Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía.
Advertencia: AU Y ligero OoC
Ícaro
II
Con café en mano, audífonos puestos y la capucha de su abrigo en la cabeza, entro. No trataría de ser invisible, tampoco de llamar la atención, no haría nada. El tema de auge en la Universidad era que Inuyasha la había dejado y de eso ya había pasado una semana…
Semana que ella no había ido.
Respiro cuando entro, sintiendo murmullos y miradas de todos su compañeros, ignoro los "la ha dejado" y "era obvio, Inuyasha estaba con Tama" y camino directamente a la clase que debía reponer por faltar.
Mitología Griega.
En las puertas de la cafetería, Inuyasha se detuvo cuando la vio, su mirada era de pena, dejo resbalar sus ojos hasta la mujer que tenia de la mano: Kikyou Tama, la nueva novia de Inuyasha Taisho.
—Kago—quedo cortado en el aire, los paso sin prisa.
Inuyasha no era un ser complicado, ella ya sabia. A penas había puesto un pie afuera de su apartamento, no tardaría en buscar a la mujer nueva en la mira.
Entro al salón, lleno de poca gente. Dejo su café, su mochila y su libro, suspiro y se sentó. Varias miradas de soslayo la observaron para después ser ignorada. Por haber perdido las clases de una semana había tenido que reponer trabajos.
Esta era la única que le había tocado presencialmente
El viento movió la puerta, el invierno se acercaba. Pasos resonaron. Una gran figura entro, porte imponente, rostro duro y dolorosamente inexpresivo.
"Oh mira sus ojos, luceros del norte. Luna amante del sol…"
Entrecerró los ojos, observando al hombre avanzar por la habitación sin ver a nadie, se deslizo rápidamente entre su fila, observándola. A pesar de haber varios asientos vacíos, se sentó en su fila. Desde hace mucho tiempo no tenia esos arranques "creativos", pensó que los había perdido.
Que era un escritora sin voces. No era nada.
Hasta hoy.
El hombre a pesar de estar concentrado en el libro no perdía ese aire ausente, era hermoso, dolorosamente hermoso. Sorprendida, negó rápidamente. Nunca le había pasado, ni siquiera con Inuyasha.
Inuyasha había sido un viento que había agitado su cabello.
Este hombre era la tormenta que no la dejaba ver mas que lo mas cercano.
Clavo su mirada en el libro.
—Buenos días…
Saludo al profesor, siendo consiente de que su piel se había hinchado y vibrado solo al escuchar un susurro de su compañero.
¿Qué le pasaba?
La clase paso lentamente, entre brisas y el frio. Y grandes relatos de héroes que hicieron que la filosofía occidental se hiciera carne, pero ella…ella no podía dejar de pensar en palabras y versos.
Podía escribir.
Podía escuchar.
Lo escalofriante era que solo eran versos que tenían que ver con el hombre al lado suyo. Al finalizar la clase, para ahorrar tiempo de las vacaciones de invierno el destino que ella a veces odiaba tanto…hizo su aparición.
Estaban juntos para el trabajo.
Tan pronto como acabo la clase se deslizo de su asiento y corrió a la seguridad de su apartamento, donde soltó todo y lloro de alegría.
Tomo el papel y escribió.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
—¿Ícaro?
Subió la vista del libro, observando los ojos dorados, serios, observarla. El café estaba solo, solo el y ella.
—Si, estaba volviéndolo a leer…para el ensayo.
Asintiendo, se vio de repente incomodo. Ella abrió los ojos sorprendida.
—Pero, siéntate, creo que necesitamos hablar sobre el proyecto…
El profesor les había hecho solo ir una vez, que fue cuando lo conoció. Según las especificaciones de la Universidad, debían a ir a mas clases, pero simplemente les dio un ensayo, paradójicamente era Ícaro su tema.
El se sentó lentamente sin dejar de observarla, también tenia el mismo libro. Se inclino sobre la mesa, tamborileando los largos dedos y huesudos.
—Te escucho—susurro ronco.
Asintió y se estremecio.
—Pensé hacerlo sobre…las aspiraciones perdidas, sueños rotos. Un absurdo de la existencia.
El enarco ambas cejas, sorprendido.
—Vaya…es…¿impresionante?
—¿Qué?—de repente, se sintió airada, extrañamente enojada.
El la observo, y de repente, una pequeña sonrisa emergió. Su rostro se suavizo.
—Me gusta tu idea.
Ambos se enzarzaron en la conversación mas atractiva que hubiera tenido, a veces con Inuyasha se aburría y tenia que irse rápido para que no se le notara, pero…con el no. Pasaron mas de seis horas y habían comido y visto salir y entrar gente.
Y no terminaban.
Finalmente, idearon el ensayo: Alas rotas para el mundo. El proyecto fracasado de la Modernidad.
Se encontró esos días en su apartamento con el, escribiendo y dejando de escribir para solo hablar, o observarse.
Se había dado cuenta que a el le gustaba observarle.
Y ella también se había dado cuenta de que a ella también le gustaba observarlo.
—¿Cómo es posible que tuvieras una relación con Inuyasha?—pregunto burlonamente.
Observo el rostro de Seshomaru.
—¿Sabes?...ahora que lo preguntas, no tengo idea.
Cuando entregaron el ensayo el profesor los miro con una sonrisa, sin saber ambos eran los prodigios de la escritura y de los ensayos, eran estudiantes de literatura que no se conocían. Ambos desaparecidos del ámbito, ambos perdidos sin las letras.
Ella no escuchaba las voces.
El no tenia mundos sobre que escribir.
A penas dio un paso fuera del salón, sintió la nieve caer y respiro.
No quería que el se fuera.
Quizás si lo invitaba a algo, le daría tiempo…tiempo…
—¿Quieres un café?
Seshomaru sin mirarla le había preguntado.
Ella asintió, sintiendo intensamente feliz.
"Tus ojos, fríamente dorados, fue la cosa mas cálida que ese invierno pudo tocarme, y que yo pude sentir."
Ella no tenia que ser Ícaro. No tenia que tener sus alas rotas.
No. Ella ahora tenia sus alas, pero prefería estar en la tierra. Observando el sol.
Estaba segura que Seshomaru era el hombre de su vida. Era su voz principal y el hacedor de la escritora. Y ella…el de el.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Inuyasha no sabia si sentirse mal o enojado. Había terminado su relación con Kikyou, había durado lo que dura el invierno.
Ella lo había dejado.
El…se sentía de todas las formas posibles.
—¡Animo, Amigo!—sonrió decaído ante la insinuaciones de Miroku.
Ignoro las miradas que le enviaban algunas de sus compañeras en la esquina de la Cafetería. De repente, todo quedo en silencio. Observo a su alrededor, confundido. Sus compañeras observaban mas allá, susurrantes y maliciosas.
Siguió un camino de universitarios hasta que vio el hombre, alto y arrogante no observar a nadie.
Lo conocía, si alguien tenia mas popularidad que el en la Universidad era Seshomaru, sin siquiera intentarlo, la mayoría de sus compañeras y ex–novias andaban prendadas de el. Era frustrante.
De pronto, unos cabellos ébano se agitaron, una sonrisa grande y luminosa, unas mejillas sonrojadas por el frio de la tarde. Kagome.
Quiso levantarse e ir hablarle, quería que le sonriera. Que escribiera y le sostuviera la mano. Que le ayudara a olvidar la desazón que lo quemaba.
Se sentía perdido.
Cuando hizo el intento de levantarse, quedo tieso. Seshomaru se había vuelto, con el rostro extrañamente suave y ella corriendo a su lado le besaba la mejilla, con mas cariño que el que hubiera querido.
¿Cómo es que…?
Los ojos chocolates de ella se clavaron en los de el, extrañamente poderosos. Susurro algo y la cara de Seshomaru se endureció para mirarlo. Sin hacer mucho ruido y con la armonio que la caracterizaba, se acerco deslizándose entre las mesas hacia el.
—Me entere, Inuyasha. Lo siento—era la primera vez que le hablaba desde que habían terminado.
—Si—susurro perdido. Miro mas allá y Seshomaru los ignoraba, tenso—¿Cómo es que tu y Seshomaru se conocen?
Ella sonrió.
—Es mi novio—entrecerró los ojos, sintiéndose enojado—Aunque debo agradecerte, en la semana que no vine…sino hubiera sido por eso no lo hubiera conocido.
Nunca pensó que por culpa de el…
Su sonrisa era extraordinariamente calida.
—¡Kagome!—Inuyasha la observo despedirse sin mostrar mas que cariño por el, hubiera querido ver otra…señal.
Seshomaru la esperaba, impaciente con dos cafés en la mano. Seshomaru no esperaba a nadie, no veía a nadie. Siquiera hablaba con alguien.
Y de repente, Kagome Higurashi había logrado colocar la atención de Seshomaru en ella.
Su…
No, ya no era suya.
Amaterasu97
Y esto fue todo, Ícaro II. Que les guste, les encante. Por favor, comentarios y favoritos, que son mi alimento. Suerte y Abrazos.
