- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Habían pasado tres semana desde el nacimiento de la pequeña Lyla y sus padres no podían estar más orgullosos de cada cosa que hacía su hijita. Incluso el cambio de pañales se había convertido en algo que los dos competían por hacer.

Rosalie estaba impresionada por Edward. A pesar de todo lo que había escuchado y leído acerca de padres que no ayudaban mucho en el cuidado del bebé, su amado había resultado ser todo lo contrario y a veces acaparaba tanto a Lyla que tenía que pedírsela y aprovechaba al máximo los momentos en que la amamantaba para estar con ella.

Edward se levantaba cada vez que la niña se despertaba en la noche para ver que le ocurría. Era el primero en levantarse y correr a la cuna cogerla en sus brazos, pero mucha de esas veces tenía que llevársela a Rose para que se hiciera cargo de alimentarla. Pero a pesar de eso no las dejaba solas y se acomodaba a su lado para verlas perdidamente.

Jasper era otro que estaba baboso por su sobrina y apenas llegaba del instituto corría a buscarla y peleaba con Edward para poder cogerla.

A la única que Edward no le peleaba porque cogía a Lyla era a la abuela de Rosalie. La mujer era más fuerte de carácter y Edward temía enfrentarla.

La rubia caminó a paso lento hasta su habitación para poder cambiarse la blusa que se había manchado con helado después de sacar un poco, no quería que la fueran a pillar en su fechoría. Pero se detuvo al escuchar la conversación que padre e hija estaban teniendo en el interior del cuarto.

— Hey, preciosa manchita de papá. Ya despertaste ¿Qué tal tu siesta? — Lyla respondía con leves gorgoritos que no alcanzaban a ser balbuceos, pero que hacían que el corazón de sus padres se inflaran de amor— En serio, pues entonces desde ahora y cuando estemos solos los dos en el cuarto vas a dormir en el torso de papá que es más cómodo que tu cuna ¿Vale? Pero no le diremos a mamá porque dice que te tengo mal acostumbrada. Ese será nuestro secreto. Uno de muchos.

Escuchó como su hija emitía ruiditos y luego el gran beso que Edward debe haberle dado. No pudo evitar sonreír por eso.

— Si, ese será nuestro secreto— repitió el cobrizo— ¿Quieres saber algo? Te amo. Aunque creo que eso es obvio ¿No? — Edward se rió de el mismo y Rosalie lo imitó— Si, es un poco obvio ¿Te cuento otra cosa? Tengo miedo, miedo a no ser lo suficientemente bueno para ser tu padre, a fallar, a no poder darte lo que necesites… A fallarte. Siempre me faltó una imagen paterna y no sé muy bien cómo se debe ser un papá, pero si se una cosa y es que voy a hacer todo lo posible por ser el mejor papá del mundo. Seré tu superhéroe y te salvaré de todo lo que te quiera dañar.

Rosalie decidió hacer acto de presencia en ese momento pues necesitaba cambiarse antes de que llegaran los padres de Edward, sus tíos y prima. Todos querían venir a ver a la bebé y debían aprovechar que Edward estaba tan orgullosa de ella que estaba de buen humor.

En cuanto entró Edward se sobresaltó y sacó a la niña de sus piernas para cogerla en brazos. Estaba disponiéndose a levantarse, pero un beso de Rosalie en la frente lo detuvo y solo pudo mirarla con atención.

— Te amo— le susurró al oído y luego besó su cuello— A ti también te amo, mi princesita— besó el tope de la cabeza de su hija y ella se removió.

Luego fue hasta su closet y sacó una blusa que combinara con sus pantalones de jeans.

Edward seguía con la mirada a su amor hasta que desapareció tras la puerta del baño. Luego miró a su hija nuevamente y no dudó en que las dos se parecían demasiado.

Para eso de las cinco de la tarde la casa de los Hale se había llenado con visitas. Los padres de Edward, Diego, sus tíos Carlisle y Esme, los abuelos de Edward, Alice y Bella habían llegado a visitarlos para poder estar con la pequeña Lyla y saber, de paso, como estaban llevando ellos esta nueva responsabilidad.

Edward miraba atentamente cada movimiento de sus familiares en torno a su pequeña hija y no podía evitar colocarse nervioso cuando se la pasaban de un brazo a otro, temía que fueran a dejarla caer.

— ¿Cómo se siente ser padre? — le preguntó Diego acercándose a él en el marco de la puerta

— Es… distinto. La amo, pero no es el mismo amor que le tengo a Rosalie— respondió bebiendo de su vaso de gaseosa

— Definitivamente no creo que sea igual— le sonrió, pero Edward no respondió de igual forma— Edward… Quería pedirte perdón

— Todo el mundo pide perdón. Parece que está de moda— respondió ácidamente, pero luego suspiró— Ya no sirve de nada pedir perdón, como les dije a Alice y a Bella. Las cosas ya están hechas y no podemos volver a atrás… Pero si podemos mejorarlas.

— Y eso es lo que quiero… Lo que queremos, en realidad— Edward negó al instante

— No los justifiques ni digas cosas por ellos. Si quieres arreglar las cosas debe nacer de ellos, pero mientras no me lo digan no podemos pensar en remediarlo— aclaró y el castaño asintió

— Pero… ¿Estás dispuesto a escucharlos? — le preguntó. Edward se quedó en silencio y suspiró, pero luego asintió mirando fijamente a Rosalie con Lyla en sus brazos.

— Por mi hija y mi novia, podría llegar a escucharlos. Pero eso no asegura que las cosas vayan a recuperarse— respondió y luego se fue a donde su rubia, quien conversaba con Alice y Bella que miraban y mimaban a su pequeña manchita.

Bree se acercó a Diego, así como también lo hizo Alec. Los dos le habían pedido al castaño que conversara con Edward para evaluar la posibilidad de conversar con él pues no querían que las cosas se quedaran así, pero el miedo a que su hijo no quisiera saber nada de ellos los preocupaba.

Después de escuchar lo que tenía para decirles, se armaron de valor y se dirigieron a donde su hijo para preguntarle si podían hablar con él.

Al principio Edward no estaba completamente de acuerdo, pero después de pensarlo un poco aceptó. Besó en la frente a su novia y, siguiendo a sus padres, salió hacia el frente de la casa.

Ambos padres quedaron mirando a su hijo saliendo de la casa y dirigiéndose hacia ellos a paso lento y con sus manos en el interior de los bolsillos de su pantalón. Se veía pacífico y esperaban siguiera así después de hablar con él.

— No me pidan perdón, porque eso ya todos lo han pedido y me tienen enfermo con eso. Si es de eso de lo que quieren hablar creo que no tenemos nada que conversar— aclaró una vez estuvo a solo unos pasos de ellos.

— No… Bueno, era una de las cosas que queríamos hacer… Pero comprendemos— comentó Alec, mirando de reojo a su ex novia— Solo… Queremos saber cómo estás.

— No sé… ¿Cómo se supone debería sentirme? ¿Feliz? ¿Triste? ¿Traicionado? De verdad que no lo sé— contestó encogiéndose de hombros. Suspiró cuando su madre suspiró tratando de aguantar esas lágrimas que amenazaban por salir de sus ojos— Tengo mezcla de sentimientos, si es lo que quieren saber.

— Hijo, yo…— trató de hablar Bree, pero el dolor que sentía en su pecho cada vez que estaba cerca de su hijo y pensaba en lo mucho que había cambiado su relación no la dejaba— Yo… Lamento haberte mentido… Haberte hecho pasar por tantas… cosas… No haber estado ahí para ti… Perdóname por cometer tantos… Tantos errores.

— No, perdón no— aclaró el chico moviendo su cabeza

— Edward, por favor. Sabes que te quiero, que eres mi todo, que nunca haría nada que te dañara

— ¿Y haber estado ausente todos estos años no es un daño? ¿Haberme ocultado a mi padre haciéndome creer que había muerto no me daña? ¿Creer que no sufrí humillaciones y maltratos por estar "solo"? No lo sabes, mamá. No sabes lo que viví y no creo que lo entiendas. Lo único que si sabes es que mi perdón puede que no lo tengas, pero sí que tendrás que hacer mucho mérito para recuperar mi confianza— exclamó con resentimiento, para luego girarse a Alec— Y tú… Contigo no sé qué haré. No tengo nada que perdonarte ni justificar, porque no te conozco. Viví sin ti y podría seguir así.

El llanto de Lyla desde el interior de la casa alertó todos los sentidos de su padre, quien al instante se volteó hacia la puerta y se adentró hacia la estancia dejando a los dos jóvenes padres como estatuas de pie en el frontis.

Alec ya sabía que son su hijo ya estaba todo perdido, pero no se rendiría. Lo mismo haría Bree, pues ella tenía más opciones de arreglar las cosas con su hijo. Los dos esperaban que de verdad eso ocurriera algún día.

Ese frío día de Enero era uno de los más importantes en el futuro competitivo del chico de cabellos cobrizos. Ese día participaría en una competencia de snowboard y tenía que dar lo mejor de su en cada descenso que hiciera. Tenía que esforzare al máximo en esa competencia, pero no podía hacerlo si su mente estaba lejos de la concentración máxima.

Por su mente no dejaba de rondar las palabras de sus padres. Desde que había hablado con ellos hace una semana que no había dejado de pensar en ellas y darles vueltas una y otra vez. Estaba desesperado.

Se había colocado sus audífonos en un intento de alejar todos esos pensamientos de su cabeza y concentrarse solo en lo que debía hacer el día de hoy, en las dos personas por las que estaba haciendo este gran esfuerzo.

Estaba encerrado en su mundo cuando un toque en su hombro lo sobresaltó. Al abrir los ojos y levantar la cabeza vio al hombre de la producción del evento deportivo que le hablaba una y otra vez. Se quitó los audífonos y le prestó atención.

—… así que después de este competidos es tu turno— le informó y se retiró a hablas con los otros competidores. Él había quedado en blanco pues no sabía que era lo que le había dicho el tipo

Se acercó a su compañero que estaba a su lado y él le repitió las instrucciones que le habían sido dichas. Le agradeció y comenzó a prepararse con su equipo para competir.

Estaba nervioso, sus manos le tiritaban y tenía unas ganas enormes de orinar, pero debía aguantarse pues sabía que solo se debía a los nervios de la competencia.

Escuchaba por los altos parlantes los relatos de los comentaristas y no podía evitar colocarse nervioso. Al parecer sus rivales lo estaban haciendo bastante bien y eso solo le complicaba más el panorama a él.

— Tu turno, muchacho— lo llamó uno de los organizadores y él, después de soltar todo el aire que tenía en sus pulmones, se dirigió a su posición.

Temblaba, de pies a cabeza si es que era posible, y parecía que se desmayaría, pero tenía que concentrarse.

El puntaje del competidor anterior a él fue entregado y eso hizo que sus nervios se acrecentaran. Era muy alto, tanto que había quedado en primer lugar y eso complicaba sus opciones al título, pero aun así daría lo mejor de sí.

El descenso por la pista era empinado y hacía frío, pero el sentir el viento chocando contra su cuerpo y despejando su mente lo hizo despertar de todos sus miedos. El nerviosismo había quedado atrás y ahora solo le quedaba disfrutar de todo lo que estaba viviendo.

Saltos, piruetas, mortales y una altura que haría que cualquiera devolviera todo lo que había comido al instante, pero que al chico solo lo hacían sentir como el alma libre que era. Estaba fascinado.

El ruido ambiente había quedado a un lado y solo sentía el latir de su corazón chocando contra su pecho. Sus latidos parecía que retumbaban fuertemente en su cuello, brazos y piernas y de seguro se notarían si estuviera quieto. Su pecho… Estaba inflado a más no poder de emoción. Su mente no dejaba de pasarle imágenes de sus dos amadas, sus dos rubias, sus dos princesas.

Cuerpo, mente y alma se habían convertido en sólo para entregarle la mayor concentración y relajación al chico de cabellos cobrizos.

Cuando cayó sobre la dura nieve se sentía completo. Lo había hecho, había logrado hacer ese descenso sin problemas y había sido uno de los mejores que había hecho en su vida.

Poco a poco el vitoreo de la gente, todos queriendo abrazarlo y tomarse fotos con el volvieron a despertarlo de su ensoñación y se dio cuenta que lo había logrado.

Las imágenes de su descenso pasando por las grandes pantallas del centro lo hicieron sonreír y que luego por ellas pasaran sus dos amores abrigadas con sus gruesas chaquetas solo hicieron que esa sonrisa se hiciera aún más grande.

Se acercó a las vallas que los separaban y la besó dulcemente en los labios y luego besó a su pequeña en la frente, haciendo que le sonriera con esa sonrisita desdentada que él amaba.

Fue un excelente descenso el de Cullen. Creo que nadie se esperaba que lo hiciera tan bien y todos estábamos esperando que los nervios le ganaran, pero nos demostró que su valentía y garra es más fuerte.

Y no solo lo hizo bien ¡Mira ese puntaje! ¡A los jueces les ha encantado lo que hizo y lo han ubicado en el primer lugar!

Se volvió a voltear hacia su amada y ahora el beso fue mucho más profundo que la última vez y Rose solo podía sonreír ante la alegría de su amado. Si Edward era feliz ella también lo era.

Uno de los organizadores se acercó para avisarle que debían volver a subir y el asintió separándose de sus amadas.

Se abrazó con Jasper, que también quería felicitarlo, y luego se fue a la moto de nieve con el hombre.

Claro que él no esperaba lo que pasó en ese momento. Al mirar entre el público pudo divisar a dos personas que no esperaba ver en ese lugar: su madre y Diego. No podía estar pasando eso.

Si antes la concentración había sido la máxima a la que podía llegar, ahora su mente estaba en cualquier lugar. Los recuerdos de cuando iba al centro de ski con su madre y Diego vinieron a su memoria y sintió que algo en su interior se apretaba.

Flash Back

No me gusta que se suba a eso, Diego— reclamaba su mami mientras Diego le apretaba los broches de la tabla a sus botas

Tranquila, mujer, que no le pasará nada malo. Yo voy a estar tomándole las manos— trató de calmarla el castaño

Mami, tanquila que yo pudo hacelo— defendió el niño y su madre solo sonrió. Su solcito siempre había sido decidido y si algo se le metía en la mente no había quien lo hiciera cambiar de opinión.

Esta bien, solo cuídense— les pidió besándolos a ambos en las mejillas y haciendo que se sonrojaran. Ella sonrió divertida… A veces eran tan parecidos a pesar de no ser padre e hijo.

Fin Flash Back.

Un nuevo llamado lo regresó a la realidad y se colocó de pie para volver a competir en la segunda vuelta. De seguro era la última pues el tiempo no les daría para una tercera ronda, eran muchos los competidores.

Se posicionó en su lugar y esperó la señal con la que comenzaba su descenso. Cuando le fue dada, se lanzó.

Tomaba velocidad a cada milímetro que avanzaba y parecía que todo iba bien. Un salto, dos saltos, otro mortal y… Y de ahí ya nada más pudo hacer pues la nieve le dio de lleno en todo su cuerpo.

Todos los presentes en el lugar ahogaron un grito en cuanto vieron el cuerpo de Edward cayendo sin control directamente a la nieve. No había alcanzado la altura necesaria para ese salto, no había alcanzado la velocidad necesaria.

Rosalie gritó fuertemente cuando Edward cayó, pero el sonido que hizo su cuerpo al caer en la nieve hizo que todo grito o exclamación fuer ahogada. La rubia estaba desesperada y lo peor pasaba por su mente.

— Ponte de pie, Edward. Levántate, por favor— le rogaba, aunque no lo escuchara.

Esa fue una fea caída para Cullen. Solo esperemos que las cosas estén bien— dijo uno de los comentaristas de la competencia

La cosa no se ve bien, Stefan. Cullen aún no se pone de pie… Pero ya van a atenderlo— indicó al ver a los equipos de rescate entrando en la pista y acercándose a Edward para comprobar cómo estaba.

Todo el mundo esperaba a que algo ocurriera, pero el cobrizo no se movía y los hombres y mujeres gritaban pidiendo más apoyo e insumos para atenderlo.

Collarín, vías, oxígenos y quien sabe que más era lo que le estaban colocando al chico para poder atenderlo, pero todo se veía complicado.

Rose vía incrédula como subían a Edward en una tablilla y luego a la moto de nieve para llevarlo a algún lugar. Se volteó a Jasper y los dos salieron con la niña hacia donde fuera que estaba Edward.

De camino divisaron a Diego y a Bree, quienes también iban rápidamente a alcanzar al equipo de rescate que le había ayudado a Edward en la pista.

Una vez ahí Rosalie le pasó la niña a su hermano y se dispuso a entrar, pero una chica que iba saliendo en ese minuto le prohibió la entrada y le informó que lo trasladarían al hospital en helicóptero.

Maldición, la cosa no está bien pensó Diego en su interior sabiendo que si requerían transporte tan urgente como para llevarlo por aire era porque el estado de Edward no era el mejor.

Todo parecía completamente una mentira y nadie parecía creer lo que estaba ocurriendo. Todos gritaban de un lado para otro dando indicaciones, pidiendo cosas o alejando a la gran cantidad de curiosos y morbosos que querían acercarse al edificio donde atendían a Edward para descubrir si es que aún permanecía vivo o saber solamente que había ocurrido con él.

Solo el ensordecedor ruido de las aspas y motor del helicóptero sacaron a todos desde se ensoñación y los regreso a lo que ocurría. Éste se posó un poco alejado del lugar, pero lo suficientemente cerca como para trasladar al herido chico.

Las puertas del lugar se abrieron y una tabla, cargada por cuatro personas, pasó por entre la multitud. Todos quedaron impresionados al ver el estado del chico, más aún sus familiares directos.

Rosalie y Bree sintieron que sus piernas eran de gelatina y, de no ser por sus acompañantes, hubiesen caído de lleno en la nieve. La imagen de Edward herido, conectado a oxígeno, completamente inmovilizado y lleno de sangre en su cabeza hizo que todo el color abandonará sus rostros.

—Debo ir con él— rogó a uno de los rescatistas aun aferrada a su hermano, quien la abrazaba con su brazo libre y que trataba de calmar el llanto de su sobrina al mismo tiempo.

— Nadie puede subir con él en el helicóptero, pero lo trasladaremos al hospital de Seattle por si quieren acompañarlo allá— les comento y luego se fue con el resto de sus compañeros.

Los dos jóvenes y la familia de Edward se dirigieron raudos hasta sus vehículos y partieron rumbo hacia el hospital que les había mencionado aquel hombre.

El trayecto se le hacía eterno a los cuatro familiares de Edward y parecía que no llegaban nunca. Estaban alejados del hospital, lo sabían y eran conscientes de ello, pero la desesperación ya era demasiado y sólo querían llegar cuanto antes para saber que pasaba con Edward.

En el camino Rosalie llamó a sus abuelos para informarles lo que pasaba y rogarles que fueran al hospital, así como también lo había hecho Bree con sus padres y Alec. Las dos necesitaban apoyo y ellos podrían llegar antes que ellas.

Y efectivamente así había resultado ser. Para cuando llegaron los cuatro al hospital sus demás familiares ya estaban en la sala de espera del piso de cirugía dónde estaban atendiendo a Edward. Los médicos se encontraban interviniendo para reparar la fractura de cráneo que se había hecho al caer y poder reparar todas las lesiones que tenía en su cuerpo.

— ¿Por qué aún no salen a decirnos nada?—preguntó al aire la joven rubia mientras abrazaba el dormido cuerpo de su hija que estaba dormida.

—Tranquila, cariño. Ya vas a ver que va a estar bien—la abrazó su abuela y besó el tope de su cabeza. La chica no dejaba de llorar y estaba desesperada por saber algo de su amado.

Por otro lado estaba Bree acompañada de su familia, Diego y Alec. Todos esperaban que Edward saliera bien del accidente, pero según había comentado Diego alejado de la joven madre, las cosas no se veían muy a favor del cobrizo.

— ¿Familiares de Edward Masen?—preguntó un médico saliendo desde el otro lado de las puertas metálicas. Tanto Rose como Bree se acercaron a él y se identificaron.

Las cosas, tal y como predijo Diego, no estaban para nada bien con el cobrizo. Según les había informado el cirujano Edward tenía una fractura en la base del cráneo que había ocasionado una ligera hemorragia que debieron reparar, además de una fractura en la pierna derecha y un esguince cervical que, de haberse desplazado un poco más, podría haberlo dejado parapléjico.

Nadie podía creer lo que escuchaban. El chico había estado apenas hace un momento de pie, deslizándose por la nieve y disfrutando de su triunfo para ahora pasar a estar en una camilla de hospital con diversas lesiones y con posibilidades de no haber podido caminar nunca más.

El médico les informó que lo trasladarían a una sala en la UCI hasta que estuviera estable, pero que luego lo llevarían a una habitación individual en traumatología. También les informó que solo podían pasar a verlo de a una persona.

— Yo iré— se apresuró a decir Bree, acercándose al cirujano

— No, yo lo haré— dijo Rosalie y se acercó también. Bree la miró con los ojos abiertos de par en par. Ella era su madre y tenía que entrar primero— Edward necesita descansar y apuesto que no va a querer que sea lo primero que vea al despertar.

— Soy su madre, claro que querrá— espetó con molestia, pero Rosalie negó

— No, señora, ahí se equivoca. Usted puede ser su madre, pero hace mucho tiempo que perdió varios privilegios que esa palabra y responsabilidad conlleva— le respondió con seriedad, aguantando las lágrimas que amenazaban por salir de sus ojos.

— Rosalie…— trató de calmarla su hermano. Sabía que por dentro se hermana estaba furiosa por todo lo ocurrido con Edward y desde hace tiempo que le venía diciendo que los padres de Edward eran los responsables de que él estuviera mal todo el tiempo, pero este no era el momento ni el lugar para iniciar una discusión.

— No, Jasper. Por culpa de esta señora y de su maldito pasado que Edward esté en estas condiciones. Hasta antes de su llegada Edward era un chico normal. Si, tenía sus problemas en clases y con los idiotas de sus primos, pero no sufría tanto como ahora.

— Mi hijo no sufre por mi culpa— se defendió Bree

— ¿A no? ¿Es usted la que lo ha escuchado llorando por las noches? ¿Es usted la que se despierta con sus gritos, gemidos y movimientos cuando tiene pesadillas en las noches? ¿Es usted la que lo reconforta o se divide entre una bebé de tres meses y su novio en las noches cuando ninguno de los dos logra conciliar el sueño? Pues no, soy yo. Desde que ustedes aparecieron en su vida que Edward no descansa y pareciera que cada vez está más inestable emocionalmente— le recriminó, mirando también a Alec que se mantenía mirando desde unos cuantos pasos.

Bree se quedó de piedra. Sabía que su hijo no lo había pasado bien en todos estos años y que la aparición de Alec, su salida de la cárcel y que se destapara toda la verdad habían mermado en el ala de su hijo, pero no sabía que hasta ese nivel. No sabía de las pesadillas, los desvelos, el llanto. Su hijo había estado llorando por ellos.

Sintió que algo se clavaba en su pecho y cavaba un agujero justo en el centro de este. Le dolía saber cosas así de su hijo, pero más le dolía que no fuera capaz de decírselo, haber perdido esa conexión que tenían cuando él era apenas un pequeño niño.

— Rosalie, creo que no podemos culpar a nadie de lo que le pasó a Edward. Fue un infortunio que nadie podía predecir o evitar, solo nos queda apoyarlo— comentó su hermano tras ella, cogiéndola por los hombros y llevándosela del lugar.

Rosalie sabía que a lo mejor lo que le había dicho a su suegra había sido demasiado fuerte, pero era la verdad y lo que pensaba en esos momentos. Tal vez más adelante se arrepentiría y tendría que pedir perdón, pero por ahora solo quería estar con su novio y apoyarlo en todo lo que se vendría.

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Hola a todos. Perdonen que no actualizara la semana pasada, pero estaba con las últimas solemnes en la universidad. Pero lo bueno es que valió la pena y se puede decir que ya estoy de vacaciones y me pondré al 100% para terminar esta historia y las que le seguirán.

Ahora si ¿Qué las pareció? Tengo que decirles que este es el último capítulo de esta segunda parte de la historia, así que, como hicimos con la primera parte vamos a dejar unas dos semanas para descanso y de ahí seguiremos con las actualizaciones ¿Qué les parece?

Como todas las semanas le agradezco a mi amiga Jennifer, quien me ayuda cuando me quedo bloqueada, y a Sandra, que siempre está para darme ideas. Además les agradezco a:

Aru1313: jajaja, pobre de tu papá que quedó sordo. Si, nuestro Eddie es adorable y me enamoro cada vez más de él. Solo espera a verlo en la tercera parte (Y solo eso diré). Cuídate y nos leemos.

Yolo: Si, necesitaban un descanso en esta historia, pero volvimos al caos. Cuídate y nos leemos.

Ahora, sin nada más que decir y deseándoles una buena semana, me despido. Cuídense.

Babi_Cullen