Decido mi propio destino

Autor: HuskyWalker

Beta: LatexoHPo

Capítulo 3.

El sol aún no aparecía cuando Harry despertó a la mañana siguiente. Yacía en una pequeña cama, preguntándose dónde estaba, por qué no estaba en casa, y por qué le dolía tanto el pecho.

Suspirando pasó una mano por su cabello.

—De verdad volví— sonrió con amargura, sin importarle que no estuviera nadie en la habitación para oírle. Al sentarse balanceando las piernas sobre el borde de la cama hizo una mueca cuando sus pies entraron en contacto con el piso frio—. Uno pensaría que a los magos se les ocurriría lanzar un hechizo para calentarlo. Pero claro que no. Pueden lanzar cualquier cantidad de hechizos oscuros pero no un hechizo decente para mantener el piso cálido.

Aunque Harry quería volver a dormir se levantó y se preparó para el día. Sólo había rentado la habitación por una noche. Encontraba que no era bueno estar en un mismo lugar mucho tiempo, aunque la gente pensara que estaba muerto. No sabía con quien podría encontrase. Si eso sucedía estaba seguro de que no sería algo bueno, sin importar en qué bando estuvieran.

Completamente vestido dejó a habitación. No tenía nada más consigo que la ropa que había estado usando el díaa del ataque en Hogsmeade. Le hacía más fácil si tenía que marcharse de repente. Además era menos probable que lo emboscaran si no estaba usando algo valioso a la vista. Claro está que existían los hechizos encogedores para esconder las posesiones así que igual tenía que estar alerta al salir. Y se aseguró que su collar con la campana estuvieran a salvo bajo sus ropas. No deseaba perder las pocas pertenecías que todavía tenía.

Comiendo lentamente su desayuno, una porción de avena gris, Harry reflexionó sobre lo que debía hacer. Sabía que tenía que encargarse de Dumbledore pero aún no se le ocurría cómo hacerlo. Dumbledore había sido poderoso hace cincuenta años y Harry dudaba que el mago hubiera perdido el tiempo desde esa fecha.

Descartó la opción de enfrentarse al hombre en una pelea directa como un Gryffindor. Tenía la sensación de que Dumbledore trataría de jugar sucio en un duelo de ese tipo.

Eso significaba que tendría que buscar otra solución para el problema llamado Dumbledore.

Harry se echó hacia atrás en su silla y suspiró. Su mano se cerró en el collar que tenia bajo la túnica mientras se sumía en sus pensamientos.

Sabía con seguridad que la enfermedad que sufría de forma lenta pero segura lo mataría. Se preguntaba si habría sido diferente si hubiera ido donde un sanador cuando recién comenzó a tener esos ataques. Pero los sanadores habrían hecho preguntas que no habría podido responder.

¿Cómo se supone debía explicar que los ataques habían comenzado cuando su director lo había mandado a través del tiempo con una maldición asesina? O habrían creído que estaba loco o lo habrían mandado de inmediato al Misterio para que los Inefables experimentaran con él.

Ninguna opción le habría gustado y ahora no tenía la opción de ir a San Mungo o buscar a un sanador. Harry Potter supuestamente estaba muerto y aunque había cambiado mantenía la cicatriz en la frente. Una ojeada a la cicatriz y sabrían de inmediato quién era.

Por lo menos ya no usaba anteojos así que ya no se parecía tanto a su padre como antes. Y su cabello ya no era el mismo porque lo había dejado crecer.

Sintiendo que alguien lo miraba de manera que lo vellos de sus brazos se levantaron, Harry miró alrededor.

No había muchos clientes tan temprano en la mañana. Suponía que la mayoría aun dormían o ya se habían marchado.

Aparte de él y el dueño del local, que estaba parado tras el mostrador leyendo el periódico, Harry contó cuatro persona más en la habitación. Los primeros dos eran una pareja de vampiros, un hombre y una mujer, y al parecer eran bastante cercanos. Aunque ambos usaban capuchas que escondían sus facciones Harry estaba seguro de que eran vampiros. La sangre que bebían en copas se lo dijo.

Viendo que los vampiros sólo le prestaban atención a su desayuno Harry los sacó de las lista, pero igual decidió echarles un ojo. La última vez que se había encontrado con un vampiro no había resultado bien. Por lo menos no para el vampiro.

Sus ojos se posaron en la tercera persona en la habitación. El cabello rubio y la belleza del hombre le recordaron una combinación de Malfoy y un veela. Harry se preguntó qué le habría sucedido a Mortimus. Ya que Lucius era lord Malfoy ahora sabía que su amigo y Abraxas estaban muertos.

Decidiendo que este hombre no era quien lo miraba Harry volvió su atención hacia la última persona en la habitación.

Sus ojos verdes se posaron directamente en ojos ámbar y Harry se quedo sin aliento. Había visto las fotografías de los criminales buscados cuando estaba en Hogwarts. Uno de ellos había sido Fenrir Greyback, un hombre lobo que se rumoreaba mordía a niños pequeños.

Los dedos de Harry se removieron para tomar su varita hasta que recordó que ya no tenía una. Se rascó la cadera como si esa hubiera sido su intención desde el principio aunque ambos sabían que ese no era el caso.

Greyback rió y mostró su dientes que eran demasiado afilados para pertenecer a un humano normal. Harry tragó en seco, incapaz de alejar la mirada. Sabía que Greyback servía a Voldemort y si el hombre lobo sabía quién era lo llevaría donde su amo más rápido de lo que podía decir lumos.

Agachando un poco la cabeza Harry rompió el contacto visual con el hombre lobo. Se mordió el labio y jugó con el resto de su avena mientras pensaba qué hacer. Ya que Greyback estaba allí, podría haber otros mortífagos cerca. Harry maldijo el hecho de no haber pensado que hacer en esta situación.

Podría ser también que Greyback estuviera allí porque quería algo de comer. Harry estaba seguro de que habían muchos lugares mejores para comer pero no sabía cuántos de ellos permitían la entrada a los hombres lobo. Ya había anticipado que corría el riesgo de encontrarse cara a cara con alguno de los seguidores de Voldemort. No era como si pudieran caminar libremente por el Callejón Diagon ya que la mayoría eran gente buscada por la ley. Pero también había personas como Lucius Malfoy, que había sido declarado libres de todos los cargos y la mayoría de la gente creía era inocente.

Mientras comía y pensaba Harry continuó observando a Greyback con el rabillo del ojo. Aparte de Remus, Greyback era el primer hombre lobo verdadero que conocía. Los dos hombres no podían ser más diferentes. Mientras que Remus lucía andrajoso y cansado Greyback se veía sano y demostraba muy bien el depredador que ambos sabían que era.

A diferencia de Remus, Greyback no usaba túnica. En su lugar usaba ropa que parecía ser hecha de la piel de algún animal. La comida de Greyback casi hizo que Harry perdiera el apetito, había carne cruda en su plato y sangre goteaba por su barbilla. Al parecer nadie se había molestado en enseñarle modales al licántropo… de alguna manera entendía el por qué.

Terminando su desayuno Harry se levantó de la silla y se dirigió afuera. Había pagado por la habitación y el desayuno el día anterior. Al parecer temían que sus clientes huyeran a mitad de la noche. O quizás temían que los clientes fueran asesinados antes de pagar así que preferían no esperar a la mañana siguiente.

Saliendo del pequeño local Harry dobló a la izquierda y comenzó a caminar por el Callejón Knockturn alejándose del Callejón Diagon. Sabía que sería fácil perder a un perseguidor en un lugar con más gente. Pero si Greyback lo seguía seguramente sabría eso y podría avisarle a otra gente para que lo detuvieran. De esa manera tendría quizás más posibilidades de huir.

No tomó mucho tiempo antes de que Harry supiera con seguridad que estaba siendo seguido. Alcanzó a divisar el gran cuerpo de Greyback en la ventana de una tienda. El hombre lobo estaba demasiado cerca para esconderse, pero también le hacía más difícil a Harry encontrar un lugar donde esconderse de él.

Continuó caminando por el Callejón Knockturn con paso lento, como si no tuviera idea de que estaba siendo seguido. Se detenía cada vez que algo captaba su interés. También le daba la oportunidad de mirar alrededor sin que lo notaran, o eso esperaba.

Por lo que Harry podía ver Greyback era el único que lo seguía. Claro que podrían haber otros escondidos pero contaba con su famosa suerte en este caso. O si no, no sabía qué podría hacer para escapar.

Comenzó a lamentar no dirigirse hacia el Callejón Diagon. Había muy poca gente en la calle a esa hora del día, lo que hacía imposible que desapareciera entre la multitud. Y aunque tuviera éxito al hacerlo Greyback fácilmente podría olerlo con los sentidos que le daban la licantropía Tenía que encontrar otra manera de escapar.

Comenzó a ponerse nervioso, más de lo que ya estaba. Sólo había estado en el callejón Knockturn unas cuantas veces y todo había cambiado desde su última visita.

Greyback comenzó a acercarse a él, sin importar el paso de Harry. El hombre lobo era más grande y tenía las piernas más largas así que no le tomaría mucho tiempo alcanzarlo. Al parecer era lo que el hombre lobo estaba planeando. No teniendo deseos de quedarse para ver lo que sucedería si lo atrapaban, Harry decidió que era tiempo de desaparecer. Dobló en una esquina y se metió en un pequeño callejón sin salida. Sin importarle sobre qué tipo de basura estaba caminando se adentró más en el cerrado callejón.

Sabiendo que no tendría mucho tiempo antes de que Greyback entrara Harry se transformo en Beleza. Le tomó un tiempo acostumbrase a tener que cambiar tan rápido de tamaño y tener que andar en cuatro patas en vez de dos. Meneando la cabeza para aclarar sus pensamientos Harry comenzó a buscar un lugar donde esconderse. Tenía que ser un lugar donde Greyback no pensara en buscarlo y donde pudiera esconderse de los sentidos del hombre lobo.

Su nariz de gato notó que era más sensible a los aromas a su alrededor y estornudó un par de veces antes de que se le ocurriera una idea. Probablemente lo lamentaría después, pero era mejor que terminar enfrente de Voldemort.

No dándose tiempo para sentirse asqueado se arrojo al montón más cercano de…lo que fuera. Se movió, hasta que estuvo seguro de que cada parte de su cuerpo estuviera escondida a la vista y así pudo ver lo que sucedía a su alrededor. Acurrucándose trato de ignorar el aroma y la sensación de algo pegajoso en su costado. Fue justo a tiempo porque entonces apareció Greyback en la entrada del callejón y se detuvo.

Casi no se atrevía a respirar mientras Greyback miraba alrededor, tratando de encontrarlo en el semi oscuro callejón. El hombre lobo olfateó y luego estornudó, al igual que Harry lo había hecho unos segundos antes, sólo que el estornudo de Greyback fue mucho más fuerte que los de él.

Por lo menos ahora sabía que el hombre lobo no podría encontrarlo por el aroma, y si Harry hubiera podido se habría dado una palmada de felicitación. Pero se quedó quieto mientras Greyback se adentraba en el callejón cada vez más cerca de dónde él se escondía.

De un bolsillo de sus rasgados pantalones Greyback sacó una varita. Harry se puso rígido. La varita le recordó mucho a la suya y aunque no necesitaba una, no podía evitar extrañar la suya. Al mismo tiempo se preguntaba qué haría Greyback.

La respuesta a su pregunta llego un momento después.

—Apúntame a… necesito un nombre para ese hechizo.

Si no hubiera sido porque estaba escondido en ese momento Harry se habría reído. Al parecer no todos lo mortífagos eran tan inteligentes como la gente creía. Claro que tendría que reírse en un lugar donde Greyback no pudiera oírlo. Algo le decía a Harry que Greyback no era del tipo al que le gustaba que se rieran de él. Y lo que no podía hacer con magia Harry estaba seguro podía hacer con músculos. Greyback no era alguien contra quien le gustaría pelear.

Le recordó a como Dudley y sus amigos solían jugar con él cuando había sido pequeño. Como ahora había estado forzado a arrancar o esconderse. Sólo que ahora sería mucho más peligroso que lo encontraran. Harry dudaba mucho que Greyback simplemente lo golpeara para luego dejarlo ir.

—Mago estúpido, ¿crees que puedes esconderte de mí?

Greyback dió otro paso en su dirección y Harry sintió que su corazón latía más rápido con la adrenalina que recorría sus venas. Estaba listo para correr si Greyback lo encontraba. Sabía por los libros que había leído que no era fácil luchar contra un hombre lobo. Eran inmunes a la mayoría de la magia y fuertes, aunque no fuera luna llena.

El licántropo dio otro paso adelante y pisó algo resbaladizo. Cayó y cuando tocó el piso Harry podría haber jurado que lo sintió remecerse por el peso de Greyback. El hombre lobo maldijo y se levantó del suelo, más sucio de lo que ya estaba. Su rostro estaba rojo de la rabia y lucia listo para matar a alguien. Harry estaba contento de que Greyback no supiera dónde estaba escondido.

Si hubiera sido humano en ese momento se habría reído. Al menos no sería el único que saldría apestoso de ese callejón.

Greyback miró alrededor y olfateó antes de bufar:

—Probablemente ya se marchó hace rato. Tengo mejores cosas qué hacer que esto—. El hombre pateó una lata y la envió volando por los aires hacia las sombras. Luego se giró y se marchó a grandes zancadas.

Harry no se atrevió a mover un sólo músculo después de que Greyback se fue. Finalmente decidió que el hombre lobo no estaba esperándolo al doblar la esquina y se movió de su escondite. Ya tenía suficiente del mal olor y ansiaba un buen baño caliente con mucho jabón. Dudaba poder quitarse el aroma.

Aún en su forma de Beleza, ya que no podía arriesgarse a que lo viera otro mortífago y ser reconocido, Harry dejó el callejón sin salida. Muy poca gente pareció notarlo pero aquellos que trataron de acercársele se alejaron por el aroma. Harry suponía que no sólo para él olía mal.

T&H

Voldemort estaba en su oficina trabajando en sus planes para la próxima redada, cuando alguien tocó a su puerta. Dejó su varita en el bolsillo porque sólo sus mortífagos tenían acceso a la mansión. Y aunque alguno de ellos decidiera traicionarlo podía usar magia sin varita, un hecho que no se molestaba en esconder.

Dejó a un lado la pluma y no se molestó en esconder sus papeles. Esa era una de las cosas buenas sobre el Parsel. Salazar Slytherin había encontrado un método de escribir en ese lenguaje y con Potter fuera del cuadro no tenía que preocuparse de que alguien leyera sus documentos. Pero eso no significaba que comenzaría a ser descuidado y a dejar sus planes en donde cualquiera pudiera encontrarlos. Había hechizos de traducción que quizás podrían hacer que la gente comprendiera lo que estaba escrito; al menos en teoría.

Levantó una no existente ceja cuando Fenrir Greyback entró.

—¿No se supone que deberías estar haciendo que esas manadas se nos unan?

Greyback asintió. A diferencia de sus demás seguidores el hombre lobo alpha no necesitaba hacer una reverencia. Voldemort sabía cuánto podía exigir. Empujar a Greyback demasiado sólo lo haría perder el apoyo que tenía de los hombres lobo.

—He enviado a mi gente a eso. Los líderes de esa manadas me verían como un alpha débil si no mando a alguien en mi lugar."

Voldemort asintió. Ninguno de los dos tenía que decir la otra razón por la que Greyback había enviado gente. Después de todo, la gente podía ser reemplazada pero sólo había un líder.

—Asumo que estas aquí por una razón. ¿O es mi compañía tan buena que te encuentras incapaz de alejarte?

Greyback se largó a reír.

—No, mi lord, pero creo que usted puede estar interesado en lo que tengo que decirle.

Sin que le ofrecieran tomar asiento Greyback se sentó en una de las sillas de cuero frente al escritorio de Voldemort. Voldemort se hizo una nota a sí mismo de mandar a los elfos domésticos a limpiar toda la habitación una vez que Greyback se marchara. El hombre lobo no era exactamente lo que uno diría limpio. Parecía que había estado dándose vueltas en basura o algo muerto.

Cuando el silencio duró lo suficiente Voldemort comenzó a ponerse impaciente.

—Bueno, dime lo que viniste a decir. Algunos de nosotros tenemos cosas qué hacer, redadas qué organizar, gente qué torturar.

Greyback se inclinó hacia adelante en la silla y parecía que quería compartir un gran secreto con él. Voldemort había visto esto en numerosas ocasiones pero no se sintió afectado.

—Vi al chico Potter hoy en el Callejón Knockturn.

Voldemort parpadeó. Abrió la boca para decir algo, sólo para volver a cerrarla y parpadear de nuevo.

Greyback se tiro hacia atrás en la silla y Voldemort parpadeó una vez más.

—¿Potter?, ¿quieres decir Harry Potter como en el niño-que-no-se-muere-nunca, y que se supone esta muerto?

—El mismo.

—¿Y dónde lo viste?

—En el Callejón Knockturn y creo que ya había dicho eso.

Voldemort lentamente golpeó con un dedo su barbilla.

—¿Y dónde está el Sr. Potter ahora?

Greyback vaciló y Voldemort sabía que no le gustaría la respuesta que le daría.

—Se me escapó, aunque no sé cómo lo hizo. Lo encontré en una posada en el Callejón Knockturn; aparentemente pasó allí la noche— respiró profundamente antes de continuar—. Creo que sintió que alguien lo miraba pero no supo quién era. Cuando lo seguí pareció no darse cuenta que lo seguían. Entró a un callejón sin salida pero cuando yo entre allí, él ya no estaba.

El Señor Oscuro pasó una mano por su cara.

—Déjame verlo, quiero ver si de verdad es Potter.

Greyback asintió y lo miró a los ojos. Voldemort entró a la mente del hombre lobo sin una palabra. Sólo un principiante o alguien que estaba entrenando a uno decían la encantación en voz alta. La mayoría lo hacía de una manera en que las personas no notaran la intromisión o lo hicieran demasiado tarde para no tener tiempo de levantar sus defensas.

La mente del hombre lobo era extrañamente ordenada y no le tomó mucho tiempo a encontrar la memoria donde estaba el chico Potter.

Lo que encontró en las memorias de Greyback no era algo que había creído volver a ver.

La persona que encontró en la memoria lucía exactamente como su Evan. Claro que lucía más joven, como la primera vez que el joven mago lo había salvado de los chicos del orfanato. Pero el cabello negro y largo y los ojos verdes eran los mismos con los que había soñado por tanto tiempo. ¡Diablos! ese chico incluso usaba una túnica igual a la que había usado Evan el día que murió en Hogsmeade.

Pero al mismo tiempo veía a Harry Potter, el chico que, aparentemente, había decidido interponerse en sus planes. El chico había cambiado desde la última vez que lo había visto y la semejanza a su Evan era más grande que nunca.

Potter siempre se había parecido a su amante muerto y por eso Voldemort lo odiaba más. Potter era un recuerdo eterno de lo que había perdido hacía todos esos años. Los dos incluso tenían la misma cicatriz en su frente.

Con un suspiro Voldemort salió de la mente de Greyback. El hombre lobo estaba sentado en la silla, y no parecía como a alguien al que recién le habían escaneado la mente.

—Al parecer Dumbledore no está diciendo la verdad sobre el Sr. Potter. Me pregunto cómo ha logrado mantenerse escondido todo este tiempo. De seguro no ha entrado en contacto con ninguno de sus supuestos amigos o Dumbledore ya lo sabría.

Greyback no dijo nada, miró en silencio cómo Voldemort continuaba pensando en voz alta.

—Puede que Dumbledore esté planeando algo y le contó a todos que Potter esta muerto para que no hagan preguntas del por qué no está el chico. Quizás esta entrenándolo para derrotarme. También puede ser que el chico huyó. Sin importar la razón deben traérmelo, él es un peligro que no puedo permitir que exista.

Greyback asintió y se levantó de la silla.

—Me marcharé entonces. No puedo dejar la manada demasiado tiempo o habrá problemas. Le juro que es la última vez que convierto a adolescentes, no valen la pena tantos problemas.

Voldemort no dijo nada mientras Greyback se fue, sabía cuál sería la próxima palabra que saldría de sus labios y no quería torturar al alpha.

Sabiendo que no podría hacer más papeleos Voldemort se levantó de su asiento y dejó la oficina. Cerró la puerta tras él y puso las protecciones. Para honrar a Evan había estudiado protecciones aunque sabía que nunca sería tan bueno como Evan lo fue. Lo que a su amante le faltaba en conocimiento lo compensaba con imaginación.

Todavía, después de todos esos años, le dolía pensar en Evan. El mago lo había sacado del orfanato y le había dado una oportunidad que nadie había estado dispuesto a darle. Voldemort se preguntaba cuán diferentes habrían sido las cosas si Evan no hubiera ido por él.

Ver al chico Potter le trajó memorias que pensó había logrado enterrar hace mucho tiempo. Memorias de él y Evan en la cama después del sexo, de ellos sentados juntos frente al fuego. Evan parado a su lado, ayudándolo a cocinar para ambos.

Si alguien hubiera visto la sonrisa en el rostro de Voldemort habría huido, temiendo por su vida. Voldemort acarició la varita en su bolsillo. Sentía deseos de lanzarle un crucio a alguien pero no había ninguno de sus seguidores a la vista.

—Típico, cuando no los necesito están aquí listos para servir, pero cuando necesito maldecir a alguien no está ninguno de ellos.

Voldemort siguió refunfuñando mientras caminaba por el pasillo. Llegó a sus habitaciones privabas y abrió la puerta con la contraseña, que por supuesto estaba en Parsel. Sólo dos personas en todo el mundo hablaban ese idioma así que habría sabido de inmediato si alguien hubiera tratado de entrar a su habitación.

La primera habitación a la que entró era una sala de estar con chimenea, muy similar a la que había tenido en su casa. Voldemort se preguntaba qué le habría sucedido después de que Evan murió y había sido obligado a volver al orfanato. Quizás debería visitarla de nuevo algún día, ver como estaba Hubert. El fantasma probablemente se sentía solo.

Voldemort negó con la cabeza. Visitaría su antiguo hogar cuando tuviera tiempo para eso. Ahora tenía un mundo que dominar y una persona que supuestamente estaba muerta y que andaba a plena luz del día que encontrar.

Cruzó la habitación sin darle al costoso mobiliario una segunda mirada. La suave alfombra bajo sus pies amortiguaba cualquier sonido que pudiera hacer. Las paredes estaban escondidas tras estantes con libros y pinturas. Había dos puertas en la sala. Una llevaba a un gran baño, mientras la otra llevaba a su dormitorio. Hacía allá se dirigía Voldemort.

Nagini yacía en la gran cama con cobertor verde Slytherin y azul. La serpiente no levantó la mirada cuando él entro a la habitación y continúo roncando como si no lo hubiera oído. Voldemort se detuvo a mirar la cama.

La cama era grande y el colchón muy suave. ¿Cuántos no había traído a esta cama por una noche? eran más de los que se molestaría en contar. Voldemort se rehusaba a llamarlos amantes. Sólo había una persona a la que había llamado así y Evan hacía mucho tiempo no estaba.

La cama había sido comprada con Evan en sus pensamientos. No podía evitar pensar en cómo habría lucido su amante en esa cama, desnudo y esperándolo.

Voldemort meneó la cabeza para aclarar sus pensamientos. Aunque había llevado muchos amantes a su cama ninguno había sido tan bueno como Evan. Con Evan se había sentido completo en una forma en que nunca se había sentido antes. Como si fueran iguales.

El Señor Oscuro suspiró. Se preguntaba qué diría Evan si su amante pudiera verlo ahora. Aunque Evan nunca había sido una persona que se fijara en las apariencias, estaba seguro de que su amante estaría disgustado con su apariencia actual. El ritual había restaurado su cuerpo pero no lucia para nada como cuando había sido Tom Ryddle.

Concluyendo que era algo que tenía que cambiar, Voldemort decidió llamar a Severus. Estaba seguro que el Maestro de Pociones podría crear una poción que le daría su antiguo aspecto de nuevo. Podría hacerlo él mismo pero le sería difícil encontrar el tiempo para investigar y hacer la poción con todo lo que tenía que hacer. Además, Severus era un maestro de pociones, él hacia pociones por diversión.

Voldemort meneó la cabeza y se dirigió al baño. Quizás debería tomarse el resto del día libre. Ver a alguien tan similar a Evan lo estremeció más de lo que podía pensar. ¿Acaso alguien le había contado a Potter sobre Evan? en el único que podía pensar era Dumbledore y Voldemort dudaba que el Director hiciera algo así. Dumbledore siempre había despreciado a Evan por lo poderoso que había sido el joven y por el interés que le mostraba Grindelwald.

Pero apenas se encargara del chico Potter ya no tendría que acordarse de Evan.

El sonido de una lechuza sacó a Voldemort de sus pensamientos. Se asomó y vio una de las lechuzas de Gringotts sentada en el ventanal. No sabía lo que querían los de Gringotts con él ya que no tenía una cuenta en el banco.

¿Y porque Nagini no se había molestado en comerse a la bola de plumas?

H&T

Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore estaba sentado en su oficina de Hogwarts mirando por la ventana comiendo uno de sus caramelos de limón. Los estudiantes pronto regresarían y la escuela nuevamente estaría llena de risas.

En esos momentos había poca gente en la escuela. Para ser más específicos estaban él, Hagrid y Argus Filch. Los otros profesores estaban en sus casa, de vacaciones o visitando sus familias. Pronto regresarían para recibir a los estudiantes cuando llegarán en el Expreso de Hogwarts.

Los estudiantes y el personal de la escuela habían tomado la muerte de Potter sin mucha perturbación. Claro que había aquellos que no creyeron en su palabra. Los Slytherin, de los cuales la mayoría tenía padres mortífagos no creían que el chico Potter era malvado.

Claro que no lo decían en voz alta, después de todo eran Slytherin. Y aunque lo hicieran nadie les creería porque la casa Slytherin era la casa de la maldad.

Cuando James Potter había llegado por primera vez a Hogwarts Albus había estado choqueado ante el parecido con Evan James, aquel a quien había matado por venganza por haber asesinado a Gellert.

Se aseguró de echarle un ojo al heredero Potter, sintiendo que había una especie de conexión entre él y el Sr. James. Fue el hecho que el chico no tenia ojos verdes lo que impidió que Albus lo matara con un hechizo.

Cuando James había comenzado a salir con Lilly Evans, Albus había tenido la fuerte sensación de saber hacia dónde iba todo. Luego se habían graduado al salir de Hogwarts y no poco tiempo después Lilly había quedado embarazada. Cuando tuvo al niño en sus brazos Albus supo que era el indicado. Este niño era Evan James, él que había matado a su amante, hacía cincuenta años.

Albus había comenzado a planificar. Voldemort, una vez conocido como Tom Ryddle, estaba en pleno poder. Y a Albus le pareció apropiado que Voldemort fuera quien matara a quien habría sido su amante. No fue difícil darle a Trelawney una poción que le hizo decir lo que le indicó y fue una suerte aun más grande que Severus Snape hubiera estado allí en el momento justo para oír la peripecia para luego llevársela a Voldemort.

Pero el plan había fallado. James y Lilly Potter murieron pero el mocoso continúo con vida, y se volvió famoso por sobrevivir la Maldición Asesina y por derrotar a Voldemort, aunque Albus sabía que el Señor Oscuro no había muerto.

Después de eso había hecho todo lo posible para deshacerse del mocoso. Lo había puesto con los Dursley aunque el testamento de los Potter decía que su hijo no debía verlos nunca a menos que quisiera conocerlos cuando fuera mayor de edad. Y si ese era el caso le daban permiso para hacerle cuantas bromas quisiera a sus familiares, mientras no terminara en Azkaban por eso.

No habían quebrado el espíritu del chico y cuando Potter llego a Hogwarts Dumbledore siguió tratando de deshacerse de él, mientras continuaba con el acto de abuelo querendón para que nadie sospechara de él si algo le pasaba al mocoso.

Pero sin importar lo que hiciera el mocoso lograba sobrevivir. La piedra en primer año, el basilisco en segundo, los dementores en el tercer año del mocoso. Black sólo había sido una excusa para traer dementores a Hogwarts, después de todo él sabía que Sirius no había sido el guardián secreto de los Potter. Porque para poner a Potter con los Dursley había necesitado primero deshacerse de Black.

Potter incluso sobrevivió los eventos de cuarto y quinto años, y Albus, sintiendo que el tiempo se le acababa, había decidido tomar el asunto en sus propias manos. Pero aunque había matado al maldito mocoso nada había salido como lo deseaba. Había perdido el apoyo de Lupin y por ende el apoyo de las pocas manadas que él había logrado unir a su causa.

No sólo eso, tampoco ahora podía tener las reuniones en Grimmauld Place. La casa simplemente había impedido la entrada de las personas y Albus era incapaz de hacer algo. No sería prudente alertar a los mortífagos o a Voldemort de dónde estaba el cuartel general.

Albus maldecía el hecho de haber olvidado hacer que el mocoso redactara un testamento antes de matarlo. Ahora Narcissa era la dueña de las bóvedas Black y de las propiedades, ya que Bellatrix Lestrange era buscada por la justicia.

Tenía la sensación de que este año seria memorable y Albus no estaba seguro si eso era algo bueno o no.

N.A. Si alguien tiene alguna duda, Harry tiene dieciséis años nuevamente.