- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. Babi_Cullen .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Tres días habían pasado desde que Edward se había enterado de la cruda realidad y parecía que nadie podía hacerlo entrar en razón y que volviera a ser el de antes.

Desde que había llegado a la casa de los Hale que no se había levantado de la cama en el cuarto de huéspedes. Con suerte se había dignado a comer unas cuantas cucharadas de comida y a veces se largaba a llorar en completo silencio para no alertar a los demás de su sufrimiento.

No había querido ver a nadie de su familia y se rehusaba tan siquiera a contestarles las llamadas que le hacían, completamente preocupados. No quería saber nada de nada y de nadie, solo quería pensar y estar con Rose y su manchita.

— Permiso ¿Se puede?— preguntó alguien desde la puerta

— Claro, abuela. Pasa— esa otra voz era su Rose, su amada

— Venía a dejarles desayuno— indicó la mujer caminando con pasos firmes pero suaves a la vez— ¿Aún no despierta?

— No. Anoche no durmió muy bien, se despertó en muchas ocasiones completamente angustiado— contestó su novia.

La verdad es que estaba despierto hace un buen rato, pero se sentía tranquilo con los ojos cerrados, apoyado en el vientre de su novia y disfrutando de la paz que sus caricias le proporcionaban. No quería abrir sus ojos y que la triste realidad le hiciera notar lo miserable que era su vida.

— Bueno, entonces les dejo la bandeja para cuando despierte— escuchó el golpeteo de la madera chocando contra la mesa del escritorio— Intenta que coma algo.

El movimiento del cuerpo de Rose le indicó que había asentido a la petición de la anciana y los pasos de esta, sumado a la puerta cerrándose, le mostraron su salida de la habitación.

— No me gusta verte de esta manera— suspiró la rubia continuando con las caricias

— A mí tampoco me gusta sentirme así— respondió el castaño, haciéndola sobresaltarse— Lo siento

— No hay problema, es solo que me asustaste porque pensé que estabas dormido— le sonrió dulcemente— ¿Cómo te sientes?

— Siento que a pesar de dormir, no descanso. Mi mente sigue agotada y siento que mi cuerpo está cortado en miles de pedazos— le respondió, encogiéndose de hombros diciendo tan solo lo que sentía en esos momentos.

La rubia sólo suspiró y lo abrazó dulcemente, dándole un beso en el tope de su cabeza y aspirando su olor. No era el del perfume que solía utilizar ni tampoco era desagradable, solo era el olor de su amado novio.

Él se abrazó a su cintura en un intento de atraerla más hacia su cuerpo, si es que eso era posible. Parecía que si seguía abrazándola de esa forma en algún minuto sus cuerpos se fundirían en uno solo.

Estuvieron así por un buen rato hasta que Rosalie recordó el desayuno que su abuela les había traído y lo que ella le había pedido.

Lo separó con delicadeza de su cuerpo y luego lo miró a los ojos. Estos estaban aguados y rojos, y eso la estremeció.

Le indicó el desayuno que estaba sobre la mesa y este hizo una mueca al instante. No tenía apetito y sentía que nada pasaría por su estómago en esos momentos. Pero Rosalie no le dejaría tranquilo hasta que comiera algo.

Acercó la bandeja hacia su novio y comenzó a darle pequeños trozos de fruta, sorbos de jugo natural y una que otra mordida de las tostadas. Además, aprovechaba de comer unas cuantas ella misma y para su pequeñito bebé.

Edward solo hacia muecas al sentir la comida pasando por su adolorida garganta. No sabía si aún la tenía herida por haber estado llorando y gritando o si era algo más que eso, pero poco le importaba en estos momentos.

— ¿Te quieres levantar? Podríamos ir a comprarle ropa al bebé— trató de alentarlo a salir la rubia, pero el negó— ¿Y si me acompañas a un taller de maternidad? Hoy es de relajación para la pareja y saber cómo se va desarrollando el bebé

— ¿Y qué voy a hacer yo ahí? Sólo habrá madres embarazadas y no padres— reclamó el cobrizo

— Edward, vamos, acompáñame— le rogó con un puchero. Sabía que él no se negaría a ese gesto.

Edward trató de desviar su mirada, pero no podía. Suspirando, asintió y se resignó a levantarse. No podía negarle nada a Rose cuando hacia ese dulce gesto con sus labios. La amaba demasiado como para hacerlo.

Se levantó con pereza desde su lugar en la cama y, a paso lento, se encaminó al baño para ducharse. Necesitaba liberar tensiones y relajarse.

Rose sonrió triunfante y se fue a su cuarto para cambiarse de ropa. Había logrado sacar a Edward de la cama y era algo que no podía desaprovechar.

Cuando estuvo lista volvió a la habitación donde se estaba quedando su amado novio y padre de su pequeña criatura. Pero no estaba en la pieza y menos en el baño.

La puerta del baño estaba entreabierta dejando ver el lugar vacío, la toalla estaba tirada en el suelo y la cama estaba desordenada solo con el pijama sobre las sabanas revueltas.

¡No los quiero ver, solo quiero que se vayan y me dejen tranquilo! ¡Son unos mentirosos, unos falsos, que no se merecen nada! — escuchó los gritos provenientes desde la primera planta y no dudó en bajar casi corriendo por las escaleras que los separaban.

Si Edward estaba gritando de esa forma y diciendo esas palabras solo podía significar una sola cosa: sus padres habían venido a intentar hablar con él y nada bueno podía salir de todo esto.

Al llegar al lugar vio a su abuelo y a su hermano entre Edward, Alec y Bree. Estos dos últimos estaban de pie frente al gran ventanal mientras que Edward estaba siendo retenido por Jasper, quien trataba de calmarlo en vano. Alec tenía la cara llena de golpes y parecía que le dolía para moverse.

— ¡Ustedes solo se rieron de mí! ¡Me hicieron vivir en una mentira! ¡Son lo peor y no se merecen ni un poco de perdón!— les gritaba el chico, enajenado

— Edward...—intentó acercarse la rubia para poder calmarlo, pero sabía que Edward necesitaba descargarse. A lo mejor no era ni el momento ni la forma de hacerlo, pero lo necesitaba.

— ¡Son unos asquerosos que no se merecen nada!

— Hijo... Déjame que te explique— le rogó Bree con las mejillas llenas de lágrimas que corrían por su rostro

— ¿Que me vas a explicar? ¿Cómo mentirle a un niño por años y años sin que se dé cuenta? ¿Cómo se hace para aparentar ser una madre sacrificada que da todo por si hijo?

— No juzgues a tu madre tan a la ligera, Edward. Ella tiene que explicarte mucho y yo también. Los dos te debemos explicaciones

— ¡Pero yo ya no las quiero! ¡Yo ya no necesito a unos padres y menos a unos que me mienten! ¡Ustedes solo llegaron con la intención de recuperar al bastardo que perdieron hace años!

— ¡Edward, basta!— gritó la rubia queriendo que su amado no sufriera. Además, a pesar de todo, veía como Bree estaba sufriendo y ella no quería que lo hiciera. Ahora que sería madre pensaba todo distinto y a ella no le gustaría estar viviendo lo de su suegra.

— ¡Nada de basta, Rosalie! ¡Ellos necesitan saber el daño que causaron!— le grito el cobrizo, completamente encolerizado y con furia

— Edward, creo que es mejor que te calmes— le indicó Jasper. Por lo general él lo apoyaría en todo lo relacionado con sus padres, pero de verdad ya veía que su mejor amigo no estaba dentro de sí mismo y eso le preocupaba.

— ¡No, no lo haré! ¿Saben cuántas veces desee que alguno de ustedes estuviera a mi lado? ¿Saben cuántas veces lloré por qué lo demás niños se reían de mi por ser huérfano, o casi? ¿Saben cuántos años de martirio tuve que sufrir en el colegio? ¡No, pues claro que no lo saben si nunca estuvieron a mi lado!

Para ese entonces sintió que una mano se estamos a contra su rostro. La mejilla le comenzó a arder y su cara se había desviado con el impacto.

— Por mucho rencor que tenga no les hablarás así, jovencito— lo regañó la anciana que había sido como su madre en todos esos años— Ellos son tus padres y se merecen que los trates como tal a pesar de sus errores. Yo no te enseñé a tratar mal a tus mayores así que mostrarás tu educación.

La mano de Eliana se había estrellado duramente contra el rostro del cobrizo, dejándole marcados los dedos en su pálida tez y que ahora estaba más blanca que nunca después de los días que había estado encerrado en la habitación. En el interior le dolía como los mil demonios haberle hecho eso a quien había criado como a uno más de sus nietos, o incluso como a su hijo, pero tampoco iba a permitir que siguiera diciendo todas esas cosas de las que más adelante podía llegar a arrepentirse.

Poco a poco el chico volvió a mirar al frente, justo en dirección a sus padres y la anciana. Bree estaba llorando a mares y Alec trataba de consolarla. La anciana lo miraba de manera seria y sin decir una palabra.

Bufó con frustración y se pasó las manos por su cabello, jalándolo al instante. Estaba desesperado, no sabía que hacer y no se sentía preparado para enfrentar a sus padres. Maldecía el momento en que se les pasó por la cabeza presentarse en esa casa.

— Quiero que se vayan— dijo casi en un susurro apenas audible

— Eso sí que no, Edward. Vas a escucharlos— reclamó su chica. Ella lo miraba fijamente y el abrió los ojos con miedo ¿De verdad le estaba exigiendo eso? No podía ser posible

— Rose, no lo haré— se defendió

— Claro que lo harás. No puedes estar todo el tiempo huyendo de esto y mientras antes lo solucionen será mejor para todo

— ¡Entonces tú los llamaste! ¡Tú les dijiste que vinieran y me tendiste una trampa! — exclamó, furioso e incrédulo

— ¡No, claro que no! Pero créeme que en un tiempo más si lo habría hecho

— ¿Me habrías traicionado? — inquirió, dolido

— ¡No es traición, Edward! ¡Es lo que tienes que hacer tarde o temprano y te conozco lo suficiente como para saber que, si no se te presiona, no lo harás! ¡Eres un niño pequeño cuando quieres serlo! — le gritó la rubia

— No… No peleen…— rogó Bree con la voz ronca

— ¡No te metas! — Edward se dio la vuelta a mirarla y le gritó con su rostro rojo de ira— ¡No puedo creer lo que dices, Lilian!

— ¡Y no puedo creer lo terco que eres, Anthony! — le devolvió ella

— Chicos, creo que ya está bien. Calmémonos, tomemos un poco de aire y luego hablan todos con más calma— pidió Francesco tratando de calmar los ánimos

— Nunca pensé que de verdad pensaras que soy un niño, Lilian. Pues si las cosas están así y no voy a tener tu apoyo creo que lo mejor será que dejemos esto hasta aquí. Tú y yo no tenemos nada que hablar sí sé que no voy a contar con tu apoyo en todo esto

Edward salió del lugar pasando a llevar a la rubia con el brazo, quien estaba quieta en su lugar sin poder reaccionar a las palabras dichas por el cobrizo. Aun no lograba procesar que él le había informado que habían terminado, que ya no serían pareja y que le dejaba sola con un embarazo de 18 semanas.

La puerta de salida se escuchó en ese instante e hizo que Rose reaccionara de su trance. Se movió primero con cautela y luego se echó a correr con su hermano tras él. Jasper no iba a dejar que su amigo abandonara a su hermana y menos en este momento.

Edward caminaba hacia el portón de salida de la gran mansión con Carlisle llamándolo y siguiéndolo mientras que Esme estaba arrodillada al lado de Diego, quien se sobaba el mentón. Edward le había dado un golpe en cuanto lo vio y ni siquiera dejó que le explicara que hacía en ese lugar. Al igual que Alec, también tenía un gran golpe en la mejilla, pero este se veía mucho más inflamado y un gran hematoma lo tintaba.

— ¡Edward! — le gritó Rosalie mientras corría en su dirección— ¡Edward detente!

Rosalie corría desesperada tras el cobrizo, pasando incluso al rubio tío político del chico. Este se detuvo al verla pasar.

Jasper seguía de cerca a su hermana por miedo a que algo le ocurriera en su estado, además que quería alcanzar a su amigo para hablar con él y hacerlo recapacitar.

— Edward, detente— le rogó entre lágrimas, cogiéndolo por el brazo— No me dejes, no ahora. Tengo miedo y no puedo hacer esto sin ti

La voz de Rose estaba quebrada por el llanto y apenas era un susurro que los dos podían escuchar. Su rostro estaba completamente empapado por las lágrimas que caían sin control por sus mejillas, su nariz estaba roja al igual que sus ojos y su cabello se había revuelto después de haber corrido.

Mientras que el rostro de Edward estaba serio, sin sentimientos, aunque por dentro estaba sufriendo como nunca. Amaba a Rosalie con toda su alma y le dolía dejarla, pero no podía estar con ella si no podía confiar.

— No puedes dejarnos solas. Te necesitamos… Te necesito— le rogaba

— Nunca la dejaré. No podría abandonar a mi hija, pero no puedo estar contigo si no cuento con tu apoyo. Yo siempre he estado a tu lado cuando me has necesitado, he intentado ser el mejor novio para darte todo lo que mi madre no tuvo, y a cambio solo recibo traición. Siempre me pasa lo mismo con la gente que amo y no puedo soportarlo más— sollozó el chico, acongojado

Se soltó del agarre de la chica y se volteó para seguir caminando, pero otro brazo lo retuvo y lo hizo darse vuelta de manera brusca. Pronto sintió un golpe dándole directo en la mejilla y tirándolo al suelo por la fuerza.

Su mandíbula había sonado como una madera chocando contra otra y sus dientes se habían estrellado entre ellos, sonando fuertemente. Su labio le había ardido por un momento y luego sintió la tibies de su sangre escurriendo por la comisura de su boca. Levantó su puño y se limpió la sangre que escurría libremente.

Al levantar la vista Jasper estaba frente a él moviendo su mano y gritándole para que se levantara. Le decía que no se iba a arrancar como un cobarde, que no dejaría a su hermana sola cuando más lo necesitaba. Era menor en edad, pero en porte y fuerza ya lo había alcanzado rápidamente.

— ¡YA BASTA! — los dos se voltearon a ver a la rubia que había gritado y se quedaron de piedra.

Rosalie estaba de pie con sus manos cerradas en puños a un costado de su cuerpo. Su rostro rojo, empapado y con el maquillaje corrido por haber llorado y la mancha… Esa mancha de sangre que los había dejado a los dos pasmados en sus lugares.

— Rosie…— Edward se levantó apenas pues sus piernas le temblaban a más no poder.

— No quiero que me dejes…

Esas fueron las últimas palabras que dijo la rubia antes de desvanecerse por completo. Jasper, que estaba justo a su lado, la agarró antes de que cayera por completo al suelo y se arrodilló con ella en sus brazos.

Los abuelos de la chica y los tíos del cobrizo comenzaron a correr apenas vieron que el cuerpo de la chica caía como una pluma y que el rubio la agarraba antes de estrellarse.

Edward se arrodilló a un lado de su amigo y cuñado para coger a su amada desde sus brazos con manos temblorosas. Pasaba estas por cada centímetro de su cuerpo y se detuvo justo en la mancha de sangre que manchaba sus jeans hasta los muslos. Elevó su mano y la miró con terror.

— ¡Ayúdenme! — gritó el chico presa del pánico.

Los adultos llegaron al lado de los chicos y se quedaron igual que ellos en un principio. Los dos ancianos y Esme no sabían que hacer y Carlisle, quien al ver la mancha de sangre se petrificó por un momento, entró de inmediato en su función de médico y se arrodilló al lado de los jóvenes.

— Permíteme, Jasper— le pidió empujándolo un poco para que se hiciera a un lado. Él lo hizo al instante a la vez que se limpiaba las lágrimas de desesperación— ¡Diego, enciende el automóvil!

— Ayúdala, tío. Tienes que salvarla— lloraba Edward viendo fijamente a su tío mientras este la revisaba.

— ¿Tiene alguna enfermedad grave? ¿Algo que debamos saber? — preguntó a sus abuelos, pero ellos negaron al instante

— Ella es muy sana ¿Qué tiene doctor? — inquirió su abuelo, pero Carlisle negó antes de abrir la boca para responderle que no sabía

— Está embarazada— soltó Edward sin más, dejándolos a todos anonadados y mirándolo fijamente— Tiene 18 semanas de embarazo… Pero todo estaba bien. El médico dijo que no había problemas y que estaba bien.

Diego, quien había encendido el auto y lo había acercado a donde todo estaba ocurriendo, se bajó del auto y le ayudó a Carlisle a subir a la chica en el interior. El rubio y el chico se subieron atrás con la chica mientras que adelante se fue Eliana y Diego al volante.

Los demás se fueron en el automóvil del anciano que estaba estacionado en el frente de la mansión. El viejo manejaba como nunca antes lo había hecho y es que el pánico lo tenía atrapado por completo.

En los autos nadie decía nada, todos iban completamente encerrados en su mundo. Carlisle llamaba a la chica, al igual que Edward y Eliana, para hacerla volver en sí. En el otro carro Jasper lloraba desesperado y rogaba porque su hermana estuviera bien, así como su abuelo, y los demás trataban de calmarlo en vano.

El primer auto en llegar al hospital, después de haberse saltado todos los semáforos y un par de signos pares, fue el que era conducido por Diego. Poco le importó estacionarse como correspondía o que lo hiciera en la parte de las ambulancias. Necesitaban llevar a Rosalie a urgencias cuanto antes.

Carlisle salió del automóvil antes que Edward y cogió a la rubia entre sus brazos para poder encaminarse a la entrada de emergencias siguiendo a Diego y a Eliana que iban más adelante para pedir ayuda. Edward se bajó tropezando y casi cayendo al suelo, pero logró estabilizarse a tiempo y comenzar a correr al lado de su tío a la vez que llamaba a su amada.

Al entrar un camillero con una enfermera y un médico se acercaron para que la posicionaran en la camilla que ellos tenían. El doctor pedía información de lo que había pasado y Carlisle se la proporcionaban mientras caminaban hacia unas puertas metálicas.

— Solo hasta acá pueden llegar— los detuvo la enfermera una vez que la camilla atravesó por completo el umbral y las puertas se cerraron

— No, yo tengo que estar con ella. Por lo favor, déjeme pasar— le pedía Edward llorando a mares y con la voz desgarrada

— Lo siento, pero no puede— la enfermera se dio la vuelta para entrar a la otra área

— Por favor… No…— lloró al mirar por la ventanilla y ver a la mujer corriendo por el pasillo hacia el box de atención

— Ven, Edward. Vamos a sentarnos a la sala de espera— Carlisle lo dio vuelta para que quedara de frente a los asientos y, casi a la rastra, lo llevó hasta estas.

El chico caminaba sin vida. Sus piernas le temblaban, parecían ser de lana y que lo dejarían caer en cualquier minuto. Temblaba de pies a cabeza y esta última ya estaba comenzando a dolerle de una manera nunca antes vivida.

Carlisle lo afirmaba con fuerza por miedo a que cayera y se diera de lleno con el suelo. Su sobrino parecía que se desvanecería en un abrir y cerrar de ojos.

Eliana se acercó a paso acelerado hasta el muchacho y, sin darle tiempo para nada, volvió a golpearlo en la mejilla que antes ya había impactado en la mansión. Sus ojos estaba aguados y temblaba de miedo, rabia e impotencia.

— ¡La dejaste embarazada y aun sabiéndolo quisiste dejarla abandonada! ¡Eres un cobarde y si algo le llega a pasar a mi nieta tú lo pagarás!— Jasper, quien venía llegando junto a los demás, se acercó a su abuela y la sujetó antes de que siguiera golpeando a Edward.

El cobrizo no se movía. Estaba completamente estático en su lugar sin siquiera quejarse por la situación, no se defendía ni trataba de esquivar los golpes de la anciana.

—Ya, abuela. Ya estuvo bien—trataba de calmarla su nieto. Francesco se acercó para tomar su lugar

—Eli, cariño, cálmate que esto no te hace bien—le pedía su marido

Después de unos minutos, o quizás sólo segundos, la mujer dejó tranquilo al muchacho y se fue a sentar con su marido.

Jasper, en tanto, se quedó con su amigo para acompañarlo. Sabía que si realmente quisiera terminar con su hermana y no le preocupada no estaría en el estado en el que se encontraba en esos minutos.

Miró a Carlisle y con un solo gesto le aseguro que Edward estaría bien con él. El rubio, no muy convencido, dejó a los dos chicos solos esperando a que el chico pudiera calmar a su sobrino.

Esme, Diego y los padres de Edward se acercaron al doctor completamente preocupados por el estado de la chica y del cobrizo. Habían visto que Rosalie estaba demasiado mal de salud y no sabían que tan grave era y Edward estaba demasiado nervioso.

— ¿Co... Cómo esta Edward?— inquirió Bree temblando tanto como su hijo y siendo abrazada por su hermana.

—Está mal, no mentiré — contestó pasándose la mano por la nuca y sintiendo su cabello pasar por entre sus dedos— Está preocupado y muy nervioso. Es más, voy a pedirle un calmante para él y para la señora Hale.

— ¿Y esa señora que se cree al tratar así a Edward? No es su hijo como para golpearlo o gritarle de la forma en que lo hizo, menos para amenazarlo— reclamó Alec mirando seriamente a la anciana que ya estaba sentada a unos pasos de ellos.

— Ella ha cuidado de Edward como si fuera un hijo más suyo. Siempre lo consiente en todo, está pendiente de él y trata de defenderlo, pero Rosalie es su nieta y siempre estará más preocupada de ella. Siempre será más importante ella y más si perdió a su hija—contestó Esme y Carlisle asintió, secundando sus palabras.

— De todas maneras eso no me agradó para nada— insistió ahora Bree— Sus padres somos nosotros, no ella.

Carlisle no quiso escuchar más de lo que su cuñada decía y se acercó a una de sus compañeras para pedirle un par de calmantes tanto para Eliana como para Edward. Los dos lo necesitaban urgentemente. Ella no dejaba de llorar en brazos de su marido y el chico se había sentado en el suelo con su amigo y este solo lo abrazaba dejándolo llorar y acompañándolo en el acto.

Todos estaban mal, no sabían que hacer ni decir y nadie se acercaba a ellos para darles información.

Carlisle le había pedido un par de calmantes a una chica en el mesón y ella se los fue a buscar junto con un poco de agua. Al regresar se los tendió y este le agradeció con una sonrisa débil.

El rubio se acercó primero a la anciana y le tendió una de las pastillas junto con un vaso de agua. Ella lo miró por in instante y luego tomo las dos cosas sabiendo que eso no le quitaría la preocupación pero al menos apaciguaría el dolor que sentía en su interior. Con una sonrisa le agradeció el gesto.

Carlisle le sonrió de regreso y retomó su camino hacia su sobrino. Este seguía en el suelo con Jasper a su lado.

— Edward, tomate esto. Te hará sentir mejor— le pidió acuclillándose frente a él y tendiéndole el vaso, pero el chico no se inmutó— Edward, por favor.

Esme vio atenta lo que pasaba con su sobrino y sabía que Carlisle no conseguiría mucho. Desde pequeño que Edward se rehusaba a tomar cualquier pastilla y siempre era una lucha que se tomara los medicamentos e incluso en muchas ocasiones habían tenido que recurrir a las inyecciones, jarabes y otras vías para darle las medicinas. Según el las pastillas no lograban pasar por su garganta, se quedaban pegadas.

Se acercó a paso lento hasta los tres hombres y vio atenta como los dos intentaban hacerlo entrar en razón sin frutos.

Se acuclilló como su marido e intentó razonar con Edward, pero nada lograban.

— Edward, vamos que es solo una pastilla— Carlisle estiró su mano y lo removió un poco haciendo que la cabeza de su sobrino dejara sus rodillas y cayera hacia un lado. El chico tenía los ojos completamente cerrados y su respiración era apenas perceptible— Edward... Vamos Edward, despierta— le repetía una y otra vez dándole pequeños golpecitos y con la ayuda de Esme y Jasper que intentaban lo mismo que él— ¡Enfermera, necesitamos una camilla!— gritó el doctor alertando a los demás.

Bree se acercó corriendo a donde estaba el cuerpo de su hijo y se asustó al verlo completamente pálido, con ojeras e inconsciente. Parecía un ser sin vida.

— Mi hijo ¿Que tiene mi hijo?— preguntaba con miedo en su voz. Esme se acercó a ella para abrazarla y apartarla del camino de la camilla que acababa de llegar.

— Tranquila, estará bien—le decía su hermana, pero tampoco sabía que pasaba con su sobrino y eso la preocupaba.

Todos en la sala vieron como la camilla desaparecía por el mismo pasillo por el que hace un rato lo había echo Rosalie, pero ahora el paciente era distinto pero le preocupación era la misma.

— ¿Carlisle, qué paso?— inquirió Diego acercándose a él, así como también lo había hecho Alec, Jasper y los señores Hale.

— Estaba desmayado. No se cuánto rato llevaba así pero tiene que haber sido hace un tiempo y no nos dimos cuenta— les contestó cruzándose de brazos con desesperación

En el interior los médicos hacían todo para tratar de salvar a la chica y reanimar al cobrizo. Lo de Edward no era tan grave pero no lograban despertarlo, mientras que lo de Rose era completamente distinto. La sangre no dejaba de salir y temían tanto por la vida de ella como la del bebé.

El chico estaba sumergido en un mar negro, apenas podía respirar y sentía que su cuerpo pesaba más de una tonelada. Sus brazos se sentían de plomo y apenas podía mover los dedos sin sentir que se fueran a quebrar por el esfuerzo que debía hacer. A lo lejos lograba escuchar unas voces distorsionadas que daban órdenes de acá para allá y que nombraban palabras que eran completamente ajenas a su vocabulario.

Unas sombras realmente oscuras comenzaron a aparecer en su campo visual, o si es que se le podía llamar de esa manera, cuando unos tenues rayos de luz comenzaron a atravesar sus párpados.

Quería despertar, necesitaba hacerlo para saber que era lo que ocurría a su alrededor. Lo último que recordaba su mente era a su amada Rose...

— Rose...— su voz le salió rasposa. Su garganta estaba seca y apenas podía hablar sin que le doliera.

Tranquilo, no pasa nada— le repetía una y otra vez la dulce voz de una mujer, pero no sabía de quién se trataba— Abre tus ojos, cariño. Así verás que todo está bien.

¡Eso quiero hacer! Gritaba en su interior el cobrizo. El no saber lo que estaba pasando a su alrededor lo estaba alterando de sobremanera y solo quería despertar. Quería saber que era lo tan incómodo que lo sostenía, que era ese ruido incesante que penetraba sus oídos y que hacía que su cabeza no dejara de palpitarle y que era esa sensación punzante que tenía en su mano izquierda.

Poco a poco sus párpados dejaron de sentirse tan pesados y fue capaz de comenzar a abrirlos con una lentitud exasperante. Los rayos de una luz blanca le dieron de lleno en los ojos y eso lo mareo por unos momentos y lo hizo volver a cerrarlos instintivamente. Pero pronto estos fueron vueltos a abrir uno a unos y otra luz penetró sus pupilas.

Vamos Edward, abre tus ojos— le pedía ahora otra voz femenina, pero tampoco la conocía— Está todo bien. Tranquilo.

Abrió los ojos de par en par evaluando todo a su alrededor. Estaba en lo que parecía ser un box de atención de un hospital, acostado sobre una camilla dura y fría, conectado a un monitor cardiaco que controlaba la función de su corazón, con un dedal en su dedo índice derecho que alguna cosa debía estar midiendo y una vía intravenosa conectada a una bolsa que colgaba de un pedestal a un lado de su cama... Odiaba todo eso.

— Rose...— volvió a llamarla al no entender que ocurría. Estaba confundido.

—Tranquilo. A ella también la están atendiendo en este momento— le dijo la doctora manteniéndolo acostado sobre la camilla y revisando otras constantes y reflejos— Mi nombre es...

— ¿Dónde está Rosalie?— inquirió sin importarle lo que tuviera para decirle. A él sólo le importaba saber dónde estaban su amada y su bebé

— Tranquilo, la están atendiendo como a ti— le volvió a responder la mujer de bata blanca— Soy Siobhan Howard ¿Sabes dónde te encuentras?

— En el hospital — contestó molesto— Rosalie... ¿Dónde está Rosalie? ¿Dónde está mi bebé?

Volvió a alterarse un poco y la doctora junto a la enfermera que le ayudaba trataban de calmarlo. Una vez lo "consiguieron" decidieron ir a avisarle a la familia del chico sobre su estado y a preguntar por la chica tras tanta insistencia.

Pero Edward no se quedaría en la camilla, quieto y sin saber nada de sus amores. Con cierta dificultad por el mareo, se puso de pie y se sacó la vía que lo conectaba a la bolsa de suero. En ese momento agradecía que lo hubiesen desconectado de las máquinas antes de salir del box.

También se quitó la pulsera de identificación que lo delataba como paciente del hospital. No quería que lo detuvieran antes de ver a su novia.

Caminó por los pasillos con calma mirando en cada uno de los box por los que pasaba a ver si encontraba a Rosalie, pero no lo conseguía y eso lo estaba desesperando.

Daba vuelta tras vuelta y juraba que ya había visto al mismo enfermero en más de una ocasión. Él también parecía reconocerlo ya que lo miraba cada vez que pasaba por el frente suyo.

— Vamos Rosie ¿Dónde estás?— se preguntaba una y otra vez hasta que por fin dio con su box.

Estaba pálida, recostada sobre una camilla y conectada a muchas máquinas. Se veía mal, muy mal.

Algo en su interior se estremeció y no pudo evitar sentirse culpable. Si Rosalie estaba en esas condiciones en ese momento era meramente por su culpa.

Sin fijarse si estaba acompañada o siendo atendida, se adentró en la sala de atención y con cautela se acercó a la camilla.

Todo parecía irreal, no tenía sentido alguno. Hasta hace unas horas eran una feliz pareja de jóvenes que se amaba y esperaban a un bebé y ahora ella estaba ahí, casi muerta y ni siquiera sabía si su pequeña manchita seguía con vida dentro de su madre.

— Lo... Lo siento— sollozo el cobrizo dejándose caer de rodillas a un lado de su amada.

Las lágrimas caían sin control por sus mejillas, su pecho subía y bajaba buscando aire que ya casi no entraba y no dejaba de golpear su frente contra el borde de la camilla. Estaba desesperado y no sabía qué hacer.

Sintió que unos brazos lo tomaban con fuerza por la espalda y otras manos se apoyaban en su frente tratando de alejarlo del borde metálico. Sabía que alguien le estaba hablando, pero no lograba descifrar de quien se trataba y la verdad es que poco le importaba.

Pronto su cuerpo fue levantado y lo hicieron colocarse sobre sus piernas. Su vista, aunque un poco nublada, lo hizo ver a su tía frente a él y que movía sus labios pero su mente no le permitía concentrarse en lo que le estaba diciendo. Su tío era el que lo estaba sujetando por la espalda.

Eliana y Francesco miraban desde la puerta y ella intentaba hacer el ademán de acercarse, pero algo se lo impedía.

— ¡Edward, basta! ¡Cálmate!— le gritaba Carlisle a la vez que le daba la vuelta y lo cogió por los brazos. Comenzó a removerlo con fuerza para hacerlo reaccionar.

— Es mi culpa. Ellas están así por mi culpa... No tendría que estar ahí— le respondía, o más bien parecía que lo hacía— Soy un tonto, un imbécil. No me la merezco, no tengo que estar a su lado.

Eliana, a pesar de que aun quería matar a Edward por haberle hecho esto a su niñita y sabiendo que ese chico a la persona que más quería en el mundo era a su nieta y que todo lo que le estaba pasando de verdad lo afectaba, decidió acercarse para intervenir. Sin pensarlo abofeteó al chico tan fuerte que Edward quedó impactado y dejó de removerse en los brazos de Carlisle para dejarse caer nuevamente en sus rodillas.

Lo habían golpeado. Nuevamente, y por tercera vez ese día, la mujer que consideraba su abuela lo había golpeado, pero ahora no por una estupidez sino que para hacerlo despertar del trance en el que se encontraba en ese momento. Y había resultado en parte.

Su llanto había dejado de serlo para pasar a ser solo sollozos ahogados y gemidos dolorosos que salían desde lo más profundo de su garganta. Su pecho se movía de manera irregular y le costaba respirar. Eliana lo abrazó con fuerza contra su pecho y dejó que llorara sobre ella.

Una enfermera que había atendido a Rosalie entró en ese momento al cuarto para ver como seguía la chica y darle un medicamento. Se impresionó al ver a toda la gente que estaba en el cuarto en ese momento y comenzó a desalojar el lugar un poco.

Carlisle, junto a Esme, se llevaron a Edward al que había sido su box hace un momento. En este aún estaba la bolsa de suero colgada y sobre la camilla estaba su pulsera de atención. La castaña le ayudó a sentarse en la camilla y luego lo recostó mientras su esposo salía a llamar a la doctora que lo había atendido y le explicaba la situación.

Poco después entraron los dos en el box, acompañados por una enfermera. Lo conectaron nuevamente al suero, lo volvieron a monitorear y revisaron los golpes que se había dado en la cabeza mientras estuvo en el cuarto.

— No, no quiero sedantes— pidió tratando de sacarse la vía en cuanto vio a la doctora inyectando un medicamento en esta. Carlisle tomó sus manos para evitarlo— No, no quiero. Solo quiero a Rose.

— Tranquilo, cariño. Luego la verás, pero ahora debes descansar— trató de calmarlo acariciando sus cabellos suavemente.

Poco a poco los ojos de Edward comenzaron a cerrarse y su cuerpo se comenzó a relajar. Con el sedante que le había dado la doctora dormiría por unas cuantas horas.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. Babi_Cullen.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Hola a todos. Espero que tengan un buen fin de semana y que descansen mucho.

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué creen que pasará? ¿Crren que Rose y el bebé estarán bien?

Como todas las semanas le agradezco a mi amiga Jennifer, quien me ayuda cuando me quedo bloqueada, y a Sandra, que siempre está para darme ideas. Además les agradezco a:

Adriu: Hola. Si, Edward sufre mucho y pareciera que no para nunca, pero en algún minuto tiene que venir la calma ¿o no? Espero que te haya gustado el capítulo. Saludos.

Aru1313: Hola. Edward sigue sufriendo jajaja ¿Aun sigues amando a Jazz después del golpe? Lo de Emmett, tienes todo mi permiso jajaja. Saludos.

Ahora, sin nada más que decir y deseándoles una buena semana, me despido. Cuídense.

Babi_Cullen