Bueno, la próxima vez que diga "publicaré mañana" o algo parecido, pégenme. Por piedad (?)
Qué va, por lo menos valió la pena, capítulo final extra largo :D
Disclaimer: Undertale no me pertenece.
20
La tragedia de amarme
Le había tomado tres años, pero al fin tenía lo necesario como para llevar a cabo su plan. Había "cambiado". Estando ahora en la universidad se había vuelto un joven medianamente atractivo, había afinado su sonrisa, pulido su comportamiento… endulzado sus palabras. Se había convertido en un buen chico.
"Todo gracias a la muerte de su hermano."
Nunca pensó que le beneficiaría tanto de la muerte de Asriel, pero así fue. Por supuesto que le estaría eternamente agradecido.
Incluso hoy, cuando Chara despertó en la mañana, le dedicó un pensamiento alegre hacia él y su preciado plan.
Hoy, finalmente, cumpliría su más grande anhelo, su sueño, su capricho. Junto a su amada Frisk.
El día estaba especialmente caluroso, pero aun así la castaña llevaba su suéter violeta, su fiel compañero. Estaba feliz, por fin había terminado los exámenes y, por lo tanto estaría libre en el verano. Pensaba en conseguir algún trabajo de medio tiempo, ya que consideraba que debía empezar a independizarse. Ir a la playa con sus amigos, quizás hacer algún campamento con ellos…
Definitivamente tenía muchos planes e ilusiones para los siguientes tres meses.
Sonrió.
Ordenó sus carpetas y se preparó para retirarse del auditorio, pero se cruzó con Chara en el camino, quien al verla dejó de hablar con sus compañeros.
―Espera, Frisk ―le llamó y ella se detuvo―. ¿Puedo hablar contigo? ―preguntó amablemente.
Cualquiera que no conociera a Chara (no como ella), diría que realmente había cambiado por completo, sin dejar rastros de su apática personalidad anterior.
Pero Frisk era la única que conocía su naturaleza real y que sabía que ese cambio no se debía a otra cosa más que su retorcida manera de razonar. Por supuesto, su medicación ayudaba y mucho.
―Sí, ¿qué sucede? ―respondió de igual modo. Porque a pesar de todo, Frisk le tenía un profundo cariño hacia y creía en él.
Ella era consciente de las grandes capacidades que él poseía, aún cuando a los otros no parecía importarle.
―La verdad es que lo he pensado bastante, así que, ¿quisieras salir conmigo? ―pidió desviando la mirada. Algo que el Chara antiguo nunca haría.
Frisk se lo pensó un momento, tenía que admitir que esa no se la esperaba.
―Sí, ¿por qué no? ―respondió al final con una sonrisa.
―¡Genial! ¿Qué te parece hoy a las cinco? ―preguntó.
―Creo que está bien ―respondió―. Bueno, supongo que me tengo que ir. ¡Nos vemos!―se despidió felizmente.
Al verla irse, Chara dejó de sonreír. En eso, se le acercó un compañero.
―Sólo ella, ¿eh? ―murmuró con desprecio.
―Sí ―volvió a sonreír y lo miró―. Sólo a ella necesito ―contestó en un susurro sombrío.
Frisk caminaba a través de los pasillos de la universidad rumbo a la salida cuando se cruzó con Sans, quien salía de la facultad de comercio. Ella, por el contrario, estudiaba en la facultad de sociales.
―Sup! Frisk ―saludó el esqueleto.
―¿Qué tal, Sans? ―devolvió el saludo deteniendo su caminata para esperar a su amigo.
―Qué bueno que te encuentro, así no tendré que buscarte ―dijo―. Como sea, Paps está probando una nueva receta de cocina y quiere que la probemos. Me pidió que te invitara… Alphys y Undyne también estarán ―ofreció―. Es hoy, a las siete ―agregó.
Frisk torció la boca, desanimada.
―Lo siento, pero no podré ir ―contestó a la vez que sentía las mejillas calentarse.
―¿Eh? ¿Por qué ese color en tu cara? ―preguntó desconcertado―. ¿Por qué no puedes ir esta noche? ―inquirió ahora con astucia disfrazada de curiosidad.
―¿Eh? ―sonrió nerviosa―. ¡N-No es nada! Eh… Yo tendré una cita ―murmuró bajito.
Una cita. Eso sí descolocó a Sans.
―¿Una cita? ―repitió, creyendo haber escuchado mal. Ella asintió―. ¿Con quién?
Frisk sonrió aún más, sabiendo que posiblemente a su amigo no le agrade del todo la idea.
―Con Chara… ―confesó en un murmullo.
Sans se mantuvo callado un rato.
―¿Sabes? Deberías dejarle los chistes a los verdaderos comediantes ―bromeó.
―¡No, es cierto! Nada más hoy temprano me pidió salir ―aseguró.
Por primera vez en todos los años que llevaban siendo amigos Sans dejó de sonreír y la miró seriamente.
―No vayas ―le dijo―. No es seguro.
―Tranquilo, no me pasará nada ―respondió.
―No. Tengo un mal presentimiento ―advirtió―. Pasarás un mal rato si vas.
―Bueno… Sé que Chara no es la mejor persona del mundo, pero no creo que vaya a hacer algo… ―dudó.
―Escucha, Frisk, esto no es un delirio, no es algo que me imaginé porque lo odio ―dijo seriamente―. Desde el principio, desde tu cumpleaños, supe que había algo raro en él… Incluso cuando murió Asriel él tenía esa expresión en el rostro ―Frisk sabía exactamente a qué se refería―. Además, sé lo que te hace y por eso mismo no quiero que vayas ―finalizó.
La castaña suspiró, no de cansancio, no estaba cansada de la insistencia de Sans… En realidad estaba molesta, sabía que Chara no era la mejor persona que existía en el planeta, pero tampoco era la peor. Incluso sabía de lo que él era capaz de hacer y era por eso que ella sabía cómo actuar en esos casos. Sino, ¿cómo se explicaba el hecho que después de haber pasado diez años junto a él siguiera viva y cuerda?
Determinación, nada más y nada menos que determinación.
―Lo sé, sé lo que quieres decir, lo conozco, créeme, y por eso mismo iré, porque él nunca antes hizo nada como esto antes, me resulta curioso ―respondió―. Iré, Sans, pero no te preocupes, sé defenderme. Aun así, llevaré mi teléfono, por las dudas ―aseguró.
Sans se rindió. No tuvo otra que aceptar.
―Está bien, llama si pasa algo… Y no iré sólo yo, todos, Frisk, porque somos amigos ―contestó metiendo sus manos en los bolsillos.
―¡Claro! ―sonrió―. Debo irme ahora. ¡Nos vemos!
El esqueleto se despidió con la mano.
Le resultaba increíble capacidad que tenía Frisk de discutir con alguien y finalizar con una sonrisa y sin rencores.
Para las cuatro y media Frisk ya estaba lista, no se arregló mucho, pero sí se peinó. Bajó hasta la cocina, donde su madre, recién llegada del trabajo, estaba.
―Mamá ―la llamó―. Me… Me voy ―avisó.
―¿Qué? ¿A dónde? ―preguntó ella, mirando la mochila que su hija llevaba.
―Bueno… voy a salir con Chara, así que probablemente vuelva un poco tarde ―respondió, viendo cómo una gran sonrisa en el rostro de su madre. Oh no…
―¿Con Chara? ¿A qué viene eso? ―inquirió interesada.
―Sólo quedamos en ir a algún lado, nada más ―contestó retrocediendo lentamente hacia la puerta. A su madre siempre le había agradado Chara, y no sólo él, toda la familia Dreemurr. Era obvio que ella tenía planes a futuro, o al menos esperanzas.
―Oh, entiendo ―se rindió―. Sólo no vuelvas muy tarde ―advirtió.
―Está bien ―contestó―. ¡Adiós!
Frisk salió de su casa y se cruzó a la vecina, donde Chara la esperaba en la puerta. Como ella, el chico tampoco se había arreglado mucho, llevando su usual suéter verde, aún está vez le quedaba un poco más holgados de lo usual. Pero no le prestó atención.
―Qué temprano ―comentó casualmente.
―Eso creo… ¿Y bien? ¿A dónde iremos? ―preguntó curiosidad.
―Por ahora, a la parada de autobuses ―respondió levantándose.
―¿A la parada? ¿Por qué?
―Bueno… hay un lugar que quiero mostrarte ―respondió simplemente―. Un lugar al que no he ido en mucho tiempo ―agregó.
El transporte tardó poco en llegar, sin embargo el trayecto fue largo. Cuando se bajaron estaban en un descampado, sólo estaba la parada y el resto era campo, un lugar al que Frisk reconoció como las Ruinas, un área suburbana, con una población mínima que no superaba los cien habitantes, muy diferente de la ciudad.
―Es por aquí ―indicó Chara, quien se había comportado muy tranquilo durante el camino.
Frisk no conocía nada del lugar, ni tampoco a dónde se dirigía por lo que lo siguió en silencio, mordiéndose la lengua para no preguntar, pues sabía que Chara no le contrataría.
Pronto la chica pudo ver un alambrado, el cual él abrió y unos metros más adelante se encontró fue con un campo lleno de flores doradas y detrás el atardecer hacía acto de presencia embelleciendo el ambiente.
―De niño amaba venir aquí ―dijo de pronto Chara―. Las flores doradas son mis favoritas y aunque Toriel plantó algunas en casa… ninguna de ellas se compara con las que hay aquí ―comentó con cierta nostalgia en la voz.
―¿Y por qué me trajiste? Este lugar es hermoso ―dijo mirando los alrededores. Chara se encogió de hombros.
―Porque sí ―contestó de tal modo que Frisk supo que no diría nada más.
Entonces buscó su mochila y tomó su teléfono, al encenderlo lo primero que hizo fue mirar la hora: las seis cincuenta y ocho, y después notó que, como se lo esperaba (pero no quería confirmar), no tenía señal. Fue entonces cuando comenzó a preguntarse si no se había metido en la boca del lobo por cuenta propia.
―Siéntate ―dijo él sacándola de sus pensamientos, y así lo hizo.
Ambos se quedaron callados durante un largo rato, observando el atardecer de ese caluroso día.
―¿Sabes? ―habló de repente―. Este de hecho es el primer recuerdo que tengo… Antes de eso nada ―contó mirando hacia abajo, Frisk sólo lo escuchaba atentamente sin decir nada.
Definitivamente algo raro le pasaba a Chara, él nunca le había encontrado nada sobre sí mismo (aunque ella tampoco preguntó). Todo lo que sabía de él ―o más bien, lo poco que sabía―, le fue contado por Toriel, Asriel o incluso Asriel… Así fue que enteró del detalle especial de Chara: su enfermedad, aunque nunca supo cuál, ya que no indagó de más. De este modo sabía por qué su amigo era así.
Chara siempre fue alguien poco sociable y hasta algo apático, agresivo en algunos casos… Pero Fisk sabía que no era su culpa, ya que, a pesar de todo, él siempre estaba sonriendo.
Luego de un rato el chico sacó un táper de su mochila, quitó la tapa y le ofreció a Frisk. Era la famosa tarta de canela y caramelo de Toriel.
Con gusto tomó un trozo.
―No he visto ni a Toriel ni a Asgore voy ―comentó casualmente―. ¿Dónde están?
―Salieron ―contestó―. Salieron a cenar… Un pobre intento de Asgore por recuperar su relación con Toriel ―comentó y Frisk lo miró curiosa―. ¿No lo sabías? Desde la muerte de Asriel su matrimonio se fue en picada ―Frisk sintió lástima por ellos, pues ambos eran personas muy amables que no solían discutir por nada―. Creo que se van a separar.
―Yo no lo creo, todavía te tienen a ti ―dijo ella, Chara sonrió sin que ella lo viera―. No creo que se vayan a divorciar… no ahora…
En ese momento hubo un silencio que se prolongó.
―Soy adoptado ―dijo de pronto, y Frisk lo miró con sorpresa. Claro, ella sabía que él no era hijo biológico de los Dreemurr… Por el simple hecho de que en la familia eran tres cabras y un humano, pero él nunca le había comentado nada―. Ellos, bueno, en realidad Asriel, me encontró aquí, en este mismo lugar, hace quince años ―contó―. No recuerdo nada antes de eso… Excepto mi nombre.
A Frisk le resultaba irónico el hecho de que la persona que lo salvó de un destino incierto fuera la misma a quien años más tarde "mató". Pero decidió no decir nada.
―¿Por qué me lo cuentas? ―preguntó curiosa, y no era para menos, Chara se estaba abriendo a ella, quizás demasiado. Le resultaba hasta sospechoso.
―Después de Asriel, eres mi mejor amiga ―respondió con algo de nostalgia en la voz, sin embargo, Frisk no pudo percibir nada de remordimiento―. Si preguntas, sé que lo harás, te lo estoy diciendo porque… bueno, en algún momento tendría que haberlo hecho ―agregó.
La chica estaba visiblemente sorprendida, primero el cambio de actitud, después al cita sorpresa y ahora esto… ¿Qué estaba pasando?
Por un momento pensó que tal vez debió hacerle caso a Sans… Pero se le pasó rápidamente al ver que él se levantaba.
―Está anocheciendo ―dijo―. Deberíamos volver.
Miró su celular (todavía sin señal), el cual marcaba las ocho y treinta y siete. Se sorprendió, el tiempo había volado.
Caminaron los dos sin prisa hasta la parada y esperaron…
Y esperaron…
Y esperaron…
Frisk miró por enésima vez su celular: las nueve veinticinco, y luego miró a Chara, quien en todo el rato se había mantenido impasible, tranquilo, con la mirada fija en la ruta.
A las diez menos cuarto Frisk se cansó.
―¿Y si caminamos en dirección a la ciudad? Tal vez tengamos suerte ―sugirió con impaciencia.
―Es inútil ―contestó Chara, suspirando y mirando su celular―. Ya es muy tarde.
―¿Entonces…? ―jadeó desanimada.
―Ven por aquí ―dijo de repente―. Conozco un lugar para pasar por lo menos esta noche ―sugirió caminando. Frisk alzó una ceja.
―¿Y por qué no nos quedamos esperando? ―inquirió extrañada.
―Está oscuro y pronto empezará a hacer frío, ¿en serio quieres quedarte? ―dijo mirándola.
―No… ―contestó.
Entonces caminaron los dos en silencio, Frisk fijándose cuidadosamente en donde pisaba y Chara dirigiendo el camino hasta llegar a una casilla.
―Después de que me adoptaron, Asgore y Toriel solían traernos aquí muy seguido y en uno de esos viajes descubrí este lugar ―respondió el chico a la silenciosa duda de ella. Luego abrió la desgastada puerta, mostrando que dentro sólo era un pequeño monoambiente con sólo una mesa y tres. Detrás había una ventana con los vidrios rotos.
Obviamente el lugar había conocido mejores días..
Entró y dejó su mochila en la mesa, sacó su celular y luego se sentó.
Estaba ciertamente preocupada, su madre le había dicho que no volviera tarde, pero ni siquiera tenía señal como para avisar de su situación. Miró la hora, de nuevo, eran las diez y veinte. Suspiró.
―Según sé ―Chara la sacó de sus pensamientos―, a partir de las seis o las siete empiezan a circular los autobuses por esta zona. Sólo es cuestión de esperar.
Frisl asintió en silencio, pero luego sonrió con mejor ánimo, Chara se había comportado de lo más amable con ella. Demasiado.
―Fue divertido ―comentó ella sonriendo.
―Fue de lo peor ―contestó él.
―No es cierto ―dijo―. Me gustó mucho ese lugar, lo del autobús sólo fue un pequeño contratiempo. Tal vez, incluso, podríamos volver… con un modo seguro de irnos ―sugirió riendo.
―O quedarnos… ―susurró bajito.
―¿Dijiste algo?
―Que deberíamos quedarnos adentro, en estos lugares hay demasiados bichos ―contestó rápidamente.
―Estoy de acuerdo ―dijo―. Pero mejor voy a fijarme si hay algo de señal afuera ―avisó saliendo.
Chara la siguió con la mirada y luego tomó su mochila y buscó hasta que encontró lo que necesitaba. Sólo por las dudas, claro, ya que todo iba de acuerdo al plan.
En eso, Frisk entró emocionada.
―¡Chara, tengo algo! ¡Tengo algo! ―gritó emocionada.
Abrió los ojos, eso no era parte de su plan. Debía hacer algo.
―¿Qué? Eso… ¡Eso es genial! ¡Llama a alguien!
―En eso estoy… ―susurró caminando por los alrededores, sin darse cuenta por donde iba…
Chara no perdió la oportunidad y rápidamente empujó y tiró a Frisk casi al mismo tiempo. De este modo, ella perdió el equilibro y sin darse cuenta, dejó caer su teléfono.
―¡Cuidado! ―exclamó él, como parte de su acto―. Hay pozos cerca, ¿estás bien?
―¡S-Sí! ―sonrió―. Pero… Mi celular… ¡Ahí está! ―lo juntó con impaciencia―. Pero ya no hay señal… ―susurró desanimada.
―Esto es una mierda ―habló cansinamente el otro, pasándose las manos por el rostro.
Luego de eso entraron.
Frisk estaba sentada en el suelo, debajo de la ventana, cabeceando del cansancio. No había vuelto a tener señal desde entonces y sabía que no era buena idea dormirse si su meta era tomar el primer autobús a casa.
Cerró los ojos un momento, el cansancio le pesaba.
Miró a Chara, no se había movido desde que entraron y cada tanto se volteaba a verla, posiblemente pensando en lo mismo que ella…
Tenía un mal sabor de boca…
Cerró los ojos de nuevo.
O quizás no. Quizás sólo debería quedarse ahí y cerrar los ojos…
Ese mal sabor se intensificó de pronto, ese tan conocido por ella desde los diez… pero que a la vez la llenaba de determinación y la inspiraba a seguir… Para darle fin a la historia.
Ya el ambiente se respiraba tenso cuando Chara habló: al fin iba al grano...
―Oye, Frisk, tengo una pregunta que hacerte ―habló de repente Chara, la chica sólo se limitó a asentir, adormilada―. ¿Darías tu vida por alguien que amas?
Frisk dudó un segundo, preguntándose de dónde venía aquello, pero igual respondió:
―Sí, ¡por supuesto que sí! ―aseguró con determinación mirándolo a los ojos.
Chara sonrió ante esa respuesta tan noble y pura. La mano le tembló de emoción bajo la manga.
―Entonces ―habló en un susurro, sonriendo y acercándose lentamente―, gracias por amarme tanto ―dijo entre dientes y la apuñaló en el pecho.
Una vez más, Chara saboreó el dulce sabor de la muerte.
Frisk se sorprendió… sólo un poco. Sonrió, escupiendo sangre. Chara no había cambiado en nada... Y con dolor, antes de perder el conocimiento, susurró:
―No hay de qué… ―murmuró débilmente, y poco después sus ojos perdieron el brillo.
Sólo entonces Chara lo entendió, Frisk siempre supo cómo terminarían las cosas. Siempre supo que él la mataría. Pero aun así le siguió el juego… hasta desencadenar la tragedia.
Ese tan cruel que habían estado jugando desde los diez.
Chara quiso preguntarle por qué no lo detuvo cuando tuvo la oportunidad. Por qué lo perdonó tantas veces en el pasado. Pero así era ella, era parte de su encanto.
―Eres mala, mi querida Frisk, muy mala ―susurró al cuerpo de la muchacha antes de ejecutar el siguiente paso de su plan.
Esa era la determinación de Frisk, una determinación aplastante, atractiva, sin la cual él no podía seguir viviendo.
Well~ Este es el fin... Gracias por haberme acompañado con sus favoritos y sus visitas. La verdad, se siente raro terminar algo, es más, me sentí extraña, como si me faltara algo... Incluso me planteé la posibilidad de borrar el capítulo y reescribirlo XD Pero tenía que publicarlo :'v
Aunque... Qué va, todavía me falta el epílogo. Lo publico mañana -le pegan-(?)
Nos vemos~
Atte:
Jeffy Iha
