- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Así como había comenzado el verano se había ido y el otoño comenzaba a presentarse en la ciudad de Seattle. Los arboles habían cambiado de color y poco a poco las hojas comenzaban a caer de estos, el viento comenzaba a correr más fuerte por cada rincón y el frío comenzaba a instalarse para envolverlos a todos como cada año.

Pero no solo eso había llegado con el cambio de estación. Otras cosas que habían llegado eran las nuevas oportunidades para los chicos.

Edward, después de permanecer trabajando por un par de semanas más en el restaurante, había sido contratado por una productora que se encargaba de buscar a nuevos snowboarders para las competencias deportivas. Habían visto el talento de Edward por medio de los videos que subían con Jasper y Seth a internet y no habían dudado en darle una oportunidad al joven, lo que le sentaba muy bien pues era más dinero para poder mantener a sus dos amores.

Por otro lado Rosalie había sido admitida en la misma academia de danza en la que había estudiado su madre cuando joven, pero por su embarazo había tenido que aplazar su ingreso. Ellos le indicaron que la esperarían puesto que no querían perder el talento de la hija de una de sus más grandes bailarinas.

Por fin las cosas comenzaban a ir mejor para la joven pareja y parecía que el destino le daría un descanso al chico que tan mal lo había pasado en solo unos cuantos meses.

El cobrizo no había sabido nada de sus padres y el resto de su familia desde aquel incidente en el restaurante. Solo un par de veces se había topado con Diego en una tienda de deportes y por medio de él se enteró de lo mal que lo había estado pasando su madre, que había comenzado terapia con psicólogo y que sus primos no la habían sacado nada barata con sus padres. Pero poco le importó la información recibida, o eso pensaba.

Se despertó de un sobresalto después de una terrible pesadilla con su familia. Desde hace un tiempo que llevaba soñando lo mismo y que no dejaba de pensar en ello.

— ¿Qué demonios? — comenzó a tocar a su lado de la cama y sintió que estaba todo mojado ¿Acaso se había orinado? No, él ya estaba grandecito para eso. Levantó las sabanas y revisó sus pantalones, los que estaban levemente mojados. Pero ¿Y Rosalie?

— ¡Edward!— lo llamó Rosalie desde el baño del cuarto y él, de un solo salto, se encontró corriendo hacia ella.

Se acercó a la puerta y ahí la vio. Rosalie estaba sentada en el retrete y lloraba asustada. Sus manos afirmaban su muy abultado vientre, pero no fue todo eso lo que llamó más su atención sino que la mancha húmeda de su pijama— Edward, amor…— volvió a llamarlo, pero ahora la voz se escuchaba angustiada y asustada.

— ¡No puede ser! — exclamó acercándose a ella y arrodillándose a su lado

— Lyla quiere nacer y yo tengo miedo, mucho miedo— le contestó la rubia sollozando., de verdad estaba asustada.

— Tranquila, tranquila. Iré a buscar ayuda, tu solo espérame aquí— le rogó besándole la frente y saliendo corriendo del lugar para ir a buscar a los abuelos de Rosalie y a Jasper.

Tanto los ancianos como el rubio chico aparecieron pronto en el cuarto de la pareja y se dedicaron a ayudar en lo que podían.

— Definitivamente ya viene, cariño. Rompiste la bolsa— le sonrió su abuela para calmarla. La chica solo sonrió levemente para después encogerse por otra contracción

— ¿Qué? ¿Ya? ¡Pero si faltan dos semanas! — exclamó el cobrizo— ¡No puede ser, no puede ser!

— Edward, cálmate. Tenemos que irnos a la clínica, hay que llamar al doctor Gerandy y avisarle que lo esperaremos allá— comenzó a indicar la anciana—Francesco enciende el automóvil, Jasper ve a buscar el bolso de la niña a su cuarto y tú el de Rose, Edward. Yo le ayudaré a Rose a cambiarse por algo cómodo y a recoger sus documentos.

Todos comenzaron a moverse rápidamente por la casa para salir de la casa cuanto antes. En el camino llamaron al doctor y este les indicó que la llevaran y el llegaría dentro de poco, que mientras la atendería una compañera.

Al llegar al hospital la recibieron una enfermera y una doctora que ni Edward ni Rose conocían, pero que les habían asegurado el mismo doctor les había pedido que se hicieran cargo de ella.

La revisaron y confirmaron que estaba en trabajo de parto. Al parecer las contracciones habían comenzado hace varias horas, pero Rosalie había pensado que eran de las que ya había sentido hace unos días y por las que había llegado al hospital para ser enviada a casa y no les había prestado atención.

Le ayudaron a cambiarse de ropa por un camisón, la conectaron a monitores tanto para ella como para su pequeña y luego la acomodaron en una habitación.

Desde que se habían despertado a las diez de la noche hasta ahora que ya eran las ocho de la mañana que nadie había podido dormir. El abuelo de los chicos se había tenido que retirar para ir a trabajar, pero había prometido venirse lo antes posible.

Jasper, por su parte, se rehusó a ir a clases alegando que no se perdería el nacimiento de su primera sobrina por nada del mundo. Nadie le dijo nada y permitieron que se quedara.

— ¿Cómo te sientes, amor? — le preguntó el cobrizo masajeando la espalda de su amada. El que Edward le hiciera masajes en la zona lumbar no calmaba los dolores, pero al menos la relajaba.

— Duele— se quejó encogiéndose luego al sentir una nueva contracción

— Respira, cariño. Respira— le recordaba su abuela acariciando su cabello.

Las contracciones ya estaban ocurriendo cada menos de cinco minutos y duraban cerca de cuarenta y cinco segundos, pero la dilatación seguía en apenas seis centímetros según había dicho el doctor la última vez que la revisó hace cerca de una hora.

Edward estaba desesperado al no poder hacer nada por ayudarle con los dolores y ya le había gritado a un par de enfermeras y al doctor para que le dieran algo, pero Rosalie se rehusaba a que le dieran medicamentos. No quería que le afectaran a su bebé.

— ¿Por qué no le dan un sedante? ¿Por qué no la duermen? Estos médicos son unos sádicos— se quejó el cobrizo acariciando a su novia

— Edward, relájate. Rosalie no quiere que le den analgesia y es su decisión— trató de calmarlo Jasper comiendo un trozo de su muffin de chocolate y viendo como el cobrizo bebía un sorbo de su mocaccino.

— Si, amigo. Pareciera que el que está en trabajo de parto eres tú. Te ves… Pésimo— comentó Seth.

El castaño se había presentado hace un par de horas en cuanto Jasper lo llamó para avisarle. Después de todo él había sido el mejor amigo de Edward durante sus últimos años de secundaria y aun lo era.

Edward solo gruñó y bebió lo poco que le quedaba a su café para coger su chaqueta y salir del lugar. Los dos chicos que lo acompañaban cogieron lo que le habían comprado a la abuela Hale y lo siguieron de cerca hasta la maternidad.

— ¿Qué demonios? — se quejó el chico castaño cuando chocó con la espalda de su amigo al bajar del ascensor. Al levantar la mirada notó que era lo que pasaba.

La familia de Edward se encontraba en la sala de espera y lo miraban atentamente, asi como él a ellos. Nadie decía nada ni se movía.

Los primeros en reaccionar fueron los abuelos del chico, quienes se acercaron para abrazarlo y felicitarlo por todo lo que estaba viviendo, además de saludar a los chicos y preguntar cómo estaba Rosalie. Luego se acercaron sus tíos y prima Alice con Bella. Los últimos fueron sus padres y, extrañamente, Edward no se negó a que lo saludaran o felicitaran.

Todos querían saber cómo estaba pasando todo esto, cómo estaba Rosalie y cómo iba el proceso a lo que él respondía escuetamente. Pero todo acabó cuando vio al doctor Gerandy que se encaminaba por el pasillo directamente hacia el cuarto de su amada junto a una enfermera. Dejó a sus amigos con su familia.

Se despidió de todos y salió detrás del hombre para entrar junto con él. El anciano y la mujer le sonrieron y él le abrió la puerta para que pasaran al cuarto.

— Hola de nuevo Rosalie ¿Cómo vas? — le preguntó lavándose las manos en el lavabo de la entrada del cuarto

— Me duele. Ya quiero que termine— se quejó la rubia acomodándose en la camilla con la ayuda de su abuela.

— Bueno, vemos que tanto has dilatado— le indicó para que se acomodara en posición mientras que él se colocaba los guantes.

Se ubicó en la posición que necesitaba y revisó a la chica con sumo cuidado. Edward miraba a un lado incomodo por la situación, pero aun así afirmaba la mano de su amada para infundirle fuerzas.

— Ya estás lista, Rosalie— le sonrió con tranquilidad el médico a la vez que se quitaba los guantes— Ahora mismo arreglaremos una sala de parto y enviaré a un celador para que te lleve hasta allá— continuó explicando el médico asegurándose de que ella estuviera entendiendo lo que ocurría— Yo me voy a ir a alistar y a llamar a los demás que me asistirán. No vemos en un rato ¿Vale?

La chica asintió acomodándose en la camilla, nerviosa pero sonriendo al saber que pronto tendría a su pequeña en sus brazos.

Cuando el doctor salió de la habitación Edward se acercó a la enfermera para preguntarle que era lo que debía de hacer él ahora, desesperado por la situación. Ésta le explicó que ahora la llevaría a ella primero mientras a la abuela de la chica y a Edward les entregaban los implementos que necesitaban para entrar con Rose y acompañarla.

Edward no se separó de su amada hasta que llegó un celador con los papeles de Rosalie y les informó que venía a llevársela a la sala de partos. Ella tembló bajo las mantas y aferró sus manos más a las sábanas que la cubrían, ansiosa y temerosa de lo que ocurriría.

— Llegó el momento— le sonrió Edward incluso tan nervioso como ella— Veremos a nuestra pequeña manchita— Voy a ir a acompañarte dentro de poco— se agachó hasta ella y le dio un casto beso en los labios.

— Esta bien— le devolvió el beso— Voy a ser la que esté acostada en la camilla y con una bata

— Claro, no lo olvidaré— le sonrió viendo cómo el hombre se llevaba a su rubia. Una vez la vio desaparecer suspiró audiblemente.

Eliana se acercó a él y ubicó una de sus manos en su hombro para captar su atención. Era momento de irse a cambiar para acompañar a Rosalie en todo lo que se venía.

A medida que Rose pasaba por el pasillo se le acercaron los familiares y amigos para darle fuerzas y desearle suerte, pero ella poco escucho por los nervios que tenía. Solos les agradecía por su presencia.

Jasper se acercó a su hermana para darle un beso en la frente y desearle lo mejor, a lo que ella respondió con una gran sonrisa. Luego se la llevaron y ya más nadie la vio.

Por otro lado Eliana y Edward se estaban colocando los implementos que le había entregado la enfermera. No se veían de lo mejor, pero poco les importó a ambos pues solo querían estar cuanto antes con Rosalie.

Una vez listos la enfermera los encaminó hacia la sala de partos donde Rosalie ya se encontraba posicionada como debía para poder tener a su pequeña.

Había gente caminando por todos lados, entre los que Edward pudo divisar a su tío Carlisle. Él iba a ser el pediatra de su hija y estaba asegurándose que todo estaba listo para recibir a la nueva integrante de la familia.

— Bien, chicos, estamos listos para recibir a esa pequeña hermosura— comentó el médico al entrar en la sala ya preparado— ¿Lista Rosalie? — la rubia asintió y se acomodó mejor— Muy bien. Edward, colócate a un lado de Rosalie y ayúdale a incorporarse, se su apoyo. Señora Hale, puede hacer lo mismo pero del otro lado.

El médico y todos los demás se colocaron en sus posiciones y el parto comenzó.

La chica pujaba con cada contracción que sentía y cuando el médico le indicaba que lo hiciera. Luego descansaba un par de segundos y volvía a su trabajo, pero las fuerzas ya no le daban para más y sentía que desfallecería en cualquier momento.

Edward y su abuela intentaban darle apoyo y alentarla para que siguiera, pero estaba agotaba y parecía que su cuerpo se estaba partiendo en dos con cada pujo que daba. No podía más con el dolor.

— No puedo, no puedo— lloró la chica dejando que las lágrimas corrieran por sus mejillas— No puedo más, me duele.

— Vamos Rosie, solo un poco más y nuestra manchita estará con nosotros— le rogó Edward besándole su sudada frente.

— Rosalie, la cabeza está casi fuera. Ya puedo ver su cabello— le informó el médico— Solo unos cuantos pujos más y estaremos casi listos.

Todos siguieron apoyándola y tratando de alentarla. La chica utilizó sus pocas fuerzas para pujar unas cuantas veces y pronto todo se escuchó claramente.

Sintió algo extraño en su cuerpo y, después de unos segundos, el sonido más hermoso que había escuchado en mucho tiempo inundó el ambiente. Ese era el llanto de su bebé.

Edward se asomó un poco, así como Eliana, y vio la cabellera de su manchita que cubría su pequeña cabeza. Luego miró a Rosalie con lágrimas en sus ojos.

Ella le sonrió y sintió como si todo su mundo estuviera en completo silencio en ese momento. Solo se podía concentrar en el llanto de su bebé y la mirada de amor que le dedicaba su amado cobrizo.

— Rose, continua pujando— le indicó el médico y ella así lo hizo en cuanto volvió a la realidad.

Pronto sintió otra presión en su entrepierna y un pequeño cuerpecito fue dejado sobre una manta ubicada en su pecho. Una enfermera secaba y limpiaba el cuerpo de su hija mientras ella lloraba fuertemente dejando que todos notaran el poder de sus pequeños pulmones.

Rosalie estiró su mano para tocar la frágil piel de su bebé dejando que un sollozo se escapara desde su garganta. Por el rabillo del ojo vio como otra mano se acercaba y luego sintió la tibieza de Edward.

Los dos estaban extasiados viendo a su pequeña manchita, que ya había tomado por completo la forma de una hermosa bebé.

La tuvieron por un rato junto a ellos, pero pronto fue retirada de su vista y los dos quedaron desconcertados. La enfermera se la había llevado para que Carlisle la revisara y viera que todo estaba bien con su pequeña.

Desde lo lejos veían como el rubio se hacía cargo de revisar a su pequeña bebé, como la medía, pesaba y escaneaba su cuerpo y constantes con esmero. De seguro no quería pasar nada por alto y eso les gustaba.

Mientras tanto el médico y las enfermeras ayudaban a Rosalie a terminar con el alumbramiento y luego a limpiarla para que estuviera más cómoda. Pronto se la llevarían de regreso a su habitación.

Una vez acabó, Carlisle le colocó hábilmente un pequeño pañal y la envolvió en una manta para ser el mismo quien llevara a la pequeña con sus padres. Se acercó con cautela y les sonrió a los dos a la vez que les tendía a la bebé que estaba tranquila en sus mantas color rosa.

— Es una hermosa bebé. Felicitaciones— les sonrió dejando a la niña en los brazos de su madre— Pesó dos kilos con ochocientos veintitrés gramos y midió cuarenta y siete centímetros.

Los dos quedaron embobados en cuanto la vieron limpia. Era blanca como su padre, sus cejas y cabello apenas se notaban de lo rubio que eran, su nariz era respingada y parecía un pequeño botón en el centro de su redondeado rostro, sus labios eran finos y rosados y se movían como si buscaran algo.

De pronto una manito salió de entre las mantas y fue a dar directamente a su boca haciendo que comenzara a succionar afanadamente.

Los dos padres sonrieron y siguieron admirando la perfección de su pequeño bebé.

— Es… Hermosa— comentó el joven padre dejando salir un par de lágrimas— Mi pequeña manchita es una mini Rose, las dos perfectas.

Se agachó lentamente para dejar un beso en los labios de su amada y luego otro en la frente de su hija. Ésta última se removió inquieta y abrió uno de sus ojos por un par de segundos para luego volver a cerrarlo. Edward sonrió como un loco.

Lyla se había robado el corazón de su padre con solo una mirada y ya lo tenía atrapado en su pequeña palma de su mano. Ya se había ganado a su papá.

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Hola ¿Cómo están? Espero que bien. Como dicen por ahí, lo primero es lo primero. Tengo que pedirles perdón por no haber subido el capítulo el día de ayer, pero tenía muchas cosas que hacer para la universidad y no me dio tiempo (bueno, tampoco es como que ahora no tenga nada que hacer pero tenía que sacar unos documentos y aproveché). De verdad espero que me perdonen.

Ahora si ¿Qué las pareció? Ya nació nuestra pequeña Lyla (alias anchita) ¿Qué les parece? ¿Les gustó? ¿Se esperaban que Edward reaccionara de la forma en que lo hizo? Espero me lo hagan saber ¿Qué creen que va a pasar ahora?

Como todas las semanas le agradezco a mi amiga Jennifer, quien me ayuda cuando me quedo bloqueada, y a Sandra, que siempre está para darme ideas. Además les agradezco a:

Aru1313: Hola. Que bueno que te guste el nombre porque a mí también me encanta (así se llamará mi hija en el futuro jijiji). Sí, creo que lo de las chicas y Edward era un poco obvio, pero todos se merecen una segunda oportunidad ¿O no? Menos Jacob y Emmett que si son muy malos con él. En cuanto a Bree… Sí, es malo, pero tiene que entender a Edward pues no es fácil todo lo que le pasó. Cuídate y nos leemos.

Adriu: Que bueno que te guste la historia. Si, Rosalie es demasiado tierna y se nota que es lo mejor para Edward. Sí, creo que las cosas van a mejorar en algún minuto. Cuídate y nos leemos.

Yolo: Si, más estrés. Pero ahora descansaron un poquito. Que bueno que te guste la historia y espero la sigas leyendo. Cuídate y nos leemos.

. : bienvenida y espero seguir viéndote por acá. Saludos y besos

Ahora, sin nada más que decir y deseándoles una buena semana, me despido. Cuídense.

Babi_Cullen