- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
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Cinco años se pueden pasar volando sin que siquiera te des cuenta de ello y lo peor es que muchas cosas pueden cambiar en tu vida en ese mismo lapsus de tiempo.
Sin lugar a dudas la vida de Rosalie y Edward había cambiado en 360 grados. Si antes sus sueños eran difusos, ahora estaban más claros que nunca. Si antes no querían estudiar y solo querían seguir con sus hobbies, ahora se lo habían replanteado y seguían barajando la opción de una carrera universitaria. Si antes eran unos jóvenes irresponsables que sólo vivían la vida, ahora se habían convertido en unos padres responsables de dos pequeños.
Si, dos pequeños. Después del nacimiento de Lyla, Edward había jurado que no tendrían más hijos pues no sería capaz de soportar que su amada sufriera tanto como la última vez y menos se arriesgaría a perderla. Pero para su mala suerte Rosalie quería una familia numerosa y no se conformaría con una sola niña.
Cuatro años después tenían a su pequeño Noah Hunter naciendo en una sala de maternidad en una clínica de Vancouver. El embarazo había sido normal, sin ninguna complicación, y el parto lo fue igual. Ahora él tenía casi diez meses y su hermana cinco años.
Otra cosa que había cambiado es que Edward y su familia se habían mudado finalmente a Vancouver. Después de que lo vivieran en esa competencia de snowboard , y a pesar del accidente y que no completó la pasada, los auspiciadores no dejaron de lloverle por lo osadía que poseía y él, apenas se recuperó y tuvo el alta médica, decidió que se iría de Estados Unidos. La recuperación y posterior rehabilitación de Edward habían sido de larga data, pero ahora se podía decir que se encontraba casi en perfectas condiciones. De vez en cuando sufría de uno que otro malestar general o dolor de cabeza, pero nada que un analgésico no pudiera solucionar. Posterior a eso la decisión era sencilla, solo tenían que irse del país e iniciar su vida solos. Tenía que dejar atrás su pasado y a sus padres para poder descansar.
Rosalie estuvo completamente de acuerdo en que se fueran del país pues ella quería estudiar danza en la misma academia en la que había estudiado su madre y apoyó completamente a su amado en la decisión que había tomado. A pesar de eso y de la última gran pelea que había tenido con su suegra, ella cada vez que sabía que los familiares de Edward estaban por el pueblo o que ella viajaba a ver a sus abuelos y hermano a Seattle, les llevaba a los niños para que los disfrutaran. No deseaba que sus hijos se criaran sin sus abuelos, tíos y primos.
Los suaves pero rápidos pasos se hicieron sentir por el pasillo de la segunda planta de la casa. Alguien, la hermosa manchita de papá para ser más exactos, había despertado temprano ese día completamente emocionada por lo que ocurriría el día de hoy.
Riéndose suavemente y tomando el impulso necesario, se lanzó a donde su padre para cumplir con su cometido.
— ¿Papi, estas despierto?— inquirió la pequeña abriendo uno de los párpados del joven de apenas 23 años— Papi, yo sé que lo estás. No te hagas el dormido.
— Lyla, manchita, aún es temprano— su voz salió ronca y se perdía entre las almohadas
— No es temprano, papi. Hasta Noah está despierto y no me digas manchita— le dijo escalando por la cama hasta que se logró sentar sobre el vientre de su padre
— Pero Noah es más pequeño y se despierta por todo— reclamó, tratando de darse la vuelta para evitar que su pequeña lo siguiera molestando. A lo lejos escuchaba a su hijo balbuceando.
— No importa, papi. Despertó y eso es lo que cuenta ¿Acaso no me quieres ir a ver a mi concierto de ballet? — preguntó con sus puños posados en sus caderas y sus mejillas levemente infladas con aire. Estaba empezando a mostrar ese carácter tan parecido al de su madre.
— Hija, pero si no es hoy ¿O sí? Es el sábado.
— ¡Papi, despierta! — gritó la pequeña a la vez que le lanzaba un cojín sobre la cabeza— Aguantaré la respiración hasta que te levantes— la pequeña quitó los mechones rubios que caían sobre sus ojos que le molestaban, para luego llenar sus pulmones e inflar sus mejillas
— ¡Quiero dormir! ¡Rose, mira a tu hija!
El cobrizo cogió la almohada que le había lanzado su hija y la colocó sobre las otras para poder escapar de la situación. Cuando Lyla quería algo hacía de todo para conseguirlo y una de esas formas era aguantar la respiración.
Rose, quien venía entrando a la habitación ya bañada y vestida, vio la divertida escena. Lyla estaba sentada sobre el vientre de su novio con sus mejillas infladas y un poco rojita, Edward tendido sobre su espalda y con un montículo de almohadas sobre su rostro y a Noah acostado a un costado de su padre sonriendo a su hermana aunque no entendiera lo que pasaba.
— ¡Lyla, bájate ahora mismo de tu padre! Edward, ya levántate o llegaremos tarde y necesito que me ayudes con los niños. Y tu...— se acercó a la cama y se arrodilló sobre el colchón— tú te vendrás conmigo antes que te vuelvas igual de loco que ellos.
La pequeña obedeció a regañadientes la orden de su madre, pero se quedó sentada a lo indio sobre el colchón a la espera de que su padre se levantara.
Edward, por otro lado, rodó sobre sí mismo para desperezarse. Pero él no contaba con que la cama se acabaría y cayó de lleno sobre el suelo de la habitación, golpeándose en el trasero. Lyla y Rose ahogaron un grito y se acercaron a ver que estuviera bien.
El cobrizo reía sin cansancio por lo gracioso de la situación y sus dos rubias, al ver que se encontraba en perfecto estado, se largaron a reír con él.
Una hora más tarde se encontraban ya todos desayunados y casi listos para salir de la casa. Sólo faltaba que Rose terminara de vestir a Noah y que peinaran a Lyla con su moño de presentación.
— ¿Edward, puedes ayudarme con el peinado de Lyla por favor? Tengo que bañar a Noah y no alcanzaré— le pidió su amada novia con el pequeño cobrizo en sus brazos. Edward estaba ayudando a su hija a terminar de vestirse.
— Rose, pero yo...
— Gracias— le sonrió y se fue del lugar para ir a bañar a su pequeño hijo
Edward se quedó de pie mirando a su pequeña Barbie mientras que ella le sonreía ampliamente. Sabía que su papi era un poco torpe en lo que a peinados respectaba.
Suspiró y, completamente derrotado, tomó la mano de su niña y se dirigieron al cuarto rosa.
Lyla saltaba con alegría al lado de su padre y se tomaba con fuerza a su manito. Estaba nerviosa, ansiosa y muy feliz, todo al mismo tiempo.
En cuanto llegaron al cuarto la pequeña salió corriendo para sentarse en su tocador de princesas que estaba apoyado en una de las murallas rosas de la habitación. Edward se estremecía al ver tanto rosa a su alrededor, pero era el color favorito de su pequeña y no había podido decirle que no cuando decoraron su cuarto.
La pequeña corrió el asiento del tocador y sacó sus trabas y cepillos para que su papá le ayudara con su peinado, mientras que Edward miraba con horror el sinfín de elementos que su pequeña dejaba sobre la mesa.
— Ya, papi. Tengo todo listo para que me peines— le sonrió su pequeña mirándolo con una gran sonrisa en el rostro.
Edward suspiró y se acercó a su hija con una silla desde el escritorio- igual de rosa que toda la decoración- y se sentó detrás de esta, preguntándole que era lo que quería en su cabello.
Lyla le decía un sinfín de nombres que el apenas conocía. Sabía lo que era una trenza y lo que era un moño, pero ¿Qué era todo lo demás que su hija le estaba pidiendo? Estaba perdido.
— Manchita ¿No quieres mejor una cola simple como la que te hago para el colegio? Esa se te ve muy bonita— trató de persuadirla el cobrizo, pero su hija negó fervientemente
— No, yo quiero mi moño y mi trenza— respondió con decisión— Y no me digas manchita.
El cobrizo volvió a suspirar y comenzó a idear como hacer las dos cosas que le pedía su pequeña mientras ella se miraba en el espejo y movía sus pies hacia adelante y hacía atrás aprovechando que no llegaban a tocar el suelo.
Llevaba por lo menos unos diez minutos moviendo mechones de pelos para arriba y para abajo tratando de encontrar la forma de cumplir a los deseos de su manchita, pero no había caso. No sabía cómo hacer un moño y una trenza en el mismo peinado. Estaba estresado.
Los pasos de Rosalie se empezaron a escuchar en el pasillo, así como el balbuceo de su hijo menor que ya estaba empezando a tratar de decir sus primeras "palabras".
El corazón de Edward comenzó a acelerarse al darse cuenta que no tenía lista a su hija y si Rose lo veía se molestaría pues ya deberían estar saliendo de la casa.
— Mi amor, Noah y yo estamos listos— le indicó Rosalie entrando en el cuarto rosa— Lyla, aún no estas lista.
— Es que papá no sabe hacerme el peinado que quiero— se defendió la pequeña encogiéndose de hombros y la rubia miró a su novio
— No me riñas, Rose. Es que una trenza y un moño no pueden ir en el mismo peinado ¡Eso es imposible! — trató de justificarse el cobrizo
— ¿Una trenza? ¿Un moño? — Rosalie miró a su hija quien trató de esconderse detrás de su papá— Lyla, tu sabes que para esta presentación debes ir peinada con una coleta ¿No es así jovencita?
— Es que yo quiero ser especial, mamita— trató de defenderse colocando su mejor cara de cachorro— No quiero estar peinada como las demás niñas ¡Quiero ser única!
— No esta vez, señorita. No te saldrás con la tuya— la riñó su mamá, acomodando mejor a Noah en su cadera— Edward, es sólo una coleta sencilla como la del colegio.
Con un suspiro de alivio el cobrizo se volteó nuevamente hacia su hija y comenzó a peinarla con las indicaciones de Rosalie. Una coleta era sencilla y ya la había hecho tantas veces que no le quedaba desviada ni nada por el estilo.
Una vez estuvieron completamente listos salieron de la pequeña casa para irse al estacionamiento y coger la camioneta. Se suponía que ya tenían que estar en el teatro, pero con dos niños era un poco difícil llegar a tiempo a todas partes.
El imponente teatro de la escuela de ballet se presentó frente a ellos y la ansiedad en la pequeña Lyla comenzó a crecer. Era extrovertida, pero siempre le daba nervios tener una presentación por la escuela.
Se estacionaron en el puesto que les indicó el guardia del lugar y luego se bajaron de este.
Rosalie avanzó antes mientras empujaba el cochecito donde iba su pequeño de ojos verdes y Edward se quedó esperando a su pequeña que se arreglaba sus zapatitos, aunque la verdad es que solo hacía tiempo para poder relajarse.
— Vamos, pequeña. Tenemos que entrar que de seguro tu maestra y compañeras te están esperando— la llamó Edward tendiéndole la mano
— Papi, no sé si me siento bien para bailar— se quejó mirándolo con cara de angustia
— ¿Qué pasa, manchita? ¿Tienes fiebre?— preguntó el cobrizo colocando su mano en la frente de su hija. No se sentía caliente— Parece que no ¿Qué sientes?
— No sé — Lyla se encogió de hombros y agachó la mirada. Edward se quedó preocupado, pero pronto se le vino a la cabeza la respuesta a sus interrogantes. Su pequeña tenía miedo.
El cobrizo sonrió ampliamente y cogió a su pequeña en sus brazos para abrazarla con fuerza. Odiaba ver a su pequeña con miedo.
— Pequeña manchita, es normal tener miedo y no querer hacer las cosas por eso. Pero ¿Quieres saber algo?— le preguntó y ella asintió con fuerza apoyada en el hombro de su papá— A veces, cuando no hacemos las cosas por miedo, nos terminamos arrepintiendo.
— ¿Arrepintiendo?— inquirió sin comprender
— Si, arrepintiendo. Es cuando después te das cuenta que podrías haber hecho lo que te gusta a pesar del miedo— le explicó en palabras sencillas. Puede que no fuera una buena definición, pero era para que su niña entendiera— A lo mejor, después de un rato, te darás cuenta que de verdad querías bailar y no lo hiciste por miedo.
— Entonces... ¿Debería bailar?— lo miró a los ojos fijamente
—Solo si quieres— le contesto besándola en la mejilla. Ella asintió y comenzó a removerse para que la dejara en el suelo.
Rosalie miraba a lo lejos a dos de sus amores. Adoraba la relación que tenían Edward y Lyla, esa relación que tanto le gustaba a ella tener con su papá y que, por azares del destino, no había podido seguir disfrutando.
Edward cogió la mano de su hija y juntos se dirigieron a la puerta de entrada donde los esperaba Rosalie con Noah en sus brazos. Los besó a los dos en sus mejillas y luego entraron en el teatro.
La presentación de las niñas había estado maravillosa. Puede ser que no tuviera mucha técnica y hubiesen cometido uno que otro error, pero para Edward y Rosalie su pequeña Lyla habia sido la mejor de todas y sentían que su corazón saldría de su pecho en cualquier momento.
Todas las niñas se dirigían a donde sus papás para que las felicitaran, pero la joven pareja seguía esperando con ansias a su princesa.
— Papi, mami— gritó la dulce voz a sus espaldas y ellos se voltearon a verla. Edward se arrodilló en el suelo y la recibió con un fuerte abrazo para luego llenarla de besos— ¿Cómo estuve?
— Maravillosa, mi pequeña— la felicitó su mamá dándole otro beso en la frente— Fuiste la mejor bailarina de todas.
— Es que tuve tu ayuda, mami— le tendió los brazos y la abrazó con fuerza.
Noah miraba todo con atención desde su cochecito y se babeaba las manos mientras intentaba balbucear palabras inentendibles.
Edward sacó la bolsa de regalo que habían escondido en el coche y llamó a su hija para captar su atención. Ella se volteó a verlo y sonrió ampliamente cuando vio el regalo en las manos de su papá.
Los dos jóvenes se acuclillaron para ayudarle a su pequeña a abrir el regalo y ella solo pudo chillar de emoción cuando vio lo que había en el interior de la bolsa.
— ¡Es una Rainbow Dash!— gritó cuando vio a su personaje favorito en el interior de la caja— Gracias mami, gracias papi.
— Lyla, Lyla— llamaron a lo lejos y al voltearse vieron a una pequeña, también de cabello rubio, acercándose a ellos a una velocidad impresionante.
— Mira Kate. Me la regalaron mis papis— le enseñó la muñeca a su amiga
— Que linda. A mí también me dieron una— le mostró la de ella— Hola tío Edward, hola tía Rose.
Los dos saludaron a la niña y luego a los padres de esta que se habían acercado para saludar. James y Victoria eran padres de la pequeña Kate, una compañera de colegio de su hija y su mejor amiga. Se conocieron en la primera reunión de padres y desde ese momento no se habían separado. Salían a fiestas, celebraban los cumpleaños y lo mejor era que James también era deportista como Edward, pero el practicaba ski y no snowboard así que no había conflictos por quien ganaba o no.
Estuvieron conversando por un tiempo hasta que decidieron que era momento de ir a comer todos juntos. Abrigaron a las niñas y salieron para irse a uno de los restaurantes preferidos de los amigos.
La comida estuvo tranquila, sin ningún contratiempo. La verdad era que los dos jóvenes padres se sentían a gusto cada vez que se reunían con sus amigos y pasaban momentos realmente agradables, por eso mismo es que siempre organizaban las vacaciones juntos y se iban a alguna playa o algo por el estilo. Además las niñas se llevaban de maravillas y querían estar siempre juntas. En algunas ocasiones Kate se iba a quedar a la casa de los Masen y otras Lyla se iba a quedar donde los Gigandent.
Luego de comer los chicos invitaron a sus amigos a la casa, así las niñas podían seguir jugando y ellos podrían pasar el rato conversando o simplemente haciendo alguna cosa divertida para pasar el rato. Había que aprovechar que las niña estaban en las vacaciones de fiestas navideñas y que ellos tenían el día libre, las chicas también estaban de vacaciones y ellos no tenían torneos en los que participar.
Pagaron la cuenta y luego se fueron hacia los automóviles para irse la casa de los chicos. Los Gigandent en su auto y los Masen en el otro.
— ¿Y ya tienen pensado qué harán para las fiestas? — inquirió Victoria bebiendo un poco de su zumo de naranja natural.
— Vamos a pasar las fiestas con la familia en Seattle— respondió Rosalie con calma, pero su amiga miró de inmediato a Edward
— ¿Él está de acuerdo? — la colorina sabía la relación que el castaño mantenía con su familia y tenía claro que no era la mejor. Rosalie solo se encogió de hombros
— Al principio no mucho. Pero Lyla esta emocionadísima ver a sus abuelos, primos y tíos, así que no se pudo negar. Tú sabes lo mucho que le cuesta decirle que no a su pequeña princesa.
Las dos sonrieron, pero era una sonrisa nerviosa. Sabían que las cosas podían estar complicadas en Seattle, pero Rosalie aun esperaba, en el fondo de su corazón, que Edward mantuviera la calma y tratara de hacer como si nada hubiese pasado para no arruinar las fiestas a los pequeños.
La rubia ya había llamado a sus abuelos para avisarles que irían para allá y ellos estaban encantados. Así que ahora solo quedaba que viajaran y tratar de pasar unas fiestas tranquilas.
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Hola a todos y todas ¿Cómo están? Bueno, lo prometido es deuda, así que aquí les dejo el primer capítulo de la tercera y última parte de esta hermosa historia. ¿Qué les ha parecido? ¿Les gusta, lo odian, lo detestan? Háganme saber qué es lo que piensan ¿Y Lyla, se esperaban que fuera así? ¿Y Noah? A él sí que no se lo esperaban ¿Cierto?
Como todas las semanas le agradezco a mi amiga Jennifer, quien me ayuda cuando me quedo bloqueada, y a Sandra, que siempre está para darme ideas. Además les agradezco a:
Aru1313: Ya, no mueras que a Edward no le pasó nada así que puedes estar tranquila. Con respecto al salseo, creo que vas a tener que esperar para ver que va a pasar. Pero tranquila que si te puedo prometer muchos momentos tiernitos y es un poco distinta a las demás partes. Con respecto a los partidos, bueno creo entender que eres argentina, así que mi más sentido pésame y ¡Somos campeones! Lo siento, tenía que decirlo ajjajajaja. Espero que te haya ido excelente en tus exámenes y que este sea el regalo al esfuerzo. Lo último, si amas a Edward, Lyla y Rose, con esta parte los amaras más aún. Ya, no digo más. Besos y cuídate.
Yolo: Creo que voy a quedar encalillada con muchas manicures jajajajaja. Creo que el estrés fue por las puras porque todo lo malo ya pasó. Cuídate y nos leemos.
Ahora, sin nada más que decir y deseándoles una buena semana, me despido. Cuídense.
Babi_Cullen
