When I See You Again


Si usted ama, no es ese amor lo que forma parte de su destino: es la conciencia de usted misma que usted habrá encontrado en el fondo de ese amor lo que modificará su vida.

Maurice Maeterlinck


Tan curioso ese momento.

Tan…extraño, para la Kagome que momentos antes estaba en la noche admirando las estrellas y la de ahora, que recordaba con cada pedazo de alma vieja que portaba esas memorias que hicieron que su esencia viviera.

Esa palabras.

—¿Cómo fue…?

Seshomaru camino entre las sombras para mirarla…claro que recordaba sus ojos dorados.

—Fue la primera vez que retornamos, esa primera vez que tuvimos que separarnos en el limbo, en las puertas que te llevarían a nacer de nuevo…—el resoplo—Como no recordar.

—Creo que mama aun nos salva de muchas—comento Kagome mirando hacia la gran luna, que brillaba en todo su esplendor. Las estrellas titilaron con fuerza, unas a otras, su familia saludando una vez mas.

—Encontré esto—ambos bajaron sus ojos ante las garras del demonio, que sostenían delicadamente el dije, que aun lleno de tierra, sostenía los hilos rojos. Kagome sintió sus ojos lagrimear y de un gemido se abrazo al calor que extrañaba.

Kagome sonrió.

—¿Me esperaras?—repitió la pregunta que hace milenios le había concedido para separarse y buscarse, esa palabra que fue la determinante en el limbo de no olvidar y recordar.

Y Seshomaru sonrió, sus manos recorrieron el rostro de la mujer que amaba, que había amado y que amara para toda su vida.

—Eternamente—y la beso.

Sus almas respiraron juntas, demasiado tiempo separados, tanto dolor y tanta alegría en un momento, que en un beso, pudiera transmitir a esa "alma gemela".

El brillo de la luna relampagueo, sus bocas se separaron forzosamente y una sonrisa alegre fue la que salió de la boca de Kagome. Volviendo su cuerpo, observo a la mujer que en su vida pasada le había dado la vida, y que aun ahora, cuidaba de ella.

—Mama—murmuro por lo bajo, Tsuki abrió los ojos y emitió un sollozo doloroso, dio un paso rápido y abrazo a la hija que creía perdida.

—Pensé que no me recordarías—murmuro en el cabello azabache de Kagome.

—Eres mi madre—Kagome sonrió—Y aun sigo siendo la misma estrella de siempre.

Tsuki beso la frente de su hija, temblorosa y emocionada, porque de los milenios que había esperado pacientemente y había hecho todo lo posible para protegerla, aunque a veces el destino hiciera que sus caminos se separaran, para este momento y para verla feliz, nunca había perdida la esperanza de que ella le recordara.

Sus ojos azules fueron a parar a la silueta de Seshomaru.

—Mucho tiempo, Seshomaru.

El hizo una reverencia.

—Demasiado.

Kagome sonrió.

—Ha sido una eternidad...

Tsuki miro a ambos mirarse, tanto tiempo, nunca olvidaba lo que el amor había hecho con aquellos extraños seres, había sido testigo de los reencuentros mas curiosos que había tenido esta extraña pareja a través de la vida de los humanos, esos ojos dorados aun miraban con ternura y amor a la mujer que ahora sostenía su rostro con delicadeza.

—Aun no es el momento—susurro.

Kagome volteo y la observo, pacientemente, para sonreír y asentir.

Seshomaru frunció el ceño, apretó su mano y la abrazo.

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Inuyasha no miraba a nadie, sus ojos estaban en el suelo. Sabia el porque, anoche había escapado a penas había visto la serpientes de la sacerdotisa cadavérica, siempre que pasaba se sentía con el corazón hecho trizas, sin embargo, ese día se sentía renovada a pesar de a penas recordar la noche anterior.

—Buenos Días, Inuyasha—las orejas del medio demonio se movieron con curiosidad, para voltear a ver el rostro de la sacerdotisa, tranquilo y feliz, con los ojos mas luminosos de lo normal.

Su estomago se apretó.

—Buenos…Días.

Kagome asintió con una sonrisa, el sol brillaba y el día de repente parecía mas feliz. Sango la observo con calma y con una sonrisa agradecida, ambas empezaron a hacer el desayuno mientras comentaban sobre su próximo paso, todo esto ante los ojos incrédulos del medio demonio.

—Kagome-chan y… ¿Qué hiciste la noche anterior?—Sango sonrió maliciosa al ver el cuerpo tenso de Inuyasha, a pesar de que era su amigo, sabia que el medio demonio tenia la culpa de las lagrimas de su casi hermana y del dolor que siempre le rompía el alma al verlo partir detrás de Kikyou.

—Creo que fui a caminar…

—¿Crees?

Kagome sonrió.

—No recuerdo mucho, pero…tengo la sensación de que anoche paso algo…impresionante—soltó una risita traviesa—Creo que amo la noche.

Sango asintió algo confundida.

Observo a Kagome caminar con tranquilidad ante las miradas sorprendidas de los demás.

Y todos se dirigieron para el norte.

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El caos se había desatado, momentos antes habían viajado con suma tranquilidad para seguir la búsqueda de aquel ultimo fragmento, para encontrarse atrapados en un risco y Naraku atacándolos.

El aire estaba viciado.

Su sangre y la de sus amigos manchaba el suelo. Dolorosamente, observo entre sus parpados el traje rojo de Inuyasha, al frente con Kikyou defendiéndolos. Sus ojos ardieron…ella era fuerte, Kikyou era la sacerdotisa ejemplar, la mujer ideal…y ella, no era nada.

Nunca lo fue, no para el, no para el mundo.

Morirían sin poder hacer nada.

Un rugido rompió el aire y observo como Seshomaru se defendía con su espada con ferocidad, su armadura estaba rota. Inuyasha gruñía desesperado tratando de alejar el veneno y los demás demonios que venían por las almas de sus amigos, observo a Kikyou preocupado, estaba agitada y una capa de sudor cubría la frente de la hermosa mujer que luchaba junto con el.

La mujer que había amado con su vida.

—Morirán—mascullo violentamente Naraku, una onda expansiva golpeo a Seshomaru mandándolo metros atrás, jadeante y orgulloso.

Inuyasha mascullo una maldición, y sus ojos parpadearon ante la explosión de energía demoniaca que se dirigió hacia ellos, tomo a Kikyou y la abrazo lo mas fuerte que pudo.

La luz los envolvió. Un grito ensordecedor.

Parpadeando, observo incrédulo el cuerpo que se sostenía con dificultad y sangraba a sus pies.

Kagome.

Una figura borrosa estuvo al lado de ella, y parpadeando, observo como la energía viciada de Naraku era detenido por lo que parecía un campo de fuerza. Ella le sonrió con el rostro ensangrentado.

—Es hora de irte—murmuro—Es hora de que te largues y vete.

La sombra blanca apareció al lado de la chica, que sorprendida, observaba la mujer de ojos azules que la miraba con amor maternal, de repente su piel se sintió electrizada y sus ojos se humedecieron sin saber como y porque.

—Nunca olvides, Kagome.

Un dije de color azul apareció en su cuello, su hilo rojo brillaba como plata…

Ojos dorados que luchaban.

Naraku se había vuelto con la furia pintada en el rostro, embistiendo al Lord del Oeste con tal fuerza que su destartalada e imponente armadura había explotado, el rostro del demonio estaba pintado de odio y de muerte.

Seshomaru, el…

Tsuki observo el cambio de su hija, de repente dejaba de ser la sacerdotisa niña para convertirse en la que fue su hija, su cabello y sus ojos eran de un azul celeste, portaba una espada, su espada. Aun herida, ella lucharía.

Corrió con fuerza tratando de detener el ataque, escucho el grito de Inuyasha romper el aire con su nombre pero no se detuvo, era ahora…no podía dejar que el muriera, no, el hombre que amaba en su mas recóndito ser y su alma. Apretó el dije en sus manos y la luz la encegueció, engulléndolos a los tres.

Inuyasha grito enloquecido.

Sango, semi-consciente balbuceaba el nombre de su hermana, sosteniendo a Shippo que sollozaba, ensangrentado y herido.

Todo exploto.

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—"¿Me esperaras?"

—Eternamente

—Te amo.

—Te adoro.

—Es hora.

—Lo se.

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Cuando todo se normalizo, sus heridas ya no estaban, Sango observo a Inuyasha confundida, se sentía bien. Busco por el campo, no vio a Naraku…solo vio a Kagome y a Seshomaru sostenerse mutuamente…

—Kagome—susurro a su lado Inuyasha.

Sin embargo esta no le puso atención, sus ojos estaban puestos en los del demonio que parecían extrañamente vulnerables. Para su sorpresa, Seshomaru coloco su frente en la frente de la sacerdotisa que tenia en brazos, parecía tan…desesperado.

—Pensé que te perdería

—Lo mismo pensé.

—¡Kagome!—el grito de Shippo rompió el aire, ella los volteo a ver tranquila y les sonrió. Tomo la mano de Seshomaru y emprendió camino hacia ellos.

Volteo a ver al medio demonio, que impactado no movía musculo alguno, sus ojos estaban fijos en ambas figuras que se acercaban.

—¿Qué es esto?—murmuro.

Kagome sonrió.

—El destino.

Y Seshomaru para sorpresa de Inuyasha, sonrió.

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Tsuki sonrió al cielo, porque su hija por fin había retornado a ellos.

Miro la pequeña niña, la pequeña Rin. El regalo que su hija y Seshomaru agradecerían, la hija que le otorgaría a ambos después de tanto dolor.

El tiempo había llegado.

Un tiempo que jamas terminaria.


Amaterasu97

¡Dios!...Es inexplicable, ¿saben?...Hace poco que mire mi perfil y me di cuenta que llevo cinco años en este mundo y aun sigo pensando el porque. Pero me encanta, así que eso no importa. Esta historia fue el hito, quizás aun me falta madurar y ver mas el mundo. Aunque vea el amor, creo yo, que de forma fantasiosa y algo utópica, pero aun guardo esperanzas de encontrar algo así o parecido.

Aquellas lectoras que me han comentado, las que no y las que simplemente desea que llegue cada capitulo… mil gracias, casi con lagrimas se los digo, porque el hecho de haber abierto este link y leer esta historia que esta llena de errores y que les da una visión de lo que quiero o lo que pienso para mi es un honor.

Se que "Shooting" no es la mayor obra literaria, tampoco el fic del año, pero espero de corazón que lo hayan disfrutado como yo. Lamento cada error, cada falla que cometí, pero realmente, realmente…lo agradezco.

Hoy, en la noche, sentada en mi sala, Shooting cierra el telón, lo que empezó con un One-Shot y termino con 16 capítulos fue un viaje emocionante que gracias a ustedes fue posible. Y claro, gracias a la grandiosa serie que le dio vida, sobre todo a Seshomaru y a Kagome.

Gracias: Raquel Cisneros Taisho Okumura, Marlene Vasquez, GiuliiVazquez, Faby Sama , okita kagura, Otaku seikatsu, MaruRamoneStone, danita-inu, , Samura G, y a las demás lectoras que acompañaron esto.

¡Muchas Gracias!