Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía.

Advertencia: AU

Serendipia

Debía recordarse a si misma que hacia ahí para no escapar.

Sango a la hora de ser tenaz e impertinente era realmente buena, sobre todo a la hora de encontrarle a ella posibles novios. Su ultima herramienta había sido de esas paginas para citas a ciegas, cosa que no era de su máximo agrado. No estaba desesperada.

Se sentía cómoda en su soledad y con un gato, no es que odiara a los hombres. Pero a la hora de conocer a uno siempre encontraba algo malo, a veces eran demasiado machistas, otras veces demasiado inmaduros y hasta se había encontrado con uno que le miraba mas los pechos que su cara.

Entro lentamente en el café, observando lo lleno y ruidoso que estaba. Se dirigió lentamente, recorriendo el pequeño local tratando de encontrar su dichosa "cita". La señora que atendía alguna mesa le sonrió, Kaede sabia que siempre llegaba ahí a comer algo.

Un trueno resonó y observo la hora, quince minutos desde la hora señalada.

Lentamente, la lluvia empezó a caer y las personas corrían escapando, tratando de taparse con lo que tuvieran a mano. El café se lleno de calor y el rumor de susurros. Prontamente no había mas mesas.

Estaba muy lleno.

Kaede le trajo un platico lleno de pastelitos y un café con leche. Sonriendo torpemente, lo recibió, comió un poco y volvió a ver el reloj, faltaban cinco minutos para una hora.

Suspiro, frustrada.

El celular se ilumino y el nombre de su amiga apareció.

—¿QUE PASO?—frunciendo el ceño por el poder del grito, rolo los ojos.

—No llego. Paso una hora y no ha llegado.

El silencio se escucho y la respiración pesada de Sango resonó.

—Debió haber pasado algo.

—O simplemente no quiso venir—suspiro, tomando su café—Esperare haber si aparece, y aprovechare para escampar, pero si no llega…

—Lo…lo lamento Kagome.

Sonriendo un poco, le colgó. No estaba enojada, se sentía cansada de este tipo de cosas. La campana sonó y subió la mirada. Un hombre en jeans y una camisa de cuadros con un abrigo largo y goteando había entrado.

La capucha le tapaba el rostro.

Kaede le trajo otro café, sonriendo y tapando la vista del sujeto que se estremecía en la esquina. Pasaron quince minutos y la lluvia no cesaba. Su cita no iba a llegar.

Observando de nuevo el café donde se fijo en la esquina, el extraño estaba inquieto e incomodo. No habían mesas disponibles, y el café rezumaba en personas. Observo su mesa vacía, y la silla de adelante sin persona alguna.

El abrigo del extraño estaba empapado aun, y desde donde estaba escuchaba los tenis que chasqueaban de agua. La puerta se abrió otra vez dejando una pareja salir, y el viento entro en ráfagas, estremeciendo al hombre.

—Creo que tiene frio ¿eh?

Kaede estaba sonriendo. Suspiro, sabia que la abuela tenia la misma idea de ella.

—Dile que venga.

La abuela le encarno la ceja y camino hasta el desconocido. La capucha cayo, y ella se quedo sin respiración. Vaya…era estremecedor.

Observo el intercambio del hombre y Kaede, fruncía el ceño y asentía. Cuando la volteo a ver, sus mejillas ardieron. El desconocido la observo con una ceja arqueada y se rostro lleno de confusión.

Sin embargo se acerco a ella a paso lento no sin antes agradecer a Kaede. Se detuvo un buen tiempo detallando el rostro bastante hermoso y digno de escultura, hasta que el carraspeo la hizo despertar.

—Lo siento—susurre, sintiendo las mejillas arder. El hombre enarco la ceja, se quito el empapado abrigo y se sentó.

—Llevas un buen tiempo aquí—comento el hombre como si nada.

—Eh …si…tenia una cita con alguien pero no vino…

El hombre entrecerró sus ojos a ella y asintió. Kaede llego en ese momento y trajo un café oscuro y espumoso. Después dejo unas galletas y le guiño el ojo.

—¿Qué esperas entonces?

Ella se sonrojo aun mas por el escrutinio de su mirada.

—Que escampe.

El hombre sonrió.

—Eso creo que durara un buen tiempo—comento—Por cierto mi nombre es Seshomaru.

Sonriendo.

—Mi nombre es Kagome.

Cuando acabo la tormenta, se sentía tan cómoda con el hombre que tenia al frente que seriamente medito el querer verlo otra vez. Su cita no había llegado jamás, pero un perfecto desconocido había sido la mejor "no cita" que había tenido.

—¿Vives lejos?

Parpadeando, se recordó que estaban a fueras del café.

—No mucho la verdad. A cinco cuadras…

Seshomaru asintió.

Era un hombre peculiar así como simple, su forma de actuar era bastante fría pero sus ojos eran como soles, cálidos.

Nunca había agradecido que la dejaran plantada.

—…si quieres puedes acompañarme. Creo que aun estas muy mojado.

Seshomaru la observo sin demostrar nada, sin embargo, sus ojos brillaron.

—Claro.


Amaterasu97