- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer:Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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A las siete de la mañana Edward ya estaba despierto y casi listo para salir del hotel hacia la primera reunión donde les explicarían todo del torneo, los premios a disputar y un sinfín de cosas más. Además más tarde tenía una reunión con un nuevo auspiciador y una sesión de fotos para una página en internet de deportistas.

Pero Lyla aún estaba profundamente dormida y parecía no tener intenciones de levantarse. Durante la noche se había removido bastante y parecía que no había dormido muy bien, su sueño no había sido del todo reparador.

El cobrizo se acercó lentamente hasta ella y comenzó a llamarla dulcemente a la vez que le daba pequeños besos en las mejillas y frente. No quería que su niña se despertara alterada o enojada, por eso es que había decidido no despertarla de manera brusca.

— Manchita, arriba. Es hora de despertar— le repitió una y otra vez al oído a la vez que la besaba en la mejilla y en la cien— Vamos, mira el hermoso día que hay afuera— tomó un mechón de su rubio cabello y lo colocó detrás de su oreja.

Lyla solo se removía en su lugar y trataba de huir de lo que la intentaba despertar. Quería seguir durmiendo pues sus ojitos aún estaban pesados.

Después de un par de minutos intentándolo por fin la pequeña abrió los ojos y se los restregó con sus puños. Estaba cansada, pero pronto recordó dónde estaba y el cansancio se esfumó.

Abrazó fuertemente a su padre y rodeó su cintura con sus piernas para que él no pudiera dejarla en la cama nuevamente. Edward solo sonreía y le acariciaba el cabello con dulzura.

— Pequeña, es hora de que te vistas. Tengo que hacer muchas cosas hoy y tú me acompañarás— le informó y ella, a pesar de quejarse en un principio, asintió y se dedicó a buscar qué era lo que se colocaría en esa fría mañana francesa.

A las nueve, después de estar listos y de desayunar, salieron del hotel hacia el centro deportivo donde se reunirían todos los deportistas junto a los organizadores del campeonato para la primera reunión de esa mañana.

Edward creía que Lyla se sentiría intimidada al ver a la cantidad de personas que habría en el lugar, pero resultó ser todo lo contrario. A ella le encantaba ser el centro de atención tanto de los periodistas como de los deportistas. No era común ver a niños en esos lugares, y menos siendo tan lindos y tiernos como la pequeña manchita de papá.

La pequeña, como rara vez ocurría, se mantuvo quieta todo el tiempo mientras duró la reunión con todos los participantes. Estaba en las piernas de su padre, apoyada en su pecho y jugando con el teléfono o con su tío James, que parecía no prestar mucha atención a lo que pasaba a su alrededor.

— No prestaste ni un poco de atención— lo regañó Edward una vez terminada la reunión mientras salían del gran salón.

— Nah, esas cosas son aburridas y siempre es lo mismo. Competir lo mejor que podamos, sin perjudicar a nadie, los premios casi iguales y las categorías también. Nada nuevo— se justificó mientras le hacía cosquillas a su sobrina adoptiva— Era más entretenido jugar con esta pequeña ¿Cierto?

Lyla asintió y luego lo abrazó con fuerza. Tenía a todo el mundo que la rodeaba comiendo de la palma de su mano y lo sabía.

— Claro, claro… Pero ahora debemos dejar los juegos hasta acá y marcharnos o Yann nos matará.

Se despidieron del rubio y se fueron a buscar al manager del cobrizo para marcharse hacia la siguiente reunión con sus nuevos auspiciadores.

Lyla iba mirando la ciudad y disfrutando de todo a su alrededor. Aún le impresionaba lo hermosa de la ciudad, sus edificios y, por sobre todo…

— ¡Papi, mira! ¿Qué es eso? — gritó apuntando la enorme estructura que estaba a unos cuantos kilómetros de distancia del automóvil donde ellos iban. Edward se asomó por la ventana para ver a que se refería su hija.

— Esa es la torre Eiffel, manchita— le respondió su padre abrazándola con dulzura.

— Es muy grande, papi ¿Podemos ir? — le preguntó con una sonrisa y su padre, como siempre, no pudo negarse a la petición de su hija.

— Esta bien, pero cuando acabe con todo lo que tengo que hacer. Ahí nos tomaremos unos días y recorreremos el lugar.

La niña asintió y aplaudió con alegría a la respuesta de su padre. El manager de su papá también sonrió por la emoción de la pequeña que le hacía recordar a su hija menor.

La siguiente reunión también pasó sin contratiempos y, después de unos cuantos llamados e intentos, Edward era el flamante nuevo rostro de la marca de snowboard Burton. Ellos auspiciarían a Edward con toda su equitación para las competencias y le pagarían cuantiosas cantidades de dinero por ser su principal rostro.

El cobrizo y su manager estaban felices con lo que habían conseguido, mientras que Lyla no comprendía nada y solo miraba con atención a su padre que no dejaba de sonreír y abrazarla con fuerza. Le gustaba ver a su papá de esa forma.

Ahora se encontraban en su última parada ese día para luego ir a comer a algún restaurante y luego a descansar al hotel para concentrarse para la competencia, algo que a Lyla no le causó nada de gracias pues ella quería hacer muchas cosas en esa ciudad.

Edward no solía hacer estas cosas, pero en cuanto le dijeron que era para un calendario deportivo que se vendería y que todo lo que se recaudara sería donado a una fundación de niños y familias de escasos recursos, no se pudo negar. Además que no le incomodaba porque debía viajar de todas maneras a Francia para la competencia.

Se encontraba ya sentado en su silla mientras que la chica le aplicaba un poco de maquillaje en el rostro para bajar el brillo y que no estropeara las fotografías. Miraba atentamente a su hija que no despegaba su mirada de lo que la mujer estaba haciendo y le preguntaba cada una de las cosas que le causaban curiosidad.

En cuanto acabó con su labor la pequeña saltó diciendo que ella también quería que la maquillaran. Eso a su padre no le causó gracias, pero la maquilladora le dijo que no la pintaría demasiado y eso lo calmó.

Lyla se subió a su silla mientras que su padre se iba a tomar las fotografías. El fotógrafo llevaba apurando a todo el mundo un buen rato, por lo que tuvo que irse en cuanto terminaron de arreglarlo.

Después de por lo menos una media hora de fotografías el hombre quedó conforme con unas cuantas y decidió que era momento de dejar libre al joven padre. El cobrizo suspiró audiblemente y se encaminó a ver a su pequeña manchita.

Lyla se encontraba jugando a maquillar a la chica que había preparado a su padre y Edward, al ver lo que estaba haciendo, no pudo evitar sonreír. Su pequeña estaba entretenida haciendo eso y parecía una verdadera maquilladora. Estaba concentrada en su labor.

Se acercó a ella y la abrazó por la espalda haciéndola sobresaltarse y comenzar a reír audiblemente. Luego la tomó en sus brazos y la comenzó a besar en la mejilla y a darle vueltas en el aire.

El día por fin había acabado y estaban listos para irse a descansar al hotel. Aunque no lo parecía, Lyla se había cansado de tanto dar vueltas por la ciudad y solo quería tirarse en algún lugar a dormir. Por eso mismo fue que en cuanto acomodó su cabeza en el hombro de su padre, se quedó profundamente dormida y Edward tuvo que cargarla.

Al llegar al hotel le quitó el abrigo y los zapatos para acomodarla en la cama. Luego el hizo lo mismo y se recostó al lado de su pequeña, cayendo pronto en los brazos de Morfeo.

El día había sido maravilloso y Edward no podía pedir nada más. Estaba cansado después de días de competencia, sí, pero la felicidad por estar con su pequeña manchita en ese lugar hacía que todo dolor y fatiga pasaran a segundo plano. Además no podía evitar sonreír más al recordar el momento en que lo premiaron por su primer lugar y la emoción de su pequeña manchita.

Flash Back

Había sido una bajada espectacular y con una dificultad que nunca antes había intentado, pero tenía que dar el todo por el todo si es que quería ganarle a los competidores con los que se encontraba disputando el primer lugar en esa competencia. Todos eran demasiado buenos y él no quería defraudar a su manchita rompiendo la promesa que le había hecho la noche anterior.

De esta forma fue que decidió hacer sus mejores piruetas y dar un gran espectáculo y, cada vez que llegaba al final de la pista y lograba detenerse, se acercaba al público donde se encontraba su hija acompañada por su manager, esperando a que el acabara con su presentación.

Y lo había logrado. Se había convertido en el flamante ganador de esa competencia con un puntaje pocas veces visto y con el vitoreo de todos los espectadores que alucinaban con lo que él les ofreció.

Todo el mundo lo felicitaba y no dejaban de palmearle la espalda yabrazarlo, pero a él solo le importaba una felicitación. Y esta llegó con una euforia que nunca antes había visto.

Sintió el pequeño cuerpo de su hija chocando contra sus piernas y aferrándose con fuerza a él. Al mirar hacia abajo la vio sonriéndole ampliamente, mostrando sus pequeños y blancos dientecitos.

La cogió en brazos y la besó en la mejilla a la vez que la hacía rebotar una y otra vez. Lyla solo se reía y se alegraba porque su papá le había ganado a todos esos hombres. Su papi era el mejor de todos.

Después de unos minutos fue la premiación de los competidores donde Edward se ubicó en la tarima más alta y recibió con orgullo su medalla. La sonrisa no se borraba de su rostro y no sabía cómo ubicarse pues estaba demasiado ansioso. Incluso creyó que se había pasado un poco con su abrazo hacia el hombre que le colocó su medalla, pero es que no podía evitarlo.

— ¿Qué piensas de esta victoria, Edward? ¿Pensabas que podías lograrlo? — preguntó el periodista que transmitía en vivo la competencia

— La verdad es que estaba bastante difícil porque todos eran muy buenos competidores, pero tenía que cumplirle una promesa a esta pequeña princesita y no podía fallarle— respondió abrazando fuerte a Lyla, acercándola más a su cuerpo, y ella solo se aferró aún más a su cuello.

— ¿Y tú que piensas, pequeña? ¿Estas feliz por el triunfo de tu papá? ¿Pensabas que cumpliría su promesa? — inquirió el chico con una sonrisa hacia la niña

— Por supuesto que sí. Mi papi es el mejor papá del mundo y era obvio que le iba a ganar a todos ellos porque es muy bueno. Los demás no podrían ganarle ni en un chorrón de años— respondió con seguridad y Edward solo pudo negar con una sonrisa. Lyla tomó la medalla de su papi entre sus manos y los elevó en alto— ¡Mami, Noah, ganamos con mi papi! ¡Somos los mejores del mundo!

Edward la abrazó aún más y comenzó a saltar con su pequeña en brazos para celebrar su triunfo.

Fin Flash Back

Después de eso había quedado liberados de toda responsabilidad y ahí estaban, disfrutando de momentos padre e hija.

Ver a Lyla disfrutando de cada una de las atracciones de ese parque de diversiones de Disney lo hacía sentirse maravillosamente bien y no cabía de felicidad. Aunque por dentro su estómago estaba tan revuelto que no sabía cómo aún estaba de pie.

Eres ridículo, Edward Masen. Compites en eventos de snowboard pero no puedes aguantar unas cuantas montañas rusas pensó para sí mismo y se regañaba mentalmente.

Comieron hasta que los dos se hartaron. Seguramente si Rosalie viera la cantidad de azúcar y comida chatarra que había ingerido su hija ese día a Edward le llegaría una buena regañina, pero no estaba y ellos podían hacer lo que quisieran.

— ¿Qué quieres hacer ahora, pequeña pilla?— inquirió el cobrizo con su hija en brazos

— Vamos a la tienda de regalos, papi. Tengo que comprarle un regalo a Kate, a Damián, a Noah, a mis tíos ¡Ah, y a mi mamita! ¡Tengo que comprarle una Elsa!— gritó eufórica y Edward solo sonrió por la emoción de su hija. Tenía que aprovechar eso.

— ¿Ah sí? No sabía que habías trabajado tanto para tener dinero y comprarle regalos a todos— se burló mirándola fijamente y con seriedad.

— No, papi. No seas tontito. Obvio tú me prestaras dinero— rodó los ojos y puso sus manos sobre las mejillas de su papá para que centrara su vista en ella— Papi, juro que algún dia te devolveré todo el dinero que gaste, pero por ahora necesito que seas mi banco personal ¿Cómo es que dice mami?— se quedó pensativa haciendo el mismo gesto de Rosalie cuando se concentraba en algo. Su boca estaba fruncida, su mano estaba empuñada bajo su mentón y solo su dedo índice golpeaba rítmicamente el borde de su mejilla— ¡Ah, sí! Velo como una inversión a largo plazo.

La carcajada de Edward fue sonora y unas cuantas personas se dieron vuelta a mirarlo como ai estuvieran frente a un desquiciado. Incluso au hija lo miraba como si pensara que su padre había enloquecido.

Después de las ocurrencias de su hija se dirigieron hacia el local de recuerdos para comprar un sinfín de cosas.

Después de casi dos horas dando vueltas por el lugar parecía que Edward no daba más del cansancio y llevaba por lo menos unas diez bolsas llenas de peluches, camisetas, sweaters, orejeras, gorros y muchas cosas más. Tal parecía que su hija tenía muchos conocidos a los que regalarle cosas.

Cogieron un taxi que los llevara hacia el hotel para dejar las bolsas y más tarde ir a cenar a algún restaurante cercano.

Lyla iba mirando cada uno de los detalles de la ciudad y parecía que aún le quedaban energías para un buen rato.

Dejaron todo y ya en el restaurante pidieron lo que a cada uno mas le gustaba. Ahora cenaban en completa calma y disfrutaban del momento.

— Sonríe— le pidió Edward enfocándola con su celular. La pequeña princesa de papá no lo dudó ni un segundo y al instante posó para la fotografía que luego su padre subió a instagram y que e un par de segundos tuvo mas me gusta que cualquier otra fotografía de Edward y un comentario muy especial por parte de Rosalie— Mamá y Noah te manda saludos.

— Ya quiero ver a mamá y a mi hermanito. Los extraño, aunque Noah sea baboso y me jale del pelo— admitió llevándose una cucharada de pastel a la boca.

— Ya mañana es nuestro último día acá y veremos a los dos en unas horas— Lyla palideció al instante y miró a su papá con los ojos abiertos de par en par— ¿Qué sucede, manchita?

— ¡No hemos ido a la torre grande!

— ¿Torre grande?— inquirió sin comprender y ella comenzó a explicarle a lo que se refería— ¡Ah, la torre Eiffel!— ella asintió fervientemente y comenzó a comer su pastel con rapidez. Una vez acabó se levantó y cogió su chaqueta para colocársela. Tomó la mano de su papá y, a la rastra, lo trató de sacar del lugar.

Menos mal Edward ya había pagado la cuenta una vez pedidos los postres porque la desesperación de su pequeña no daba para aguantar hasta que pagaran por el servicio y por la propina para la chica que los había atendido.

Corrían por las calles a una velocidad baja para Edward, pero que era lo máximo a lo que podía llegar su pequeña con sus piernecitas. Reía a no poder más por lo seria que iba su hija en ese momento.

Al llegar la pequeña sonrió ampliamente y siguió empujando a su papá para acercarse más a ella. Lo que no sabía era que a esta se podía subir y desde ella ver la inmensidad de la ciudad en la que se encontraban en esos momentos.

Lyla se volteó hacia su padre y le pidió que le tomara muchas fotos en distintas poses. Brazos extendidos, saltando, sonriendo ampliamente, empujándola e incluso se tomaron una selfie que luego le mandaron a Rosalie, quien les respondió al instante con un mensaje de cariño.

Edward guardó su teléfono en el bolsillo de su chaqueta y cogió a su hija en sus brazos para encaminarse hacia la entrada de la torre para hacer todo lo posible y para lograr subir a la segunda planta. Desde ahí tendrían la mejor vista y a su pequeña manchita le encantaría.

Al llegar a ese lugar el joven padre cubrió los ojos de su hija con sus manos y la llevó hasta el puesto donde se quedaría mirando todo. Solo ahí le quitó las manos y no pudo evitar tomarle fotografías al rostro de impresión de su preciosa hija. Su boquita abierta, sus ojos brillantes, sus manitos sobre sus mejillas… Todo.

— ¿Te gusta? — le preguntó abrazándola fuertemente por la espalda y ella asintió, aun impresionada— Me alegra eso, pequeña.

Se quedaron apreciando lo hermoso del paisaje por largos minutos, en completo silencio y solo sintiendo el aire chocando contra sus rostros. Edward aún tenía el rostro adolorido por las quemaduras de frío, pero nada le hacía querer irse al refugio tibio del hotel si podía disfrutar de la felicidad de su hija.

Pronto decidieron que era momento de bajar para poder volver al hotel y descansar. En la mañana tenían que ordenar nuevamente las maletas para viajar en la tarde de regreso a su amado hogar.

— Esta ciudad es hermosa, papi. Mira las luces, la luna… Todo. Me gusta ¿Podemos quedarnos a vivir acá? — preguntó mirando todo a su alrededor, sentada sobre los hombros de su papá.

— ¿En serio quieres eso? — preguntó Edward con una sonrisa en su rostro. Ella asintió y respondió con un alegre sí — ¿Y mamá? ¿Y Noah? ¿Kate? ¿Tus tíos? Ellos no pueden venir para acá.

— ¿Por qué no? — inquirió como si nada. Para ella era muy sencillo. Solo tenían que tomar el avión y llegar a la ciudad, se quedarían en el hotel con ellos y vivirían felices.

— Porque recuerda que mamá está estudiando y papá entrará el otro año, tu estas en clases, Noah extrañaría su casa y su cuarto y no podemos dejar a tus tíos solos o sufrirían mucho ¿Tú quieres que Kate o Damián sufran? — negó horrorizada ante la sola idea de dejarlos solos y no verlos más. Luego el silencio los volvió a embargar

Siguieron caminando en silencio hasta que llegaron a un lugar que Edward anhelaba visitar con su hermosa hija desde que habían deidido que lo acompañaría en el viaje. Incluso se había preparado la tarde anterior y le había pedido a Yan que comprará lo necesario para esto.

— ¿Quieres saber algo de esta ciudad?— Lyla asintió mirando el horizonte y a la ciudad de noche iluminada solo por la luna y las luces de la noche parisina. Veía como un puente se acercaba poco a poco a ellos a medida que su padre avanzaba en su camino. Era un gran puente— Esta es la ciudad de los enamorados. Muchas parejas vienen a comprometerse acá y se juran amor eterno.

Al llegar a la gran estructura se dio cuenta que tenía un sinfín de candados cerrados en sus barandas y eso le llamó la atención ¿Por qué tenía todo eso? ¿Es que acaso lo habían cerrado para que nadie se lanzará al agua? Porque era muy tanto hacerlo para eso porque la gente se podía subir igual y tirarse como lo hacía ella en la piscina de sus bisabuelos.

— Este puente se llama Pont des arts o puente de las artes. Aquí los enamorados vienen y se hacen promesas de amor eterno al cerrar un candado en sus barandas y luego lanzan la llave al río para que ese juramento nunca se rompa— dejó a su pequeña sobre el suelo de la estructura y luego se arrodilló frente a ella. De su bolsillo sacó un pequeño candado con forma de corazón y con sus nombres grabados en la parte trasera— Y yo quiero saber si quieres hacerlo, mi manchita.

— Hagamos nuestra promesa, papi— le sonrió y se lanzó sobre el para apretarlo en un fuente abrazo— Hagamos nuestro juramento de amor eterno — se separó de él y lo miró a los ojos— Yo, Lyla Masen, prometo querer siempre, siempre a mi papi consentidor porque es el mejor papá del mundo— Edward no pudo evitar sonreír en ese mismo instante y sus ojos comenzaron a brillar por la emoción y el orgullo— Ahora tu, papi.

Cogió una de las manitos de su amada princesa y la colocó sobre el candado abierto. Lo ubicó alrededor de uno de los barrotes de la baranda y luego miró a su hija.

— Yo, Edward Masen, prometo amar a mi manchita— le tocó levemente la nariz con la punta de su dedo, haciendo que sonriera— por el resto de mi vida por ser la hija más maravillosa que pude tener.

Juntos cerraron el candado y luego se sonrieron ampliamente. Edward cogió la llave y luego levantó a Lyla del suelo para afirmarla con su brazo izquierdo. Los dos se acercaron hasta el barandal y lanzaron la llave al río, escuchando luego como caía en el agua.

La miró con adoración y, sin esperar más, la besó en la frente con dulzura. Ella se le y le devolvió el gesto pero en la mejilla y luego lo abrazó con fuerza y se aferró a su cuello.

— Tengo que admitir que al principio tenía miedo de venir solos a Paris, mi pequeña— le susurró al oído— Aun tengo miedo de no ser el papá que te mereces, el que necesitas… Pero si sé que no voy a cometer los mismos errores que el mio.

— Tú no te preocupes, papi. Para mi eres perfecto— le besó la mejilla con fuerza y de manera sonora— Siempre vas a ser mi papi héroe que vuela por los aires cuando esquía.

Edward le sonrió con adoración y sus ojos brillaban por la emoción. Amaba a su manchita desde el primer segundo en que la vio en aquel monitor hace cinco años, no había duda, pero ese amor se acrecentaba cada día más.

Los dos se habían jurado amor eterno en una iluminada noche parisina y en ese puente tan especial para los enamorados. Eso era hermoso y, de seguro, nunca lo olvidarían.

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Hola a todos y todas ¿Cómo están? Aquí les traigo el capítulo de esta semana¿Les gustó? ¿Lo odiaron? ¿Qué piensan de Lyla y Edward? ¿Qué tal el viaje a París? ¿Y el juramento de amor? En lo personal, lo amo. Espero para saber que piensan.

Como todas las semanas le agradezco a mi amiga Jennifer, quien me ayuda cuando me quedo bloqueada, y a Sandra, que siempre está para darme ideas. Además les agradezco a:

Lindys Ortiz: bienvenida a la historia. Espero que sea de tu agrado. Nos leemos.

Aru1313: Tranquila, no desesperes. Edward no puede estar enojado de por vida ¿O si? A mi también me gustan los momentos en familia de esta historia, son tan hermosos. Besos y saludos.

Betk Grandchester: bienvenida. Espero que la historia te siga gustando. Besos y nos leemos.

Yolo: Hola. Pues creo que no hay tanto drama, lo siento. Pero aún te debo las manicuras jajjajaj. Se que los que están más jóvenes, que son Alice y Javier, es rara que tengan hijos, pero estamos en una sociedad cambiante (¿) bueno, creo que esta bien así. Cuídate y nos leemos.

Ahora, sin nada más que decir y deseándoles una buena semana, me despido. Cuídense.