- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer:Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
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Los días pasaban tan rápido que la joven familia no se daba ni cuanta de cuando empezaba y acababa un día, pero lamentablemente si sabían que quedaba poco para que su estadía en Honolulu acabara y tuvieran que regresar a Canadá, o a Estados Unidos en el caso de los padres de Edward.
Esa mañana estaban los cuatro metidos en la misma cama, durmiendo como la familia que eran y disfrutando de un momento de relajo total. Habían pedido que les trajeran el desayuno a la cabaña, así no tenían que salir al comedor y se podían quedar descansando por un rato más en la cama.
Estaban viendo una película animada que pasaban por la televisión y que los niños adoraban, aunque los padres tampoco se quedaban atrás y se reían por las travesuras de los pequeños personajes de color amarillo y vestidos con jardineras azules.
Al acabar todos se comenzaron a vestir para ir a la playa a disfrutar del agradable sol que había ese día.
— ¡Ya estoy lista! — anunció Lyla saliendo de la cabaña hacia donde su papi, que los estaba esperando afuera, impaciente.
— Lyla Masen, ve a cambiarte ahora mismo esa ropa— reclamó el cobrizo cuando se volteó y vio a su hija vestida con un short de jean demasiado corto y una polera de pavilo que apenas le cubría el vientre y dejaba su ombligo a la vista.
— Pero si a mi mami le gustó. Ella me la eligió— reclamó la niña con un puchero en sus labios
— Me da igual. Te lo vas a cambiar ahora y te vestirás como una niñita de tu edad— insistió el cobrizo. No quería que su hija saliera así y la vieran otras personas ¡Era una niña!
— ¿Qué sucede? ¿Por qué los gritos? — preguntó Rosalie saliendo con Noah de su mano y ya listos para ir a la playa.
— A mi papi no le gustó mi ropa nueva y no quiere que la use— lloró la niña abrazándose a su cintura y apoyando su cabeza a su vientre. La rubia solo la acercó más a su cuerpo.
— ¿Qué es lo que tiene de mal su ropa, Edward? — inquirió sin comprender que le pasaba a su esposo
— ¿Es que no lo ves? ¡Va casi desnuda! Parece…— se cayó al notar la mirada de Rosalie que lo detenía antes que dijera una palabra que sus hijos no debían escuchar— ¡Cualquier cosa!
— Edward, es solo una niña— Rosalie rodó los ojos
— Y por eso mismo es que no puede andar así ¿Sabes cuánto depravado anda por ahí mirando niñitas? ¡Sale en las noticias todos los días! — dijo con desesperación
— Estás demasiado paranoico, amor mío. Te pasas— cogió la mano de su hija para disponerse a salir del lugar— Vamos, cariño, vamos a la playa con tu hermanito
Los tres comenzaron a caminar por el sendero de la playa, dejando a Edward solo frente a la puerta. Suspiró audiblemente y comenzó a seguir a su familia antes de que los perdiera por completo.
El agua tibia era perfecta para que los niños se bañaran sin problemas y sus padres los acompañaban por horas. El único inconveniente era el calor y por eso habían decidido resguardarse por un momento bajo la sombra de unas sombrillas, recostados en las reposeras y disfrutando de algo fresco.
Noah se había quedado dormido apenas terminó con su helado, pero a su hermana y tía las energías les habían vuelto al cuerpo y sólo querían volver a entrar al agua para seguir jugando.
— Les propongo algo mejor —trató de distraerlas Bree para que no se formara la grande con un berrinche de su adorada nieta. La amaba, pero sabía a la perfección como era su carácter y como se podía colocar si no lograba lo que quería. — ¿Qué les parece si salimos a recorrer el lugar y compramos recuerdos para la familia?
A penas la pequeña rubia escuchó la palabra con c que tanto amaba saltó de alegría y aceptó la propuesta de su abuela. Diego fue el único que no quiso participar de la travesía y decidió quedarse con Noah, también estaba cansado y deseaba dormir un poco para recuperar energías.
Se prepararon y pronto salieron del resort para ir a recorrer ya las últimas partes que les quedaban por conocer y aprovechar de comprar algunos suvenires para la familia y amigos.
Todo lo que veían la pequeña Masen lo deseaba tener y le rogaba a su padre que se lo comprara, pero con la cantidad de cosas que llevaban ya no podían seguir adquiriendo productos o no tendrían dónde meterlos en las maletas.
— Solo este, papi. Juro que sólo este— prometió la niña aún con la pequeña guitarra con diseños hawaianos y de color rosa en sus manos
— Entiende, Lyla, no tenemos dónde llevarla de regreso— insistió Edward con el rostro compungido al no poder complacer a su niña.
— ¡Pero papi! — chilló la pequeña casi dejando sordos a los que pasaron por su lado. Algunos comentaban lo malcriada que era o como los jóvenes padre no podían controlar a su hija
— ¡Lyla, tu papá ya habló y dijo que no! — la riñó Rosalie volteándola para que quedará de frente a ella — ¡Basta con el escándalo y deja de llorar porque está vez no te saldrás con la tuya! Además ya llevas muchas cosas para ti.
A Edward se le despedazaba el corazón al ver a su pequeña llorando de la forma en que lo estaba haciendo y estaba comenzando a perder la batalla contra su fuerza de padre. Pronto terminaría cediendo a los caprichos de su hija.
Por su parte Bree, con su hija menor en brazos, miraba como se comportaba su nieta y veían como su hijo se debatía entre darle o no lo que quería. No debía hacerlo, de eso estaba segura, pero él terminaría cediendo como muchas veces y eso generaría más conflictos.
— Rose y si…— trato de persuadir el cobrizo para ver si llegaban a un acuerdo
— No, Edward, Lyla no se saldrá con la suya está vez— sentenció la rubia mirándolo a los ojos y luego volteándose nuevamente hacia su hija— Una lágrima o queja más y nos devolvemos y no volvemos a salir de la cabaña ¿Entendido?
— ¡No! ¡Los odio! ¡Son los peores papás del mundo!
Sin esperar más, la pequeña se echó a correr por el lugar con sus ojos anegados en lágrimas y sollozando fuertemente. Se limpió las pocas lágrimas que se habían escapado con el dorso de su mano y, sin mirar ni escuchar a nadie, siguió corriendo.
Rose intentó detenerla, pero si delgado brazos se resbaló de su mano y no pudo hacerlo. Eso le molesto, pero otro sentimiento reemplazó el anterior rápidamente: miedo. Eso sentía ahora.
Edward, sin esperar a nada y en cuanto fue consciente de lo que pasaba, se echó a correr tras su hija. Había dejado caer las bolsas en el suelo, sin importarle si podía quebrarse algo delicado dentro de estas.
Las personas veían como el joven padre corría detrás de la pequeña, pero nadie hacía nada por detenerla. Era como si no supieran que hacer o cómo reaccionar.
El corazón de todos los adultos se paralizó cuando vieron que la pequeña se dirigía directamente hacia la calle donde el tráfico no se detenía por nada y pasaban sin control, a toda velocidad. Edward dio un grito antes de presionar sus piernas hasta su máxima capacidad para alcanzar a su manchita.
No supo cómo ni lo que pasó a su alrededor, solo vio al automóvil que se acercaba a gran velocidad hasta su pequeña hija y de ahí todo lo que pasó fue un completo caos.
Rosalie gritó con pánico cuando lo único que se vio fue a la gran cantidad amontonándose alrededor de sus dos amores y no pudo hacer nada más que salir corriendo hacia donde estaban todos ellos. Su suegra la siguió de cerca aun con Sophía en sus brazos.
Al llegar la imagen que vio la dejó pasmada. Edward tenía abrazada a Lyla, con fuerza, y se encontraba tendido sobre el capó del auto con todo su cuerpo estampado en el parabrisas delantero, el que se encontraba completamente trisado.
Lyla no dejaba de removerse en los brazos de su padre tratando de soltarse, pero no lo lograba. Las lágrimas aun salían sin control y no paraba de gritarle a Edward para que la dejara ir.
— ¡Edward! ¡Lyla! — Rosalie llegó al lado de los dos y de inmediato cogió a su hija en sus brazos para abrazarla fuertemente.
Bree se acercó a su hijo y con la ayuda de un señor, y con mucho cuidado, lo ayudó a colocarse de pie. Edward apenas podía moverse del dolor, pero todo se olvidó cuando recordó a su hija.
Se acercó hasta donde estaba Rosalie y le quitó a la niña de los brazos para apretarla fuertemente contra su pecho y luego dejarla sobre el suelo. La comenzó a revisar por todos lados con desesperación a la vez que le preguntaba si estaba bien, si le dolía algo. Poco le importaba si el que realmente estaba lastimado era él.
— ¡No vuelvas a hacer nunca más eso, Lyla! ¡¿Te diste cuenta de lo grave que fue lo que pasó?! — la comenzó a reñir como nunca lo había hecho. Estaba muy molesto, pero más que eso se encontraba asustado, con el pánico aun corriendo por sus venas— ¡Eso pasa porque eres una mimada! ¡No puedes hacer siempre lo que quieres y salirte con la tuya!
— Edward…— trató de detenerlo Rosalie al ver cómo todos los miraban y como lloraba su hija. Sabía que Lyla se merecía un regaño, pero creía que no era el momento ni el lugar.
— ¡¿Acaso no pensaste en lo que te podría haber pasado?! ¡¿Acaso no vez que podrías haber muerto?! ¡¿Qué hacemos si te perdemos?! ¡¿Quieres no volver a vernos nunca más?! — el cobrizo estaba cegado por el temor y no se daba cuenta de las cosas que decía.
— Edward...
— ¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa?! — ahora había sido su madre que lo llamaba y eso lo sacó de su enojo. Vio como esta le rogaba con la mirada que se detuviera y ya había llegado la policía para tomar los datos del accidente.
— Vamos a hablar después de esto, jovencita— sentenció Edward alejándose de su hija, dejándola de pie y sollozando, completamente inmóvil.
Por cerca de una hora el cobrizo estuvo hablando con la policía y el dueño del auto para ver como solucionarían el problema. Ninguno de los dos quería llevarlo a juicio, y menos el chofer que aceptó gustoso el abultado cheque por una gran suma de dinero para los arreglos del automóvil y un poco más como compensación. A eso había que sumarle la revisión que hicieron los paramédicos sobre sus lesiones.
Estaba sentado en la camilla en la ambulancia y desde ahí veía como también revisaban a su pequeña que aún permanecía en los brazos de su madre y no dejaba de llorar.
— Solo tiene unos cuantos rasguños y golpes, pero nada de gravedad, señor— le informó la paramédico quitando la molesta luz de sus ojos— Con unos analgésicos para el dolor estará bien, pero si llega a sentir cualquier molestia como dolor…
Si, si, si, lo de siempre. Poco le importaba en ese momento lo que la paramédico que decía. No es que no le preocupara su salud, pero su cabeza no se podía concentrar en nada en ese momento. Por su mente aun pasaban las imágenes de su pequeña siendo arrollada por el automóvil y quedando debajo de los neumáticos, ensangrentada y… Y sin… Sin vida.
Una vez estuvo listo se dirigió a la otra ambulancia. Rosalie y Bree lo miraron al instante, en silencio.
— Nos vamos— afirmó y se volteó para detener a un taxi que los llevaría al resort.
El ambiente en el carro era tenso y parecía que ni siquiera el chofer estaba dispuesto a hablar por miedo a desatar la tercera guerra mundial. Edward en completo silencio y mirando por la ventanilla del copiloto el paisaje a su alrededor y escribía cosas en su celular de vez en cuando, Lyla sollozando en los brazos de su madre y con su cuerpo apoyado sobre su pecho, Rosalie acariciando la espalda de su hija en un intento de calmarla y Bree entreteniendo a su hija como podía para que no molestara a su hermano.
El joven padre pagó el viaje y se despidió del taxista solo para luego voltearse hacia su mujer y su hija. Les indicó que las esperaba en la cabaña y se marchó sin decir una palabra más.
Rosalie y Bree lo vieron marcharse en silencio. Ninguna sabía interpretar que era lo que pasaba con Edward, pero si sabían que su mente aún pensaba en lo ocurrido a mil revoluciones por hora.
— Vayan. Yo cuidaré a Noah por esta tarde, no te preocupes— le sonrió dulcemente y acarició el cabello de su nieta con dulzura. Lyla solo sollozó aún más y se escondió en el cuello de su madre— Nos vemos para la cena.
— Gracias— le medio sonrió Rosalie y comenzó su camino hacia la cabaña que habían adquirido en el resort.
Caminó a paso lento. No quería llegar tan rápido a la casa para poder darles tiempo a sus dos amores para calmarse. Sabía que Edward lo necesitaba más que nunca pues nunca lo había visto tratar a Lyla de esa manera. Si lo había hecho era porque de verdad estaba desesperado por lo que había pasado y no lo había terminado de procesar.
Después de minutos caminando no podía aplazar más la situación, así que se dirigió directamente hacia el punto de encuentro. Lyla no dejaba de pedirle perdón por lo que había pasado y le prometía que nunca más lo haría, pero no era con ella con quien tenía que hablar pues ella ya la había perdonado después de verla tan mal.
En el interior de la cabaña estaba Edward metiendo sus cosas en la maleta en completa calma, o al menos eso era lo que parecía porque nada lo perturbaba de su labor. Estaba tan metido en su mundo que ni siquiera fue consciente de cuando sus dos mujeres entraron en el lugar. Solo reaccionó cuando Rosalie le preguntó qué hacía.
Se encaminó hasta donde estaban y luego las invitó a la sala. Ahí Rosalie se sentó con su hija en uno de los sillones y esperaron hasta que el cobrizo comenzara a hablar.
— Lo que hiciste hoy fue irresponsable, Lyla. Podría haber pasado cualquier cosa y agradece que ninguno de los dos salió lastimado— bueno, al menos no se gravedad pensó para sí mismo al sentir como su cuerpo le dolía a horrores— Hoy demostraste que eres una niña mimada, que no tiene control, que siempre se quieres salir con la suya y que cree que puede mandar al mundo como quiere, pero eso no va a seguir así. Desde hoy en adelante todas tus regalías se han acabado. No hay más ballet, no más gimnasia, no más juguetes cuando quieres, no más salidas y, definitivamente, no más privilegios para ti hasta que aprendas a comportarte o a siquiera ganarte las cosas.
Lyla se estremeció al escuchar esas palabras. Su papi no podía quitarle todas sus cosas, o al menos no el ballet y la gimnasia. Ella adoraba esas dos cosas y si se las había ganado con esfuerzo. No pudo aguantar las lágrimas en sus ojos.
— Edward…— intentó razonar Rosalie, pero no la escuchó
— El papá simpático, amable y cariñoso se acabó. Contigo no se puede ser permisivo porque no sabes controlar ese privilegio que se te da, así que tendremos que cambiar de estrategia y me volveré el malo de la película aunque me odies por un tiempo. Pero sé que cuando crezcas me lo vas a agradecer.
— Edward, por favor— le rogó Rosalie abrazando a su hija. Los sollozos habían pasado a llanto ahogado— Es solo una niña. Es tu hija.
— Y por eso mismo es que lo hago, Rosalie. No quiero que nuestra hija sea una malcriada que cree que consigue todo sin esfuerzo y que puede hacer los escándalos que quiera para adquirir las cosas— comentó con seriedad— Lyla tiene que comprender quien manda. Hoy casi nos mata a los dos. En este momento podríamos estar lamentando una tragedia familiar y, si las cosas continúan así, sé que para la próxima no tendremos tanta suerte.
— ¡Edward, escúchate por favor! — le pidió al sentir como su hija gemía entre sus brazos. Lyla recién había caído en la gravedad de lo que había provocado… Casi había perdido a su papi por su culpa.
— Me estoy escuchando, Rosalie. Créeme que si— le respondió saliendo del lugar
— ¿A dónde vas, Edward?
— Me voy, mis vacaciones se acabaron aquí. Me vuelvo a las competencias— respondió sin voltearse.
— Pero…— iba a tratar de detenerlo, pero no ganaría nada. Edward era demasiado terco como para cambiar de opinión— ¿Cuándo regresarás?
— No lo sé. Son muchas competencias
Apenas estuvo dentro de la habitación cerró la puerta a sus espaldas. Se recargó en ella y se dejó caer hasta el suelo. Su corazón se había partido en mil pedazos, de eso estaba más que seguro, y esperaba no estar cometiendo un error.
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Hola mundo ¿Cómo están? Espero que bien y que puedan descansar este fin de semana.
¿Qué les ha parecido el capítulo de esta semana? Tenemos un poco de drama nuevamente a pedido de algunas lectoras. Al fin vimos a la pequeña Lyla como malcriada y a papá Edward colocándose firme, es que ella no podía salirse con la suya con todo lo que había ocasionado y cuando estuvieron en ese peligro ¿Qué habrían hecho ustedes? ¿Qué creen que pasará ahora? Espero sus respuestas.
Como todas las semanas, le quiero agradecer a mi amiga Jennifer (Jnnfrmrz) por ayudarme en mis locuras y apoyarme. También le quiero agradecer a Sandra (sandryttaa), quien también es mi apoyo cuando lo necesito. Y obvio a mis lectoras anónimas y a las que me dejan reviews:
- Aru1313: Hola, que bueno que te hayan gustado sus historias. Somos bastante parecidas, así que sabía que no te defraudarían ¿Qué te pareció este capítulo? Un poco fuerte ¿No? Mi familia está bien, gracias por preguntar y por tus buenos deseos. Cuídate y nos leemos.
- Yolo: Hola. Que bueno que te gusten mis historias a pesar de ser diferentes, siempre temo que no gusten. Lamentablemente los problemas volvieron para esta pequeña familia ¿Cómo crees que los solucionaran? Espero tus respuestas. Cuídate y nos leemos.
Bueno chicas, a esta historia solo le quedan dos capítulos más un epílogo, así que para mediados de octubre ya habremos acabado. Pero la historia que les conté la semana pasada está bien avanzada y hay otras que podrían ver la luz de aquí a fines de año. No creo que pueda subir antes de diciembre alguna historia nueva ya que empezaré un nuevo campo clínico intensivo en otra ciudad y eso ocupará mucho de mi tiempo, pero les prometo que regresaré con una nueva historia en diciembre para que no desesperen.
Ahora, sin nada más que decir e invitándolas a que visiten las páginas de mis amigas, me despido hasta la próxima semana. Besos.
Babi Cullen
