- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer:Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. Babi_Cullen .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Los días desde el accidente de Bree pasaron con calma relativa. Edward había tenido que hacerse cargo solo de sus dos hijos y de su madre, por lo que había quedado completamente en segundo plano las prácticas para las siguientes competencias en el gimnasio y en el centro cerrado y las campañas publicitarias- aunque de vez en cuando le pedía ayuda a Jasper o a sus amigos para que se quedaran con ellos mientras iba a alguna situación de la que no podía escapar por nada del mundo-.
Pero ese día todo estaba tranquilo en la casa, algo muy raro considerando que su pequeño estaba en la casa.
A pasos silencioso se adentró al cuarto donde estaba su madre descansando para saber si necesitaba algo antes de que tuviera que ir a buscar a Lyla a la escuela.
— Permiso— se adentró en el cuarto donde la vio tendida en la cama con su nieto menor acostado a un costado con su biberón en la boca. Los dos "conversaban" amenamente y ella solo levantó la mirada de su pequeño cuando Edward estuvo adentro de la habitación— Venía a ver si necesitas algo.
— Nada hijo, no te preocupes— le sonrió ampliamente— ¿Vas a ir a buscar a Lyla? — inquirió y el asintió— Ve tranquilo, yo me quedo con este principito que… está a punto de caer rendido— comentó al ver a su nieto bostezando.
Edward sonrió y asintió. Su madre tenía razón, Noah se quedaría dormido en cualquier momento y eso le daría tiempo para ir a buscar a su hija sin tener que llevarlo en el auto, llorando todo el camino y tratando de huir de su silla de viaje.
— Esta bien, me voy entonces. Cualquier cosa no dudes en llamarme
La mujer asintió y el chico salió de la habitación para ir a la escuela de su pequeña manchita.
Tuvo que esperar unos cuantos minutos después de que todos los niños de la clase de su hija saliera, incluso la pequeña Kate ya había desaparecido del recinto y se había marchado con su madre hacia su casa. Pero su manchita no había salido y decidió que era mejor irla a buscar al salón.
Ahí se encontraba ella sentada en un banco frente a la maestra, concentrada en su cuaderno y quitando de vez en cuando unas lágrimas de su rostro. Eso lo desconcertó ¿Qué era lo que había pasado?
Edward tocó la ventanilla de la puerta del salón, captando la atención de su hija y de la maestra sentada en el pupitre. La mujer se levantó y se dirigió a donde él para conversar, pero antes le dijo algo a Lyla y ella asintió.
Según lo que había comprendido su hija no había acabado con una tarea que la maestra les había asignado para la hora de clase y sin eso no se podían ir a la casa asi que la había dejado por unos minutos más. Edward entendió la situación pero le rogó a la maestra que los dejara marcharse y le juró que la acabaría en casa y la llevaría al día siguiente. Ella no estaba muy convencida, pero aceptó el trato y dejó que la niña se marchara con su padre.
Edward tomó la mochila de su hija y, de la mano, se fueron hasta el automóvil y se subieron para poner marcha hacia la casa en completo silencio. Edward estaba molesto pues no era la primera vez que ocurría y, si Rose se enteraba, de seguro la regañaría.
— Papi… ¿Estás molesto? — preguntó la niña sentada en su alzador y mirándolo atentamente con los ojos aun aguados
— ¿Qué crees tú, Lyla? Nuevamente te dejaron castigada por no hacer tus deberes escolares y no puedo dejar que siga ocurriendo— la regañó y ella solo pudo soltar unas lágrimas— Hoy no habrá televisión para ti. Vas a llegar, te cambiaras ropa, vas a comer tu merienda y luego harás tus deberes.
— Pero hoy vería una película con mi abuelita— lloró la niña como si fuera la peor noticia que podía haber recibido. Siempre tan melodramática.
— Pues lo siento, hoy no será— trató de ser firme Edward, pero le costaba. Le dolía negarle las cosas a su hija.
El resto del camino fue realmente en completo silencio. Lyla no hacía más que llorar en su asiento y a Edward se le partía el corazón con cada suspiro de su hija.
Al llegar apenas dejó que su papá se estacionara para bajar del auto y entrar en la casa e irse a su cuarto para cambiarse ropa. Ni siquiera pasó donde su abuelita para saludarla.
Edward escuchó como su madre llamaba a su nieta y le preguntaba que le pasaba, pero no escuchaba respuestas. Subió las escaleras y fue directo a su habitación.
— ¿Qué pasó? — preguntó en cuanto lo vio entrar.
— Esta castigada— le contestó acercándose a la cama para coger a su hijo que seguía dormido. Bree no podía creer lo que escuchaba y abrió los ojos desmesuradamente ¿Acaso su hijo había castigado a su princesita?
Edward le explicó todo lo ocurrido a su madre después de haber ido a dejar a su hijo en su cuna para que siguiera durmiendo la siesta y ahí Bree comprendió el porqué de la decisión de su hijo. Le aseguró que ella habría hecho lo mismo para calmarlo, pero a Edward le seguía doliendo.
Lyla apareció para saludar a su abuelita ya cambiada de ropa y con el rostro y las manos lavadas, aunque aún se notaba que había estado llorando y eso le rompió el corazón a los dos.
El resto de la tarde pasó sin contratiempos y, aunque costó en un principio, Lyla terminó sus deberes y los cuatro cenaron en completa calma en el comedor.
Edward le había insistido a su madre para que se quedara acostada, pero se rehusó y al final terminó cenando con ellos en la mesa. Aunque sabía que luego se arrepentiría cuando se acostara nuevamente.
Cerca de las nueve de la noche Edward ya tenía a Lyla bañada y con sus cosas listas para las clases del día siguiente. Ahora solo se dedicaba a dormir a Noah, quien aún parecía tener energías para rato. Lo bueno era que su madre se estaba haciendo cargo de Lyla en su habitación.
— Buenas noches, pequeño torbellino— se despidió a la vez que besaba su frente y lo cubría con las mantas. Apagó las luces del cuarto y fue hasta la habitación donde su madre descansaba junto a su hija.
—… los dos enamorados regresaron al reino, donde la familia real se reunió emocionada y la princesa Rapunzel abrazó con felicidad a sus padres. Flynn y Rapunzel celebraron una hermosa boda para celebrar su matrimonio y colorín colorado, este cuento se ha acabado— escuchó a su madre terminando la historia que le estaba contando a Lyla. Al asomarse por la puerta la vió recostada a un lado de su madre, profundamente dormida— Se durmió al fin— le sonrió al verlo entrar en la habitación.
— La llevaré a su cuarto— Edward se acercó a la cama y, con cuidado, cogió a su hija para llevarla hasta su habitación. Ella de inmediato se aferró a su cuello y apoyó su cabeza en su hombro.
Acomodó a la niña en su cama y la arropó con adoración. Sabía que su hija se había molestado con él por haberla castigado, pero a falta de Rosalie él tenía que ponerse firme y reñirla cuando correspondía. Solo esperaba que su rubia llegara pronto para que siguiera siendo ella la ogro de la película.
Luego de apagar las luces y asegurarse que la casa estaba bien cerrada, subió las escaleras y se dirigió hasta su cuarto.
—Buenas noches, hijo- se despidió Bree cuando lo vio pasando fuera del cuarto
—Adiós, mamá— correspondió el a su gesto y se dispuso a salir, pero lo que llevaba pensando todo el día y que no dejaba de darle vueltas en la mente volvió a hacerse presente y decidió que era momento de actuar— mamá, quiero habla contigo.
— Ven, entra y siéntate.
El cobrizo hizo lo que su madre le indicó y se sentó en el borde de la cama, a los pies de esta. Bree miraba atentamente cada movimiento de su hijo y analizaba las palabras que le diría.
El silencio que se formó entre los dos era sepulcral. Ni siquiera en un cementerio se podría haber apreciado tal silencio y eso hizo que los dos se colocaran incómodos, pero al final fue la mujer la que tomó la palabra y sacó a relucir todo lo que sentía en esos momentos.
— Mamá… Yo… Quería saber una cosa— comenzó con cierta timidez, pero el rostro de concentración de su mamá lo hizo tomar fuerzas para vencer sus miedos— Quería saber si existe la posibilidad de que volvamos, en algún minuto, a vivir como cuando era pequeño, quiero saber si aún existe la oportunidad de retomar nuestra relación— la voz del joven se quebraba a cada palabra y sus ojos comenzaban a aguarse de a poco— Créeme que si decides no darme la oportunidad lo entenderé pues sé que no he sido el mejor hijo en estos años… Pero necesito saber lo que piensas— le suplicó ya derramando las primeras lágrimas que se encargó de eliminar de inmediato con el dorso de su mano.
Bree lo miraba en silencio y estaba segura que se podía escuchar fácilmente como los engranajes de su cabeza hacían clic con cada pensamiento que pasaba por esta. Aun procesaba la petición de su hijo pues la había tomado por sorpresa. Pero la respuesta que su hijo necesitaba hace mucho la había decidido.
— Edward sé que los seres humanos somos animales que cometemos errores, pero a diferencia de los demás somos capaces de tener el raciocinio para darnos cuenta de que lo hicimos y tratar de remediarlos— comenzó el con cierto nerviosismo. Quería elegir las palabras exactas para decirle a su hijo lo que pensaba— Sé que en todos estos años he tratado una y otra vez de arreglar el pasado para que vivamos el presente y el futuro juntos y que tu carácter me lo he complicado a más no poder— Edward asentía de acuerdo con las palabras de su madre. Era consciente de lo difícil que se lo había puesto a su madre durante todos esos años, pero esperaba que lo perdonara — Pero estoy dispuesta a hacer que eso cambie, estoy dispuesta a dejar que nuestras vidas se vuelvan a juntar y a recuperar el tiempo perdido.
Edward levantó la mirada desde sus manos que arrugaban las mantas y la posó directamente sobre el rostro de su madre. Sintió que no podía aguantar más las lágrimas.
— En todos estos años con Lyla y Noah en nuestras vidas me he dado cuenta que la vida de padres no es para nada fácil como lo pensaba y sé que muchas veces los padres debemos hacer cosas que no nos gustan o queremos hacer por ellos— siguió el cobrizo— He visto la relación de Rosalie con nuestros hijos y extraño día a día tener eso mismo contigo, lo que anhelé todos los años que me hiciste falta. Quiero que recuperemos esos años y volvamos a ser madre e hijo.
—No sabes cuánto anhelo lo mismo, mi pequeño— Bree abrió los brazos a su hijo y este comprendió lo que su madre quería. Se acercó con cuidado y la envolvió en un suave abrazo, recargando su cabeza en su hombro dejando que las lágrimas mojara su ropa de dormir.
A pesar de los años separados solo por su terquedad, estaba feliz de por fin arreglar las cosas con su madre. Sabía que había mucho por sanar aún, pero era un gran paso el que estaba dando.
Ahora sólo quedaba arreglarse con Diego para que su vida volviera a la calma que tenía cuando era apenas un pequeño niño.
Las dos semanas en las que su amada estaría fuera se pasaron tan rápido que ni siquiera se habían percatado de ese detalle y el día en que la rubia regresaba al hogar había llegado. Edward lo atribuía a que no había tenido tiempo para nada entre la casa, los niños, sus prácticas y, además, su madre. Pero eso no le molestaba ya que estaba pasando un buen momento se sentía feliz, tranquilo y en paz.
Pero a pesar de la emoción que sentía esa mañana no podía estar tranquilo pues su teléfono no aparecía por ningún lado y estaba cayendo en la desesperación. Estaba esperando una llamada importante de Rosalie, quien lo llamaría cuando ya estuviera en el aeropuerto para que fuera a buscarla. Bree le ayudaba a buscarlo a la vez que ser hacía cargo de su nieto que había despertado más inquieto de lo normal.
— ¿Estás seguro que lo bajaste del auto ayer, hijo? A lo mejor se te quedo dentro— le preguntó por enésima vez mientras mecía a Noah, que a su vez se removía en sus brazos alquiler estar en el suelo para caminar portada la casa.
— Estoy seguro, mamá. Anoche hable con Rose y luego lo deje en la mesita de noche para dormir— pasó sus manos por su cabello y luego por su rostro. Estaba perdido sin su teléfono pues en el tenia todos sus contactos, su agenda de reuniones y competencias y un sinfín de cosas más.
Las risas de Lyla desde la sala captaron la atención de los dos. Ella se había levantado temprano esa mañana para exigir su desayuno y luego se retiró al living para mirar dibujos animados en la televisión. Pero lo extraño era que no se escuchaba la voz de los personajes de las caricaturas.
A paso lento se acercaron hasta ese lugar y ahí la vieron. Aún se encontraba con su pijama puesto y su cabello desordenado, pero lo que más llamó su atención fue el pequeño aparato que estaba entre sus manos y que ella presionaba una y otra vez.
Edward reconoció su teléfono y se acercó aún más para pedírselo. De verdad lo necesitaba con desesperación antes de que Rose llamara.
— ¿Manchita, puedes devolverme mi teléfono? — le pidió cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella.
— Es que papi, Kate me está contando algo importantísimo y no puedo quedarme sin saber— le respondió aun riéndose y luego grabó otro audio para su amiga
— Y yo estoy esperando una llamada importante— le aclaró, pero Lyla casi no le prestó atención y siguió en lo suyo— Lyla, necesito mi teléfono para una llamada.
— Pues hazla después. Esto es más importante, papi ¡Es de vida o muerte!
La niña abrió los ojos ampliamente y movió sus manos cabeza con dramatismo, como si de verdad esa conversación fuera tan importante como para no terminarla aún.
Edwards estaba desesperado y ya se encontraba rogándole a pequeña para que le devolviera el celular, pero no lograba demasiado. Incluso Bree se había acercado para interceder en la situación, pero tampoco conseguía que la niña le entregará el aparato a su padre.
— ¡Agh! ¡Juro que te regalaré un celular! — exclamó Edward al aire cuando ya no sabía que más hacer. Había intentado arrebatárselo de las manos, pero ella había huido al descubrir sus intenciones y se había escondido bajo una mesa.
— Tú haces eso y yo te mato, Edward Masen— una voz seria captó la atención de los dos adultos, quienes se voltearon a ver de quien se trataba.
Rosalie estaba de pie en la puerta de entrada de la casa con sus maletas a un lado de su cuerpo y su cartera colgada en su hombro.
Lyla salió corriendo hacia su madre para abrazarse a sus piernas y no soltarla, mientras que Noah se revolvió en los brazos de su abuela hasta que lo dejó en el suelo y pudo correr tan rápido como sus pequeñas piernas le permitían hasta donde estaba su mamá.
Rosalie recibió a sus niños en fuertes abrazos y los llenó de besos. Los había extrañado demasiado durante la gira y sólo había deseado volver cuanto antes para estar con ellos y no volver a separarse nunca más.
Edward, por otro lado, miraba embelesado a su rubia. Estaba más guapa aún que cuando se había marchado con su academia y se veía más radiante aún. Pero aún no salía de su estupor al verla ahí, en la casa. No la había ido a buscar al aeropuerto como habían acordado la noche anterior.
— No saben cuánto los extrañé, mis hermosuras — les beso las mejillas y luego los volvió a dejar en el suelo— Ahora ¿Cómo es eso que le vas a comprar un teléfono a nuestra hija?
— Amor mío, es que Lyla no me devolvía mi teléfono y tenía que llamarte para saber si ya estabas en el aeropuerto— se defendió el cobrizo, acercándose a abrazarla y besarla en los labios, pero Rose se veía molesta— Amor, no te enojes. Rose... — nada, no le hablaba— ¡Entonces que use al tuyo!
— ¿Me estas chillando? — abrió muchos los ojos y sus manos se dirigieron a sus caderas. Bree solo se reía de la situación y abrazaba a sus nietos, quienes veían a sus padres atentamente.
— No— contestó en un susurro
— Eso pensé. Ahora, Lyla devuélvele ese teléfono a tu papá y ve a bañarte y a vestirte.
— Pero mamá
— Pero nada. Ya hablé, así que vamos— Rosalie vuelve a abrazar a su novio y lo besa en los labios para demostrarle que no estaba molesta— ¡No escucho tus piecitos en el suelo!
— ¡Uy! Toma, papá— le tendió el teléfono al pasar por el lado de su padre en dirección a su baño— ¡Yo quería seguir hablando con Kate!
— Pues más tarde será, señorita. Y bájame ese tono que no hablas con tus amiguitos
— ¡Ya lo sé!
Lyla subió las escaleras aun murmurando palabras a pesar de los regaños de Rosalie.
El resto del día pasó sin contratiempos y la noche pronto se hizo presente en la casa Masen. Y con ello también venía el silencio.
El día había estado lleno de gritos, risas, mañas y llantos, pero Rosalie había extrañado todo eso durante las dos semanas en que se había distanciado de su familia. A pesar que su pequeña Lyla era una consentida de su padre que hacía lo que quería y que los demás cumplieran sus deseos y que Noah estaba cada vez más inquieto con el pasar de los meses, adoraba esa locura en su vida.
También estaba feliz al ver cómo había mejorado la relación de Edward con su madre. Era casi un milagro lo que había ocurrido y algo que llevaba esperando desde hace mucho a pesar de los malentendidos que había tenido con su suegra. Siempre deseó ver a Edward pasando buenos momentos con su madre y que esa alegría regresara a su vida, para los dos.
Pero todo eso ya había acabado. Los niños ya estaban cenados, bañados y acostados durmiendo profundamente su séptimo sueño y Bree se había recostado a leer un libro sabiendo que los dos querrían tener sus momentos a solas para conversar y hacer unas cuantas cosas de pareja, a solas.
— No sabes cuánto te extrañé, mi hermosa rubia— la firme mano de su novio quitó su cabello que caía sobre su cuello y luego sintió como sus labios comenzaron a pasar suavemente por éste dejando besos en cada rincón. Sentía su cuerpo sobre su espalda, aunque el peso era casi nulo.
Se volteó suavemente hasta que su espalda quedó recargada en el colchón de su gran somier y su mirada frente a frente a la verde de su amado. Su torso musculoso y desnudo rozaba el suyo y sus fuertes brazos lo sujetaban quedando ubicados perfectamente a cada costado de su cintura.
Como pudo elevó sus brazos hasta que sus manos se cruzaron detrás del cuello y rozaron sus mechones de cabello que ya estaban lo suficientemente largos como para que pudiera atraparlos entre sus dedos. Sin duda le hacía falta un corte de pelo.
Con un poco de ayuda de Edward, se irguió lo suficiente como para que sus labios tocaran la tibieza de los del cobrizo y sus bocas comenzaran a seguirse la una a la otra. Se habían extrañado y eso se notaba.
Una fuerte mano se ubicó en su espalda y la ayudó a volver a recostarse para que sus cuerpos quedaran fundidos en uno solo sobre la cama.
— Yo también te extrañé, mi cobrizo— le sonrió separándose por un momento de sus labios y mirándolo fijamente a los ojos.
— Pues entonces creo que debemos recordarnos como se sentía nuestro amor— le devolvió la sonrisa con picardía y volvió a besarla, para luego apagar la luz de la mesita de noche.
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Hello, everybody ¿Cómo están? Espero que bien y que estén disfrutando del fin de semana que ya comienza.
Como pueden ver este capítulo es tiernito. Por fin Edward hizo las paces con su madre, volvió nuestra Rosalie y Lyla… Bueno, sigue siendo Lyla. Para serles sinceras, yo también mataría a mi novio si le comprara un celular a mi hija con apenas 5-6 años, aún es demasiado pequeña ¿Qué creen que pasará ahora? Espero sus apuestas.
Como cada semana le quiero agradecer a mi gran amiga Jennifer, la que me comprende y ayuda en cada locura que pasa por esta extraña cabecita que se niega a madurar del todo. También a Sandra, que me ayuda en los momentos de bloqueo aunque, al igual que Jenni, no es de mucha ayuda porque les gusta tooodo lo que escribo (nada de críticas mis amigas XD). Pero aun así las quiero.
También debo agradecerles a:
- Aru1313: Hola. Bueno, ya se arreglaron esos dos así que lo que tenía que pasar ya pasó. Jajaja, creo que si te emocionas bastante con estas historias jajajaja. Es una gran coincidencia lo del apodo y es genial que te siga diciendo así a pesar del tiempo. A mí mi hermano me decía Balabala (por Bárbara), pero ahora si lo puede decir XD. Cuídate y nos leemos.
- Yolo: Si, demasiado popular, pero esta historia necesitaba un poco de descanso. Aunque sigues con tus manicures gratis, no lo dudes. Cuídate y nos leemos.
Bueno, tengo que decirles que a esta historia le quedan unos tres o cuatro capítulos, no más. Y, lamentablemente, por ahora no tengo historias acabadas por subir, solo muchas en proceso de creación. El Edward biólogo, el extremo, dos de Carlisle y Esme… Pero a todas les falta su tanto. Espero que me esperen y no desesperen que en algún minuto verán la luz. Por ahora las invito a leer las historias de mi amiga Jennifer (actualmente subiendo una buenísima que es una de mis favoritas… Si, las leo antes que todo el mundo. Incluso antes que vean la luz de ff). Léanla, no se arrepentirán.
Sin nada más que decir y esperando que descansen mucho y que el capítulo haya sido de su agrado, me despido hasta la próxima semana.
Besitos. Bye bye.
Babi Cullen
