- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer:Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. Babi_Cullen .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Un mes juntos, el mes más maravilloso en sus vidas. Obviamente estaban acostumbrados a vivir juntos, ser una familia, pero ahora podían decir oficialmente que eran esposos y eso los alegraba.
Además que parecía que el matrimonio había llegado no sólo para terminar con una fase hermoso en sus vidas y coronarla con broche de oro, sino que también había llegado con un sinfín de sorpresas y buenos momentos.
Edward ganaba muchas competiciones por mínimas que fueran, sus hijos eran los pequeños más sanos y felices del planeta, Noah había aprendido a caminar y a decir papá y Rosalie estaba bailando mejor que nunca y le habían dado una plaza en el ballet principal de la academia. Definitivamente no podía ser mejor.
Pero lo malo de este último acontecimiento era que la rubia debería hacer largos viajes, bailando y luciéndose en cada escenario en el que se presentaría. Y, lamentablemente, ahora mismo es que se estaba marchando de casa para una gira. La academia de danza tenía una presentación en varios estados de Estados Unidos y no podía ausentarse, aunque lo quisiera.
Como buena madre sobreprotectora aún estaba temerosa de dejar solos a Edward y sus hijos después de todo lo que habían vivido estando internados en el hospital y no quería marcharse, algo que era de lo más normal considerando las circunstancias, pero si no iba a esas presentaciones sus calificaciones estaban en juego y, con eso, su año de estudio.
Edward había hablado tendido con ella acerca de esto para convencerla de ir y asegurarle que todo estaría bien, hasta que lo consiguió. Pero a pesar de eso ella seguía con miedo.
— No quiero dejarlos— lamentó Rosalie abrazada a su amado y con su rostro escondido en su cuello para que sus hijos no la vieran llorar— No quiero ir.
— Amor, vamos a estar bien. No tienes de qué preocuparte y ya verás cómo estas dos semanas se te pasan volando y estarás en un abrir y cerrar de ojos con nosotros— le susurró Edward en el oído y luego besó su cabello a la vez que acariciaba su espalda
Se quedaron así por un buen rato hasta que la rubia se calmó un poco y las lágrimas habían dejado de salir de sus ojos. Se limpió los rastros de éstas y luego besó en los labios a su amado.
La pequeña Lyla llegó corriendo hasta sus piernas y se abrazó a ella para que su mamá la viera. Rosalie se separó de su amado y tomó a su hija en sus brazos para poder besarla en la mejilla. Mientras Edward se alejó para ir a buscar a su hijo en su cochecito y volvió al lado de sus rubias para que también se despidiera de su madre.
— Mami ¿Me vas a traer regalos de tu viaje? Yo te traje del mío— le preguntó la niña y Rosalie sonrió. Su pequeña era una pilla y sabía que ganaría lo que pedía
— Claro que sí, mi pequeña princesita. Claro que tienes que portarte bien con papi y con tu hermanito, hacer tus deberes, ir a todas tus clases y no quiero que la maestra nos esté citando porque peleaste otra vez con Nikkie ¿Entendido? — la niña asintió, pero detrás de su espalda tenía los dedos cruzados. Eso se lo había enseñado su abuelito Diego la última vez que lo había visto para navidad.
Noah también comenzó a exigir la atención de mamá y a la rubia no le quedó de otra que cogerlo en sus brazos para despedirse de él. Sabía que sería difícil para el separarse de su mami, pero solo sería por un tiempo.
El taxista que llevaría a Rosalie al aeropuerto le informó que ya estaba listo y ella asintió. Se despidió por última vez de sus pequeños y amado y se subió al automóvil.
En la puerta podía ver a Noah en los brazos de Edward y a Lyla abrazada a una de sus piernas. Sus ojos se llenaron automáticamente de lágrimas al ver como su pequeño comenzaba a inquietarse en los brazos de su padre y como su niña comenzaba a hacer pucheros.
Le pidió al taxista que partiera y él así lo hizo. No aguantaba más ver esos rostros tristes y tampoco aguantaría por mucho tiempo más las lágrimas en sus ojos.
— Hey, mi manchita. No llores— le pidió Edward a su hermosa niña, agachándose a su altura y abrazándola contra su cuerpo— Mamá va a volver dentro de dos semanas y va a estar contigo todos los días.
— ¿Naná? — balcuceó Noah y Edward le sonrió
— Si, nana está triste— le sonrió besándolo en la frente— Ya, pequeña. No llores.
Como pudo acomodó a sus dos hijos en sus brazos y se adentró a la casa para refugiarse del frío.
Una vez adentro se fue hasta la sala y se sentó en un sofá con Noah en sus piernas y con Lyla apoyada en el costado derecho de su pecho.
— Papi ¿Dos semanas es mucho tiempo? — preguntó la pequeña un poco más calmada después de unos minutos de llanto
— Mira…— Edward sacó su teléfono desde su bolsillo y abrió el calendario— Cuando pasen todos esos días mamá va a estar de regreso.
— Pero eso es mucho, papi— se quejó la pequeña y el hizo una mueca. Su niña volvía a colocarse triste
— Vamos a hacer algo. Yo haré un mini calendario con esas dos semanas y cada día que pase tú vas a colocar una pegatina en el cuadradito. Cuando ya estén todos los días con una calcomanía mamá va a llegar ¿Te parece? — la niña asintió, aunque no entendía del todo la idea de su papá— Bien, vamos a tu cuarto de estudio a buscar materiales para hacerlo. Tú me ayudarás a decorarlo.
Cogió la mano de su hija y, junto a Noah, subieron a la planta alta para ir a hacer su nuevo proyecto. Edward solo esperaba que sirviera y distrajera un poco a su hermosa niña.
Eran apenas las ocho de la mañana y Edward ya estaba recibiendo visitas en la casa. Era demasiado temprano, pero al menos agradecía que no hubieran interrumpido su sueño ya que se había levantado temprano para ir a dejar a su hija a sus clases y Noah no se había vuelto a dormir después de eso.
A paso lento se dirigió a la puerta de entrada y preguntó quién era, pero no se esperaba la respuesta que le dieron.
Abrió la puerta con rapidez y ahí, frente a él y su hijo, se encontraba su madre con una pequeña maleta a su lado.
— ¿Mamá? — preguntó aun contrariado
— Hola hijo. Rosalie me pidió que viniera a acompañarte por estos días que estará fuera para que te ayude con los niños. Espero no te moleste— comentó Bree un poco preocupada
— Ehm… No, no me molesta— respondió sin estar completamente seguro de sus palabras ¿Por qué Rosalie no le había informado? Al menos así habría estado más preparado— Adelante, pasa.
Bree tomó la maleta y la arrastró por la puerta de entrada de la casa. Edward cerró la puerta a sus espaldas y esperó a que ella se volteara.
— ¿Quieres… Desayunaste? — le preguntó y Bree negó
— Aun no. A penas me bajé del avión cogí un taxi y me vine para acá
— Entonces iré a preparar algo para los dos. Yo tampoco he desayunado— comentó el cobrizo y se dirigió a la cocina. Detrás de él podía escuchar los pasos de su madre en completo silencio— ¿Quieres tener a Noah? Así yo preparo algo para comer.
— Claro, me encantaría
Edward sabía que su madre adoraba a sus nietos y disfrutaba cada minuto con ellos lo más que podía pues no los veía con mucha frecuencia, así que esos momentos eran muy preciados para ella.
Mientras Bree disfrutaba de su amado nieto y sus risas risueñas, Edward preparaba un desayuno para los dos y preparaba la mesa. Además aprovechó de prepararle el biberón a su hijo.
Una vez tuvo todo listo sentó a su hijo en su cochecito y luego se sentó al lado de su madre para desayunar.
— ¿y Sophia? — preguntó dándole una mordida a su tostada
— Quedó con tus abuelos y con Diego. Sabían que estaría ocupada acá y decidieron que era mejor que se quedara
— Debiste traerla. Sabes que no incomodaría y no es tanto el movimiento en esta casa, al menos no durante la mañana. Después de dejar a Lyla en clases tengo parte de la mañana libre, entreno en el gimnasio y por estos días tenía planeado no ir al centro de esquí.
— Pero ahora si podrás— le sonrió Bree y el asintió— Edward, no quiero que te sientas presionado a que me quede aquí. Sé que las cosas aún no están completamente sanadas entre nosotros y si no quieres que me quede me puedo ir…
— No, no te preocupes. No me molesta que estés en la casa y las cosas entre nosotros en algún minuto se tienen que solucionar… Solo… Quiero que me tengan paciencia.
La castaña asintió y le sonrió. A pesar del paso de los años aún le dolía no tener la misma relación de antes con su hijo, pero tenía que darle tiempo. Edward estaba madurando de a poco y pronto volverían a ser la madre e hijo de un inicio.
La tarde en que Lyla llegó y se encontró con su abuelita en su casa había sido un completo caos. La niña estaba emocionadísima con la idea de tener a su nonna con ella y quería llevarla a cada una de sus prácticas de ballet y de gimnasia.
Bree, al segundo día, ya estaba un poco cansada y es que, a pesar de tener una pequeña de dos años y medio que parecía un torbellino, Lyla era dos veces su tía Sophia y no paraba en ningún momento. Al principio se cuestionaba demasiado el por qué su nieta iba a tantas actividades extra programáticas, pero ahora lo entendía a la perfección. La niña tenía demasiada energía y necesitaba descargarla en alguna cosa.
Pero al menos esa tarde se había calmado un poco y estaba haciendo sus deberes en completa calma en la mesa de la cocina. Se había rehusado a ir a hacerlos en su cuarto de estudio pues quería estar con su nonna mientras ella le preparaba la merienda y el biberón de su hermanito.
Mientras tanto Edward cambiaba el pañal de su hijo en su habitación para que luego bebiera su leche en calma y así poder ayudarle a Lyla con sus deberes.
— Bien, pequeño. Creo que ahora si estarás más cómodo sin esos olores en tu pañal— le besó la barriga a través de su camiseta y Noah rio, cogiéndole los cabellos y jalándolos con emoción— Si, sé que te gusta. Pero papá no quiere quedar calvo a tan temprana edad.
Edward trataba de soltar su cabello de los puños de su hijo cuando un ruido ensordecedor de algo cayendo y quebrándose en el suelo lo hizo sobresaltarse. De inmediato las imágenes de Lyla en la cocina lo hicieron palidecer y salió raudo del cuarto de su hijo para bajar las escaleras mientras llamaba a su manchita.
Al llegar casi a los últimos escalones vió a su hija en la puerta de la cocina y supo que no era ella la que había resultado lastimada. Eso lo alivió un poco.
— Papi, mi abuelita se cayó— lloró la niña dejando caer las lágrimas desde sus ojos y Edward palideció aún más
Terminó de bajar los últimos escalones y, cuando llegó abajo, acomodó a Noah en su coche y se asomó a la cocina.
Su mamá estaba tendida en el suelo, cogiéndose el costado derecho de su pecho y con una mueca de dolor. Gruesas lágrimas caían desde sus ojos y se quejaba con cada respiración.
Le indicó a Lyla que llamara a su tío Jasper y la niña así lo hizo. Era una suerte que tuvieran discado rápido para que la pequeña llamara en caso de emergencias.
El cobrizo se acercó rápidamente a su madre y se posicionó a su lado.
— ¿Mamá, estás bien? ¿Qué te duele? ¿Dónde te pegaste? — le preguntaba con preocupación y muy asustado
— Me caí… al tratar… de… sacar el… tarro de… leche— respondió entrecortadamente por el dolor— Me duelen… las… cotillas.
— Déjame revisarte— le pidió y, con cuidado, subió la camiseta de su madre. Un hematoma se estaba empezando a formar en la zona donde se había golpeado y, al tocarle, se quejó aún más— Lo siento, lo siento.
Lyla se acercó corriendo a donde su papá y le tendió el teléfono donde su tío Jasper estaba al otro lado de la línea.
Edward le explicó a su cuñado lo ocurrido y le pidió que lo alcanzara en el hospital. Se llevaría a su madre a urgencias y necesitaba que alguien cuidara de los niños para poder acompañarla en lo que la trataban. Jasper le indicó que no se preocupara y que lo esperaría ahí.
— Lyla, trae una chaqueta para ti y tu hermanito por favor— le pidió Edward y la niña asintió— Mamá, te tengo que llevar hasta el auto. Te voy a mover un poco, pero trataré de ser cuidadoso.
El chico tomó con cuidado a su madre entre sus brazos y ella se quejó de inmediato. El dolor en su costado se había acrecentado con cada movimiento y no podía evitar derramar lágrimas con cada uno de estos. Edward se disculpaba a cada momento.
Tomó como pudo las llaves del automóvil y le quitó la alarma para poder abrir la puerta y acomodar a su madre en el asiento del copiloto. La recostó en este y luego volvió a la casa para ir en búsqueda de sus pequeños.
Los abrigó, cogió sus bolsos y las llaves de la casa y salió de este para subirlos al auto y tomar rumbo al hospital.
Dos horas llevaban ya esperando desde que habían llegado. Por suerte Jasper había llegado para ayudarle con los niños y llevarlos a su casa en lo que él acompañaba a su madre en urgencias.
El médico apareció en ese momento tras las cortinas y venía con las placas que le habían tomado a su madre entre sus manos.
— Bueno señora, joven, según las radiografías usted tiene una fisura en una de las costillas y una gran contusión, por eso el dolor. Le vamos a dar analgésicos y antiinflamatorios, unos parches de lidocaína y tendrá que hacer reposo absoluto por lo menos una semana hasta el próximo control.
— Doctor, no puedo hacer reposo— se quejó Bree tratando de incorporarse, pero el dolor en sus costillas la hizo arrepentirse
— Shh, no te preocupes mamá— le pidió Edward— No se preocupe, doctor. Yo me encargaré de que ella descanse y siga el tratamiento al pie de la letra.
El médico asintió y comenzó a anotar las indicaciones en una hoja que luego le tendió al cobrizo. En esta estaba todo lo que les había dicho e incluso un poco más.
Luego le dio el alta y la dejó citada para una semana más. Se despidió y salió del lugar.
— No puedo creer que esto me haya pasado a mí— se quejó Bree después de estar acostada en la cama y cubierta por las mantas
— Los accidentes pasan, mamá. No los buscamos— la calmó Edward
— Pero se suponía que yo venía a ayudarte y mira, me convertí solo en un estorbo más— Edward negó y se sentó a su lado, mirándole de frente
— Para nada. Las cosas siempre pasan por algo y no eres un estorbo— se inclinó hasta su frente y la besó dulcemente— Ahora solo descansa para que se te pase el dolor. Yo te cuidaré.
Bree sonrió por el gesto y las palabras de su hijo y no pudo evitar que las lágrimas se acumularan en sus ojos. No podía creer que de verdad su hijo le estaba hablando de esa forma y que estaba preocupado por ella.
Edward sonrió y, después de cubrir mejor a su madre con las mantas y cerrar las cortinas, dejó la habitación.
La preocupación y el miedo lo habían embargado en cuanto escuchó el ruido y solo se acrecentaron cuando la vió tendida en el suelo, pero al menos ahora podía estar más tranquilo al saber que estaba bien. Ahora solo tenía que cuidarla y asegurarse que estaba cómoda.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. Babi_Cullen.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Hola a todo el mundo ¿Cómo estuvo su semana? La mía llena de cosas y sigo así, pero tenía que dejarles el capítulo o me sentiría muy culpable. Así que me conecté un ratito para hacerlas feliz.
Ahora, a lo que nos convoca ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Se esperaban que Bree llegara a ayudarle? ¿Y lo del accidente y cómo actuó Edward? ¿Qué creen que pasará ahora? Espero sus ideas.
Como todas las semanas quiero agradecerle a mi amiga Jennifer y a Sandra que me ayudan cada vez que las necesito. También a las que me dejaron reviews:
- Yolo: Hola. Sé que suena raro que a la gente le guste el drama, pero es más común de lo que te imaginas. Por ahora no recuerdo si hay más drama hacia adelante, así que tendrás que esperar a ver que pasará. Cuídate y nos leemos.
- Aru1313: Hola. Que bueno que te guste la historia cada vez más. Gracias por las buenas vibras para mi práctica. Cuídate y nos leemos.
- Liz Valenzuela: Hola. Sí, creo que te había leído en mis otras historias. Que bueno que te guste la historia y que aún la sigas. Con respecto a las de Carlisle y Esme tengo dos en proyecto, pero no están muy avanzadas así que tardarán un poco en ver la luz, pero ambas son buenas a mi parecer (una donde Carlisle no sabe que es padre de Edward y la otra es donde viven en una sociedad machista y Esme se hace una inseminación pues cree que no necesita de un hombre para ser feliz). Espero me esperes y no desesperes. Cuídate y nos leemos.
Sin más que decir, me despido. Cuidense.
Babi Cullen
