Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía.

Advertencia: AU

Far Away

Sabia que era frio, pero no sabia que era tan frio. La estación de trenes se había llenado de un vaho frio y helado, a pesar de tener una gruesa chaqueta para acampar aun así sentía el helado ambiente.

"El Transiberiano esta a punto de partir"

Las pocas personas empezaron a caminar hacia el viejo tren que botaba humo. Sentada en su maleta volvió a ver el boleto para irse lejos, un viaje para ella sola y nadie mas.

Había cometido el error de anteponer sus sueños ante alguien mas.

Levanto el celular por ultima vez, llamando a Miroku.

—¿Dónde estas?—fue lo primero que le dijo a descolgar, su tono de voz estaba tranquilo pero visiblemente preocupado. También escuchaba la culpa que desprendía.

—Moscú.

Al otro lado de la línea su amigo tomo una gran respiración.

—¿Qué haces tan lejos?—pregunto, escucho el murmuro de una voz a lo lejos—Supongo que es para…

—No es para huir—corto secamente. La respiración de Miroku era rápida, estaba preocupado, demasiado. Automáticamente, ablando su tono—Lo lamento…solo quería viajar, sabes que esto lo quería hacer desde hace mucho y es perfecto para mi reportaje.

El sonido de la bocina del tren resonó.

—Estas por partir en tren…

—Si…¿Hiciste lo que te pedí?

El silencio se instalo y la profunda respiración de Miroku la hizo sonreír.

—Si—silencio—Lo lamento…creeme, si yo hubiera sabido que eso…

—No hay problema.

Y era casi natural que sintiera culpa, después de todo el había sabido de los enredos amorosos que Inuyasha había tenido con su prima, sin embargo, Miroku le había dicho que Inuyasha la había dejado, que el le había asegurado que había sido un "desliz".

Calló.

Y ella tuvo la desastrosa oportunidad de enterarse por primera mano, encontrándolos enredados en su propia cama.

—¿Quieres que les avise?

—No, lo hare yo.

—¿Estas segura?

Sonriendo, dejo el boleto en el bolsillo de su abrigo.

—¿No confías en mis habilidades?

—Por algo no te estoy rogando que te devuelvas, Higurashi—la risa de Miroku fue tan tranquilizadora como un chocolate caliente en una tormenta de nieve—Cuidate.

—Lo se—sonrió una vez mas—Les enviare postales, y muchos abrazos. Dales besos a Sango y dile que no este mas enojada contigo, que si yo no lo estoy…

—La entiendo, te herí, eres como su hermana. Le mentí a ella y a ti.

El tono de voz era sombrío.

—Miroku, no te culpo. Me sentí traicionada, claro…pero creo que no lo hiciste porque desearas algún mal para mi, además, Inuyasha también es tu amigo.

—Y ahora deseo nunca haberlo conocido.

La conversación se extendió un poco mas, Miroku estaba preocupado pero no para llamar a las autoridades o a sus padres, era tan visceral que a veces se olvidaba de que tenia cosas en la cuales pensar antes de embarcarse en algo. Así era ella.

Hasta Inuyasha.

Pensó en el matrimonio y estuvo comprometida.

Colgó y automáticamente busco en sus contactos el numero de Inuyasha, la foto de ambos la golpe como un saco de box. Su sonrisas dolían, Inuyasha la estaba engañando para esa Navidad donde le propuso matrimonio.

Pulso el botón y espero.

—¿Hola?

—Inuyasha—la respiración al otro lado se volvió de golpe irregular.

—Kagome. ¿Dónde demonios estas?—la voz fuerte y viril la hizo fruncir el ceño—He estado preocupado…

—Ahorrate la mierda, Inuyasha. Te vi acostándote con mi querida prima. Ese día fue algo curioso. Ese día, por alguna razón, el trafico estaba rápido. Ese día tenia en la cafetería de dos calles la cita que te había contado con el reportero, curiosamente, esa cita duraba dos horas y tu tranquilo me dijiste "te espero".

Tan rápido como un disparo.

La respiración al otro lado se volvió errática y escucho al fondo una voz femenina preocupada. Su prima.

—Ese día tan curioso, André me dijo que no podía ir, así que cancelo y yo, tranquilamente salí. ¿Sabes que es obtener un taxi en una avenida con los pasteles que compre?. Todo un milagro—su voz inexpresiva hasta le fue tan extraña hasta para ella misma—Y ese día el milagro ocurrió. Siempre se me olvidan las llaves, esas donde tengo la copia del apartamento. Ese día las tenia en el bolso, y abrió silenciosamente para mi sorpresa. Sorpresa que me lleve yo, estabas con mi dulce prima, ambos en la cama. Salí silenciosamente…no iba a decirte nada Inuyasha. Yo no iba a luchar por mierda….¿A que parece un cuento, una comedia trágica?

—…¿dónde estas?...yo…—se quedo callado—Perdoname, pero es que…

—Si, Inuyasha. Mi prima es sexy, divertida, es agresiva y toda una diva. Y me importa un carajo. Fui con Miroku, me conto, llevas mas de un año con ella. El perdón no vale nada, aquí no vale nada.

—Yo no quería hacerte daño.

Se rio.

—Hubieras pensado eso hace un año, donde pudiste no haberte acostado con ella. Y pues…no lo hiciste. Ya llore, ya sufrí y me fui.

—¿Dónde estas?—la desesperación fue palpable—¿Estas donde Sango, puedo ir y…

Entrecerró los ojos, viendo como el ultimo pasajero del tren se subía.

—Crees que me conoces, crees que te perdonare. Crees que me fui a llorar lo mas cerca y sentarme a esperar, a perdonarte. Aquí es donde me doy cuenta que me engañaste consciente de el daño que me hacías, pero pensando que la "buena Kagome" te perdonaría.

El silencia la golpeo una vez mas. El había esperado eso.

—…Lastima que esa Kagome nunca existió para nadie mas para ti. Y ahora no es mas para ti. Nunca escuchaste Inuyasha, que yo, no era precisamente una persona que perdona—el pitido del tren le aviso que era hora de terminar—Ahora sabrás de lo que soy capaz: tienes 24 horas para salir de mi apartamento, Miroku se ha encargado de liquidar la propiedad, así que te quiero fuera y la quiero fuera a ella. Se que estas con ella.

—¿Qué estas diciendo?...Kagome, vamos, hablaremos…lo arreglaremos….se que no eres capaz de hacer esto.

Kagome sonrió.

—Te lo advierto: 24 horas. Y para tu información no estoy donde Sango, estoy en Moscú.

—¿Qué demonios haces allá?—Inuyasha era irascible cuando las cosas no le salían como quería, le daba risa como trataba de tranquilizarte—¿Cómo es que me quitaras el apartamento?

—No es tuyo, no mas. Te lo dije Inuyasha, cuando te conocí y dijiste que era la reencarnación de una santa…¿yo que te dije?

—Los santos tienen limites—musito el hombre, al fondo la voz preocupada de ella volvió a resonar.

—Te regale el apartamento como prueba de nuestra relación, para que tuviéramos donde llegar ambos. Un hogar. Ahora que he cortado contigo, el apartamento se va conmigo. Repito, tienes 24 horas, Miroku se hará cargo de todo, el dinero del anillo se te dará devuelto.

—No me iré de aquí, te esperare.

—No me esperes porque yo nunca llegare a ti. Si no sales de ahí, Inuyasha, Miroku te sacara con policía, a ti y a ella—se levanto, sujetando su maleta—La cagaste, Inuyasha. Lujuria te gano por encima de estabilidad. Lujuria por encima de amor. Fue un placer, en mi ignorancia, te ame. Pero la verdad es cruda, y te cae…así que…adiós.

—Kagome, no te vayas así….yo….

—Tu nada, Inuyasha—suspiro—Adiós.

Colgó y rápidamente abrió el celular, borro sin que le temblara la mano los archivos que había tenido con Inuyasha, le saco la tarjeta de llamada, anteriormente ya tenia anotado los números y direcciones de la gente que quería en su agenda. Doblo la pequeña lamina y la boto.

Se acerco a una tienda abarrotes, mientras al fondo el ultimo aviso de abordar el tren sonó. Tomo un pequeño reproductor de música que podía metérsele la tarjeta de memoria. Comida, y una bebida. Muchos dulces.

Cuando pago, vacilo un momento, pero enseguida le entrego los billetes enredados en el celular.

—Señorita—exclamo el pequeño y regordete vendedor, tenia un bigote desprolijo pero un rostro paternal—Creo que se le quedo…esto—exclamo en un apurado ingles.

Se volvió sonriendo.

—Señor, se lo regalo. Creame, a mi no me sirve para nada.

Y se subió al tren.

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Entro silenciosamente con su maleta, los pequeños cubículos olían mucho a viaje y a cuero, pequeñas pinturas y fotos del tren colgaban de los tapices terracota. Lentamente observo a su izquierda a una familia que hablaba rápidamente en ruso y en voz baja.

A unas filas mas arriba un gorro de la chaqueta se observaba y mas atrás un viejo sin mirar a nadie se hallaba en su cubículo. Estaba mas o menos vacío, no estaban en épocas turísticas y la gente no venia mucho a tomar un tren en medio de la nada.

Se instalo en el gran cubículo, la silla de cuero tenia pliegues que se podían convertir en una litera, olía agradablemente y era bastante cálido. Dejo su maleta en el suelo, debajo de la silla. Se sentó, se puso sus audífonos y sonrió con libreta en mano.

Lentamente, después de una media hora el tren partió a ritmo constante, dejaron la ciudad para convertir el paisaje en grandes arboles y explanadas de verde. El tren se deslizaba con facilidad y el olor de humedad y de arboles se colaba.

La familia estaba sentada alrededor de un pan con queso, y ella tuvo hambre al instante. Saco una pequeña bolsa de papas, sus dulces y se los comió alegremente. Una pequeña niña se asomo entre los asientos, tenia grandes ojos azules y el cabello blanco, veía los dulces con un anhelo que la hizo reír.

La noche cayo y ella supo que era momento, la litera ya estaba lista y ella se había puesto en el baño un pantalón cómodo. La niña seguía asomándose viéndola, así que rápidamente dejo la bolsita de dulces que sobraba en la silla de la niña con una sonrisa, los ojos de la chica brillaron con alegría y su madre sorprendida, le agradeció rápidamente.

Durmió tranquilamente.

Cuando despertó, se alisto otra vez y dejo la cama arreglada. Se dirigió lentamente hacia el comedor del tren, muchos pasajeros estaban sentados y observando el paisaje. Se sentó en la silla observando la nieve caer y al fondo una silueta de una ciudad.

—¿Dónde estaremos?

—Estamos cerca de Ekaterimburgo—una voz de un hombre la hizo fruncir el ceño, atrás de su silla estaba la otra mesa. Tenia un abrigo parecido al suyo, era el pasajero que estaba unos puestos mas adelante.

—Gracias—el hombre asintió y volvió al café que estaba tomando.

Nerviosa, también volvió a concentrarse en los patrones de la mesa. A penas había visto los ojos del hombre sin saber su color y la silueta del rostro, pero su voz era…bastante hermosa, indescriptible….

—Señorita—una mujer de cabello tan rubio que parecía blanco le sonrió pero miraba de reojo a la mesa de atrás.

—Gracias—murmuro, tomando el café.

Prontamente pasaron por la pintoresca ciudad, había leído sobre la ciudad, quedaba en los Montes Urales. Prontamente pasaron la población y se detuvieron en la estación, la familia se bajo rápidamente y agradeciéndole por los dulces con la mano desaparecieron en la pequeña multitud.

Algunos pasajeros bajaron a comprar abarrotes, observo el bolso y aun quedaban dulces así que decidió quedarse. Volvió a observar el paisaje aburrida hasta que observo una pareja despedirse, la mujer lloraba con tal desesperación que la hizo fruncir el ceño, hasta que el hombre tratando de calmarla le besaba las lagrimas y los ojos.

El sonido pesado de una maleta a su lado la hizo salir de su ensoñación, la silla donde la familia había estado ahora estaba ocupada con el hombre, que la miraba inexpresable y serio.

Ella le encarno una ceja y el sonrió, levemente.

Sin esperar que el empezara a hablar saco una libreta que había comprado antes de llegar a la estación, saco su bolígrafo y empezó a relatar su viaje. Poco antes de conocer a Inuyasha, ella había sido una "mochilera" consumada y reconocida, había ido por paisajes insólitos y había encontrado su forma de subsistir de lo que amaba, escribía reseñas y columnas para National Geographic, y Discovery . Después de terminar su carrera como periodista empezó a escribir columnas para el New York Post, periódicos de Japón y revistas como el Times.

Todo eso sin dejar hacer lo que amaba.

El cliqueo de una cámara la sorprendió en medio de la nota que estaba escribiendo, el hombre de al lado sostenía una cámara profesional hacia ella y la observaba de igual manera.

Ella volvió a enarcar la ceja y suspiro.

Ignoro el hecho que había acabado de tomarle una foto a su rostro y que seguramente era un acosador, sin embargo, esperaba que su falta de reacción dejara que el tipo tuviera su atención puesta en ella.

El tren volvió a su recorrido y ella volvió a la escritura, en el resto del viaje, el hombre perdió interés en ella y volvió la vista a la ventana, observando. Pasaron unos cuantos ríos y pequeñas granjas hicieron su aparición.

Era un perfecto paisaje de soledad.

—¿Eres reportera?

Parpadeo un poco, sorprendida de que el hombre en el puesto a su lado hablara. Durante toda la tarde la había ignorado férreamente, sin dejar de mirar la ventana en ningún momento. Para el anochecer ella ya había olvidado su misterioso acosador.

—¿Por qué preguntas?

—Estas escribiendo, eres joven y además la pequeña cámara que llevas me indica eso. A menos que sea por otra cosa que estés en medio de la nada, atravesando Rusia en un tren…

—Estas en lo cierto y estas equivocado—comento—Si, soy reportera pero no es por lo único que estoy acá.

El hombre asintió y volteo a mirarla, ya no tenia la capucha y la poca luz que alumbraba en su cabeza ayudaba a que sus ojos se vieran oscuros y realmente hermosos, parecían oro viejo.

Eran similarmente a los de Inuyasha pero abismalmente diferentes.

Estos eran…tan hermosos.

—Parece que te impacte—la arrogancia de su voz la hizo despertar, frunció el ceño y los labios, malhumorada.

—Eres demasiado feo—sabia que era muy infantil que comentara eso.

Los dientes brillaron desde donde estaba y la sonrisa socarrona la hizo enfurecer mas.

El la volvió a ignorar.

Al despertar habían pasado Irkustk y estaban cercar de Ulan Ude, donde tenían que bajarse para hacer traspaso al transmongoliano. Su plan era llegar a Pekín en una semana, después de todo esperaba hacer una parada en la ciudad.

El hombre bajo rápidamente cuando llegaron a la ciudad, respiro un poco y se fue a caminar, ya había guardado anteriormente su maleta. Recorrió la estación y se tomo un jugo y compro pilas para su reproductor, y se sentó a observar gente y a tomar fotos.

—Vienes de sentarte y te quieres sentar.

Volteo a ver y el hombre estaba a su lado con intenciones de sentarse a su lado en la banca, viéndolo a la luz del día era bastante atractivo y atraía varias miradas a su alrededor, sobre todo femeninas. Tenia el cabello hermosamente plateado y su rostro era cincelado, por sus ojos rasgados intuyo que también era japonés.

—¿Te han dicho que no eres agradable?—el hombre serio y su rostro era duro—Kagome Higurashi.

El observo su mano un momento, se sentó y suavemente la tomo.

—Seshomaru Taisho—sus ojos eran como dos soles y era sorprendentemente suave a pesar de que parecía un hombre tosco y duro. Tenia una pequeña barba de días y era bastante pálido.

—¿Qué haces aquí?

El enarco la ceja, y medio asintió al tren.

—Soy fotógrafo—ella asintió y supo que por la tranquilidad con la que miraba un punto ciego en el paisaje no quiso seguir hablando, abrió un pequeño libro que había encontrado en el aeropuerto de Japón el día que se había ido.

"Cartas de Auchswitz"

Había tenido una compulsión extraña al verlo y lo había tomado.

Empezó a leerlo, cartas de generales a sus esposas pasaron por sus ojos, de gente sobreviviente, acompañadas de datos históricos. Hasta que una la hizo detenerse, una en especial, una de una amante a su amado.

Leyó rápidamente el dato histórico, la carta se había encontrado en una casa abandonada, y la parte donde había estado firmada había sido arrancada. Curiosamente, la carta estaba quemada por mano humana donde nombraba al que estaba dirigida, los datos decían que era un antiguo ciudadano de clase alta Alemania en la época, pero que había desaparecido y los registros sobre el hombre habían sido quemados.

Leyéndola, se le apretó el corazón…

—¿Estas bien?

El la observaba algo preocupado.

—¿Por qué preguntas eso?

—Estas llorando.

Sorprendida, toco sus mejillas y estaban húmedas.

—Perdón—murmuro, limpiándose con la chaqueta. Bruscamente, un pañuelo apareció en su visión.

Lo tomo y sonrió.

Era un buen hombre.

Cuando se le paso el malestar y entraron inevitablemente juntos al tren, los vagones estaban llenos de gente que estaba reunida, y el único asiento que tenían lo tuvieron que usar juntos.

En silencio, ella escribió y el se dispuso a tomar fotos de algunos pasajeros sin que se dieran cuenta y de los paisajes.

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—¿Por qué estas aquí?

Ella parpadeo un poco, había cerrado los ojos por que estaban cansados de tanto leer.

—Por el reportaje.

—¿Y cual es la otra razón?

—¿Porqué te contaría eso?

El se encogió de hombros, sin dejar de ver ella ventana.

Ella sonrió.

—Tienes un punto por eso.

De pronto se vio contándole todo y el fue lo que esperaba, un buen oidor. Se vio apoyándola en silencio, a veces mirándola y sonriendo por algunas anécdotas alegres, frunciendo el ceño por algunas dolorosas…pero sin decir nada.

—…así que lo eche de mi apartamento y termine aquí, Rusia.

—Es un cabron el tipo—finalmente dijo el—Y tu no eres muy buena.

—Yo nunca dije que era buena. Y si, Inuyasha es un cabron.

Durmió como una marmota, ya que el cambio de huso horario era violento y curioso pero tenia su cuerpo cansado y agotado.

En dos días habían pasado hacia Ulan Bator con camino hacia Pekín, los pequeños pueblos de Mongolia eran chiquitos y pintorescos, bajaron unas cuantas veces a comer, y había logrado que Seshomaru le contara que trabajaba también en Discovery y National Geographic, era un fotógrafo paisajista y había trabajado anteriormente con gente importante pero que sin embargo no le había gustado.

Se sentía tan cómoda con el y además era parecido en algunos aspectos en ella, trabajaba viajando y había ido a muchos lugares, ambos habían intercambiado cuentos sobre lugares extraordinarios.

—¿Por qué estas aquí?

El la observo, entrecerrando los ojos.

—Ya te dije—murmuro, aburrido.

—Una de las razones, te falta la segunda. La mas importante.

El se quedo mirándola por entre los lentes que utilizaba cuando leía, dejo el pequeño libro al lado y se quito los lentes.

—¿Por qué?

—Porque soy una desconocida. Tu me dijiste eso.

—Creo que ya no somos tan desconocidos, Kagome—la forma en que dijo su nombre la hizo estremecer.

—Si, pero de alguna u otra manera hay cosas que no conocemos sobre nosotros, tu y yo no hablamos de nuestra vida afuera. Somos desconocidos.

El se quedo en silencio.

—Conocí a una mujer en abril….

Lentamente la historia empezó a tomar forma, una mujer que había conocido, y que había amado con locura. Habían viajado, hasta que empezó a enfermar y a decaer. Había quedado perdido, y cuando ella murió, había dejado todo y había empezado a viajar para olvidar y quizás para recordar.

El dolor en los ojos de Seshomaru la hizo respirar pesadamente y por primera vez en ese viaje, lo tomo de la mano y se recostó en su hombro.

Quedaron en silencio, viendo la oscuridad.

El apretó su mano después de unos 15 minutos. El había enlazado su mano con la de ella.

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Al otro día siguieron con su usual dinámica, ella lo molestaba y el resoplaba frustrado. La amenazaba y rolaba los ojos.

Ella leyó mil veces la carta en voz alta y el fruncía el ceño cada vez que la veía hablando de ellos, los amantes.

Ese día estaban cerca de Erenhot, para atravesar la frontera de Mongolia hacia China. Se dio cuenta que faltaba poco para que llegar a China, y para separarse de Seshomaru.

Y eso no le gusto nada.

Salieron para comer y asearse, compro pilas y dulces, al parecer Seshomaru le gustaba mucho la música que llevaba y la mayoría de veces le robaba uno de sus audífonos sin decir nada y se los ponía en la oreja.

Le había tomado cariño.

El hombre seguía siendo rudo y tosco, pero ahora era mas suave y le sonreía, se preocupada por ella y a media noche acomodaba su cabeza en hombre para que no le diera frío le ponía su chaqueta ya que las literas estaban todas ocupadas.

A veces sentía que le acariciaba el cabello y el cuello.

Y ella sentía arder su corazón.

Al otro día supo que esa tarde llegarían a Pekín y terminaría su viaje, ella estaba nerviosa de dejarlo y estaba nerviosa de que como demonios haría para no perderle a pista.

Seshomaru era un ser único, era una oportunidad.

Y ella era de la que tomaba las oportunidades y se las ganaba con sudor y sangre.

Cuando llegaron a Pekín bajaron adoloridos de andar sentados y ella creía que había subido peso solo sentada, leyendo, escribiendo su articulo y comiendo.

—¿Qué harás desde aquí?

—Tomare el avión sobre Japón.

Y ella rápidamente se unió a su nuevo viaje. No obstante, esa noche se quedaron en un hotel y ambos como hablaban chino les fue bastante fácil, fue difícil recorrer Pekín, era grande y ruidosa, toda una gran ciudad, a pesar de que ya había estado ahí.

Se tomaron fotos con su cámara a pesar de que Seshomaru no quería.

Comieron y bebieron.

Hablaron.

Rieron.

Y ella supo que el era el hombre de su vida.

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A penas bajo de el avión, sus piernas temblaban. Seshomaru a su lado escribía algo en su celular y estaba tan tranquilo como siempre. No sabia que haría para pedirle el numero, había hablado con Sango y se había disculpado, sin embargo, le llevaba tantas cosas de las estaciones que lo mas posible es que la perdonara.

—¿Qué vas a hacer Kagome?—pregunto el cuando ya habían traspasado la puerta.

Ella abrió la boca hasta que unos gritos la distrajeron.

Sango y Miroku, algo incomodos, agitaros sus manos alegremente. Atrás, Inuyasha con la vista en ella la saludo. Estaba preocupado y su cara se contraía en culpa. A pesar de eso tenia el descaro de estar en frente de ella. Estaba segura que no había dejado a Kikyou. Sin embargo ya no le importaba.

Ella ya no sentía nada.

—Quiero que nos sigamos viendo—fue implacable—Me gustas, no eres buenas persona, no eres mala persona. Solo eres Seshomaru, y me gustas. Y no solo me gustas, me enamore de ti.

El la observo inexpresivo.

—Tu ex novio esta aquí.

—Si, pero no siento nada por el.

El se quedo en silencio. Echo una mirada en ellos y suspiro, tomo su maleta en la mano y por alguna increíble razón, tomo su mano y la entrelazo.

—Creo que no cabremos en un taxi.

—Creo que no.

Ambos caminaron hacia sus amigos, Inuyasha había desaparecido. Ella abrazo a Sango y a Miroku.

Nunca soltó la mano de Seshomaru.

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—¿Por qué me tomaste la foto?—murmuro en su oído, mientras iban en el taxi.

Seshomaru se mordió la lengua, enojado.

—Porque quería hacer una buena toma de alguien con la estación.

Ella le envió una mirada de: "¿Enserio, no te creo?"

—¿Es que acaso quieres que te diga algo, para tu narcisista alma?

Ella sonrió.

El frunció el ceño y rolo los ojos.

—Me pareces hermosa—murmuro en lo bajo y ella soltó esa risita que lo volvía loco.

Había amado a Lena, pero a Kagome…a Kagome la adoraba y a la vez la odiaba, era taaaan niña y caprichosa a veces. Pero hermosa y muy extraña, terca y orgullosa.

Su tipo de mujer.

—Ya sabia yo que te encantaba.

—Si, ya.


Amaterasu97

Bueno esta fue Far Away, uno de mis sueños es viajar en el Transiberiano. Así que algún día lo lograre. Esto fue un placer.