Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía.

Advertencia: AU Y ligero OoC

Of Live and Living

I

Cuando la conoció recordaba muy bien uno de los avisos que estaban ese día puestos en las pantallas del metro. Un aviso sobre bloqueador solar en épocas de invierno, nieve y lluvias. Irónico. Curiosamente, era de las épocas del año donde menos le fastidiaba salir, quizás porque todo el mundo estaba preocupado en no mojarse, que fijarse en él.

Era demasiado meticuloso y asocial. Y no se sentía mal en absoluto.

Ese día, especialmente frio, la gente inconscientemente se amontonaba para contraer el calor corporal de la masa que esperaba el tren. Él se fijaba muy superficialmente en gente, pero ese día, precisamente, había una figura alejada, como el de la gente.

Era pequeña y con la capucha de una chaqueta tapándole toda la cabeza y rostro, parecía demasiada concentrada en el celular.

Volviendo su vista hacia un punto vacío de la estación, espero el tren que lo llevaría directo a casa, donde su madrastra con su padre lo esperaba. La lluvia empezó en ese momento a caer con más fuerza, mezclándose a la vez con pequeños fragmentos de hielo que sorpresivamente volvió el día más frio.

El tren llego, lleno, pero la gente sin importar, se metió como pudo, dándole una sensación casi de repugnancia. Él no estaba para estar apretujado entre tantas personas. Quedando vacío el espacio, observo suspirando una vez más su punto vacío. La lluvia empezó a caer con más fuerza.

— ¿No tiene frio?

Parpadeando, miro inexpresivo a su lado.

La pequeña mujer que había mirado antes, estaba ahora observándolo meticulosamente a él, lo sentía, no veía sus ojos. Además del grueso abrigo verde que tenía la capucha en la cabeza, casi tapándola por completo, vestía unas botas negras para la lluvia y una sombrilla azul.

Frunciendo el ceño, la ignoro.

— ¿No tiene frio?—frunciendo aún más el ceño, volvió a verla.

Una pequeña risilla salió de la chica.

—Es que ese abrigo no se ve que de calor—una mano delgada salió del bolsillo señalándolo directamente.

—Señalar es de mala educación—murmuro malhumorado.

Ella lo ignoro, volviendo su cabeza al celular.

Un trueno resonó y la lluvia se convirtió en una tormenta en cuestión de segundos. Tan violenta que lo mojaba a pesar de estar protegido por el techo de la estación. Ignorando el frio y lo mojado que ahora se sentía volvió a su punto vacío.

Hasta que la lluvia dejo caer en él, y una sombrilla inclinada lo había protegido.

Volvió la vista al brazo delgado que con esfuerzo por su altura la sostenía, unos ojos chocolates lo saludaron.

—No me agradezca—exclamo bromista y sonriente.

Cuando llego el tren medianamente lleno, no pudo evitar fijarse que ambos quedaron demasiado cerca para su comodidad. Al parecer para ella no era nada molesto, porque lo miraba con una sonrisa, cálida.

—Usted no es de conocer gente ¿eh?

—Usted es demasiado confianzuda.

Ese día en especial, de la propaganda del bloqueador, había conocido a Kagome Higurashi.

II

Kagome Higurashi tenía 20 años y estudiaba Derecho en la Universidad de Tokio, le gustaban los chocolates, lm os mangas y animes y comer.

Se había convertido en su acosadora.

—Sigo diciendo que es casi imposible que seas el tipo que todas quieren—comento a su lado, mientras él tomaba su café habitual.

La observo de reojo, después de haberse conocido en el tren y haberse bajado en la misma estación, y para su desgracia vivir en la misma zona, había hecho que ella le hablara sin importar que él no le contestara.

Le había seguido por toda la Universidad, era terca, así que hasta no conseguir su nombre no lo había dejado en paz. No sobre todo cuando estudiaban en la misma institución.

— ¿Qué quieres, Higurashi?

—Solo hablar Taisho.

Observo con incredulidad su rostro, Kagome Higurashi era transparente, eso había aprendido de lo que había observado de ella, su rostro sonriente era honesto. No podía negar que era hermosa, algo ingenua, pero tenía una belleza clásica y nada forzada que atraía algunas miradas.

Sin embargo, el no miraba a nadie. Le era completamente innecesario.

III

Era terca, orgullosa y temperamental y le encantaba bromear a costa de el.

Habían pasado seis meses de haberla conocido y después de intentar conocerlo acosándolo él había bajado los brazos, no porque quisiera sino porque estaba cansado.

Kagome había llegado sin importarle nada, y para ser como era se había instalado en su vida sin siquiera dejar que el decidiera si quería eso o no. Para la Universidad era toda una noticia que el siempre solo Seshomaru, virtuoso de la Ingeniería, estuviera con la dinámica Kagome, la tenaz de Derecho.

—Tengo hambre—gimió a su lado ella.

Frustrado, le dio la otra parte de las galletas que su madrastra había preparado para él y su medio hermano. Sonriente, ella asintió y la comió como si fuera la última galleta del mundo. Para ella todo era lo último, lo más importante, lo más bello.

—Que tonta eres—dijo él.

—Así me quieres

—Izayoi quiere conocerte—comento el, ella lo observo y sonrió.

—Iré

—Esta noche—el volvió a leer el libro y ella asintió.

El recordaba cada pedazo.

IV

Conocerla fue lo peor para su vida, según Izayoi, lo mejor. Nunca pensó que era una persona posesiva y celosa, no hasta ella.

La noche que había conocido a su familia, su madrastra había quedado encantada y lo mismo su padre, aunque más sorprendido. Su medio hermano, había quedado por alguna razón serio y silencioso pero la observaba atentamente. Era menor y bastante bocón, pero nunca callado.

—Me gusta—había murmurado una vez se había ido.

Por alguna razón su genio se había disparado.

—Es mayor—gruño.

Inuyasha había negado.

—No importa.

Sin soportarlo más había ido contra su hermano.

—No me importa lo que quieras, Inuyasha. Mantente lejos de ella—mascullo, enojado.

Recordaba tan bien que se había sentido infantilmente frustrado por lo posesivo que esos días se sentía con Kagome, su hermano a pesar de ser menor y a penas estar empezando la Universidad tenía muy claro que es lo que quería. Había visto su influencia en el género femenino. Había estado enojado, y para su sorpresa, preocupado.

Seshomaru no se preocupaba.

Hasta que Inuyasha había intentado darle un beso y el, más que preocupado, estaba enojado. Por primera vez había sentido miedo. Había golpeado duramente a su hermano, le había reclamado y le había dicho que Kagome era suya.

¿En qué momento había empezado a verla como una parte de el?

Kagome había sonreído por su ataque de ira y posesividad.

La beso, porque se sentía amenazado. Ella le devolvió el beso porque le gustaba.

Ambos habían empezado una relación. Así de simple.

Después de todo él no se iba con rodeos y después de darse cuenta a duras penas de lo que quería, no titubeaba.

IV

—Últimamente te veo cansado, Seshomaru

Asintió, estaban en las épocas de entregar el trabajo final para el grado. Para esas fechas Kagome y el cumplían dos años de noviazgo y tres de conocerse, cada vez que salían para recordar la fecha tan especial, según ella, era por los alrededores del metro y comían algo mientras ella reía.

—Es por el molesto estrés—murmuro, sin prestar atención.

Izayoi sonrió.

El celular le sonó.

—Estoy tan cansada—murmuro la voz de su novia por el auricular.

Una sonrisa estallo en su cara sin proponérselo, a pesar de tanto tiempo, aun no estaba acostumbrado a los cambios que presentaba gracias a Kagome Higurashi.

—Bueno, era lo más obvio—comento seco.

La risa de Kagome lo distrajo de la lectura y volvió a sentirse relajado.

—Bueno, si—tosió un poco—Seshomaru estas enfermo, otra vez. ¿Qué es lo que pasa?

—Nada—murmuro—Es por el trabajo.

—Llevas demasiado tiempo enfermo, y cansado—comento ella preocupada—Creo que deberías ir al médico.

Seshomaru rolo los ojos. A veces era muy paranoica.

— ¿Mañana nos vemos?

—Claro que si—mascullo.

—Cuídate y duerme bien.

—Lo sé.

—Te amo—murmuro ella.

Él le había dicho una vez que la amaba. El día de su primer aniversario.

—Ya sé que tú también me amas—murmuro ella, divertida.

Rolando los ojos, colgó.

Su cabeza palpitaba.

V

Si hubiera puesto algo más de atención a su cuerpo quizás las cosas hubieran sido diferentes, pero no le había importado de a mucho. Después de terminar la tesis y haberse graduado con honores, junto con Kagome, ambos habían planeado un viaje hacia la costa de Japón.

Esos días le había pedido matrimonio.

No había sido nada fácil, era terco y demasiado indiferente para entender que no quería pasar una vida sin ella, no hasta que Kagome había sufrido un bajón de azúcar y ese día había sentido mucho miedo.

De perderla.

El, que era frio, indiferente e inexpresivo, había dejado que una mujer entrara en su vida y le hubiera revolucionado cada partícula de su existencia.

Ella había llorado y él se había sentido feliz. No desde la muerte de su madre.

—Creo que explotare—ella había dicho, faltando una semana para su boda.

—Yo también—había murmurado.

Otro dolor de cabeza lo había atacado en ese momento, casi comunes, la preocupación de Kagome nunca había disminuido y él no quería ir a un médico.

Un día de verano había tocado las campanas, y ambos habían salido de la iglesia, ambos ahora como el Sr y la Sra Taisho. Su madrastra había estado tan emocionada que había llorado mucho y su padre le había palmeado orgulloso. Inuyasha con su novia les había felicitado con entusiasmo, a pesar de que ambos no se llevaban nada bien.

—Y ahora tendremos nuestra familia.

Él estaba tan feliz.

VI

—Tiene leucemia—la mujer había soltado seriamente la noticia—Etapa terminal.

Había pasado un año de casados antes de que empeorara seriamente su condición: la fatiga, la anemia y los sangrados constantes habían hecho que Kagome, seriamente y casi autoritariamente, hubiera exigido que fuera al médico.

Exhaustivos exámenes y habían dado en el punto.

Kagome a su lado se encorvo, no la oía sollozar.

—No quiero preguntar cuanto viviré, el simple hecho de morir ya me es suficiente—la doctora había quedado con la palabra en la boca, había callado y silenciosamente había salido.

—Hace mucho que estas enfermo—murmuro Kagome.

—Si

Ella levanto los ojos, estaban opacos y tristes.

—Debí haberte obligado a ir al médico—murmuro ella—Debí hacerlo.

—No es tu culpa.

—Si lo es.

—No, mi madre murió de lo mismo, debí haberlo prevenido—dijo al blanco techo. Se sentía como inmerso en el agua, sin escuchar ni ver nada. Ella lo había observado y le había abrazado.

En sus brazos por fin había llorado.

—Vamos a vivir la vida, Seshomaru.

VII

Esos días fueron extremadamente duros, la enfermedad se había llevado muchas cosas que para el eran muy importantes. La independencia y la libertad.

—A veces creo que es mejor morir ya.

Kagome le había mirado seriamente.

—Por el simple hecho de que ahora tengas que depender más de mí. Eso sí es una absurda excusa.

Curiosamente eran cosas que le encantaban de su esposa, era tan hermosa y muy terca pero también tenía madurez y era demasiado realista, no le temblaba la voz al decir lo que quería y nunca le decía lo que quería escuchar, no importaba que fuera la más cruda verdad.

El dolor nunca se iba.

VIII

Durante esos momentos Kagome había sido su punto de apoyo, como siempre lo había sido, su cable a tierra.

Se había sumido en el indiferente vacío de saber que moría, hasta que Kagome lo cacheteo (literalmente). Había estado harta de su falta de reacción y su falta de acción sobre el hecho.

—Lo que importa es cómo vas a vivir. Vívelo, conmigo.

Habían ido a viajar, a disfrutar. Habían hecho tanto el amor hasta recordar cada peca de su cuerpo, y habían visto las estrellas porque sus recuerdos estarían en el cielo. Kagome era su esposa, después de todo, y le había enseñado nuevas cosas en poco tiempo.

—Voy a morir.

Kagome aun llorando asintió.

—Pero ahora estás viviendo. Esto no es sobre la muerte es sobre la vida.

XI

— ¿Por qué sigues conmigo?

Kagome despego la vista del libro y le frunció el ceño. Dejo los lentes al lado y lo observo como bien sabia: amenazadoramente linda.

— ¿Qué es esa pregunta?—dijo—Eres mi esposo—señalo el anillo que tenía en la mano.

—Estás obligada por eso—afirmo.

Kagome frunció el ceño.

—Si quisiera, Seshomaru, ya me habría dio. Y tú lo sabes—en la cama del hospital afirmo con cansancio—Eres mi esposo y te amo. El día que prometí darte mi mano, ese día me comprometí a muchas cosas: a ayudarte, protegerte, amarte, respetarte y estar contigo. En estos momentos es cuando yo, te demuestro a ti que te amo. Estoy aquí es por mí, no por ti, porque quiero que sepas que te amo…quiero pasar mi vida contigo, y si es corta, la pasare contigo.

Seshomaru la observo llorar pero sin dejar de verlo a los ojos.

—Soy una maldita egoísta, porque no quiero que te vayas y que no vivas lo que te queda sin mí. Por eso estoy aquí.

—Acabas de decir maldita.

Ella frunció la nariz, molesta.

—Lo sé, que mala compañía eres Seshomaru, me hiciste decir maldita.

—Somos terribles esposos.

Ella sonrió.

—Lo somos.

Kagome Higurashi, el día que la conocí, el día de la propaganda del bloqueador fue tan caótico y extraño…pienso que ese día fue el más feliz de mi vida.

Después de verla supo que no había ser más perfecto para él, casi cinco años de conocerse. Había vivido bien y había errado en muchas cosas, no le temía al morir, después de todo era tan natural como nacer. Le temía al futuro de ella.

Pero sabía que Kagome era fuerte y lloraría mucho, y lo recordaría. Seguiría adelante. Se encontrarían más adelante, estarían juntos una vez más. Esa promesa no sería en vano. Circunstancias diferentes, mismos sentimientos.

—Te amo. Me haces decir cosas ridículas en este momento. Pero siempre te he querido—se tapó el rostro—Que ridículo y patético me siento

Ella le sonrió, tomo su mano y la beso.

—También te amo. Estaré contigo pronto. Estamos destinados ¿te acuerdas?—asintió, recordaba las palabras que habían dicho el día de su boda. Su destino, que curiosamente no buscaban, había llegado en forma de casualidades—Además, me encanta que yo te hiciera este ridículo y petetico Seshomaru. ¡Cuánto más debería haberte acosado!

—Hubiera sido espeluznante—sonrió—Esperare por eso, pero sabes que odio esperar.

Ella frunció el ceño.

—Ni así se te quita lo imbécil.

Que buena vida había tenido, con ella a su lado.


Amaterasu97

Siempre he pensado que hay algo curioso en las tragedias, que hacen que la vida tenga un sentido más…importante, quizás el hecho de vivir cobre una relevancia contra el fin y algunos logros que son hasta estúpidos. Las tragedias nos hacen recordar que vamos a morir pase lo que pase, y eso hay que afrontarlo. Que la vida esta ahí y eso hay que saborearlo. Esta historia sale de esto, quizás el muera pero su vida fue feliz, por amor y por otras cosa, así que esta no es una historia sobre la muerte. Es sobre la vida, corta, pero al fin al cabo vida.

No por nada la traducción del titulo seria: de la vida y el vivir.

Que les guste.

PD: Creo que tengo una fijación con el drama-tragico-amoroso.