- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. Babi_Cullen .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Cuando aceptó el puesto de camarero en el restaurante que estaba en el centro de la ciudad nunca pensó que el trabajo sería tan pesado. Al principio, como solo trabajaba medio día, no había sentido tanto cansancio, pero ahora que había entrado a trabajar a tiempo completo podía sentir lo que sus compañeros de trabajo le habían advertido desde que había entrado en ese lugar.
Pero no podía quejarse, las propinas eran bastante buenas al ser gente de estratos altos la que visitaba el lugar y el sueldo también era bastante bueno. Con todo eso tendría para comprarle las primeras cosas a su pequeña manchita, o Lyla como habían decidido llamarla con Rosalie.
Sí, así la habían nombrado. La noche anterior, después de que se reconciliaran de su discusión, se habían puesto a buscarle nombre a su pequeña manchita y habían barajado bastantes.
Emily, Harper, Chloe, Natalie, Lucy, Mila… Pero el que se había ganado por completo la aprobación de ambos jóvenes padres había sido Lyla. Su pequeña noche.
Esa noche había sido maravillosa, durmiendo junto a su novia y disfrutando del calor que salía de su cuerpo, pero eso había acabado cuando se levantó para ir a trabajar y tuvo que cambiar el calor de su cuerpo por el del caluroso día de verano de Seattle y las cocinas encendidas en el restaurante.
Por la mañana lo había saludado su amada y le había preparado el desayuno con ayuda de Jasper y de sus abuelos. Las cosas no estaban completamente arregladas entre ellos, pero no iban a negarle el saludo y algo rico para comer en el día de su cumpleaños.
Él les recriminó por haberse levantado tan temprano en la mañana cuando no hacía falta, pero todos le indicaron que no tenía por qué sentirse mal. Era el día de su cumpleaños y era lo menos que se merecía después de todo lo ocurrido.
A eso de las ocho de la noche por fin dejaron que se marchara a su casa después de un turno agotador. Su jefe se había enterado de la festividad por sus propios compañeros y le había dejado irse antes del cierre para que pudiera estar con su familia y celebrar como correspondía, pero él no tenía pensado hacer nada ese día más que dormir en una mullida cama y con su novia a su lado.
Se bajó de su automóvil con su chaquetilla y delantal en la mano y su mochila colgada en la espalda. Se estiró un poco y se encaminó a la entrada de la casa.
Con las llaves que sacó de su bolsillo abrió la puerta y anunció su llegada. Escuchó la voz de Rosalie desde la sala y, después de dejar sus cosas en la mesilla de la entrada, se dirigió a ese lugar siendo recibido por un sonoro "¡Sorpresa!" por parte de su familia completa.
Sus padres, tíos, primos, Diego e incluso amigos de estos habían ido a celebrarle el cumpleaños a pesar que lo que menos quería el en esos momentos era verlos en la casa donde se estaba quedando.
No sabía qué hacer ni decir, ni siquiera se movió cuando todos se acercaron a saludarlo y lo abrazaban con fuerza para felicitarlo por pasar a ser un adulto ante la ley. Todos se acercaron a saludarlo, incluso sus primos, padres y Diego y se encontraban tan choqueado que no pudo reaccionar.
— Feliz cumpleaños al papi más hermoso del planeta— lo felicitó Rosalie con un beso en los labios y abrazándolo con fuerza. Él se quedó de piedra y solo reaccionó cuando ella volvió a besarlo en los labios.
— ¿Qué hacen todo ellos acá? — inquirió dejando entrever su malestar y enojo
— Edward, ellos son tu familia y esta fecha es muy importante. Pasas a ser mayor de edad y ellos merecen estar contigo— defendió su postura—. Así que los invité y ellos vinieron encantados. Vamos, cambia esa carita.
— No tengo otra para lo que está ocurriendo, Rose— se quejó— Iré a cambiarme y bajo.
Sin decir nada más salió del lugar para irse a su habitación y quitarse la ropa del uniforme. Una de las cosas que quería hacer era deshacerse de su familia, pero primero se desharía de sus pantalones de tela negros, la camisa blanca y esa incómoda corbata negra.
Una vez estuvo listo volvió a la sala donde todos conversaban animadamente, todos menos su madre y Diego que murmuraban cosas entre ellos y Alec que se encontraba conversando con Francesco, su suegro.
Su tía Esme se acercó a él y lo abrazó con fuerza para felicitarlo tanto por su trabajo como por la noticia de la pequeña nueva integrante de la familia. El solo le sonrió y le agradeció para luego alejarse e ir a buscar un vaso de ron.
Estuvo toda la noche tratando de evitar a sus padres y a Diego inventando conversaciones con sus tíos y abuelos, yendo a buscar algo para comer o beber o permaneciendo al lado de Rosalie o Jasper.
Estaba sirviéndose un canapé cuando sintió que alguien se le acercaba por la espalda y de inmediato se tensó pensando que podía ser alguien de los "indeseados" de su lista. Pero al voltearse se dio cuenta que no era ninguno de ellos, sino que eran Alice y Bella.
— Edward… Queremos… Queremos hablar contigo y Rosalie ¿Es posible? — inquirió su prima con cara acongojada
— ¿Qué quieren hablar? — preguntó seriamente y con el ceño fruncido
— Es solo algo muy pequeño, lo juro— contestó Alice sin responder realmente a su pregunta, pero asintió de todas maneras y le hizo un gesto a su novia para que se acercara. Ella así lo hizo casi al instante.
Los cuatro se encaminaron a un lugar más privado para conversar como lo era el despacho del señor Hale. Ellas iban en completo silencio detrás de la pareja que iba cogida de la mano.
— Pueden hablar— les forzó el cobrizo una vez estuvieron dentro de la habitación
— Bueno… Nosotras… comenzó Alice, pero no sabía cómo decirlo.
— Queríamos pedirte perdón por todo lo que te hicimos estos años— siguió Bella al ver que a su amiga no le salían las palabras— Fuimos unas tontas, unas idiotas y unas niñatas. No debimos tratarte tan mal todos estos años porque tú no nos hiciste nada. Es más, te aguantaste todos estos años sin reclamar ni acusarnos y eso que no lo merecíamos.
Edward rio por lo ridículo que le parecía la situación. Llevaba años aguantando malas bromas y maltratos de parte de sus primos y sus amigos como para perdonarlos así como así. Las cosas que le habían hecho no era para dárselas tan fácilmente.
—De verdad lo sentimos Edward — susurró Alice. Edward reía mientras suspiraba atónito por lo que estaba pasando, no podía creer lo que estaba escuchando — Desde que supimos que Rosalie estaba embarazada y lo muchos que te estabas esforzando por sacarlas adelante pese a los problemas que puedas tener que nos dimos cuenta que no eras como pensábamos. — habló mirando a su primo.
— Lo que Alice quiere decir es que fuimos tontas. Tú jamás hiciste nada y nosotras lo pagamos contigo todo. No era justo — continuó Bella
— Fuimos malas desde el principio y en realidad ni te conocemos para juzgarte de la manera que lo hicimos — finalizó Alice bajando la mirada— De verdad lo sentimos
— ¿Y por qué debería perdonarlas? — inquirió el cobrizo aun sin convencerse de que lo que estaban diciéndole era verdad. No podía creerles.
— Tal vez no deberías— respondió Alice— Sé que lo que te hicimos fue demasiado y no merecemos tu perdón, pero por lo menos déjanos demostrarte que de verdad estamos arrepentidas. Solo queremos darte a conocer lo mucho que sentimos todo lo que te hicimos y que queremos ayudarles en lo que podamos con la pequeña bebé.
El cobrizo suspiró a la vez que miraba a su novia. Necesitaba buscar en ella la respuesta que no lograba encontrar en su mente, en su corazón ¿Qué debía hacer? ¿Perdonarlas como si nada? ¿Hacer como si nada hubiese pasado? ¿Podía realmente creerles?
Rosalie veía la indecisión en la mirada de su novio. Se acercó lentamente a él y lo abrazó con fuerza, para luego darle un beso en la comisura de los labios.
Las chicas vieron como le susurraba algo al oído y Edward las miró al instante. No sabían lo que le estaba diciendo, solo esperaban que fuera algo bueno para ellas. Instintivamente bajaron la mirada.
—Está bien— habló Edward separándose de su novia y mirando a ambas chicas — Pero quiero que sepan que todo el daño que me causaron ya está hecho, así que no crean que ahora seremos amigos y todo será agradable — continuó con el semblante serio y la voz firme—. Tampoco pienso olvidar lo que me hicieron pasar. No piensen que será así porque es estúpido— finalizó y ambas chicas asintieron con un suspiro. Al menos ahora todo sería más calmado y ellas se sentían un poco más tranquilas consigo mismas.
Edward asintió y luego se volteó hacia su novia nuevamente para cogerla de la mano. La besó en los labios y ambos se dispusieron a regresar a la sala donde estaban los demás invitados. Cuando se encontraban en la puerta su amada rubia se volteó y las miro a ambas con seriedad.
—Pese a todo lo que dijeron e hicieron a mi novio, no soy quien para juzgarlas y todas las cosas se pagan en esta vida. Por mi parte quiero tener la mente tranquila, así que si quieren formar parte de mi embarazo no hay problema. Después de todo es parte de tu familia, Alice— les informó. Ambas asintieron y le agradecieron por dejarlas participar del embarazo. A pesar de sus palabras, estaban felices por la oportunidad que les habían dado
— Gracias, a los dos… De corazón— dijo sinceramente la pequeña Cullen.
Después de eso la pareja volvió a la fiesta y Alice y Bella poco después se unieron a la reunión que había armado Rosalie.
Edward seguía pensando en las palabras de Alice y Bella y no dejaba de darles vuelta. No sabía si había tomado la decisión correcta, si se estaba equivocando o si con eso terminaría acabando con su vida, pero como le dijo Rosalie debía confiar en su instinto y hacer lo que le mandaba su corazón.
Miró toda la noche a las dos chicas como si las estudiara. Por favor, que no me haya equivocado con ellas.
Veintiuno de Agosto, pleno verano y el sol no les daba tregua a los habitantes de la ciudad de Seattle. El radiante calentaba con más fuerza que otros años y la gente trataba de buscar cualquier forma de capear el calor que amenazaba con acabar con sus energías.
Claro que Edward Masen no podía entrar dentro de esa categoría y menos si estaba trabajando en un lugar tan caluroso como ese restaurante.
A pesar de ser ya las ocho de la noche la afluencia de gente parecía no disminuir y llegaban a cada minuto más. Incluso había llegado un momento en el que habían tenido que cerrar las puertas pues las mesas estaban todas ocupadas y los meseros y cocineros corrían de un lado para otro para lograr tener los plato de los clientes a tiempo.
— Edward te acabo de ocupar la mesa 10. Son diez personas ¿Crees que podrás con ellos? — inquirió su compañero de trabajo y el asintió
— No hay problema— le contestó tomando las cartas del menú y su pañuelo.
Caminó a paso lento hasta la mesa a la vez que le preguntaba a sus demás clientes si necesitaban algo más, pero todos estaban conformes con la atención que estaban recibiendo por parte del joven. Él les sonreía y les recordaba que cualquier cosa que necesitaran le avisara, lo que ellos agradecían.
Cuando estaba a solo unos pasos de la mesa que debía atender se dio cuenta de quienes era sus nuevos clientes. Palideció al instante y suspiró tratando de calmar su acelerado corazón que parecía se le saldría en cualquier momento del pecho.
De todas las personas que habitaban la ciudad tenían que ser precisamente ellos quienes estuvieran ese día ahí y en el restaurante donde él se encontraba trabajando.
Desde el día de su cumpleaños apenas había visto a su prima en un par de ocasiones cuando Rosalie las invitaba a ella y a Bella a comprar cosas para la pequeña Lyla o cuando iban a la casa simplemente a acompañar a su novia o a saber cómo se encontraba. A sus primos no los había visto desde ese día.
A sus tíos Carlisle y Eleazar solo los había visto en una ocasión cuando se los toparon en la clínica después de una revisión a Rosalie y donde ella le pidió al rubio que fuera él el pediatra de su hija y a sus tías una vez en el parque.
Sus abuelos lo habían ido a ver un par de veces a la casa de los Hale y Maximilian lo había citado una vez a su oficina para asegurarle que nada le faltaría ni a él ni a su bisnieta.
Por otro lado a su madre y a Diego se los había encontrado en más de una ocasión en el supermercado y en el centro comercial cuando estaba comprando cosas para Lyla. Ellos habían intentado entablar una conversación con él, pero Edward no avanzaba más allá de un saludo y un par de monosílabos para decirles cómo se encontraban. Con su padre ocurría igual.
— Buenas noches, bienvenidos al restaurante y salón Tango. Mi nombre es…— se presentó, pero la voz de su madre lo detuvo
— ¡Edward! ¿Estás trabajando acá? — inquirió su madre con asombro
— Si, empecé hace un mes en este restaurante— respondió escuetamente— Estas son las cartas para que elijan lo que desean para cenar. Mientras puedo ofrecerles unas entradas o algo de beber— indicó entregando las carpetas a cada uno de ellos.
— No sabíamos que estabas trabajando acá— comentó su abuelo y el solo asintió, incómodo.
— Ahora no puedo hablar mucho de eso, estoy trabajando.
— Claro— dijo su abuelo
Todos pidieron lo que deseaban beber y las entradas. Edward anotó hábilmente cada uno de los pedidos e hizo algunas recomendaciones en cuanto al vino, para luego retirarse a la cocina a entregar la orden de la mesa donde se encontraba su familia.
Llegó a la cocina y gritó la orden para los cocineros, para luego sentarse en una silla que estaba en la entrada de esta.
Un compañero de trabajo le preguntó si se encontraba bien y el solo asintió indicándole que necesitaba descansar un momento para reponerse. Incluso su jefe se acercó para saber si estaba bien y el asintió.
Cuando se repuso un poco cogió la botella de vino que habían pedido y la colocó en la bandeja donde estaban los jugos y demás bebestibles que habían pedido para la mesa. Los acomodó en su hombro y salió del lugar.
La noche estaba pasando tranquila. Llevaba los pedidos a las mesas, recibía a los nuevos comensales y atendía a cada uno como si fueran de la realeza, lo que le agradaba mucho a las personas que llegaban al recinto.
Solo queda el postre pensó en su interior mientras se dirigía a retirar los cubiertos que ya habían sido utilizados por su familia.
Durante cada una de las veces que se dirigió a su mesa respondía escuetamente a las preguntas que le hacían alegando que estaba trabajando y que no podía quedarse hablando con ellos toda la noche. En parte era verdad pues el local estaba repleto, así que no le costó que le creyeran cada vez que se los decía.
— Permiso, vengo a retirarles los platos— les indicó colocando la bandeja en una de las orillas de la mesa y comenzando a retirar la loza que ya había sido utilizada. A veces recibía ayuda de los integrantes de su familia, pero en el caso de sus primos eso no ocurría. Es más, Jacob y Emmett trataban de colocársela más difícil para que el cometiera algún error.
Estaba justamente retirando las copas de vino y la botella cuando Emmett se movió e hizo que Edward perdiera el equilibrio de la bandeja y provocando un gran desastre.
El cobrizo se agachó de inmediato a recoger todo lo que había quedado regado por el suelo y tratar de quitar los restos de loza para que los demás clientes no se fueran a lastimar. Estaba más que seguro que todo lo que se hubiese quebrado se lo descontarían de su sueldo y eso le bajaría bastante el dinero que recibiría a final de mes.
Todos los comensales del restaurante miraban impresionados lo que había ocurrido. El chico se veía bastante seguro trabajando y no les cabía en la cabeza que hubiese fallado.
El primero de la familia en reaccionar fue Carlisle, quien se agachó a recoger las cosas que se le habían caído a su sobrino. Pero éste lo miró de mala manera y le pidió que lo dejara tranquilo, que él podía hacerlo. Carlisle hizo caso omiso a su petición y siguió ayudándole, así como lo hizo Bree y Carmen.
— ¡Que lo dejen! ¡Ya lo recojo yo! — exclamó molesto y todos decidieron desistir de lo que estaban haciendo.
Un compañero se acercó a ayudarle por petición del jefe y cuando terminaron de recogerlo todo, se levantaron y caminaron a paso rápido hasta la cocina donde sus demás compañeros lo miraban con atención.
Tiró las cosas en el primer cubo que encontró y comenzó a dar vueltas por el lugar, molesto y realmente enfadado por lo que había pasado. Nunca se le había caído nada y justamente hoy tenía que ocurrirle, hoy que estaba toda su familia en el restaurante.
Pero no había sido completamente su culpa, había sido por su primo que había perdido el equilibrio de la bandeja haciendo que se le cayera todo lo que estaba sobre ella.
Sus amigos trataban de calmarlo y pedirle que se tranquilizara, pero el chico de pelo cobrizo en ese momento estaba enceguecido por la rabia y no escuchaba a nadie.
En un acto de frustración lanzó lo primero que encontró y fue el mantel que utilizaba para atender las mesas. Este terminó plantado en la pared más lejana que encontró.
— Voy a lavarme— dijo Edward saliendo del lugar después de que su jefe le diera permiso.
Caminó hasta el baño tratando de no toparse con nadie de su familia pues realmente no quería pelear con ninguno de ellos aquí en el trabajo. Pero cuál fue su mala suerte que cuando entró en el baño se topó de lleno con quien menos quería ver: Emmett.
— Eres bastante torpe, primo— dijo el grandote con malicia mirando con una gran sonrisa en los labios. Edward solo intentaba ignorarlo— No pensé que ibas a perder el equilibrio tan fácilmente, de verdad me impresionas. — el cobrizo seguía sin prestarle atención y eso molestaba al grandote— Mi hermana es una tonta— comentó y Edward, por primera vez, le prestó atención— Sé que te ha pedido perdón y por eso es tonta. Ella no tenía que hacer eso pues todo lo que te ha pasado te lo mereces— su primo parecía que de verdad estaba lanzándole veneno por la boca, pero él no le daría en el gusto.
Emmett siguió vociferando cosas sin sentido, pero logró captar la atención de Edward para que no notara la llegada de Jacob al baño. Él escuchaba como Emmett le decía cosas a su primo, cosas que él también pensaba.
— Y para qué decir de tu noviecita— esa fue la gota que rebalsó el vaso del chico, quien se acercó y lo agarró por el cuello de su camisa para arrinconarlo contra la pared.
— ¡Con Rosalie no te metas! ¡De ella no digas absolutamente nada! — dijo con furia, pero Emmett solo sonreía.
Edward sintió como alguien lo agarraba por la espalda y lo afirmaba fuertemente, evitando que se moviera. Era Jacob.
— Primito, primito… ¿De verdad creer que ese engendro que está dentro de tu zorra es tuyo? ¿De verdad piensas que los que están cerca de ti lo hacen porque te quieren? ¡Ja, que iluso puedes llegar a ser! — se burló Emmett acercándose a él. Edward se removía inquieto para poder soltarse de Jacob— Realmente muy iluso… Nada ni nadie de los que te rodean te tienen siquiera un poco de estima, primito. Todos lo que te han "acogido" durante estos años lo han hecho solo porque les das lastima. Te tienen lastima por ser el pobre pequeño que sus padres abandonaron porque eran unos viles delincuentes, un narcotraficante y una prostituta homicida.
¿Qué? ¿Prostituta? El rostro de Edward palideció al escuchar esas palabras. Él sabía que su madre había estado detenida por un homicidio, pero no que era prostituta. Nunca había buscado información sobre lo ocurrido con su madre pues pensaba que no había nada más que saber si ella misma le había contado lo que había pasado, pero obviamente había omitido información importante.
— ¡Oh, veo que no lo sabías! ¿De verdad no tenías idea de que tu madre era prostituta? Y de las caras, si me dejas decirlo. Si, tu mamita no se metía con cualquiera sino que solo con grandes empresarios, políticos y dueños de muchas propiedades. ¡Ah, y narcotraficantes!
Edward comenzó a ver todo rojo, de un empujón se quitó a Jacob de encima y con el mismo impulso golpeó a Emmett en la nariz.
El cobrizo repartió golpes a alzar, sin fijarse a quien o donde golpeaba. Solo quería descargar esa rabia que lo cegaba.
Si recibió golpes no los sintió. Lo que si sintió fue cuando lo agarraron y le llevaron los brazos hacia la espalda.
— ¿Qué sucede aquí? —reconoció la voz de su jefe y el mundo se le cayó encima. Lo iba a despedir.
—Su empleado se metió conmigo, señor. Quería robarme —dijo Emmett sobándose la quijada—. Incluso no le importó que estuviera acompañado de mi primo. Me amenazó con buscarme a la salida si reclamaba.
— ¿Es cierto eso, Edward? —le preguntó al cobrizo quien no dejaba de jadear. El de seguridad lo soltó pendiente por si el chico atacaba de nuevo.
—No, no es cierto —dijo Edward molesto.
— ¿Acaso le va a creer? Yo vi como amenazó a mi primo —inquirió Jacob cruzándose de brazos al lado de Emmett.
Edward hizo amago de volver a golpearlos pero el guardia lo atajó.
— ¿Qué sucede? —preguntó Bree, Edward exhaló con fuerza. Lo que le faltaba.
—Mi empleado y sus familiares tuvieron una pelea, señora. Estamos tratando de averiguar que pasó, si lo que me dicen es cierto, despediré a Edward.
— ¿Qué se supone que hizo? —preguntó Bree mirando seria a sus sobrinos.
—Me golpeó sin razón, tía. Yo solo me dirigía al baño y él me atacó —dijo Emmett victimizado.
—Señor, me acaba de decir que mi empleado lo quería robar —dijo el hombre con el ceño fruncido.
—Y—Yo… yo…
— ¿Cómo que Edward te iba a robar? —preguntó Esme molesta—. Emmett ¿Cómo puedes inventar semejante mentira de tu primo?
— ¿Su primo?
—Sí, señor. Edward es mi hijo y estos chicos son mis sobrinos. Por favor, discúlpenos por este lio, nosotros arreglaremos esto. Por favor, no despida a Edward —explicó Bree.
—No se preocupe, señora. Sé que Edward es un chico tranquilo y tuvo que haber pasado algo para que se fuera a los golpes.
El hombre le dio una última mirada a las personas que se encontraban en el lugar y salió de este para dejar que arreglaran todos sus inconvenientes.
Edward seguía respirando superficialmente en un intento de calmarse. Estaba furioso y que su madre estuviera ahí no hacía más que agrandar la furia que sentía en su interior.
— Ahora si que me van a explicar que es lo que está ocurriendo aquí— exigio esme colocándose frente a sus sobrinos— pero no vamos a seguir armando más lio. Vamos a salir a conversar afuera.
Sin decir nada más espero a que los tres chicos salieran de ahi y luego los siguió. Emmett y Jacob iban bastante nerviosos y planeaban que mentira decir, estaban seguros que el tonto de Edward se quedaría callado y no se atrevería a decir la verdad de lo que había pasado en el baño.
El resto de los integrantes de la familia los vieron pasar, así como los clientes, y no entendieron que fue lo que había ocurrido. Solo lograron ver los rostros golpeados de los chicos y sus familiares se levantaron de inmediato para acompañarlos y descubrir que había pasado.
Edward miró hacia las mesas que había atendido esa noche y vio que sus compañeros ya se estaban haciendo cargo de ellas. Excelente, dinero perdido pensó para sí mismo.
Al llegar al exterior sus dos primos quisieron empezar a excusarse aprovechando que el solo guardaba silencio y esperaba pacientemente su turno para hablar. Aunque más bien estaba pensando las palabras correctas que diría y aún le daba vueltas a lo que había sabido por boca de su primo ¿Acaso sería verdad? Siempre supo que a Emmett podía creerle solo la mitad de las cosas que decía pues siempre se había destacado por ser un gran mentiroso.
— ¿Qué fue lo que pasó?— preguntó Carmen saliendo con el resto de la familia, excepto los abuelos que se habían quedado pagando por todo lo consumido esa noche
— Pasó que estos chicos se agarraron a golpes en el baño del restaurante y no sabemos por qué— respondió Esme.
Los primos siguieron en su intento de excusarse por lo que había pasado, pero Eleazar los hizo guardar silencio y le dio la palabra a Edward.
El chico cobrizo estaba en silencio y solo miraba a todo el mundo. Por dentro quería gritar y contar todo, pero algo le hacía guardarse todo. La presión de la familia y su desesperación hicieron que por fin hablara.
— Estaba en el baño limpiándome después del desastre y Emmett llegó. Comenzó a molestar y a decir unas cuantas cosas de Rosalie y de… De mi madre— desvió su mirada hasta esta última y la observó con los ojos un poco entrecerrados— ¿Es verdad?
Nadie entendía que era a lo que se refería el cobrizo, pero querían descubrirlo. Ella le pidió que se explicara.
— ¿Es verdad que eras prostituta? — preguntó sin tapujos y todos quedaron helados. Bree no sabía que decir— Contesta, por favor
La voz del chico era apenas un susurro que casi no se alcanzaba a escuchar. De no ser porque todos estaban en silencio no se habría entendido nada de su petición.
Bree estaba en shock, no sabía qué hacer ni decir, estaba paralizada. Lo que menos quería que pasara ya había ocurrido y no sabía qué decir para explicárselo a su hijo.
Su abuela, que venía llegando en ese momento y había alcanzado a escuchar parte de lo que había dicho su nieto se acercó a este y trató de abrazarlo, pero el chico la esquivó y se alejó un poco del resto de las personas para respirar.
— Si… Si no hablas das… Das crédito para que piense lo que sea— murmuró— Así que eso… Eso solo confirma lo que acabó de descubrir
Edward no parecía molesto ni triste, pero si dolido. No era fácil para nadie descubrir tantas verdades juntas y menos en tan poco tiempo. Pero la vida a veces se llenaba de malos momentos que llegaban todos en fila y parecía que te llevaban a un pozo sin fondos del que no podría salir.
— Un narcotraficante, una homicida y prostituta, una familia llena de mentiras y en la que solo puedo contar con personas que fácilmente puedo representar con los dedos de mis manos— manifestó el chico suspirando audiblemente— La vida puede ser una mierda.
— No digas eso, Edward— le pidió su tía Esme, aquella que lo había criado desde pequeño y que tanto lo amaba
— ¿Y qué quieres que diga? ¿Qué quieres que piense? Todos estos años he tenido todo lo que he querido en cuanto a lo material, pero lo sentimental falló con creces. Me faltó una madre, me faltó un padre, tuve primos horribles que solo se dedicaban a hacerme la vida imposible y…— todos miraron a los tres chicos que permanecían en el lugar y ellos desviaron la mirada, al menos los dos hombres— por más que lo pedía y rogaba nunca me permitieron alejarme de todo eso.
— Edward, de verdad lo lamento— sollozó su prima intentando acercarse a él.
— Ya es tarde para el perdón. El daño ya fue hecho, me arruinaron toda mi etapa escolar y solo se dedicaron a tratar de vengarse del maldito bastardo que les quitaba la atención y el dinero de sus familias. Ustedes y esos niñatos de la escuela no se merecen más que mi odio— se desquitó, pero aún no miraba a nadie y solo observaba el paisaje a su alrededor
Nadie entendía a qué se refería el cobrizo, pero algunos ya lo sospechaban. Carlisle, desde ese día que su sobrino llegó todo lastimado a casa y con la ropa manchada, además de la vez en que lloró para que lo cambiaran de escuela cuando apenas era un niño, que sospechaba que sus hijos y sobrino algo tenían que ver en todo este asunto. Por otro lado, Carmen también había empezado a sospechar después de que la personalidad calmada de su sobrino comenzara a cambiar hacia una más alterada y poco tolerante.
Bree intentó acercarse a su hijo, pero este solo se alejó un poco más de todos ellos. Suspiró audiblemente y se disculpó.
Edward no aguantaba estar ni un segundo más cerca de su familia y solo quería huir de ese lugar. A paso raudo se adentró nuevamente en la cocina del restaurante y pronto lo vieron salir nuevamente para coger el automóvil y desaparecer del lugar.
Todos se voltearon hacia los tres chicos. Jacob y Emmett permanecían serios en sus puertos mientras que Alice no hacía más que llorar y pedir perdón, pero como había dicho su primo eso no arreglaría el pasado y lo hecho ya no tenía remedio.
Sin hacer nada más que indicarles que se adentraran a los automóviles y que después hablarían, los chicos hicieron los que les pidieron y esperaron pacientemente a que los demás hicieran lo mismo.
Los ancianos padres se acercaron a su hija menor para abrazarla y encaminarla al auto. Bree aun no procesaba lo que ocurría, pero sin lugar a dudas todo lo ocurrido esa noche traería sus consecuencias.
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Hola, hola, hola ¿Cómo están esta semana? Espero que muy bien y que el capítulo que les traje haya sido de su completo agrado
Así que ¿Qué las pareció? Ya conocemos el nombre de la pequeña manchita de papá ¿Qué les parece? ¿Les gusta, lo odian? ¿Poco o muy original? Espero me lo hagan saber ¿y qué hay de Alice y Bella? ¿Esperaban que las perdonaran ¿Y Jacob y Emmett? A esos dos están para matarlos ¿No creen?
Como todas las semanas le agradezco a mi amiga Jennifer, quien me ayuda cuando me quedo bloqueada, y a Sandra, que siempre está para darme ideas. Además les agradezco a:
Yolo: Que bueno que hayas podido descansar un poco después de tanto estrés jajaja. Bueno, eso… no te lo puedo adelantar, lo siento. Cuidate y nos leemos.
Aru1313: Si, es una nena llamada Lyla. No podía matar a un bebé inocente, además que Edward se muere si eso ocurría y ya había pasado por mucho. Espero que te haya gustado el capítulo. Nos leemos y cuídate.
Green day forever: Hola. Bueno, no lo recuerdo, pero nunca es tarde para hacerlo. Que bueno que la historia sea de tu agrado a pesar de lo diferente, pero a mí me gusta cambiar las parejas dependiendo de cómo se vayan desarrollando. Cuídate y nos leemos.
Ahora, sin nada más que decir y deseándoles una buena semana, me despido. Cuídense.
Babi_Cullen
