- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer:Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
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La gran mayoría de los jóvenes adultos de 23 años, casi 24, no piensan aun en unir sus vidas a la de alguien más. En sus mentes solo está el terminar sus estudios universitarios, trabajar, ganar dinero, viajar y darse los lujos que deseen sin que nadie interrumpa sus deseos. Por eso es que costaba creer que hubiese chicos de que de verdad pensaran en el matrimonio a esa edad.
"Está embarazada de nuevo", "Obvio la familia los obliga" y "Es una locura" eran las frases que tanto la rubia como el cobrizo habían escuchado desde que habían anunciado su matrimonio, pero no era nada de eso lo que los había llevado a tomar esa importante decisión en sus vidas. El amor era lo único que los impulsaba a cometer esa "locura", como le llamaba la gente.
Poco más de dos meses se había tardado en organizar completamente todo lo que un matrimonio requería e incluso más. Eso se debía, en gran parte, a la ayuda que habían recibido de Alice, Bella y Victoria. Las tres mujeres se habían encargado de organizar cada detalle sin escatimar en gastos y pensando hasta en el más mínimo detalle, desde las telas y vajilla que utilizarían en la fiesta hasta el peinado que utilizaría la rubia en el matrimonio. Todo había sido pensado para que resultara excelente.
Los invitados eran demasiados, completamente opuesto a todo lo que había querido el joven novio. Si de él hubiese dependido la cantidad de invitados no habría superado las cincuenta personas, pero las chicas se habían empeñado en invitar hasta a los maestros de la academia de Rosalie y la lista se había agrandado hasta los cien invitados, si es que no eran más.
Es demasiada gente pensó con nerviosismo el chicos de cabellos cobrizos jugando con las colleras en las muñecas de su camisa. Estaba demasiado nervioso y ya no sabía que hacer. Su abuela lo había reñido ya en tres ocasiones por jugar con su cabello, desordenándolo y haciendo que ella tuviera que volver a arreglárselo, así que ahora no se pasaba ni un dedo por este y había decidido buscar otra cosa en que descargar su nerviosismo.
— Estas muy nervioso, Edward— escuchó una voz a sus espaldas y, al voltearse, vio a su manager, a James y a su cuñado. Los tres estaban vestidos con sus trajes formales.
— Para nada…— trató de mentir, pero la sonrisa cómplice de estos lo hizo suspirar— Está bien, si estoy nervioso.
— Tranquilo, cuñadito. Mi hermana no come— le palmeó el hombro— Además que no creo que sea capaz de abandonarte frente al juez y todos los invitados.
— ¿Se supone que eso debe calmarme o colocarme más nervioso? — preguntó apretando sus manos
— Relájate, Edward— le palmeó el hombro Yan, aun con una sonrisa
El chico asintió y suspiró una vez más para calmarse. Esperaba poder lograrlo dentro de poco o sino estaba seguro se desmayaría.
Vio a lo lejos a su hijo en los brazos de su madre. Ella, junto con el resto de la familia e incluso su padre, había viajado para acompañarlo en ese importante momento. Aún no se acercaba a hablarle, pero sabía que tendría que hacerlo en algún minuto, así como con Diego y Alec.
El ministro de fe se acercó hasta ellos y comenzó a hablarles sobre el matrimonio, la decoración y a asegurarse de que realmente estaba seguro de lo que haría. Era parte de su trabajo y no podía fallar.
Pronto la voz chillona de Alice les alertó a todos e indicó que se posicionaran en sus lugares porque la novia estaba en el lugar. Los invitados le hicieron caso y comenzaron a ubicarse en sus puestos, los familiares cerca de los novios con sus pequeños hijos y el resto de los invitados se distribuyeron hacia atrás.
Jasper y James se fueron a colocar a su lado para acompañarlo, además que eran dos de los testigos de su unión con su rubia así como lo eran Victoria y Alice, quienes estaban en el lado de Rosalie.
Una música suave y orquestada comenzó a sonar por el lugar y, al inicio de la larga alfombra color crema, apareció la radiante novia acompañada por su abuelo.
Rosalie venía vestida con un vestido color beige, strapless con encaje en la mitad superior, ajustado al cuerpo y que caía libre hasta un poco más abajo de las rodillas, su espalda se encontraba descubierta y tenía un escote que llegaba justo hasta el final de su espalda. Su cabello se encontraba suelto y solo cogido en el lado izquierdo con una trabilla en forma de flor en el mismo tono del vestido. Sus zapatos color blanco tenían un tacón de diez centímetros, pero eran lo suficientemente cómodos como para permitirle caminar como si estuviera completamente descalza.
Su sonrisa era un accesorio más que se unía al resplandor del collar y del anillo de compromiso que aun llevaba en su mano. No se lo había querido quitar y creía que nunca lo haría.
Su abuelo la cogía de uno de sus brazos y, a paso lento y elegante, la llevaba hasta donde se encontraba el chico que amaba. El anciano no cabía de la emoción y estaba seguro que derramaría pronto las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos al recordar como había hecho lo mismo con su hija años atrás.
— En tus manos estoy dejando uno de mis tesoros más preciados, Edward. Espero que sepas valorarlo y cuidarlo con tu vida. Hazla feliz, muchacho, como lo has hecho hasta ahora— le pidió entregándole la mano de su nieta.
— No se preocupe, señor, que así lo haré— le aseguró tendiéndole la mano y luego abrazándolo con fuerza. Sintió las palmadas del anciano
— Eso espero— le sonrió y luego miró a su nieta— Se feliz con él, cariño. Es un buen muchacho y sé que te valorará bien. Te amo— cogió el rostro de su nieta con dulzura y le besó la mejilla. Rosalie sonrió, pero tenía un nudo en la garganta por aguantar las ganas de llorar.
Edward cogió la mano de su novia y se acercó a su mejilla para besarla. Luego deslizó su rostro hasta que su boca quedó cerca de su oreja.
— Estas preciosa, amada mía— le susurró a la vez que veía como Francesco se sentaba a un lado de su esposa. Rosalie le sonrió y luego los dos se voltearon hacia el ministro.
La ceremonia comenzó con unas palabras del anciano hombre que explicaba las bases del matrimonio, el amor y la importancia del paso que estaban por dar. Pero la verdad es que ninguno de los dos jóvenes prestaba completa atención a lo que él decía, sino que estaban más pendientes de sonreírse y pensar en lo maravilloso de lo que estaban viviendo. Estaban extasiados. Apenas si se había despertado un poco de su ensoñación para firmar los documentos que los declaraba marido y mujer.
— Bueno, si no hay nada que impida esta unión y si los dos se aceptan como pareja y quieren unirse, creo que es momento del intercambio de argollas— les sonrió a los dos y ellos asintieron.
— Oficial, me gustaría saber si pueden subir nuestros hijos— le pidió Edward y el hombre asintió con una sonrisa.
Rosalie llamó a Lyla, quien llegó corriendo desde las piernas de su abuelito Alec hasta donde su mamá y se abrazó a sus piernas. Mientras que Edward se acercó hasta donde su madre y cogió a su pequeño campeón en sus brazos para volver a su puesto.
Todos los presentes miraban con adoración la enternecedora escena y no cabían de la emoción.
— Esta unión no la realizamos solo entre nosotros— comenzó Rosalie y cogió uno de los anillos: el de su amado— Mis hombres amados, mis loquillos de atar, mis dos dolores de cabeza. Ustedes son los que me unen a este mundo día a día, quienes me hacen ver lo lindo de la vida y por qué vale la pena seguir a pesar de todos los imprevistos que se nos puedan cruzar. Porque son mi fuerza, mi energía, mis ganas de seguir adelante— colocó el anillo a su amado y luego cogió la pequeña pulsera de su hijo para colocársela en la mano— El día de hoy me comprometo con ustedes a amarlos, respetarlos y cuidarlos cada día de mi vida mis dos torbellinos, mis huracanes, mis loquitos de patio.
Besó a Edward y luego a su hijo. El pequeño balbuceó fuertemente y luego repitió aquella palabra que la rubia tanto amaba escuchar desde el: mamá. No pudo evitar sonreír.
Los presentes suspiraron por el gesto del bebé y las mujeres estaban al borde del llanto.
Edward le sonrió a su amada con esa sonrisa torcida que tanto adoraba la rubia. Luego se volteó hacia Jasper y tomó el anillo de Rosalie. Después volvió a verla a ella y a su pequeña hija.
— Recuerdo perfectamente aquel momento en que las conocí a las dos, aquel momento en que llenaron por completo mi mundo e hicieron que girara en torno a ustedes como la Tierra lo hace con el Sol. Recuerdo esa primera cita, aquella donde me sentí el hombre más afortunado del planeta la tener a las dos mujeres más hermosas que pueden existir; en ambas estaba lleno de dudas e incertidumbre, pero terminaron siendo momentos que nunca borraré de mi mente— comenzó el cobrizo colocando el anillo en el dedo de su amada— Las dos son tercas, no aceptan nunca un no por respuesta y siempre son un volcán a punto de estallar; pero son mi volcán, mi mundo y mi cable a tierra. Porque son mis personas favoritas y no puedo imaginarme un solo día sin ustedes a mi lado— terminó de colocar el anillo en su dedo y lo besó como hizo con el anillo de compromiso— Porque amo sus locuras, sus bailes, sus preparaciones locas en la cocina y ese momento cada noche cuando me pego a la puerta para escucharlas leyendo un cuento para dormir— cogió la gargantilla de Lyla y la colocó en su cuello. La niña le sonrió— Porque quiero que cada uno de esos momentos siga llenado mi mente, porque quiero pasar cada segundo con ustedes y que sigan siendo mi Sol, es que hoy me comprometo con ustedes a amarlas, respetarlas y juro que nada las dañará. Las amo demasiado, mis rubias, mis soles.
Besó primero la frente de su hija y luego los labios de su amada con pasión. Estaba emocionado y todos esos sentimientos apenas cabían en su pecho.
Para ese momento los más allegados a la joven pareja se encontraban llorando de emoción y las fotografías de los cuatro abrazados y besándose no dejaban de llover. Era una escena demasiado hermosa como para perdérsela.
El juez terminó la ceremonia y todos comenzaron a acercarse para felicitarlos por la unión que habían hecho. Estaban felices del juramento de amor que se habían hecho los cuatro frente a todos ellos y se sentían halagados de ser testigos de su amor.
La fiesta comenzó y todos disfrutaban de lo que había. Cascadas de chocolates para untar fruta y un sinfín de cosas, comida y tragos por montones y muchos camareros que los atendían. Además la música estaba perfecta y alegraba el ambiente para los presentes.
Edward miraba a lo lejos a su hija jugando con sus primos, a su hijo disfrutando con sus tíos y abuelos y a su amada conversando con sus amigas. Estaba feliz y no podía pedir más, pero tenía muchos sentimientos encontrados al ver a sus padres tan cerca y a la vez tan lejos, el mismo sentimiento que sentían ellos pero que el cobrizo no sabía.
Rosalie notó que su novio estaba solo, de pie mirando todo a su alrededor, y que, de la nada, se alejó de todo el mundo para irse a un lugar un poco más apartado de los invitados. No sabía lo que le ocurría, pero lo suponía.
Sabía que la presencia de sus padres le afectaba aun y no solo porque aún se sintiera traicionado a pesar de los años que habían transcurrido sino que también por no ser lo suficientemente fuerte como para superar la situación, pero no sabía a qué nivel.
Se disculpó con su abuela y suegra para salir tras él. Traspasó las puertas que saban hacia el patio trasero del salón de eventos y ahí vio a su novio sentado en la orilla de una de las barandas del balcón que colindaba con el gran salón, con un cigarrillo entre sus dedos y mirando hacia el infinito. Odiaba ese asqueroso vicio, pero Edward no solía hacerlo a menudo. Tan solo recurría a él cuando estaba en su nivel máximo de desesperación.
Se acercó a paso lento para no alterarlo o que se fuera a asustar con su presencia. Él solo la miró de reojo y volvió a darle una calada a su cigarrillo para luego botar el humo lentamente.
— Odio ese vicio en ti— comentó una vez que estuvo a su lado
— Tampoco me fascina, pero me relaja— le respondió mirando el tubo que estaba entre sus dedos para luego llevárselo a la boca— ¿Los niños? — inquirió antes de aspirar una bocanada más de humo.
— Con tu familia— respondió y Edward solo asintió al escuchar esa palabra
Familia, una palabra que significaba tanto pero que aún sentía vacía. A pesar de los años aun le costaba volver a utilizar esa palabra en las personas que se encontraban dentro del salón.
— Amor mío, creo que ya es momento de comenzar a solucionar las cosas. Sé que es difícil, que aun te duele y que te sientes muy traicionado, pero los años pasan y sé que también quieres volver a tener la misma relación de antes con tu madre y Diego. Puede que con tu padre no, pero eso es tema aparte— lo abrazó por la espalda— Anda, por lo menos comienza a intentarlo, será beneficioso para todos.
Edward suspiró y, después de unos segundos pensativo, asintió. Sabía que Rose tenía razón y debía comenzar a perdonar, pero costaba y aun tardaría en hacerlo por completo.
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¡Hello, everybody! ¿Cómo están? Espero que bien y que hayan disfrutado de este hermoso capítulo. Es esta oportunidad de verdad que me gustaría saber qué es lo que piensan pues es uno de los capítulos que adoro de esta historia por la declaración de amor que se hacen los cuatro ¿Se lo esperaban? A mí, simplemente, me encanta. ¿Qué creen que pasará con Edward y su familia? ¿Se irán a arreglar las cosas? Escucho sus teorías.
Bueno, como todas las semanas, me gustaría agradecerle a mi gran amiga Janifer que siempre está para ayudarme cuando me bloqueo, que me sigue apoyando en cada locura que pasa por esta mentecita y que me ha mostrado que la distancia no es impedimento para que una hermosa amistad se mantenga. Además quiero agradecerle a Sandra, quien también me ha ayudado en ciertas ocasiones y que me espera a pesar de mi poco tiempo. También debo agradecerle a cada una de ustedes que se da el tiempo para dejarme un review y que me impulsan a seguir adelante.
- Yolo: Hola, que bueno tenerte de regreso. Estoy bien ¿Y tú? Lo sé, lo sé, es feo cuando la gente se enferma, pero había que poner algo entre esos dos y ¿Qué mejor que un padre preocupado por la salud de su pequeño torbellino? Creo que nada. Es difícil imaginarse a Edward con alguien más que no sea Bella, pero creo que le da su toque y no quedó tan mal después de todo ¿O no? Gracias por leer mis locuras y apoyarme siempre. Cuídate y nos leemos.
- Marisa590: Hola. Muchas gracias por los halagos y por la invitación, pero lamentablemente tendré que declinar. Actualmente, y como varias seguidoras sabrán, estoy estudiando enfermería en la universidad y esta semana ya comienzo mis prácticas clínicas, lo que me quita mucho tiempo y casi no tengo momentos libres para escribir. Incluso tengo varias historias detenidas porque no puedo escribir. Puede que, en las vacaciones, acepte tu oferta y me decida a hacer algo. Cuídate y nos leemos.
- Aru1313: Hola. Creo que si el capítulo anterior te dejó sin palabras este también lo hará jajajaja. Espero que te haya gustado y que me hagas saber que piensas. Cuídate y nos leemos. P.D: no pelees con las demás lectoras jajajaja.
- Adriu: Hola. Si, lo sé, pasaron por mucho drama ¿Pero qué es de la vida sin ella? Jajajaja. Al menos ahora son felices y todo marcha bien. Que genial que te guste el ballet. A mí me gusta, pero solo lo veo jajajaja. Cuídate y nos leemos.
Bueno, creo que ya estamos casi llegando al final de esta historia. Si mis cálculos no me fallan nos quedan solo unos cinco capítulos y, lamentablemente, por ahora no tengo nada para subir pues la universidad me quita mucho tiempo. Pero no desesperen que hay varias historias más o menos avanzadas pero que no subiré hasta tenerlas casi al final. Hay Edwards en distintas facetas que creo no se han visto por aquí y algunas de Carlisle y Esme ¿Qué les gustaría ver primero? Para apresurarme con esa.
Ahora sí, sin nada más que decir, me despido y les deseo una linda semana.
Bye bye.
