Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía.

Entre la tierra y el sol

Vietnam. 1969

Cuando su madre murió lo único que supo fue que debía ser fuerte por su hermano. No quería saber de guerras, no quería saber de independencia, ni de VietCong. Los susurros del viento traían mensajes, y de ellos era el clamor de muchos ante la independencia de Vietnam.

Solo quería continuar cultivando arroz.

Solo la noche, la tierra, el sol y la familia.

—Dicen que vendrán a luchar—comento su vecina. Bajo la cabeza y los saludo, caminando rápidamente con el sol en su cabeza.

Pequeños hombres pasaron con armas, serios. No se podía hacer ningún rostro, decir nada, era mejor callar. Algunas guerras no pertenecían a ellos. Los saludo rápidamente ignorando el siseo lascivo de algunos.

Entro al campo, dejando que el agua le moje los pies y observando como su pequeño hermano corría por entre el verde y las pequeñas chozas.

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Lluvia.

Gritos.

Disparos.

Parpadeando rápidamente dejo que el calor húmedo de la noche la rodeara, su hermano en brazos tiritaba. Los susurros de la gente corriendo por entre los pastos la dejaban sin respiración.

Las balas perforaban el aire, y ella no sabia que pensar.

¿Quién era el culpable?

Las puerta de esterilla se movió con violencia, las luces la enceguecieron y como un animal acorralado con su cria, entrecerró los ojos y dejo a su pequeño hermano detrás de ella.

—Vaya, vaya—susurro una voz maliciosa. Varios gigantes blancos entraron, violentamente, había escuchado los susurros del viento por la noche y decían que hombre vendrían a engendrar la tierra con sangre. Gigantes—Que amarillita tan linda.

El hombre dejo su rifle a los lados, sonrió ampliamente y avanzo quitándose el casco. Los demás repitieron el mismo proceso. Ya había visto hombre blancos de un tal Estados Unidos, habían vivido la guerra ajena y propia bajo su carne, pero nunca habían llegado a ellos, no tan cerca.

No para destruirlos.

—Mike, al parecer esta noche disfrutaremos—rieron los demás—La disfrutaremos mucho.

Su hermano chillo llorando, los blancos lo miraron con curiosidad, y después rieron.

—Tienes un pequeño, amarillita—dijo—Seria una mala idea que te pusieras a la defensiva con nosotros, ¿por tu pequeño?...

El hombre se acerco haciendo que su cuerpo temblara incontrolablemente y el calor la hiciera sofocarse. Su hermano se acurruco, susurrando a los dioses.

—¿Entiendes?

—Claro que si—musito. Ellos se sorprendieron por que supiera ingles y guiñaron sus ojos. Odiaba la guerra, odiaba la violencia.

La noche le susurraba que la sangre tria miedo, desolación y tristeza.

Valientemente, dejo su hermano con una cobija rota, tapándolo. Susurro un "no oigas, piensa en madre y corre cuando te diga" y enfrento los ojos azules llenos de lujuria. El se desabrocho el pantalón observándola con una sonrisa orgullosa.

La tomo de la mano, y la atrajo violentamente hacia el. Al parecer había entendido otra cosa, porque estaba con la guardia baja. La manoseo bruscamente las piernas mientras los otros blancos la miraban como perros hambrientos, igual de ansiosos.

Susurro en su idioma un corre. Su hermano se perdió rápidamente hacia los campos, ya sabia donde iba a ir. Los soldados ni siquiera le prestaron atención, estaba viéndola desnuda.

—No me toques, blanco—el la miro sin entender, ella se deshizo rápidamente y lo golpe

Escupió su rostro.

El la miro sorprendido, después enojado, extremadamente enojado.

—Putica amarilla—gruño salvajemente.

Los demás se enfurecieron. Tomaron su armas y la golpearon con los mangos tan salvajemente que su cuerpo se estremeció del dolor. Sintió el calor húmedo, la tierra de su pueblo y los cuerpos de los soldados acercarse a ella, entumecida, y patearla.

—Te follaremos tan duro que morirás, perra amarilla—comento uno de ellos, dejando el fusil nuevamente y desabrochándose el pantalón.

Rogo por la valentía para salir adelante, mientras sentía el asco que le causaba las manos del blanco en su piel.

Hasta que oyó un disparo.

—¿Qué creen que hacen?

Ella sintió el peso salir de su cuerpo. Alivio instantáneo, agradeció al cielo y con la cabeza aturdida del miedo y de dolor observo otro soldado entrar, Estadounidense.

—Vamos, Sho, te dejaremos con la putica amarilla—no alcanzo a ver mas que la silueta del gigante, que era un mas alto que los demás.

El gruño algo y sujeto su arma sin miedo, disparo a los pies de su camarada y lo dejo sin habla, temblando como ella lo había estado minutos antes.

—Piérdete, mocoso—el hombre frunció el ceño, medito un poco, escupió su cuerpo y se largo rápidamente con sus demás amigos.

Parpadeando lentamente, respiro. El dolor de su cuerpo no la dejaba inconsciente, ella era de hierro, ella era la tierra y la vida. El hombre se acerco lentamente, con ternura, sus ojos dorados la saludaron, su cabello platino y su cuerpo cálido la hicieron relajarse.

—Tranquila—su voz, antes fría, había adquirido ternura—Mi nombre es Seshomaru y no te hare daño.

Era el susurro del viento.

Era su tierra, su madre, y las voces de sus ancestros.

Ese hombre era destinado a ella.

—¿Te conozco?—pregunto el cuando la saco, la lluvia refrescaba su calor y rogaba que su hermano estuviera bien.

—Eres sol.

El la miro de reojo, caminando lentamente por su tierra, sangrando por guerra y luchas. Escucho los susurros de sus vecinos y alcanzo a ver el rostro de su hermano compungido y preocupado.

Cerro los ojos y dejo que la lluvia los lavara.


Amaterasu97

Esta idea sale de dos películas, la primera la tan conocida Forest Gump y la segunda la no tan conocida, la cual la vi hace mucho pero me encanto y la cual no tengo ni idea el nombre (si alguien me ayudara con eso, porfavor), una película que se enlaza con una vietnamita y un soldado americano que la lleva a EE. UU. Ambas películas me sirvieron como inspiración, así que espero que les haya gustado.

Suerte y Abrazos.