- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer:Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Sin lugar a dudas los días en París habían sido los mejores para padre e hija a pesar de pasar la mayor parte del tiempo ocupados en competencias y reuniones, pero el volver a casa los había llenado de más felicidad que en todos esos días.

Lyla había extrañado demasiado a su madre y la abrazó con fuerza en cuanto se vieron en el aeropuerto. Después de eso no se habían separado por nada del mundo a pesar que Edward también quería a su amada rubia, pero había quedado completamente en segundo plano y sólo llegada la noche pudo disfrutar de su novia.

Desde ese día las cosas ya habían regresado a la normalidad y tanto Lyla como su papá habían vuelto a sus rutinas.

La pequeña Barbie había regresado a clases a pesar que no le gustaba demasiado eso y le hubiese agradado más nunca regresar. Pero en cuanto se juntó con sus amigas todo malestar desapareció.

Lamentablemente, desde que Edward había regresado, la joven pareja no había tenido tantas oportunidades para poder pasar un tiempo a solas y sus hijos ocupaban completamente su tiempo si es que no lo hacían los estudios de danza, por parte de Rosalie, o las competencias o entrenamientos, por parte de Edward. Pero eso lo habían notado Jasper y Alice, quienes vivían cerca de la casa de la pareja por los estudios, y decidieron que les ayudarían para que pudieran pasar un tiempo a solas.

Edward había reservado una mesa en un restaurante de comida italiana que Rosalie adoraba. Éste tenía grandes ventanales que daban hacia la oscura noche de la ciudad, pero que quedaba perfectamente iluminada por la luz de la luna y los faroles de la calle; mesa que estaba alejada del resto y que les daba la privacidad que ambos querían y necesitaban.

La cena había estado espectacular, no podían negarlo. Todo había estado perfecto, la carne en su punto, el vino maravilloso y suave, el postre dulce y la atención del mesero los había hecho sentirse a gusto. Sin lugar a dudas una velada agradable para los dos jóvenes.

Pero todo había acabado en cuanto recibieron esa maldita llamada de parte de Jasper pidiéndoles que volvieran temprano esa noche. Había arruinado todos los planes del cobrizo de llevar a Rose al cine o a alguna otra parte después de la cena. Pero poco le importó al saber el porqué de la llamada.

— ¿Cómo está?— inquirió Rosalie con ansiedad en cuanto su hermano le abrió la puerta. Éste se veía nervioso.

— Aún tiene fiebre, pero con los paños mojados parece haber descendido un poco— respondió dejándola pasar y tomando el abrigo que le tendía para colgarlo en el perchero. Luego la vio desaparecer por el pasillo hacia la habitación.

Edward se acercó con más calma hacia su cuñado y lo saludó. Luego comenzó a interrogarlo a la vez que se encaminaban a la habitación donde estaba el pequeño Noah.

Al interior de esta se encontraban Alice y Rosalie sentadas una a cada lado del pequeño bebé que yacía recostado sobre su espalda solo con un pañal y calcetas puestas y con varios paños mojados colocados en su cuerpo. Alice le contaba todo sobre los síntomas y como había estado en estas horas a la rubia, además de decirle que ya había llamado a Carlisle— que fue a quien primero se les ocurrió contactar— para preguntarle qué hacer y él los había guiado.

— Gracias por su ayuda— les agradeció Edward acercándose a su hijo. Alice se levantó de su puesto y se fue a un costado de Jasper— Hey, pequeño ¿Qué pasó?

Le acariciaba la panza delicadamente a la vez que le hablaba suavemente tratando de calmar sus quejidos. El calor que irradiaba su pequeño cuerpo calentaba las frías manos del joven padre y eso le preocupaba enormemente. No se suponía que su hijo debiera tener esa temperatura.

— Voy a tomarle la temperatura de nuevo para ver si bajó— le informó Rosalie a Edward y este asintió tomando el termómetro desde el cambiador y tendiéndoselo.

— Nosotros mejor nos vamos ¿Quieren que nos llevemos a Lyla para que no se enferme? — preguntó Jasper abrazado a su mujer.

— Creo que sería lo mejor— respondió Edward mirando a Rosalie, quién asintió— Bien, iré a prepararle un bolso

— No te preocupes, Edward. Yo lo hago— le dijo su prima viendo que él estaba ocupado ayudándole a Rosalie a calmar al pequeño bebé que no dejaba de removerse inquietamente.

La pareja salió de la habitación para dejar a los jóvenes padres con el bebé mientras que ellos se iban a la habitación de Lyla, quien dormía plácidamente ajena a lo que ocurría con su hermanito en su cuarto.

Entraron en el cuarto rosa y en silencio prepararon una mochila con sus cosas como uniforme, zapatos, útiles de aseo y sus cuadernos para el colegio, todo lo necesario para la mañana. Si es que les hacían falta más cosas podían venir a buscarlas más tarde.

Jasper se acercó a la cama de la pequeña y con delicadeza comenzó a despertarla. No quería que Lyla se despertara en su departamento y se asustara por no estar en su cuarto rosa. Ella se quejó un poco, pro luego abrió sus ojos para ver a su tío frente a ella.

Jasper le explicó que se iban a su departamento a dormir a allá porque su hermanito estaba enfermo y no querían que ella se contagiara. La pequeña se veía confundida, pero asintió y le tiró los brazos al rubio para que la cogiera y este así lo hizo.

Alice tomó una manta que estaba a los pies de la cama en forma de castillo y salieron del cuarto para irse a donde Edward y Rosalie para que se despidieran de la pequeña.

Desde el pasillo se escuchaba el llanto del pequeño bebé, que se quejaba por lo mal que se sentía, y a Rosalie y a Edward tratando de calmar su llanto.

Se asomaron un poco y Jasper llamó a su cuñado para que saliera y así evitar que Lyla viera a su hermanito enfermo. Edward captó su idea y salió para hablar con ellos, cerrando la puerta a sus espaldas.

Lyla, en cuanto lo vio, le abrió los brazos y Edward se vio obligado a cogerla. Tampoco es como si no quisiera hacerlo ya que adoraba a su niña y quería tenerla siempre junto a él.

— ¿Cómo está? — preguntó la chica

— Aun con fiebre, pero ya le dimos algo para bajársela— respondió Edward escuetamente y besando la frente de su hija, quien ya había acomodado su cabeza en el hombro de su papá.

— Nosotros ya nos vamos. Solo veníamos a que se despidiera— le explicó el rubio y el cobrizo asintió.

— ¿Así qué te vas con tu tío Jasper? — inquirió Edward y Alice se sintió mal porque no la considerara, pero tampoco podía pedir más si su primo aun no la perdonaba. La pequeña asintió— ¡Qué genial! ¡Te lo vas a pasar muy bien!

— Pero yo quiero quedarme— sollozó aferrándose más a su cuello

— Solo será por esta noche ¿Vale? Te lo prometo— la volvió a besar y ella asintió, separándose lentamente— Te llamo por la mañana para saber cómo dormiste y te prometo que te iré a buscar a la salida de clases ¿Está bien? — volvió a asentir mirándolo con los ojitos aguados por las lágrimas y pasando una mano por el rostro de su papá, quien la besó en la palma.

Jasper cogió a su sobrina desde los brazos de su cuñado y Alice la cubrió con la manta para protegerla del frío de la noche. Le indicaron que no se preocupara por ella y juntos se encaminaron hacia la salida de la casa.

Edward vio como el auto desaparecía desde la casa y luego se adentró para saber cómo seguía su pequeño.

Cuando habían recibido la llamada estaba con más de 39 grados de temperatura, pero ahora solo tenía 38 grados. A pesar que seguía siendo alta por lo menos había descendido.

Pasaron horas tratando de bajar la temperatura del pequeño, que se alimentara o que simplemente descansara, pero Noah estaba demasiado inquieto y no quería nada de nada. Cuando no estaba llorando o quejándose permanecía completamente quieto y solo mirando a sus papás con esos vidriosos ojos producto de la fiebre.

La desesperación llegó a los dos jóvenes padres cuando su pequeño comenzó a vomitar la nada que había en su estómago y lloró con más fuerza de lo que ya habían escuchado. Eso los asustó y decidieron que esta situación no podía seguir así.

Edward preparó el automóvil mientras que Rosalie cogía el bolso y los documentos de su bebé para partir hacia el hospital más cercano a su casa. Tenían que llegar a urgencias y saber qué era lo que le estaba pasando a su bebé.

Daban gracias al cielo que a la hora que salieron de la casa no había ningún automóvil en las calles y eso les facilitaba su andar. A pesar de las ganas que tenía Edward se pasarse las luces rojas, eso era demasiado peligroso y no podía arriesgarse a sufrir un accidente que solo agravaría la situación.

Al llegar al hospital se estacionaron en un lugar cercano a la entrada y se dirigieron hacia la recepción del área de urgencias pediátricas. Ahí había una chica que tecleaba el ingreso de otro paciente y su compañera que terminaba de archivar un documento.

El joven se acercó de inmediato a ella y le explicó lo que estaba ocurriendo, haciendo que la chica le tomara los datos del pequeño al instante y que le avisara a un pediatra para que atendieran al bebé.

Pronto salió una enfermera a llamarlos y los hizo pasar hacia uno de los box de atención. Al principio les había dicho que solo podía pasar uno de los padres, pero al ver la desesperación de los dos decidió darles permiso para que pasaran con el compromiso de no interrumpir.

El doctor los atendió poco después y pronto tuvieron a su pequeño llorando nuevamente producto de los exámenes que le practicaron. Exámenes de sangre, orina, un sinfín de radiografías y demases había hartado al pequeño a más no poder. Y a eso había que sumarle la inserción de una vía intravenosa para hidratarlo y pasarle medicamentos para calmar su malestar.

Siendo ya casi las ocho de la mañana se habían enterado que su pequeño tenía la temida influenza H1N1 o porcina. Era horrible ver a su pequeño en ese estado y por el grado de deshidratación y lo mucho que les había costado bajarle la temperatura habían decidido dejarlo internado para manejar la gripe.

— Es horrible verlo así— lloró Rosalie apoyada en el hombro de su pareja y viendo a su pequeño recostado en esa cuna, conectado a vías y una máquina que controlaba sus signos vitales— No puedo verlo así.

— Tranquila, va a estar bien— trató de calmarla Edward, pero él estaba igual de nervioso por lo que le pasaba a Noah— El doctor dijo que solo lo dejaron pro precaución, pero que va a estar bien.

— Si, lo sé— se limpió las lágrimas— Pero me duele.

Edward volvió a abrazarla y la besó en los labios para calmarla. Sabía que ese gesto podía generar grandes cosas en su amada y una de ellas era bajar su estrés.

Pasados unos minutos decidió ir a comprar algo para desayunar. No habían comido nada desde la noche anterior y sus estómagos ya estaban empezando a exigir alimentos.

Salió hasta la primera planta para salir a buscar algún negocio donde pudiera comprar algún café y sándwiches para comer. O a lo mejor hasta algo más sabroso.

— Buen día. Quiero un latte y un mocaccino con leche descremada y endulzante, un muffin de arándano y otro de chocolate y una porción de fruta picada. Todo para llevar, por favor— le pidió a la vendedora y luego le extendió el dinero a la vez que buscaba su teléfono en el bolsillo de su pantalón. Había comenzado a sonar desde que estaba pidiendo la orden y no se detenía aún— ¿Aló?

Edward, soy yo— lo saludó Jasper desde el otro lado de la línea— Llamaba para saber que tal esta todo ¿Qué les dijeron?

— Hola, Jasper. Bueno, Noah tiene gripe porcina— respondió sin más y haciéndose a un lado para que las demás personas hicieran sus pedidos— Lo van a dejar internado porque les costó mucho poder bajarle la temperatura anoche y estaba deshidratado, así que querían mantenerlo en observación y evitar complicaciones.

— ¿Pero cuánto tiempo estará internado? — inquirió un poco más tranquilo

— No nos dijeron, pero no creo que mucho tiempo ¿Y mi pequeña?— preguntó sentándose en una de las mesas del lugar mientras esperaba a que le dieran su pedido— ¿Cómo se portó anoche? ¿Lloró mucho?

Un poco. Al principio no se quería quedar dormida y lloraba por ustedes, pero luego lo hizo y no volvió a despertarse. Además que le dijimos que hoy llegaría Damián y se calmó— claro que con eso se calmaría si su manchita adoraba a su primo pequeño.

— ¿A si? ¿Quién lo trae? — preguntó el cobrizo con intriga

Tus tíos. Vienen a dejarlo y además a ver en que pueden ayudarles. Carlisle y Esme quedaron muy preocupados ayer cuando los llamamos— Edward se rio. Aun recordaba lo que había pensado de su mejor amigo la noche anterior mientras trataba de alejarse un poco de lo que ocurría a su alrededor ¿Cómo podía ser posible que no supiera manejar a un niño con fiebre si su hijo era el niño más enfermizo del planeta? Eso era algo que tenía que descubrir en algún momento.

La chica que tenía su pedido lo llamó y él, de inmediato, se despidió y cortó la llamada para poder recibir los productos, claro que no sin antes decirle que él iría a buscar a su hija a la escuela. La castaña le tendió su pedido y él, con una sonrisa agradable, lo recibió y salió del lugar con las bolsas y los cafés.

Se pasaron el resto de la mañana tratando de consolar a su pequeño hombrecito que no dejaba de llorar por la incomodidad que le generaba estar conectado a todas esas máquinas y en una cuna de hospital.

Al acercarse la hora de salida de Lyla del colegio Edward comenzó a prepararse para ir a buscarla. Así se lo había prometido a su pequeña la noche anterior y no podía faltar a su promesa.

Se despidió de Rosalie una media hora antes, pero prometió volver cuanto antes para relevarla y que fuera a descansar a casa. Ella lo besó en los labios y le indicó que no se preocupara, que estaría bien.

Llevaba unos cuantos minutos esperando en la salida del gran colegio al que iba su hija, pero sin verla aparecer por la puerta. Se encontraba apoyado en el capó de su automóvil, con sus manos metidas en su chaqueta y tratando de esconderse del frío que hacía.

Pronto vio a su hermosa princesa saliendo con su cabello dorado cogido en una coleta alta y vestida con su uniforme. Venía sonriente y éste gesto se amplió aún más en cuanto vio a su papá esperándola en la puerta. Se echó a correr hacia él hasta que estuvo en sus brazos y sintió los labios suaves de su papá apoyados en sus mejillas.

— ¡Manchita mía, te extrañé! — le dio un par de vueltas en el aire y ella reía

— Yo también, papito— se abrazó a su cuello y aferró sus piernas a su cintura— Anoche no me leíste mi cuento y después me fui donde mis tíos.

— Lo siento, manchita. Prometo que no se volverá a repetir— le juró mientras se dirigía a la puerta trasera del automóvil para sentarla en su alzador

La acomodó en el automóvil y dejó la mochila en su lugar para poder ir luego a su puesto y dirigirse hacia la casa.

Una vez en esta envió a Lyla a que se cambiara de ropa por algo más cómodo mientras él preparaba algo de comer.

Hace un rato había comenzado a sentir una punzada en la cabeza y un calor lo embargaba, pero lo atribuía a la falta de sueño por el desvelo de la noche anterior.

— Papi ¿Puedes prender la calefacción? Me estoy congelando— le rogó su pequeña entrando en la cocina y fingiendo que temblaba de frío.

— ¿Frío? Yo tengo calor. Pero bueno, la encenderé

Se dirigió a la manilla con la que controlaban la calefacción de la casa y la encendió. Reguló la temperatura y volvió a su deber.

Lyla miraba atenta como su padre preparaba el almuerzo de los dos y más tarde le pidió si podía ayudarle. Edward le tendió un cuchillo sin filo y ella comenzó a cortar unas cuantas verduras, aunque más bien parecía que solo las destruía.

Después de comer los dos juntos y lavar lo que habían utilizado, se fueron a dormir una pequeña siesta. El cobrizo acomodó a su hija en su cama de princesas y luego salió de la habitación para dirigirse a la suya.

Desde ahí llamó a Rosalie para saber cómo estaba el pequeño Noah y ella le indicó que estaba mucho mejor. Jasper había ido a acompañarla un rato y a llevarle algo para que comiera.

Luego de acordar que Edward se quedaría con el bebé durante la noche para que ella pudiera descansar y pasar tiempo con Lyla, Edward se acostó y dejó que el sueño lo venciera. A lo mejor, si dormía, esa pesadez que sentía en el cuerpo y el malestar lo dejarían tranquilo.

Cuando volvió a despertar no fue porque así lo quisiera sino que porque sentía que alguien lo llamaba a lo lejos con insistencia. Era la suave voz de su princesita, pero no hablaba con él.

No, tío Jasper. Papá está muy dormido y no quiere despertar y… y parece que tomó una ducha porque esta mojado— le decía a su amigo— Esta bien. Adiós.

Edward medio abrió los ojos para saber que era lo que estaba pasando y divisó a su pequeña parada a un lado de su cama, mirándolo con atención y con su teléfono celular en las manos ¿Qué hacia ella con eso?

— Hola, papi. Que bueno que despertaste— le sonrió ampliamente y él intentó hacer lo mismo, pero unas ganas incontrolables de vomitar lo embargaron y tuvo que salir corriendo en dirección al baño para no armar ese horrible espectáculo frente a su hija.

Maldición espetó después de terminar con su labor y tirar la cadena. Con cuidado se puso de pie y se enjuagó la boca en el lavabo. Luego volvió a su cuarto y se dejó caer en su cama, donde Lyla lo esperaba sentada a lo indio mientras miraba la televisión.

— ¿Te sientes bien, papi? — le preguntó a la vez que veía como su papá se acurrucaba en la cama. Gateó hasta su lado y le tocó la frente— Estas calentito, papito.

— Creo que estoy enfermo, manchita— le respondió

— ¿Cómo mi hermanito? — Edward asintió levemente y se arrepintió al instante al notar como su cabeza retumbaba— Pobre papi. Yo te cuidaré, lo prometo.

La pequeña se tiró sobre el abdomen de su padre y lo abrazó fuertemente. Ese gesto hizo que la cabeza de Edward volviera a dolerle, pero no podía dañar a su niña diciéndole que no lo hiciera.

Se quedaron en esa misma posición por largo rato. A Lyla le gustaba recostarse sobre su papá para ver televisión y Edward… Él estaba demasiado débil como para siquiera intentar moverse un poco y menos podría quitar a su hija de su cuerpo.

Solo el timbre de la casa sonando hizo que la pequeña se bajara de él para salir corriendo a ver de quien se trataba. Su padre trató de evitarlo, pero era demasiado tarde. No le quedó de otra que levantarse para ver quién era el visitante que llegaba a su casa.

— Vaya, te ves terrible— comentó Jasper al verlo llegar al pasillo— ¿Cómo te sientes? — lo abrazó y sintió el calor que irradiaba su cuerpo

— Horrible, como si me hubiesen apaleado y mi estómago no deja de darme vueltas— respondió tratando de devolverle el gesto

— ¡Estas ardiendo!— exclamó Alice tocándole la frente a su primo— ¿Tienes algún termómetro?

— En el botiquín del baño principal— le indicó

— Iré a buscarlo. Ven, cariño, acompáñame— le pidió la castaña a su sobrina mientras le tendía la mano. La niña la aceptó gustosa y las dos salieron del lugar

— Ven, volvamos a tu cuarto— le indicó Jasper a su cuñado a la vez que pasaba uno de los brazos de éste por sus hombros.

Una vez estuvieron ahí le ayudó a recostarse de nuevo en la cama y colocarse cómodo. Edward se sentía realmente mal y no tenía fuerzas para nada.

— Jasper…— llamó a su amigo y este lo miró— Dame el basurero

El rubio corrió a coger lo que su amigo le había pedido y se lo tendió. Edward comenzó a devolver al instante lo poco que ya quedaba en su organismo.

Alice llegó justo cuando Edward le devolvía el recipiente a su novio y suspiró audiblemente. Edward estaba mal y esperaba que no tuviera lo mismo que su sobrino.

— Aquí está el termómetro— le tendió el aparato al cobrizo y este lo colocó bajo su brazo, afirmándolo contra su torso—. Lyla quedó jugando en su cuarto.

— ¿Por qué no me llamaste en cuanto empezaste a sentirte mal? — inquirió Jasper con los brazos cruzados mientras esperaba a que el aparato hiciera su trabajo

— No me sentía tan mal hace un rato— respondió pasando una mano por su cabello. Se detuvo en sus ojos y los cubrió de la luz— Al principio solo era un pequeño malestar. Después de dormir me sentí peor.

— Pues eres un idiota— comentó el rubio

— Y tú te pareces a mi abuela regañándome de esa forma— se defendió su amigo, haciendo que Alice se riera. Era verdad que su abuela podía ser muy molestosa cuando de la salud se trataba, así como su padre y todos los que estaban un poco relacionados con el área de medicina en su familia.

El aparato comenzó a pitar y la chica se acercó para cogerlo antes que su primo. Lo miró y su rostro de asombro los alertó a los dos.

— De verdad estas ardiendo, primo— exclamó mostrándole el aparato a su novio y este a su amigo

— Por eso me siento tan mal y soñoliento

El objeto mostraba una temperatura de más de cuarenta grados y eso no era para nada normal.

Sin esperar nada más Jasper destapó a su amigo y lo tomó por el brazo para arrastrarlo fuera de la cama mientras le indicaba que se iban ahora mismo al hospital. Esa temperatura era demasiado alta como para que fuera solo un simple resfrío y debía verlo un médico.

Después de horas metido en urgencias y haber sido sometido a un sinfín de exámenes, procedimientos y revisiones, Edward esperaba los resultados de estos con Rosalie a su lado. Jasper se había marchado a cuidar a Noah en reemplazo de su hermana mientras esperaban a que les dijeran el diagnóstico definitivo del cobrizo.

El médico entró en ese instante para confirmar lo que sospechaban: Edward también se había enfermado con la gripe AH1N1 y estaba pasando por la etapa más crítica.

Solo por precaución habían decidido dejarlo internado. Además que debían rehidratarlo y evitar que siguiera vomitando como lo había hecho desde que despertó en su habitación hace unas horas atrás y bajarle la temperatura tan alta y que había resultado ser una rebelde sin causa.

— ¡No se vale! ¿Por qué a ti no te dio? — reclamó el cobrizo mirando la vía intravenosa que ahora estaba pegada a su mano izquierda.

— Simple, mi amor, soy mucho más fuerte que tú— sonrió Rosalie. Sabía que eso lo haría enojar un poco, pero también quería ver una sonrisa en ese pálido rostro.

— ¡Ja, más fuerte! ¡No me hagas reír!

— ¿Quieres probarlo? — le preguntó la rubia mostrándole sus puños levantados

— Claro que no. Sé lo débil que... ¡Ah, me dolió! — se quejó cuando sintió el puño golpeándolo en el brazo con tal fuerza que sentía que cientos de hormigas caminaban por él.

— ¿Sigues pensando que no soy fuerte? — inquirió Rosalie con una ceja alzada

— ¡No puedes golpear a un enfermo! ¡Eso va contra las leyes, la moral, las buenas costumbres, la ley de Dios, el vaticano, Mahoma! ¡Todo! ¡Llamaré a una enfermera y te acusaré!

— ¡Ay, Edward, que infantil eres! — bufó la rubia volviendo a sentarse en su asiento— Bueno, ahora tengo a mis dos hombres internados ¿Qué vamos a hacer?

— Sencillo. Te vas a ir con Noah, yo puedo estar solo acá

La rubia quiso refutarle, pero Edward parecía realmente convencido en lo que decía y no había nada que lo hiciera cambiar de opinión. Ahora solo le quedaría aceptar lo que le había dicho e irse a donde su hijo. Lo bueno era que por lo menos su hermano vendría a ayudarle mientras Alice se quedaba con los niños y los tíos de su amado llegarían pronto a la ciudad y ellos les ayudarían también.

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Hola a todo el mundo ¿Cómo están? Como cada semana les he traído un nuevo capítulo de esta historia que, sin lugar a duda, amo demasiado y que adoro leerla cada vez que tengo que subirles actualización ¿Qué les pareció?¿Les gustó? ¿Lo odiaron? Nuestro Eddie y Noah están enfermitos con la porcina ¿Alguien la tuvo? Yo no, pero me dijeron que es horrible y que de verdad te sientes muy mal ¿Cómo creen que se lo tomará Edward? ¿Será un buen paciente o les dará quebraderos de cabeza? Me gustaría saber qué es lo que piensan.

Como todas las semanas le agradezco a mi amiga Jennifer, quien me ayuda cuando me quedo bloqueada, y a Sandra, que siempre está para darme ideas. Además les agradezco a:

Aru1313: Hola. Que bueno que el capítulo haya sido de tu agrado. Creo que para mí también es uno de mis favoritos, pero puede que para más adelante igual cambies de opinión ¿O no? También me gusta saber que adoras la historia. Cuídate y nos leemos.

Eli mMsen: Lo primero es decirte bienvenida a la historia y que espero seguir viéndote por estos lados. Sí, la historia es un poco diferente a lo que siempre se ve por fanfiction, pero creo que ninguna de mis historias sigue los patrones comúnmente utilizados. Te invito a que des una vuelta por ellas, no te arrepentirás. Cuídate y nos leemos.

Adriu: Hola. Sí, la relación de esos dos es hermosa y creo que es la mejor relación que he hecho en una historia considerando que no hay una referencia para describirla. Lyla es un amor de niña cuando quiere serlo, pero también vamos a conocer facetas que realmente dan ganas de estrangularla. Cuídate y nos leemos.

Yolo: Hola, estoy bien ¿Y tú? No tienes nada que agradecer, de verdad. Adoro escribir, es mi terapia de relajación, y adoro mucho más leer que les alegro el día o que adoran la historia. Ese capítulo es uno de los tiernos de la historia, así que debes esperar más para adelante. ¿Competencias? Creo que si habrá una más por ahí. Cuidate y nos leemos.

Ahora, saliéndonos un poco de la historia, tengo que informarles algo. Desde esta semana he regresado a la universidad y puede que a veces me cueste un poco subirles el capítulo a tiempo, pero no desesperen que por nada del mundo la voy a abandonar y si o si subiré el capítulo aunque sea en la tarde cuando despierte de mi coma inducido por cansancio jajajaja.

Ahora sí, sin nada más que decir y deseándoles una buena semana, me despido. Cuídense.