Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía.

A Song for my Son


"Entonces toma mis manos y ven conmigo

nosotros cambiaremos la realidad

Entonces toma mis manos y rezaremos

ellos no te llevaran

Ellos nunca me haran llorar, no

ellos nunca me haran morir"

Animal Instinct-The Cranberries.


El cielo era de un profundo gris, el viento movió sus cabellos y ella, invisible en esa ciudad sin ley, donde los pequeños niños como ella, los hijos de nadie, eran invisibles.

Ella estaba relegada a las sombras, a ver la gente pasar sin siquiera fijarse en una escuálida chica de 19 años que los veía y pensaba sobre la felicidad. Una mujer anciana fijo sus ojos en ella, arrugo la nariz con desagrado al ver sus tatuajes hechos gratuitamente por uno de sus amigos en las zonas mas peligrosas, frunció los labios y con seriedad asintió a la mujer. Ella agarro su bolso con fuerza y ella sabia que pronto la olvidaría.

Siempre la olvidaban.

Camino hacia lo que parecía su hogar, un apartamento en unas de las azoteas abandonadas de un edificio que era la cuna de drogadictos y sitios de expendio. A veces agradecía el hecho de no haber quedado metida en ninguna sustancias de esas, había probado la marihuana, y para su pequeña suerte, le había disgustado.

En su mano sostenía bolsas con comida que del Centro de Asistencia Social había conseguido. Subio las escaleras siendo ignorada por los hombres que reposaban en la calle por la droga, entro a su apartamento y se sentó en la mesa.

Un colchón medio limpio.

La cocina casi deshecha.

Una portarretratos con sus padres muertos.

Y silencio.

Hogar, dulce hogar.

El viento nocturno la abrazo, solía caminar para despejar su aburrimiento en su pequeño apartamento. Adolescentes llenos de tatuajes susurraron y sisearon como serpientes al verla pasar, los observo aburrida, pasándolos por encima.

Ella era relativamente visible en el barrio, sus padres no habían sido unos santos, y ella había heredado toda la maldición de la pobreza y la corrupción.

El frio la golpeo una vez mas, el destruido y viejo parque era su único lugar en el mundo en que podía sentirse tranquila, era ultima vez que habia sido feliz era su recuerdo, su salvavidas.

—Kagome—"Senri" sonrió entre los dientes podridos. Era uno de sus conocidos, a veces cuando podía ayudaba con comida para el hombre que en su delirio por la coca dejaba pasar las horas, minutos y días. Tanto era su hueco que habia perdido y olvidado en nombre, ella por lo menos tenia dos cosas en su vida.

Su nombre.

Su pasado.

Senri a penas tenia la bolsa que agarraba con anhelo.

—¿Cómo estas, Sen?

—Bien, bien. Estas haciendo un poco de frio—froto sus dedos llenos de heridas—Pero es una buena noche…

Sonriendo, golpeo su espalda suavemente.

—Lamento no poder traerte nada, a penas tengo para la semana. Pero cuando pueda…

—Ya has hecho mucho por mi, Kagome—la vio con sinceridad, en esos pequeños momentos sin su vicio era un hombre realmente sabio. Se despido de ella y se fue dando tropiezos por entre las sombras.

Ella suspiro viendo las luces de la calle y volvió hacia su apartamento.

Paso por entre los columpios, el resbaladizo torcido y unos cuencos de basura de metal. De repente, un quejido la alerto…un berrido, como un cachorro. Tensa se acerco a la basura, y efectivamente, el ruido venia de ahí.

Era un chillido doloroso, uno que le dolió en el corazón.

Y ella no podía dejarlo ahí, en la noche. Abrió la pesada compuerta del basurero y se asomo. El chillido se hizo mas agudo, estiro la mano y calidez la embargo, se inclino como pudo…hasta que sintió algo de felpa.

Cuando por fin lo pudo sacar completamente y desenvolvió de bolsas y papeles, sus ojos se abrieron como platos y sus manos temblaron. Era un pequeño bebe…era pequeñísimo, tenia los ojos enrojecidos y la piel amoratada, sus manos se alzaron. Lo observo detenidamente, hasta que una de las manos pudo dar con su rostro y se callo abruptamente.

Asustada, observo como el niño parpadeaba los opacos ojos verdes y bizqueaba, su manos la buscaron bruscamente y se agitaron. Hasta que ella no pudo mas y le dio sus dedo, el bebe sonrió…

Nunca había visto una sonrisa así…

El cerro los ojos y se afirmo a ella, fuertemente, se acurruco en ella y se quedo quieto. Suspiraba.

Y ella no sabia que hacer, volteo los ojos de un lado a otro buscando lo que pudiera darle una pista del origen del bebe. Sin embargo mas que el goteo de una tubería y el viento no vio nada mas, bajo sus ojos observando al tranquilo pequeño…

Podría llevarlo a la Policía. Pero ella sabia por experiencia propia que ir a Asistencia Social para adopción era como una ruleta rusa, a ella le había tocado personalmente ver su verdugo y la bala.

Confundida y aun con la sorpresa en su cuerpo, tomo la delgada cobija que protegía el niño y lo abrazo hacia ella.

El se aferro a su pecho.

Durante mas de una semana averiguo en la Biblioteca con el niño que ya se había acostumbrado rápidamente a ella, le sonreía con singularidad y le gustaba tocar su cara y jugar con su nariz, escribió en cada buscador que pudo noticias sobre desaparecimiento de algún menor, y no dio con nada.

Así que se sentó en el parque y se dispuso a pensar que hacer, ella no era el mejor ejemplo y ni estaba cerca de poder darle mucho. Sabia que era pobre y no podía condenar a la criatura a vivir con ella, pasándola mal…

A penas había conseguido pañales y un poco de leche.

Observo el rostro del niño que se encontraba absorto mirándola.

—Creo que es mejor que te lleve con la policía—comento suavemente. El rostro del bebe se arrugo con desagrado y gruño.

Sus ojillos verdes brillaron, volvieron a buscar su rostro para acariciarlo. Se hizo un ovillo en su pecho y sin dejar de mirarla, le sonrió.

No podía…no podía hacerlo. No quería llevarlo a la policía y dejarlo ahí. Hacia mucho tiempo que no tenia a nadie.

—¿Quieres irte conmigo?—pregunto suavemente, como si el pequeño le respondiera. Para su sorpresa, el niño le sonrió sin muelas y aferro la delgada camiseta que tenia.

Era hora de luchar por algo.


Se levanto, tomo su camino hacia el apartamento y recogió rápidamente de un estante olvidado, el periódico de ese día.

Lentamente, Shippo, como lo nombro por una corazonada y un pequeño libro japonés, cambio su vida. Era feliz, el pequeño bebe era lo mas tierno que tenia, era lo mas puro que había tocado. Senri y sus amigos del barrio se habían encariñado tanto que cada vez que podían le llevaban cosillas para el pequeño niño. Sin embargo ella ya había encontrado trabajo en la cafetería de la Señora Kaede, que a penas al ver al pequeño Shippo había quedado enamorada y había permitido trabajar con el.

El no era hijo de su vientre, pero si de su alma.

Entendía al pequeño niño, sabia cuando tenia frio y tenia sed. Sabia cuando estaba triste, feliz o preocupado. Jugaba con ella, y cuando lo sostenía una persona ajena se ponía a llorar.

Nunca había sido tan feliz.

Se pudo cambiar de lugar de vivienda a una pequeña habitación que era mas limpia y linda que su antiguo apartamento, prometió que volvería a visitar a Senri y sus demás vecinos.

—No permitiré que seas hijo de nadie, serás mi hijo, Shippo—susurro cuando con sus pocas cosas, estableció su hogar.

Sin embargo, a los dos meses de estar viviendo con Shippo en otro lugar, la visitaron. Asistencia Social para ella significaba tristeza y desolación, así que cuando supieron que ella era a pena menor de edad, le quitaron al pequeño bebe.

Su llanto era roto y triste, como aquella vez que lo encontró, Lucho como pudo, con dientes y garras, pero finalmente, se lo llevaron con ayuda de la Policía. Sabia que deba presentarse a un Juicio para explicar la situación del pequeño Shippo.

Pelearía si así fuera necesario.


Seshomaru miro una vez mas el techo de su oficina: grandes, espaciosa y lujosa. Simplemente hermosa, se sentía a gusto con su trabajo, se sentía a gusto que sus desiciones…pero a veces se sentía solo.

No tenia a nadie: hijos, ni pareja, toda las mujeres con las que se había acostado resultaron ser mas descaradas de lo que había creído.

El señor frio también sentía soledad.

—Señor—llamo por el intercomunicador su secretaria, su voz era bastante incomoda—Alguien lo necesita, dice que…es urgente.

—¿Quién?

—Bueno…dice que se llama Kagome Higurashi—fruncio el ceño, ninguna cita que tuviera se llamaba asi—Pero esta sucia…—murmuro su secretaria.

Por entre el audio se escucho una gran voz que se alzo, de repente, zapateos sonaron y su puerta se abrió con violencia. Dos ojos chocolates, tristes y cansados, una chaquetilla descolorida y su rostro un poco sucio.

—¡Señorita, salgase!

—Creame—su voz sonó desconsolada, entrecerró los ojos observándola—No llegaría aquí sino fuer urgente.

Su secretaria, roja de la rabia, se volvió hacia el.

—Llamare a seguridad.

—Espera…—su secretaria se detuvo con la sorpresa pintada en su rostro—¿Qué necesitas?

La mujer lo observo detalladamente.

—Es mi hijo, quiero recuperarlo.

Seshomaru entrecerró los ojos, analizando. Sus ojos estaban limpios, no mentia, ella misma parecía preocupada…

—Se que usted se encarga de algunos casos gratuitos…

Le dio una mirada a su secretaria, que nerviosa, salió.

—Cuenteme

Dos horas después y cinco cafes cada uno, Seshomaru se quedo quieto, casi sorprendido por lo que había oído. Kagome Higurashi era una sobreviviente en esa ciudad perdida. Sus padre habían sido pobres, y habían estado metidos en negocios turbios en uno de los barrios mas peligrosos, dejando a su única hija de 10 años sola. Asistencia Social la envio a un hogar de adopción, donde sufrió maltratos y hambre. Una vez fue acogida fue al infierno vivo. El hombre quien la tuvo era un borracho que sobrevivía con el dinero que el Estado había otorgado para manutención.

Tenia tres niños como ella, todos habían sufrido maltratos, ella en especial fue victima de abuso. Aquella historia le corto la respiración pero ella sonrió lánguidamente y dijo: "A veces Señor, es mejor no olvidar, pero si superar. No podía quedarme ahí, asi que hice lo que debía: salir"

Continuando su historia, ella habia escapado de la casa a media noche, contaba con 14 años de edad y era una niña fugada. Volvió al barrio donde vivía, los ex compañeros de sus padres vinieron a cobrarle deudas.

—¿Qué hizo?—pregunto.

Ella se quedo quieta.

—Debía pagarlas de algún modo, era pobre y maldita, pero no quería meterme en lo que mis padres había hecho. Así que empecé a fabricar y entender la tecnología…

Kagome Higurashi había llegado a un acuerdo, ella le pagaba a el con sus servicios, manejaba muy bien la mecánica, así que utilizo eso a su favor: construía celulares que no podían ser "infiltrados" por la policía, creo empaques para drogas que no podían ser vistos por escáneres ni ser olidos por los perros.

Mas de una vez dirigió la salida de un cargamento de armas ilegales. Finalmente, el hombre al que le debía dinero había sido asesinado, así que lo mejor que pudo hacer fue desaparecer.

Relato que había recogido al niño en un bote de basura, lleno de bolsas y suciedad, mientras este lloraba.

—Creame, lo mas puro que he tenido a sido a Shippo—suspiro.

Medito en silencio mientras la observaba, era joven pero tenia un alma vieja. No era brutalmente hermosa, pero sus ojos eran bellos y aun brillantes después de lo que había pasado. Amaba al pequeño…se le notaba la desesperación.

—Bien, Señorita. Me ha a convencido. Mañana trabajare a primera hora con usted.

Ella soltó un suspiro y le sonrió, tan cálidamente, que sus dedos hormiguearon.

Seshomaru estableció un plan, pediría la adopción del pequeño bebe alegando la calidad emocional del niño con los lazos de Kagome. El la ayudaría, así que la matriculo en la Universidad, siendo aceptada con un excelentes puntaje en Ingeniería.

—Gracias por esto Seshomaru—había llorado Kagome cuando había recibido la carta de admisión.

El había asentido, incomodo.

Después le había pedido que se mudaran, ella con cara de vergüenza le había dicho que no tenia dinero para pagar otro lugar. El se encargo de eso, arrendo un mediano apartamento en uno de los barrios mas pintorescos de la ciudad.

—No me gustan que gastes dinero...

—Pero no es para ti, es para Shippo—había dicho Seshomaru sin verla.

Kagome había llorado en su hombro, agradeciendo el día en que Shippo apareció en su vida y la hizo luchar.

El día del juicio el estaba excepcionalmente nervioso. Toda la noches habían estado con Kagome preparándose, ambos habían hablado de sus vidas y de ellos mismos. No quería perder el caso, no quería perder a Kagome de vista: la quería feliz y con el.

Tampoco quería pensar en lo que sentía.

Ese era a penas su mínimo problema.

Cuando llego el juez todos se sentaron y se hizo el procedimiento normal al empezar las audiencias. Lentamente, el abogado del Centro de Adopciones, empezó a dar su cátedra sobre las razones sobre las que se le había quitado el niño a Kagome Higurashi.

Cuando llego su turno, el juez lo miro seriamente.

—Según esto, la joven desea quedarse con el niño. Pero la chica tiene 19 años, Señor Taisho, dudo que pueda con un bebe…

—Ella lo recogió y lo a cuidado sola, Señor Juez. Durante mas de dos mese le ha dado todo, no le ha faltado nada. Según los exámenes clínicos del pequeño Shippo ha estado bien alimentado, tiene un peso ideal, y esta completamente sano.

—¿Shippo?—pregunto el juez, esta vez a la chica.

Ella asintió.

—Se lo di, me…parecía adecuado.

El hombre asintió y suspiro.

—Es verdad, y se que el niño fue abandonado en un contenedor, encontramos a su madre hace unos días—Kagome fruncio el ceño—Pero aun asi, dudo que tengas capacidades…

—Ya encontré trabajo, Señor Juez. Actualmente entro a estudiar, homologué por examen y entro a cuarto semestre. Mis ingresos están ahi—El hombre observo detalladamente los papeles, todo era verdad. Seshomaru era como un ángel para ella, había ayudado con la Universidad, y con el examen que había hecho estaban pagándole por estudiar. También había ayudado con algunos contactos suyos de una empresa de tecnología biomédica para hacer como practicante y ganarse mas del dinero que podría soñar. Podio vivir cómodamente con Shippo, le daría todo y vivirán bien. Sus horarios eran solo por la mañana unas horas…

—Mire Señor Juez, yo amo a Shippo, realmente mi vida no ha sido la mejor pero Shippo es lo mas puro que he tenido…por favor no me lo quite—rogo.

El juez quedo observándola con seriedad. La verdad es que le sorprendía que una chica de 19 años quisiera tener un niño de meses a su cuidado, había llegado a instancias a tener que pelearlo.

—Señor, creame, si separa a niño de Kagome no le hará solo el daño a ella, sino también al niño…

—Tráiganlo y vera—ladro Kagome.

El juez miro al abogado del Centro de Adopción, que nerviosamente sostenia los papeles.

—Bien—murmuro—Tráiganlo.

El niño entro unos minutos después, su cara estaba roja y estaba llorando tristemente, su voz estaba ronca y sus ojos hinchados. Pateaba desesperado…

—¿Hace cuanto esta así?—pregunto al cuidador, que suspirando respondió que hace dos semanas no quería comer ni dormir bien.

Kagome corrió hacia el bebe desesperadamente, siendo detenida por los oficiales. Miro al juez que observando impávido, la dejo pasar. Camino un poco hacia el niño que abrió los ojos pesadamente por entre las lagrimas, ella lo tomo delicadamente, de repente, todo quedo en silencio. El juez estaba sorprendido, el bebe había callado cuando Kagome lo sostenía y ahora estaba acariciando su cara con una manito, y sonriendo tan felizmente, que la hizo llorar a ella.

Había tomado su decisión.


Seshomaru suspiro con fuerza, cuando ella lo observo con ese par de ojos chocolate, brillantes. Ultimamente no dejaba de pensar en ella, y no como la cliente con la cual acababa de ganar un caso mas, no, sino como una mujer extraordinariamente valiente, una sobreviviente.

—Gracias Seshomaru—Kagome bajo la cabeza con timidez, estaba pletórica, pronto los papeles serian legales y el niño seria Shippo Higurashi.

—No es nada, Kagome—comento el ojidorado.

—Es todo para mi, todo.

—Eso es bueno—sonrio torcidamente.

Ella suspiro.

—Aunque me pongo triste, digo…ya no nos vamos a ver…

—Te equivocas, me toca encargarme de tu tutoria—comento como si nada—Asi que si nos toca vernos.

Ella lo miro, de repente el sol la ilumino y sonrio, como nunca.

—Me alegro, nunca habría podido sobrevivir sin ti—sonrio—Creo que mi suerte ha mejorado.

—¿Por qué?

—Mama me cantaba una canción siempre, triste, sobre gente que llora, siempre he pensado que esa es mi suerte. Hoy no, hoy creo que soy mas fuerte. Gracias a ti. Ahora cantare otra canción a Shippo.

El se quedo quieto, suspiro y tomo su mano, irían a comer. Hoy Seshomaru Taisho tendría una familia, Kagome y Shippo.


Amaterasu97

Que bonita canción. Que bonita vida. Que bonito Estrella. Aviso que para el penúltimo capitulo nos detendremos en la historia del origen y el ultimo volveremos al Sengoku, la continuación de Stars, es decir, el primer capitulo.