Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía.

Advertencia:Ligero Ooc y AU.

Liberty

Francia. 1789

Kagome escuchaba el clamor de las voces, el zumbar de todas las almas en un solo momento. La gente se había lanzado a las calles, a imponerse contra el régimen monárquico de Luis XVI.

Banderas francesas ondeaban en la calle. Respiro profundamente, llenándose del olor: sudor, pólvora y gritos.

—¡Vamos!

Ella no era francesa, su padre era un comerciante, pero demasiado tiempo en piso francés la llenaba del espíritu de la libertad. Se adelanto con la muchedumbre, que agitaban sus manos y corrían con armas clandestinas. Todas dirigidas hacia la Bastilla.

—¡Chica! ¡Chica!—resonó la voz en sus oídos. Dirigió su mirada al viejo y pequeño hombre que la miraba con diversión—¿No eres demasiado joven para estar aquí?

Sonrió, limpiando el sudor de su frente con la camisa blanca. Se miro a si misma, ella no era una joven dama, femenina y subyugada. No, ella ansiaba la libertad como el zumbar de todas las almas congregadas.

—¿Me ve muy joven, señor?—exclamo divertida, en francés—Para la libertad nunca hay edad.

El hombre negó su cabeza, hizo una venia y siguió por las adoquinadas calles. Ella se unió por las calles, escuchando y viviendo.

—Realmente eres joven, niña—gruño una voz en sus oídos.

Kagome respingo y salto, la voz del hombre era grave y barítona. Con un hormigueo observo hacia atrás, un joven alto y demasiado atractivo la miraba con la ceja encarnada. Sus ojos brillantes y dorados la dejaron sin aliento.

—No soy tan joven, monsieur—ella se espigo—Soy bastante mayor.

El hombre se quedo mirándola con curiosidad y frialdad. A su lado la muchedumbre gritaba y corría. Pero ella solo veía sombras, no mas que los ojos dorados y brillantes, como el sol en su tierra natal, se le clavaban en sus pupilas.

De pronto, todo estallo.

La guardia francesa se movilizaba con rapidez, tomando gente y golpeándolos con salvajismo. La respuesta no se hizo esperar, la gente se lanzo con piedras y armas. Kagome se lanzo a la calle, observando los caballos relinchar y pasar con rapidez.

¿Qué demonios haría?

Descolocada, observo un caballo con un gendarme pasar por un grupo, golpeándolos y separándolos. No obstante, se fijo en ella con una sonrisa y se dirigió a ella a toda velocidad.

Una mano salió de la muchedumbre y la lanzo hacia un pecho duro y cálido. Vertiginosamente, corriendo con el extraño que antes había hablado, observo Paris arder.

Se escucharon los gritos de la población, defendiéndose.

—¡Vamos!—la voz del desconocida la estremeció una vez mas. El pecho grande del hombre golpeo con fuerza una puerta de madera, la oscuridad los trago y subieron las escaleras de una construcción abandonada.

Sin ningún reparo, la lanzo a una habitación y cerro la puerta. Las llamas de las calles lamian el rostro perfecto y delicioso del hombre, que observaba agitado las ventanas.

Ese pensamiento la hizo sonrojar.

—¿Cómo te llamas?

El hombre la miro de soslayo, y le sonrió. Por alguna razón ella tuvo un pensamiento: el no solía sonreír con regularidad.

—Seshomaru.

—Kagome—se acerco a el, y le dio la mano. El se quedo mirándola un momento y se la agito.

Ella aspiro una bocanada. Era cálido.

—No deberías estar ahí…Kagome—gruño el.

—Si debía, es…por la libertad.

Seshomaru se quedo observando el rostro iluminado de la chica. El no era un hombre que se percatara de cosas, era a penas preocupado con su entorno. Sin embargo, cuando estuvo en la muchedumbre no pudo evitar oírla, olerla y observarla.

Era preciosa, tenia una cara brillante, madura e inocente. Unos ojos chocolates, que nada tenían que ver con la sociedad europea, pero tan cálidos que le hicieron hormiguear el cuerpo. No entendía que le pasaba, pero ella…le resultaba conocida.

—¿Te conozco?

Ella negó, graciosamente, con los cabellos brillando.

—No, creo que te recordaría—se sonrojo— Esos ojos son difíciles de olvidar.

Seshomaru sonrió. Para el no era indiferente, por primera vez agradecía los genes de su padre.

—Yo tampoco…—el murmullo ronco de Seshomaru hizo que la respiración se agitara.

El avanzo lentamente, hasta que ella se golpeo con la fría y húmeda pared. El, como un gato, se acerco tan rápido como un parpadeo y la acorralo. Sus respiraciones se escuchaban y ella no podía evitar observarlo.

—Eres…hermoso—susurro, sonrojándose.

El sonrió lentamente. Toco suavemente, con una ternura que no sabia que poseía, el rostro de la mujer en frente suyo. De repente, disparos de imágenes, de ella y el lo absorbieron.

—Tu también—murmuro el, acercándose, oliéndola—Kagome…tengo la leve sensación de que te conozco.

Ella se sonrojo, sin atender a los gritos y a la pólvora.

—Yo…yo también.

Seshomaru sintió su corazón latir. Su madre le había dicho que sabia que el estaba destinado a cosas grandes, y que el amor de su vida la reconocería. Lo llevaba en la piel.

Lentamente rozo sus labios. Y eran como un universo, de paz y armonía. Y de placer, mucho placer.

—Eres…deliciosa—exclamo el, en un gemido. Se sentía…

Libre, extrañamente libre.

—Sabes a libertad—susurro ella, en su boca.

No pudieron apartarse, la noche llego y el rumor de las voces no callaban. Pero ellos estaban unidos, en otro mundo, en otra burbuja.

Seshomaru estaba seguro: ella seria su esposa, su mujer, su vida. Y estaba preparado: para conocerla, para luchar por ella.

Su libertad.


Amaterasu97

Estaba viendo algo de Revolución Francesa, y de pronto se me ocurrió para Shooting Star, y algo que no puedo dejar ir es una idea. Así que decidí hacer esta pequeña historia. Así que, señoras, decidí seguirla con historias individuales, pero unidas por un deseo.