- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer:Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Tres días habían pasado en los que Edward y Noah se encontraban hospitalizados y parecían no mejorar para nada. Bueno, al menos no Edward.

Desde que lo habían internado esa tarde que el cobrizo no dejaba de escaparse hasta el piso donde se encontraba su hijo para saber cómo estaba y se quedaba ahí hasta que llegaba Rosalie o alguna de las enfermeras a sacarlo y regresarlo a su cuarto. Algunas veces esa labor tan ardua le tocaba a Carlisle o a Esme, quienes habían llegado esa misma noche del día en que lo habían internado y no se marcharon para ayudarles, además que así le informaban a la familia sobre el estado de los dos pacientes.

Edward Cullen había resultado ser un paciente muy difícil de manejar y se estaba convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza para algunas enfermeras, pero otras chicas del piso lo adoraban pues no encontraban nada más tierno que un padre preocupado de esa manera por su pequeño hijo, y también tenía su encanto pues era guapísimo.

Aunque esta vez ya había sido demasiado y hasta Rosalie se había hartado. Había llegado al área de pediatría volando en temperatura y tan pálido que parecía una sábana de las que colocaban en su cama o un fantasma. Casi se había caído de espalda cuando lo vio en esa forma, pero luego se le fue un poco la molestia cuando lo vio hablándole de manera tan dulce a su pequeño hijo, tratando de calmarlo y afirmando un paño húmedo sobre su frente para bajarle la temperatura.

Ahora lo seguía por el pasillo completamente en calma, pero por dentro quería matarlo y hacerlo picadillos. Además le quitaba tiempo para acompañar a su pequeño y preocuparse por él.

Las enfermeras y médicos no hacían más que quejarse por su comportamiento y es que todo lo que lograban hacer por su salud se iba al suelo por su actitud despreocupada. Al pasar frente a la estación de enfermeras y médicos todos movieron la cabeza en forma de demostrar su malestar o lo miraban de mala manera. Algunas se reían de su actitud pues le daba un toque de diversión al día.

La pareja se adentró en el cuarto en completo silencio y Rosalie al instante lo mandó a acostarse.

Una enfermera entró luego de ellos para acomodar el suero en su lugar y tomarle las constantes. Estaba con fiebre de nuevo y las náuseas y vómitos habían regresado.

— Mas te vale que no te escapes esta vez, Edward, o te juro que cambiare a Noah de hospital solo para que no lo vuelvas a hacer— lo riñó la rubia sentándose en una silla plástica a un lado de la cama. Había estado todo este tiempo ayudándole con la palangana para que pudiera devolver lo poco que había ingerido durante esa mañana— Cielo, entiende que es por tu bien. Los doctores ya están pensando en darle de alta a nuestro bebé y tú aun estas casi como llegaste. Me preocupa que aún no estés mejorando.

— Pero si yo estoy bien. Me siento bien, lo juro. Solo quiero saber que mi hijo está bien— se defendió el cobrizo; pero la tos, su pecho retumbando como truenos y el rugido de su estómago por los movimientos espasmódicos que lo aquejaban, lo delataron.

— ¿En serio?— inquirió Rose con una ceja alzada

— Si, lo juro. Nunca me he sentido mejor

— ¡Ay Edward! Mírate nada más como estas, por favor. En tus ojos se nota que estas con fiebre, has vomitado hasta tu primera papilla, apenas comes y tu pecho no piensa igual que tú. Yo misma te amarraré a esa cama si vuelves a salir, ya me escuchaste.

— No

— Si, Edward.

— No. No puedes obligarme— refutó con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre su pecho. Parecía un niño pequeño.

— ¿Ah no? Pues bien, pediré el traslado de Noah en este mismo instante— se levantó de su puesto y se dispuso a salir

— No lo harías— la retó, pero se notaba angustiado.

— Pues no creo que quieras probarme— contestó con las manos en la cadera y mirándolo atentamente.

—Uhm, en otras circunstancia y por otras cosas si— insinuó elevando las cejas con picardía y con esa sonrisa torcida que tanto amaba la rubia— Pero no en este momento— Rosalie solo rodo los ojos y suspiró con resignación.

En ese instante tocaron a la puerta y los dos desviaron la mirada hacia esta.

— ¡Adelante!

La puerta se abrió y por ella entró una de las enfermeras que estaba en la estación cuando llegaron a la planta. Ella venía con una bandeja metálica con implementos en sus manos.

— Muy bien mi paciente escapista. Es hora de sus medicamentos, así que dese la vuelta y relájese.

— ¿Qué? ¿Para qué?— inquirió Edward con miedo en su rostro. Rosalie se reía de su cara.

— Pues para su medicina. Ya, no me haga el trabajo más difícil y haga caso a lo que le pido que otros pacientes me están esperando.

— No, mi trasero es mío y tiene una vía para darme el medicamento. Inyéctelo ahí.

— ¡Quien te manda! Tómalo como un castigo. Inyéctelo, enfermera.

— No, olvídenlo. Nadie pinchara mi hermoso y trabajado trasero que tanto me ha costado tener— ambas mujeres suspiraron y rodaron los ojos

— Pues tenemos dos opciones. Utilizamos otra vía o llamó refuerzos— comentó la enfermera un poco fuera de sus casillas.

— Otra vía, por favor. Prefiero la otra vía

— Bien, iré a buscarlo pero que conste que usted lo eligió

La enfermera cogió la bandeja y salió del cuarto dejando a la pareja sola nuevamente.

Edward se veía más aliviado y se había vuelto a acomodar en la camilla. Rosalie se reía y volvió a su puesto en la silla.

— ¿De qué te ríes?— inquirió Edward con el ceño fruncido.

— Te vas a arrepentir de lo que elegiste— se burló la rubia, dejando más confundido a su novio

— ¿Qué tanto me va a hacer una vía más o una vía menos?

— No se refería a otra vía venosa, tontito. Se refería a otra forma farmacéutica, otro medicamento— se volvió a reír pero él no comprendía.

La puerta del cuarto se volvió a abrir y por esta entro la enfermera que ahora venía con otra bandeja desde la que sobresalía un frasco y unos guantes.

Dejó el aparato sobre una mesilla y se lavó las manos con el jabón gel que salía del dispensador colocado en la pared.

— Muy bien, ya regresé. Ahora colóquese de lado y flexione la pierna de arriba hacia su pecho— le pidió colocándose los guantes y tomando un pequeño sobre blanco con forma cónica alargada muy familiar y que recordaba a la perfección de su infancia.

Edward palideció al instante al identificar de qué se trataba y comenzó a temblar de nerviosismo. Rosalie no podía dejar de reír por lo divertida de la situación.

— Adiós amor. Voy a ver a Noah para hablar con el doctor.

— No Rose, no te vayas. No me dejes solo con esta loca y esa... Cosa.

—Edward, no es para tanto— se burló la rubia— Adiós, bebé— se agachó hasta su frente y lo besó con dulzura antes de salir del cuarto.

— ¡Rose, no te vayas!

Desde afuera escuchaba los reclamos de su amado y no podía evitar reírse. El solo se lo había buscado y, aunque a ella tampoco le hacían gracia ese tipo de medicamentos, con la fiebre y los vómitos que tenía Edward en esos momentos era lo mejor que le podían dar. Si resultaba con sus pequeños cuando estaban así tenía que servir con él también.

Se dirigió con calma hasta el área de pediatría donde estaba su pequeño principito. Deseaba con ansias verlo y solo quería tenerlo en sus brazos y ver esa hermosa sonrisita con dos dientes que tanto amaba.

Al llegar saludó a las enfermeras y médicos y se adentró en el cuarto de su bebé.

Estaba durmiendo en su cunita ya libre de las vías, cables y maquinas a los que lo habían mantenido conectado los días anteriores cuando su condición no era la mejor.

— Hola, hola— saludó a Carlisle y a Esme que estaban a cada lado de la camilla. Ella acariciaba el cabello del pequeño y el miraba la televisión mientras tenía una de las manos apoyadas en el pecho de su hijo. Era como si controlara su respiración de esa forma.

— Hola ¿Cómo esta Edward? ¿Se quedó más tranquilo?— preguntó Esme con una sonrisa y Rosalie le respondió de la misma manera al recordar lo que debía estar viviendo su amado.

— Si, mucho más tranquilo. Estaba con fiebre pero ya le iban a dar algo para bajársela — les contó aun sonriendo.

Se sentó en la orilla de la camilla y miró a su hijo durmiendo plácidamente. Amaba esa boquita fruncida, sus ojitos rasgados y su piel blanca y al conjugarlo con la paz que irradiaba la hacía sentirse más tranquila.

Se quedó conversando con los tíos de Edward por largo rato. Apenas habían tenido tiempo en estos días para conversar y al fin, después de tanto caos, podían ponerse al día con las noticias de la familia.

También aprovechó de llamar a su hermano para saber cómo estaba su pequeña maravilla. A penas la había visto en estos días al estar casi todo el día en el hospital y agradecía que su hermano estuviera cerca para ayudarle a cuidarla.

El pediatra de Noah pasó una hora después y llegó con excelentes noticas para todos. El sistema del pequeño había reaccionado favorablemente al tratamiento y ahora estaba listo para poder irse a la casa. Por fin, después de casi una semana a base de medicamentos y oxígeno, su pequeño podría irse a casa.

— Gracias. Gracias por todo lo que hizo por mi hijo— lo abrazo con fuerza y el médico le devolvió el gesto.

— No tiene que dar las gracias. Es nuestra labor y créame que su hijo hizo gran parte del trabajo— le respondió con una sonrisa— Mañana firmaré los papeles y se lo podrá llevar a casa y regresará a control en una semana más.

La chica rubia asintió y se limpió las lágrimas que había derramado de pura felicidad.

Esme se levantó de su puesto y abrazo a la chica para que llorara con calma. Ella también había vivido muchas veces eso y sabía lo que debía estar sintiendo.

Después de un par de horas en el cuarto de su hijo y de jugar con él estaba tranquila al saber que su pequeño sería dado de alta a la mañana siguiente. Se sentía mucho mejor al saber que por fin se lo llevaría a casa y lo tendría durmiendo en su cuna.

Caminaba mucho más animada y con una sonrisa en su rostro que la iluminaba por completo. Ahora sólo quedaba esperar que a su amor le dieran el alta.

Entró a la habitación desde la que había salido hace una hora, huyendo de la vergüenza que pasaría su amado.

Éste estaba recostado en la camilla, con su espalda bien apegada al respaldar y mirando atentamente la pantalla de la televisión.

— Hola mi vida. Te traigo buenas noticias.

El cobrizo ni siquiera la miraba o le prestaba atención. Estaba enfurruñado y no quería nada de nadie. Rosalie se acercó a la camilla y se agachó para darle un beso en la frente, pero él se alejó antes de que lo lograra.

— ¿Qué pasa?

— ¿Y todavía lo preguntas? ¡Me dejaste solo mientras esa loca abusaba de mí! — exclamó

— Amor, no es para tanto.

— ¿Ah no? ¿Hace cuánto no te ponen uno de esos?— inquirió molesto

— Hace tiempo. Desde que era una niña. Pero son tan pequeñas que apenas si molestan cuando ingresa y creo que hasta nuestros hijos hacen menos escándalo

— Recuérdame prohibirte volver a usar eso en nuestros hijos. No quiero un trauma en sus pequeñas mentecitas

— Ay, Edward. Tan exagerado— se burló de él— Además que tú te lo buscaste por no dejar que te inyectaran— el solo refunfuñó por lo bajo y no le prestó atención— Bueno, pero no vine a hablar de eso. Venía a contarte que a Noah le van a dar el alta mañana. El pediatra dice que está mejor y que no es necesario que esté internado.

— Eso es excelente— sonrió por primera vez desde su impase— Es una excelente noticia.

— Si, ahora solo nos queda esperar que tú mejores y nos podamos ir a casa— se levantó de su puesto y fue a colocarse al lado de su novio para abrazarlo.

Edward se hizo a un lado en la cama, dejándole un espacio para que se recostara con él. A pesar de que lo había abandonado en aquel momento, la amaba y la quería a su lado para que lo reconfortara cuando se sintiera mal. Amaba a su rubia.

— Te amo, mi vida— Rosalie le besó la frente y luego acarició su cabello

— Yo también te amo, mi rubia— le devolvió el gesto y luego los dos se acomodaron en la cama para ver una película.

Edward pronto se durmió por el efecto de los medicamentos y porque su cuerpo se lo pedía. Rosalie sonrió y se acomodó para hacer lo mismo. Se amaban y se necesitaban el uno al otro.

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Hola a todo el mundo ¿Cómo están? Aquí está el capítulo de esta semana ¿Qué les pareció?¿Les gustó? ¿Lo odiaron? ¿Qué les pareció la situación de Edward? Me gustaría saber qué es lo que piensan.

Como todas las semanas le agradezco a mi amiga Jennifer, quien me ayuda cuando me quedo bloqueada, y a Sandra, que siempre está para darme ideas. Además les agradezco a:

Aru1313: Si, estaban enfermitos y eso nunca es lindo de ver, pero ya tan mejor. Que genial lo de tus vacacione de invierno, debes haberlas disfrutado demasiado. Yo también adoro los gestos de Lyla hacia su padre, son tan tiernos, y creo que esos dos son más que cómplices en todo. Edward consiente a su manchita. La verdad no sé si cambiarás de opinión, pero si van a venir escenas cuchis que también te gustarán. Cuídate y nos leemos.

poubelles: muchas gracias por agregar a favoritos. Espero que la historia te siga gustando y tenerte por acá. Cuídate y saludos.

victoriav.1234: muchas gracias por seguir la historia. Ojala te siga gustando y me dejes saber que piensas. Cuídate y nos leemos.

Ahora sí, sin nada más que decir y deseándoles una buena semana, me despido. Cuídense.