¡Hola! Jeffy aquí. Bueno, por cuestiones personales no pude publicar ayer, así que me disculpo.

Disclaimer: Undertale no me pertenece.


10

El ingrediente secreto en el chocolate


Frisk volvía a casa después del primer día de clases en su nueva escuela. Estaba muy contenta por eso, ¡incluso logró hacer un nuevo amigo! Se trataba de un esqueleto extraño aficionado a la Física y los chistes malos llamado Sans. Frisk sabía, a primera vista, que su amigo parecía un tontorrón, pero no lo era. Era una corazonada.

Cuando quiso abrir la puerta de su casa se la encontró cerrada, algo raro, ciertamente. Miró hacia abajo y se encontró con una nota:

"Cariño, papá y mamá tuvieron que salir de imprevisto, ¡pero no te preocupes, dulce! Mamá habló con la Sra. Dreemurr para que te cuide mientras no estamos.

¡Volveremos en la noche!

Muchos besos."

Frisk sólo suspiró, lo único que le sorprendía era lo rápido que se habían largado en una nueva ciudad. Pero ella ya estaba acostumbrada a ese tipo de acciones; a sus padres y sus "escapadas románticas", llegando a desaparecer por días incluso.

Lo bueno era que de seguro le traerían helado o algún dulce cuando volvieran a modo de disculpa; comerían, verían una película juntos y luego se irían a dormir, de nuevo, juntos.

Guardó la nota en su mochila y bajó las escalinatas de su casa, hizo unos cuantos pasos y de pronto ya se encontraba frente a la puerta de los Dreemurr. Con inseguridad se aproximó a la entrada y estiró su mano hasta tocar el timbre. Al instante apareció Toriel.

―¡Mi niña, llegaste! ―saludó al verla.

―Ho-Hola, señora Dreemurr ―devolvió el gesto algo insegura, preocupada por la reacción que tendría su vecina sobre su repentino trabajo de niñera.

Y Toriel notó eso.

―Por favor, mi niña, no estés nerviosa, ¡no sabes lo feliz que me hace tenerte aquí! Pasa, pasa, he preparado mi especialidad, sólo por ti: tarta de canela y caramelo. También es el favorito de Asriel ―contó entrando y haciendo una seña para que la siguiera―. Y, por favor, llámame sólo Toriel, me gusta mi nombre ―pidió.

Frisk la seguía detrás con los ojos abiertos, sorprendidos, y con las mejillas rojas. ¡Toriel era un dulce!

Entraron en la cocina donde la famosa tarta las esperaba en el centro de la mesa. Al llegar, Frisk se sentó en una de las sillas y Toriel, sin perder el tiempo, cortó una rebanada y se la sirvió en un plato junto con un tenedor. Sin esperar a más lo cogió y cortó un pedacito. Y lo probó… Bien, la canela nunca fue su dulce favorito, y el caramelo menos...

Pero esa tarta era el cielo.

Toriel sonrió.

―¿Te gusta, mi niña? ―preguntó acariciándole la cabeza suavemente. Frisk la miró con ojitos brillantes y asintió energéticamente―. Me alegra.

―Gracias por recibirme, señ-... Toriel ―habló después de terminar el segundo trozo y trastabillando en el medio―. Mis padres a veces hacen eso…

―No hay problema, mi niña, ven todas las veces que quieras ―le aseguró amablemente―. Como sea, de seguro te aburriras si te quedas aquí todo el día. Asriel no está hoy porque tiene actividades en su club, así que ven, te presentaré a mi hijo, Chara ―dijo tomándola de la mano y guiándola a través de la casa hasta la planta alta.

―Por cierto ―dijo frente a una puerta y en voz baja―, antes que nada, mi hijo, bueno… Chara es algo especial, ¿sabes? No quiero decir que es malo, pero a veces se porta mal y podría ofenderte… Como sea, si te molesta dime, ¿sí? ―pidió con una sonrisa nerviosa.

Frisk también sonrió, daría su mejor esfuerzo por conocer a su vecino y ser agradable con él.

―No te preocupes, Toriel, confío en ti ―le contestó con determinación.

Toriel volvió a sonreír, pero esta vez con orgullo.

―Me alegro de saber eso ―a continuación, tocó suavemente la puerta―. Chara, querido, ¿puedo pasar? ―no recibió respuesta alguna, por lo que después de un rato la abrió.

Dentro de la habitación, que Frisk pudo dimensionar como sólo un poco más grande que la suya, donde, enfrente a la puerta y debajo de una ventana, había una cama, con un niño "sentado" en una pose extraña: el torso reposando sobre el colchón, las piernas apoyadas en la ventana y de cabeza, dejándola colgando.

Frisk pudo notar que a través de esa ventana se mostraba el mismo árbol que ya había visto, y, más atrás, su propia habitación.

Como todo niño del siglo XXI, tenía un celular en mano.

―Hola, mamá Toriel ―saludó vagamente sin despegar la vista de la pantalla.

―¡Chara! ―exclamó la mujer-cabra preocupada―. Te he dicho que no te sientes así, ¡te hará mal!

―Lo siento, no me di cuenta ―mintió. Toriel suspiró.

―Como sea, ¿por qué no respondiste cuando toqué la puerta?

―No te oí ―volvió a mentir y casi al instante dirigió sus ojos a Frisk, que estaba casi escondida detrás de la falda de Toriel―. ¿Quién es ella?

La mayor arrugó el ceño y volvió a suspirar discretamente, para luego sonreír de vuelta.

―Ella es Frisk, tiene tu edad y es nuestra vecina ―dijo―. Ella y sus padres se mudaron tan sólo ayer y hoy está aquí porque sus padres no están en casa. La traje porque pensé que te gustaría conocerla ―explicó.

―¿Te abandonaron? ―preguntó mirándola a los ojos.

Frisk encontró extraña esa pregunta, pero si le incomodó no lo dejó saber.

―No, mis padres suelen hacer ese tipo de cosas. Pero ellos me quieren mucho ―respondió.

―¡Me alegro por ti! ―exclamó Chara sonriendo.

Toriel carraspeó.

―Bueno, me voy. Más tarde les traeré algo para comer ―les dijo antes de marcharse.

Al instante Chara chasqueó la lengua.

―Pasa y cierra la puerta… por favor ―ordenó y se levantó de la cama. Le hizo la seña a Frisk―. Siéntate aquí. ¿Te gustan las cartas?

―Sí ―respondió con timidez mientras lo veía moverse por su cuarto.

―¡Aquí están! ―festejó―. Sólo una cosa: siempre gano yo ―avisó mirándola fijo. Frisk sólo asintió en silencio.

Después de tres partidas consecutivas, en las que las que Chara fue el ganador, Frisk al fin ganó.

Y esto a él no le gustó.

―¡Oye, te dije que yo siempre ganaba! ―le gritó a la niña y de un movimiento rápido le tiró el cabello.

―¡Ay! ―se quejó.

―¡Oh, lo siento tanto! ―se disculpó rápidamente al darse cuenta de lo que había hecho, sin embargo no la soltó sino hasta un rato después.

A Frisk de verdad le había dolido, incluso pensó en ir a quejarse con Toriel, como le había dicho anteriormente, pero al oír su disculpa pensó que tal vez no era para tanto. Se escuchaba sincero, después de todo.

―Es-Está bien ―le respondió con una leve sonrisa.

―Eres graciosa ―le dijo un rato más tarde―. Alguien te hace daño y tú sólo lo perdonas.

―¿Por qué no lo haría? Tal vez lo hizo sin querer, o ni siquiera se dio cuenta ―defendió.

―¿Y si lo hizo porque quiso? ―contraatacó.

―Bueno… Mamá y papá me enseñaron que todas la personas pueden cambiar. Incluso la más horrible ―explicó.

Chara no respondió enseguida, es más, se la quedó mirando fijo durante un rato largo, como pensando en lo que dijo. Incluso se podía percibir un brillo rojizo en los ojos, casi maligno, en su ya no tan sonriente rostro.

―Eres fea ―dijo al fin, sorprendiendo a Frisk―. Terriblemente fea, como un bicho, y por lo tanto debes quedarte aquí y ser mi amiga, porque si sales los espantarás a todos. Tal vez, algún día, puedas cambiar y ser hermosa, pero por ahora deberás quedarte aquí conmigo, ¿entiendes? ―preguntó amenazante. Para ese momento ya se había aproximado lo suficiente como para tomar a Frisk por los hombros.

―E-Entiendo… ―respondió cohibida.

―¡Me alegro! ―exclamó cambiando súbitamente de humor y luego de eso se quedaron en silencio―. ¡Oh, ya sé! ―exclamó de pronto―. ¿Sabes, Frisk? Estoy aprendiendo a cocinar. ¡Por ahora sólo sé hacer chocolatada, pero tú no sabes lo ricas que me salen! Y quiero que tú, mi amiga, sea la primera en probarlas ―le comunicó emocionado sin dejarla hablar―. ¡Espérame un momento, te haré uno! ―y seguido de eso desapareció por la puerta.

―Eh… ¿Está bien? ―susurró cuando él ya se había ido.


Chara bajó las escaleras a toda prisa, pasando directamente a la cocina, donde preparó todo para el té.

―Chara, ¿qué estás haciendo? ―preguntó Toriel intrigada.

―Le conté a Frisk que estoy aprendiendo a hacer chocolatada y me pidió que le hiciera una ―contestó con soltura―. ¡Le haré la famosa receta de mamá Toriel!

Toriel sonrió contenta ante la respuesta de su hijo, pensando que había sido la decisión perfecta el presentarle a Frisk. ¡Por fin su poco sociable hijo había hecho un amigo!

―Está bien, mi niño ―contestó feliz―. Oh, por cierto, no te olvides de tomar tus pastillas, ¿sí? ―Chara asintió y entonces ella se retiró del lugar

Chara, luego de unos minutos, se acercó a la puerta de la cocina. No había nadie. Se dio la vuelta y se dirigió al jardín, su madre cultivaba lindas flores. Tal vez sería bonito agregar una de ellas a su chocolatada como un detalle para su nueva amiga.


―¡Está listo! ―gritó al abrir la puerta, causando un sobresalto en Frisk―. ¡Para ti~! ―conturreó pasándole la taza―. Parece una chocolatada simple, pero tiene un agregado especial secreto ―añadió.

Frisk no hizo mucho caso al "agregado especial" y tomó un sorbo. En efecto, la chocolatada estaba riquísima, pero antes de tragar percibió un sabor extraño, amargo y algo ácido, que le hizo fruncir el ceño.

―¿Y? ¿Qué tal? ―preguntó emocionado.

―Ri-Rico… ―carraspeó un poco―. ¡Realmente está rico!

En ese momento Toriel abrió la puerta con suavidad. Obviamente había estado escuchando.

―Frisk, tus padres vinieron por ti ―avisó entrando. La niña asintió en silencio.

―Gracias por la chocolatada. Adiós ―se despidió de Chara.

―¡No hay que~! ―contestó riendo.


Esa noche Frisk no comió los dulces que le trajeron sus padres, de hecho decidió irse a la cama temprano a la cama temprano porque no se sentía bien.

Tarde en la noche, cuando ya estaba dormida, Frisk sintió la urgencia de ir rápido al baño, donde a duras penas logró llegar al inodoro antes de largar todo lo que había comido.

La chocolatada de su amigo fue lo último que se le vino a la cabeza antes de vomitar hasta la bilis.


Bueno, hasta acá por hoy. Miren, ¡al fin apareció Chara! Y pudimos ver cómo es él en realidad y también descubrimos que tiene algo por lo que debo tomar medicamentos. La verdad es que trato de apegarme lo más que puedo a los personajes, pero como es la primera vez que trato con ellos me es un poco difícil, así que perdón si OoC

Bueno, no me comprometeré a nada de publicar el siguiente capítulo hoy, ya que no creo que pueda. ¡Pero mañana estaré por aquí!

Espero que el capítulo les haya gustado, Shade, lecotores ;)

Nos vemos~

Atte:

Jeffy Iha