¡Hola! ¿Qué tal todo? Debo disculparme por no publicar antes, pero tuve algunos problemas con este capítulo, ¡pero acá estoy!
Disclaimer: Undertale no me pertenece.
17
La muerte fue una broma
Frisk se despertó algo tarde esa mañana. Todavía con sueño se levantó con pereza y se dirigió hacia la planta baja. Antes de cruzar la puerta le dio una rápida mirada a la ventana, las cortinas de la contraria, la habitación de Chara, estaban cerradas.
No le dio importancia y se marchó a la cocina.
Al llegar inmediatamente notó el extraño ambiente que reinaba en el lugar. Su padre tenía la taza de café entre manos, completamente llena; su madre estaba ordenando la alacena nerviosamente. Cuando notaron su presencia su madre se sentó en la mesa y su padre carraspeó.
―Frisk, cariño, siéntate un momento, por favor ―pidió su madre con una seriedad poco usual en ella. La joven hizo caso y esperó pacientemente―. Recibimos un llamado hoy temprano, como a la siete ―hizo una pausa, causando la preocupación en su hija―. Era Toriel, hija, nos dijo que anoche Chara Asriel salieron… Y los asaltaron en la calle. Hubo una pelea y uno de esos… malnacidos… a-apuñalaron a Asriel… Y Chara tiene golpes leves ―finalizó con un nudo en la garganta. No era para menos, a través de los años ambas familias se hicieron cercanas.
―¿Qué? ―preguntó desconcertada―. A-Asriel, Chara… ¿Están ellos bien?
Su madre respiró profundo.
―Como te dije… Chara sólo tiene rasguños… Pero Asriel no ―volvió a hacer una pausa― ...Recibió una puñalada en el hígado y aunque lo llevaron rápidamente al hospital… no sobrevivió ―finalizó tratando de no llorar.
Frisk no reaccionó, no al instante. No lo entendía, no podía creerlo. Si tan sólo ayer habían estado juntos, los tres reunidos, Chara, Asriel y ella, con Sans y los demás. ¡Sólo ayer estaban riendo y pasando un buen rato!
Y Asriel ahora estaba muerto.
No lloró, trató de mantener la compostura. Más si habían otras personas que necesitaban su apoyo.
―Mamá… ―la llamó en un susurro débil―. Iré hasta la casa de Toriel, ¿sí?
Su madre sólo asintió y su padre se levantó a consolarla.
Sin perder más tiempo subió hasta su habitación a vestir. Sólo se puso el suéter a rayas que Toriel la había regalado hace años sobre la remera del pijama y unos pantalones cortos. Luego de eso, salió disparada.
Fue Asgore, a quien vio muy conmovido y triste, el que le abrió la puerta y le indicó dónde estaba Toriel. Sin perder más tiempo se dirigió a la cocina y lo primero que hizo al verla fue en envolverla en un abrazo.
―Lo siento mucho ―le susurró al oído, forzándose a no llorar. Toriel profirió un sollozo ahogado y le devolvió el abrazo.
―Mi niña… Gracias ―respondió.
Frisk sentía una enorme curiosidad sobre los detalles de lo que había ocurrido, pero en cambio sólo la abrazó más fuerte.
La castaña quería a la mujer-cabra como a una segunda madre y, por lo tanto, odiaba verla llorar.
―Gracias, mi niña, gracias ―le dijo Toriel―. Pero es mejor veas a Chara. Él ha estado encerrado en su cuarto desde la madrugada y no ha salido de ahí en ningún momento. Tampoco responde a nuestros llamados ―le explicó―.Él necesita contención que yo.
Frisk asintió en silencio y se dirigió a al cuarto de su amigo. Pensó que Toriel tenía razón, él había visto cómo apuñalaban a su hermano, después de todo.
Si había alguien que necesitaba un abrazo en eso momentos era Chara.
Abrió la puerta con cuidado después de tocar un par de veces sin recibir ninguna respuesta, como siempre.
―¿Chara…? ―preguntó observando la habitación en penumbras. Su cama, lugar donde solía encontrarlo cada vez que entraba, estaba vacía. Recorrió el lugar con la mirada hasta que halló. Chara estaba encogido en una esquina de su cuarto con las piernas abrazadas al pecho y con la vista perdida. Tenía una venda en pómulo derecho y en la mano izquierda, y el labio partido. Sin perder más tiempo se le acercó y se agachó a su altura―. Chara… ―repitió y esta vez lo abrazó.
Frisk sintió cómo el cuerpo entre sus brazos se estremecía.
―Lo siento mucho, ¿estás bien? ―suavemente, pero él no contestó.
Luego de unos cuantos minutos Chara comenzó a reírse, primero suave, con calma, y luego soltó una carcajada. Frisk lo observó en silencio, no era una reacción que alguien que acababa de perder un familiar cercano daría, pero así era Chara y las leyes de lógica no regían en él.
Frisk pensó que esa era su forma de sobrellevar el dolor... Hasta que abrió la boca.
―Esos tipos… ¡eran unos idiotas! ―bramó―. ¡Totalmente idiotas!
Frisk frunció el ceño.
―Estoy de acuerdo ―susurró con rabia poco propia en ella.
―¿A que sí~? ―rio el otro―. Realmente no lo puedo creer; cayeron ante una simple mala mirada. ¡Pero conmigo no pudieron! ―se jactó.
―No, contigo no… Pero con Asriel… ―la oración quedó inconclusa.
Chara la miró.
―Asriel era un debilucho que no supo aguantar una simple golpiza ―bufó.
Frisk, que ya no lo abrazaba, lo miró perpleja. No le gustaba nada a dónde estaba yendo la conversación.
―¿Cómo que una "simple golpiza"? ¡Chara! ¡¿Te estás escuchando?! ―le gritó Frisk―. Asriel, tu hermano, está muerto ―le dijo―. Por esa "simple golpiza" tu hermano murió.
―¡No puede ser, Frisk! ―Chara se levantó abruptamente―. ¡Todavía muerto sigues hablando de él como si fuera lo único que sabes decir ―le recriminó.
La chica se tapó la boca, ofendida, pero prefirió callarse.
―Siempre que nos juntábamos los tres era lo mismo: tú y el estúpido de Asriel se reían de cualquier idiotez y yo ni siquiera entendía la puta gracia ―exclamó colérico. Se aproximó a ella que todavía estaba sentada en el piso―. ¿Acaso no recuerdas quién fue tu amigo desde el principio? ¡Yo! ¡Siempre fui yo! Y Asriel no tenía entrada.
―Estás siendo egoísta ―contestó en un susurro.
―¿Y eso qué? ―le respondió tomándola por los hombros con fuerza, algo que a Frisk le recordó a aquella vez en su cuarto. Pero esta vez no tenía miedo―. Siempre fuiste mi amiga y siempre será así, ¿me oíste? ―aseguró mirándola a los ojos, donde se alojaba ese rojizo intenso, sinónimo de peligro. Frisk tenía los ojos llorosos, la situación en sí era muy dolorosa
Asintió―. Me alegro ―susurró antes de besarle la mejilla.
Frisk no lo soportó más, su determinación se fue a los suelos. Chara había ganado. Las primeras lágrimas comenzaron a caer, pesadas como plomos, y luego no se detuvieron. El chico, mientras, se alejó y se sentó en su cama, agarrándose la cabeza con ambas manos. Reconoció ese sentimiento de pesadumbre como depresión, esa que últimamente se apoderaba de su alma bastante seguido y le hacía pasar malos ratos.
Estuvieron un buen rato, él ensimismado y ella llorando en silencio.
―Vete ―le ordenó de pronto. Frisk lo miró―. ¿No me escuchaste? ¡Fuera!
Sin decir nada, ella se paró y se fue.
Cuando Frisk, antes de volver a la cocina, pasó por el baño y se lavó la cara. Quería parecer mínimamente presentable ante Toriel y Asriel.
―Chara está… como podría estar alguien en estos momentos ―les dijo sonriéndoles débilmente.
―Comprendo, mi niña ―le respondió Toriel de igual modo―. ¿Ya te vas? ―Frisk sólo asintió―. Bueno… el funeral será a las cinco, en el cementerio municipal ―avisó y ella volvió a asentir y luego Asgore la acompañó hasta la puerta.
El silencio era abrumador. Mientras los empleados echaban tierra sobre el ataúd. Frisk mantenía los ojos sobre los acongojados rostros de los presentes.
Todos estaban ahí, Undyne, Alphys, Mettaton, Papyrus, Sans, Napstablook… incluso Monster Kid y Muffet.
Todos ellos con caras largas por la muerte de Asriel, ya que él era del tipo de persona que quien lo conocía, así fuera por primera vez, sentía su aura amable y compasiva.
Todos, excepto Chara, que tenía una expresión extraña en el rostro y en ningún momento apartó la mirada del ataúd.
Otra vez, como hace años, Sans lo notó.
―Hey, Frisk ―saludó despreocupado. Sans era el tipo de persona que no dejaba que la situación, sea cual sea, lo sobrepasara. Por eso él estuvo contándole algunos chistes del "Toc-toc" a Toriel después de las últimas palabras―, sé que estás ocupada ahora, pero tengo que hacerte una pregunta: ¿Crees que incluso la peor persona puede cambiar? ¿Que todo el mundo puede cambiar si lo intenta? ―le cuestionó vagamente, como si fuera una pregunta al aire, sin ninguna razón.
Pero Frisk sabía que no era así.
―Sé lo que estás pensando, Sans ―le respondió―. Pero sí, sí creo. Creo que hasta tú, un holgazán de primera, puede dejar de ser perezoso si quisieras ―le dijo determinada. En eso, Sans dejó de sonreír.
―Frisk, en serio ―dijo, mirándola a los ojos―. ¿De cuál fumas?
―¡Sans! ―le recriminó con el ceño fruncido, pero después se rio junto con él.
―Como sea ―dijo rascándose la cabeza perezosamente―, ambos sabemos a qué me refiero… Y sabemos cómo es él… El genocida.
―Lo sé ―sonrió―. Sé que estás preocupado por mí y que no le tienes mucha fe, pero Chara no es malo ―hizo una pausa y miró la tumba―. Creo que es incomprendido, sólo eso ―agregó.
Sans bostezó y la miró perezosamente, pero ella sabía que no era así.
Frisk nunca le contó a Sans, ni a nadie, el trato que le daba Chara, nunca hablaba de ello y si por casualidad alguien tocaba el tema ella lo desviaba totalmente. Pero Sans era lo suficiente inteligente y observador como para notarlo con sólo verlo.
Por suerte para Frisk, el esqueleto nunca mencionó el tema ni hizo nada, así que lo dejó pasar.
En ese momento sus padres la llamaron para irse.
―Eres mi huena amiga, Frisk ―rio Sans, combinando "hueso" con "buena". "Ten cuidado", significaba.
―Eres mi amigo, Sans ―contestó sonriendo. "Estaré bien".
Frisk estaba intentando dormir cuando oyó que la ventana se abría.
―Toc, toc ―susurró el extraño.
Ella, algo extrañada, respondió:
―¿Quién es?
―El asesino serial ―contestó.
Se sentó en su cama al mismo tiempo que su invitado.
―¿Chara? ¿Qué haces?
―¿No es así como el esqueleto parlante habla? ―rio.
―No me refería a eso, ¿qué haces aquí? ―preguntó bostezando.
―Nada. Sólo quería hablar ―respondió sentándose mejor―. ¿Qué? ¿No puedo?
―Eh… Sí… ―miró el reloj―. Pero son las doce.
―¿Y qué con eso? Antes fueron las once y más tarde serán las una ―contestó riendo nuevamente.
―Déjate de bromas, Chara, por favor ―pidió intentando ser amable, pues ella ya estaba cansada, tanto física como emocionalmente.
―Qué aburrida~ ―se quejó―. ¿Pero sabes? Tengo una historia que te puede gustar ―sonrió de forma sugerente. Frisk lo miró, sabiendo que no podía ser nada bueno.
―¿Cuál? ―preguntó con cuidado.
―Una historia en donde dos jóvenes inocentes se encontraron con unos chicos malos ―contestó.
Frisk lo miró a los ojos.
―Así que al fin te decidiste a contarme ―afirmó astutamente.
―Por supuesto, no podía no decirle nada a mi querida amiga ―respondió de igual modo.
Suspiró.
―¿Entonces? ¿Qué ocurrió?
―Bueno… Digamos que ayer Asriel no quería salir, pero lo terminé convenciendo… aunque sólo fuimos por un helado ―empezó con calma―. Yo sólo quería hablar con él, si me entiendes ―le envió una extraña mirada a Frisk―, pero justo nos cruzamos con esos pandilleros, los que se juntan todas las noches a unas cuantas calles de aquí, y bueno, uno de ellos me miró como si fuera una basura igual a él. Y yo estaba enojado, ¿sabes? Así que provoqué la pelea, sí, de manera intencional. Asriel quiso detenerme, obviamente, pero yo no lo dejé, no quise, me sentía bien, a decir verdad ―contó sombríamente. No había ninguna luz encendida a esas horas, sin embargo los ojos de Chara brillaban en un rojizo intenso, maligno, ese que Frisk tanto conocía―. Hasta que en algún momento uno de ñaló a Asriel y él quedó tirado en el suelo, retorciéndose del dolor, supongo, entonces los idiotas se asustaron y huyeron. Lo único que hice fue llamar a la policía, ¿lo hice bien, no? Hice lo que una persona moralmente correcta haría. Y luego, Asriel murió ―finalizó.
Frisk, que lo había escuchado en silencio, estaba horrorizada.
―Lo planeaste… Tú planeaste todo, ¿no es así? ―dijo despacio con el corazón latiéndole muy rápido.
Chara sonrió, como siempre lo hacía, con esa sonrisa de ángel, a quien ni una mosca puede matar… La sonrisa del Ángel de la Muerte.
―Sep.
Frisk se tapó la boca.
―¿Po-Por qué? ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué a Asriel? ―preguntó todavía en shock.
Chara, sin contestar, gateó sobre la cama hasta ella y de un movimiento rápido la tumbó, quedando él arriba.
―¿Sabes por qué, mi querida Frisk? ―le susurró al oído―. Porque se atrevió a pisar terreno prohibido.
La castaña no respondió, ni siquiera reaccionó, sólo respiraba pesado, soportando el peso del cuerpo sobre ella. Pero sabía perfectamente a qué se refería.
―Lo hiciste porque Asriel me invitó a salir, ¿no? Estabas celoso ―habló después de un largo rato, sin emoción en la voz.
―Exactamente ―respondió sin más―. Creo que te lo dejé en claro el día en que nos conocimos, eres mi amiga, mía, por lo que debes quedarte conmigo.
―Eso es egoísta… Muy egoísta ―también iba a decir "egoísta", pero Chara se caracterizaba por ser impredecible… y ella no quería correr el riesgo.
Él se encogió de hombros, restándole importancia.
―Tal vez. Cierto en todo caso ―sonrió y luego, como en la mañana, le besó la mejilla. Y ella sólo se dejó.
Pronto, él se levantó listo para irse.
―¿Sabes, Chara? ―habló mirando fijamente al techo―. Yo pensaba rechazar la invitación de Asriel.
―Ja ―se mofó―. Mejor así ―dijo y desapareció por la ventana.
En su habitación, Chara pensó que sólo lo que había hecho hoy no era suficiente.
Sonrió. Debía esforzarse más.
Chara en modo yandere... Quién te conoce Yuno XD Bueno, no tengo mucha más para decir que 1) nos fuimos al carajo :v y 2) el próximo capítulo (espero tenerlo para mañana) será el último. :D
En fin, como no tengo mucho tiempo eso es todo lo que puedo decir del capítulo.
En fin, espero que les haya gustado, Shade, lectores :3
Atte:
Jeffy Iha
