y la acercó a sus labios para besarla con intensidad, pero dulcemente. La tenía sujeta para que no se fuera a escapar y ella solo trataba de hacerlo.

Cuando se separaron Rosalie controló su respiración y se separó de él al instante. Quería estar alejada.

—Creo que ya se me pasó el dolor. Tus labios hacen maravillas, mi enfermera favorita.

Rosalie bufó con molestia y luego, con toda la fuerza que pudo reunir, le propinó un golpe en el brazo haciendo que se le durmiera y se quejara.

— Eso es para que te quejes con motivo— le reclamó y se volvió a mirar el horizonte nuevamente.

Edward se sobaba el brazo en un intento de calmar el dolor punzante que sentía en este y trataba de moverlo, pero estaba completamente adormecido y sentía solo una corriente que le corría a lo largo de este.

— Me dolió— reclamó, pero Rosalie no le prestó atención— ¿Entonces seguirás sin prestarme atención y enojada?— nada, no había respuesta— Rosie, por favor, no me hagas la ley del hielo... ¡Rosie!

Al ver que no conseguiría nada se dedicó a hacer lo mismo que su novia a la vez que jugaba con la arena que tenía a su lado. La tomaba entre sus manos y la dejaba caer una y otra vez sobre el resto formando un pequeño montículo.

De pronto sintió que algo se lanzaba sobre él y lo hacía caer sobre su espalda. Era Rosalie.

— Es imposible enojarme contigo cuando haces esos pucheros— le dijo, comenzando a besarlo como él lo había hecho hasta hace un momento. Edward solo le seguía el gesto.

Los dos chicos, a pesar de ser jóvenes, se amaban demasiado. Edward se sentía completo al lado de Rosalie, sentía que nada le faltaba. Mientras que Rosalie no podía estar alejada de la persona que le daba paz y que tanto la hacia reírse, lo amaba demasiado y amaba aún más lo que sentía por él.

— ¿Cómo les diremos a todos?— preguntó Rosalie, separándose dulcemente de él y acomodándose entre sus piernas para sentarse con la espalda apoyada en su pecho y ver el horizonte. Edward pasó los brazos sobre los hombros de su novia. Apartó los mechones rubios que caían sobre sus hombros y comenzó a besarla detrás de su oreja.

— La verdad, no lo sé

— ¿Tienes miedo?— le preguntó la rubia y este negó— Yo sí. Tengo miedo de lo que van a decir mis abuelos, tengo miedo de que ya no me quieran.

Amore, no debes tener miedo. Al principio puede que no lo tomen bien pero luego lo aceptarán. Además yo voy a estar siempre a tu lado, no las dejaré solas. Mis dos princesas tendrán todo lo que quieran, porque es lo que se merecen.

— ¿Y como estás tan seguro que será niña? — le sonrió

— No sé, solo lo siento así— se encogió de hombros.

Volvió a besarla detrás de la oreja y comenzó a bajar por el cuello de su novia hasta que ella volteó su rostro y ahí pasó a besarla en los labios. Ella correspondía a sus besos con pasión, se entregaba a esos besos cálidos y dulces que tanto amaba.

— Gracias— le dijo sin separar sus labios por completo

— No tienes nada que agradecer, amore

Siguieron haciendo lo mismo hasta que una incesante lluvia comenzó a caer sobre sus cuerpos. Edward se sacó la chaqueta al instante y la colocó sobre los hombros de su chica a pesar de los reclamos de esta y alegando que ahora tenía que cuidar de sus dos amores. Rosalie sonrió al escuchar esas palabras y sin decir nada más lo siguió hasta el automóvil que estaba estacionado a unos pasos de distancia.

Una vez en el interior el teléfono celular del chico comenzó a sonar con insistencia y, al mirar la pantalla, se dio cuenta que se trataba de su tía quien llamaba. Estaba indeciso, no sabía si contestar o no. Sabía que lo regañarían por haber faltado a clases, pero no solo lo había hecho por que sí sino que también por su novia. Tenía que estar con ella en ese momento tan importante, ese momento en el que habían escuchado el corazoncito de su bebé.

Suspiró antes de coger la llamada y se llevó el teléfono a la oreja.

— ¿Diga? — contestó

Edward, soy tu tía Esme. Necesito que te vengas a la casa cuanto antes. Alguien te está esperando y necesita hablar contigo— el chico frunció el ceño y eso alertó a su novia

— ¿Quién me espera, tía? — preguntó confundido

Alguien, cariño. Tu solo vente a la casa— sin decir nada más la llamada se cortó y el quedó esperando a que siguieran, pero nada ocurrió.

Dejó el teléfono a un lado y encendió el motor del auto a la vez que Rosalie le preguntaba que ocurría. Él le contó lo que su tía le había dicho y lo mucho que le había extrañado, al igual que a ella cuando se enteró.

Condujo con relativa calma y a una velocidad prudente, pero la verdad es que solo deseaba llegar a la casa de sus tíos.

El camino se le hizo eterno, no llegaban nunca. Cada segundo que pasaba se desesperaba más y su ansiedad crecía, pero tenía que mantener la calma por Rosalie y su pequeña princesa.

Al llegar notó que el automóvil de Diego estaba estacionado en la entrada, así que supuso que él era quien lo esperaba. Pero entonces ¿Por qué su tía no se lo dijo de inmediato? ¿Qué era lo que estaba ocurriendo aquí?

Se estacionó en su lugar de siempre y, después de ayudarle a Rosalie a salir del automóvil, se dirigieron hacia el interior de la casa.

— Ya estoy en casa— anunció cuando abrió la puerta y entró en el lugar

Estamos en la sala, cariño— escuchó a su tía Esme desde la sala y se dispuso a ir allí con su novia de la mano.

En este lugar estaban sus tíos sentados en un sofá sonriendo ampliamente y conversando con Diego que estaba sentado frente a ellos con un vaso de refresco en sus manos. En la mesa de centro estaban las copas de vino de sus tíos, pero había otro vaso más. A lo mejor es de Alec pensó.

Se acercó hasta ellos y les preguntó qué era lo que ocurría.

— Faltaste a clases— dijo Diego con voz seria. Eso chocaba al chico que no sabía cómo reaccionar, sin mencionar que aún estaba peleado con Diego desde la última vez que había estado en el departamento y que lo había echado de la casa.

— Si, lo siento. Tenía cosas que hacer con Rosalie— le explicó y ellos asintieron, sin intenciones de ahondar más en ese tema o al menos no por ahora— ¿De eso querían hablar?

— La verdad es que no, queríamos hablar de algo más. Después veremos que haremos con tu castigo— le explicó Carlisle— Pero ahora no veremos nosotros eso, no somos los indicados.

— No entiendo— dijo el chico completamente confundido

— La que se encargará de eso voy a ser yo— escuchó una conocida voz a sus espaldas y no pudo evitar quedar de piedra. Era la voz que no esperaba escuchar en ese lugar y menos en ese momento.

Al voltearse sus ojos se llenaron inmediatamente de lágrimas y un nudo se formó en su garganta, impidiéndole hablar o siquiera tragar. No podía creer lo que estaba mirando.

— ¿No vas a venir a abrazar a tu madre? — inquirió la mujer de cabellos castaños y profundos ojos verdes con los brazos extendidos.

— Ma… Mamá— el chico soltó la mano de su novia y fue directamente a abrazar a su madre en un intento desesperado por no dejarla huir. La había extrañado, la extrañaba, y no quería perderla de nuevo. Pensaba que si la soltaba desaparecería o se desvanecería frente a sus ojos y no podía evitar pensar que la perdería.

Los sollozos ahogados salieron de la garganta de los dos. Edward lloraba apoyado en el hombro de su madre y ella en el pecho de su hijo. A pesar de ser los dos altos, Edward había sobrepasado hace un buen tiempo a su mamá y ahora era donde quedaban acomodados los dos.

Los demás se sentían incómodos observandonla situación. Sentían que estaban interrumpiendo un momento tan íntimo entre aquella madre y su hijo.

Rosalie, por otro lado, se sentía feliz por su novio. Sabía que Edward había extrañado demasiado a su madre en todos estos años. Ella lo habia visto llorando porque la quería a su lado, ella lo había consolado cada vez que se deprimia por su situación y era ella la que lo habia hecho recapacitar cuando, en una furia de adolescente, culpó a su madre de todas las cosas malas que le ocurrían y había dejado de ir a verla a la prisión. Si, ella había tenido que ser su pilar, su cable a tierra.

— Mamá, te extrañe tanto. No te vayas de nuevo, por favor— le rogó con voz quebrada y sollozando con dolor

— Nunca más, mi pequeño solcito— lo abrazó con fuerza y se quedaron asi por un buen rato. Eso era lo que los dos necesitaban, abrazarse y sentirse el uno al otro.

Después de unos minutos se separaron y se miraron directamente a los ojos. Los dos los tenían rojos por el llanto, sus narices parecían la de "Rodolfo el reno" y tenían las mejillas húmedas y sonrojadas. Sonrieron por eso y Edward la volvió a abrazar, pero se separó casi al instante.

Carlisle los invitó a que se sentaran en uno de los sofás de la sala y ellos asi lo hicieron. Edward, a la pasada, cogió la mano de Rosalie y la arrastró con ellos hacia el sillón para que se sentara a su lado.

Bree ya conocía a la chica pues había ido a visitarla en un par de ocasiones con su hijo, por lo que ahora no le extrañaba que estuvieran aun juntos. La saludó con un beso en la mejilla y le preguntó como estaba, a lo que la chica respondió con alegría.

Una vez sentados, Edward se acomodó en un costado de su madre y se abrazó a ella colocando se cabeza en el hombro de ella y sin soltar la mano de su adorada novia.

Comenzaron a hablar de todo con respecto a la libertad de Bree, a qué hora había salido y por qué no le habían dicho. La verdad era que Edward esperaba que su madre saliera pronto, pero nunca tanto.

— Alec agilizó los trámites y le ayudó al abogado a conseguir todo más rápido— respondió la mujer besándole la frente a su hijo.

— Entonces tengo que agradecerle— comentó el chico incorporándose desde su posición— ¿Dónde está?

— El no vino— respondió Diego seriamente— Tenía cosas que hacer.

El cobrizo asintió a su respuesta y volvió a su posición anterior para seguir conversando. Ya luego tendría tiempo para agradecerle por lo que hizo, pero ahora solo quería estar con su madre el mayor tiempo posible.

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Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento… Chicos y chicas de verdad que lo siento por no subirles capítulo la semana pasada, pero el campo clínico y la universidad no me dejaron tiempo libre para poder hacerlo. Me sentí muy mal por no haberles subido el capítulo, pero al fin aquí esta.

¿Qué les pareció? ¿Qué les causa la relación de Edward y Rose? ¿Cuál creen que será el apodo del bebé? ¿Se esperaban lo de Bree? ¿Qué creen que va a pasar ahora? Me gustaría escuchar sus opiniones.

Como les dije una vez, esta semana habrá capítulo doble, asi que mañana o pasado van a tener el capítulo que correspondería a esta semana porque este es el de la semana pasada.

Como todas las semanas le agradezco a mi amiga Jennifer, quien me ayuda cuando me quedo bloqueada, y a Sandra, que siempre está para darme ideas. Además les agradezco a:

Adriu: Si, un bebé es una bendición, pero ellos son demasiado jóvenes ¿No crees? Con lo de Bree y Alec, ellos ya llevaban un tiempo viéndose (desde que Alec volvió), así que no iba a haber reclamos y menos si iba a ayudar a su hijo. Edward ahora sí que va a necesitar mucho apoyo. Saludos y nos leemos.

Invitado: Hola, me gusta que te agrade la historia. Si, creo que sería bueno darle ese cambio al sumary, pero es un detalle jajaja. Cuidate y nos leemos.

Marce Capuccino: Hola. Si, a Edward todo le llegó de una, pero ahí que aprender a vivir con lo que a uno le toca nada más. Obvio tendrá apoyo ¿O no? Los primos, habrá que esperar a ver qué pasa con ellos. Ahora si sabemos que Bree estará fuera ¿Pero qué pasará con ese bebé y el resto de la familia? Hay que esperar para saberlo. Creo que esta segunda parte tiene cerca de 22 capítulos, pero no lo recuerdo bien. Cuídate y nos leemos

Green day forever: Gracias, que bueno que te guste. Cuídate y nos leemos.

Yolo: Hola. Si, a Edward vuelve a lloverle sobre mojado. La verdad… No sé qué pasará, o en realidad si se pero no puedo decírtelo o se pierde la magia. Cuídate y nos leemos.

Aru1313: Si, creo que podrá ser feliz ¿Cierto? Bueno, hay que esperar. No te preocupes por no comentar, cada uno tiene sus tiempos. Además, feliz cumpleaños no sé si atrasado o adelantado, pero felices 15. Espero los disfrutes mucho. Eso es algo importante, no se cumple 15 todos los días y marca etapas importantes. Cuídate y nos leemos.

Ahora, sin nada más que decir y deseándoles una buena semana, me despido. Cuídense.

Babi_Cullen