Decido mi propio destino

Autor: HuskyWalker

Beta: LatexoHPo

Capítulo 5

No le tomó mucho tiempo a Harry darse cuenta de que Londres estaba muy lejos para irse caminando. Y todavía no tenía dinero muggle para llamar un taxi o tomar el bus.

Por ende una vez más se encontró como pasajero del Autobús Noctámbulo, aferrado a su asiento como si su vida dependiera de ello. Por lo que Harry sabía podía ser así. Ernie lo había saludado pero aparte de eso lo había dejado tranquilo cuando le dejó claro que no estaba con ánimos para conversar.

Durante todo el camino mantuvo la cabeza agachada, dejando que su flequillo escondiera la cicatriz de su frente. Había otras personas en el autobús y él se sentó lo más lejos posible de ellos. No sentía deseos de hablar con nadie en esos momentos. Tenía la sensación de que hechizaría al primero que lo perturbara.

No estaba seguro si la tía Petunia tomaría su consejo o no. Ojala que lo hiciera y dejara el país antes de que fuera demasiado tarde. No había amor entre ellos pero ella era familia y Harry suponía que su madre no habría querido un destino horrible para su única hermana.

Sin importar lo que le sucediera a ella y a Dudley de ahora en adelante no sería su responsabilidad.

De alguna manera Harry podía decir que comprendía por qué Voldemort había decidido matar a los Ryddle, pero él no podía verse matando a sus únicos familiares. Le gustara o no, eran su familia. Además, ya habían sido castigados. La maldición en Dudley y Petunia dejaría de surtir efecto en un año. Desafortunadamente el tío Vernon tendría que quedarse como perro el resto de su vida a menos que encontraran a alguien que levantara la maldición. Y Harry seriamente dudaba que ellos intentaran contactarse con alguien mágico. Además, si Vernon se quedaba como perro ya nunca más podría lastimar a nadie como lo había hecho antes.

De mejor ánimo del que había tenido desde que regreso a su tiempo se bajó del Autobús Noctámbulo, agradecido de tener tierra firme bajo sus pies una vez más.

Al entrar al Caldero Chorreante de nuevo, fue como humano. Aunque Harry seguía siendo cauteloso necesitaba información y no podría conseguirla si era un gato. Por lo tanto tendría que correr el riesgo y esperaba que nadie lo reconociera. Una de las cosas buenas en las que podía pensar era que posiblemente nadie pensaría que era Harry Potter. Sin sus anteojos y con el cabello largo se parecía menos a su padre. Y mientras mantuviera escondida su cicatriz nadie le daría una segunda mirada.

Tratando de calmar sus nervios se dirigió al mostrador. La última vez que había visto al encargado, Tom, había sido un jovencito trabajando para su madre. Harry se preguntó qué le habría pasado a ella. La gente vivía vidas largas en el mundo mágico así que existía la posibilidad de que ella aún viviera. No tenía planes de visitarla pero igual sería bueno saber cómo le iba. Después de todo ella había estado más que dispuesta a ayudarlo o simplemente escucharlo cuando necesitaba hablar.

Se sentó en uno de los asientos libres en el mostrador y pacientemente esperó hasta que Tom tuviera tiempo para atenderlo. Así tenía tiempo para pensar.

—¿En qué puedo atenderlo?

Harry levantó la mirada, parpadeando varias veces para que sus ojos se enfocaran en el hombre frente a él. Al parecer no era buena idea mirar al aire sin parpadear.

—Eh… sí, me gustaría saber dónde puedo conseguir información y cosas así. ¿El mundo mágico tiene una biblioteca o algo así que pueda usar?

Tom lo miró tratando de decidir si era peligroso o no. No acostumbrado a este tipo de reacción del encargado Harry se relajó en la silla e intentó lucir lo menos amenazador posible.

—Desafortunadamente no. Todas las bibliotecas están en casa de magos y brujas. Y a menos que seas parte de la familia o un amigo muy cercano es muy poco probable que te dejen ver sus libros. Mi mejor consejo para ti es que vayas a la tiendas de libros aquí en el Callejón Diagon, se llama Flourish y Blotts. Si es un libro raro el que estas buscando tendrás que encontrar a un coleccionista y esperar que él o ella te vendan el libro.

Harry asintió y se levantó de la silla.

—Gracias, tratare con la tienda de libros, pero con mi suerte la información que estoy buscando no estar allí.

—Créeme, cualquier persona con vida y sin daño en estos días debería considerarse con suerte.

—¿Qué quiere decir?— preguntó volviendo a sentarse en la silla— ¿Qué quiere decir?— repitió cuando el encargado no le respondió a la primera.

—¿Eres nacido muggle?

—Criado muggle, pero he estado lejos por un tiempo.

—Debes haber estado bastante lejos si no oíste las noticias.

Harry sonrió.

—Podría decir eso.

No había estado lejos, pero sí cincuenta años en el pasado.

—Desde que Dumbledore tuvo que matar a Potter porque El-Niño-Que-Vivió se volvió oscuro, Quien-Tú-Sabes ha atacado más gente de lo normal. Familias enteras han desaparecido, gente ha sido asesinada y hogares han sido quemados hasta los cimientos. Ni muggles ni magos están a salvo ahora. Yo supongo que es porque Quien-Tú-Sabes está molesto porque Dumbledore mató al traidor.

—¿De verdad cree eso?

Aparentemente Harry había hablado más fuerte de lo que era su intención. Cuando la oración dejó su boca sintió varios ojos posarse en él.

—¿Qué, acaso tú tienes otra idea?

El que hablaba era un mago de mediana edad que estaba sentado un poco lejos de Harry, rodeado de sus amigos.

—Sí, la tengo. Mi idea es que Vo… Quien-Usted-Sabe se ha decidido actuar porque ya no tiene razón de esconderse ahora que el ministerio ya se ha dado cuenta que ha vuelto. Aunque he estado lejos sé que Potter trató de decirles eso durante un año—. Se sentía extraño hablar de sí mismo en tercera persona pero sabía que tenía que hacerse. Dudaba que las cosas resultaran bien si ellos sabían con quien estaban hablando—. Francamente, Volde… quiero decir, Quien-Usted-Sabe, mató a los padres de Potter. ¿Qué razón tendría Potter para unirse a ese demente? Me gustaría que las personas del mundo mágico usaran sus cerebros de vez en cuando, aunque fuera un poco. Ustedes han cambiado su opinión sobre el chico desde que volvió al mundo mágico. Tomen una decisión y quédense con ella. Y no crean todo lo que escribe El Profeta. La mayoría de las veces no es nada más que basura.

Sabiendo que era mejor que se marchara antes que las cosas se pusieran feas Harry se levantó de la silla.

—Fue un placer conocerlos, pero tengo mejores cosas qué hacer que escucharlos hablar mal sobre una persona muerta.

Con eso dejó el Caldero Chorreante, sin notar el par de ojos que lo habían observado desde el momento en que había entrado al lugar.

Harry respiró aliviado cuando entro al Callejón Diagon que estaba alborotado pese a lo tarde que era. Era más fácil respirar ahora cuando ya no tenía todos esos ojos sobre él. Por suerte ninguno de ellos había decidido seguirlo. No quería más atención de la que ya había recibido. Supuestamente debía mantenerse escondido hasta que se encargara del problema llamado Dumbledore.

Dudaba mucho que esa gente escuchara sus palabras, pero esperaba alguno de ellos pensara lo que había dicho. Le ayudaría, aunque fuera sólo un poco, si no toda la gente seguía a Dumbledore como corderos sin mente.

Decidiendo no perder más tiempo del que ya había perdido, se dirigió a Flourish y Blotts. Probablemente haba información sobre las tumbas de sus padres en algún libro. No sabía por qué no había pensado en eso antes. En el mundo muggle las personas escribían innumerables cantidades de libros sobre la gente famosa. ¿Por qué el mundo mágico seria diferente?

Flourish y Blotts estaba lleno de gente, al parecer no todos habían terminado sus compras escolares. O quizás era la gente más inteligente que hacia las compras cuando los demás ya habían terminado. Harry no entendía cómo nunca se le ocurrió eso antes. Por alguna razón u otra, los Weasley siempre habían insistido que fueran de compras apenas las cartas de Hogwarts llegaban.

Se movió en la tienda evitando chocar con las personas. Quería terminar con esllo lo más rápido posible. Mientras menos tiempo pasara con personas menos oportunidades tenía de ser reconocido.

Sin levantar la mirada se dirigió al mostrador donde estaba la vendedora.

—¿Discúlpeme, madame?

La vendedora, una bruja mayor, lo miró con ojos cansados.

—Sí, ¿en qué puedo ayudarlo?

—Me gustaría ver los libros que tiene sobre Harry Potter y la noche en que se volvió El-Niño-Que Vivió.

—Quinto estante a mano izquierda, mire en la parte de abajo. Hemos botado varios de esos libros, así que tiene suerte. El dueño decidió que la próxima semana botará el resto de los libros de El-Que-Nos-Traicionó-A-Todos.

Harry le agradeció a la bruja y luego siguió sus instrucciones. El estante estaba ubicado en la parte de atrás de la tienda donde los libros menos populares se encontraban. Ver la cantidad de libros que había le sorprendió. Y la encargada le había dicho que ya se habían deshecho de la mayoría de ellos.

Sentado en el suelo comenzó a sortear los libros, los hojeó y los volvió a poner en su mismo lugar. Sabía que eventualmente tendría que comprar uno de los libros pero se rehusaba a comprar uno que no tuviera la información que necesitaba.

Le asombró ver cuántos libros había escritos sobre él. Pero por lo que veía la mayoría de ellos habían sido escritos después de su supuesta traición, se encontró incapaz de contener una mirada de enojo. Estas personas no sabían absolutamente nada sobre él y aun así pensaban que podían juzgarlo. Notó que algunos de los libros tenían imágenes de los Dursley en ellos aunque ninguno había logrado conseguir un comentario de sus familiares.

Quizás los autores de los libros pensaron que ellos no le darían una buena imagen a los muggles si hubieran entrevistado a su familia. Harry rió con suavidad cuando pensó en la reacción de Vernon si se hubiera enterado que los magos querían entrevistarlos. Probablemente habría estado más que feliz de decirles sobre lo fenómeno que había sido y todos los problemas que les había causado. Por otro lado encontraba muy dudoso que los Dursleys quisieran lidiar con esos mismos fenómenos.

Leer las entrevistas de sus antiguos amigos dolió más de lo que había pensado, pero también le dio a Harry algo de información útil. No había sabido que Ron y Hermione ahora eran pareja. Al menos ahora tenía una idea sobre quienes podía confiar. Sobre algunos de ellos aun no estaba seguro, pero decidió mantener su distancia de todas maneras.

Mirando entre los libros notó que ninguno de ellos tenía una entrevista con Lupin. Uno pensaría que ellos querrían oír la opinión de él sobre todo este asunto, ya que había sido su profesor durante un año, además de uno de los mejores amigos de James Potter. Quizás era porque era un hombre lobo y por ende nada más que una bestia a los ojos del mundo mágico.

Varios de los profesores también habían sido entrevistados al igual que algunos estudiantes de Hogwarts. Para su sorpresa ni el profesor Snape ni ninguno de los Slytherin había dicho mucho en realidad, más bien dicho nada. Uno pensaría que serían los primeros en saltar ante la oportunidad de ensuciar su memoria.

Encontrando lo que necesitaba Harry tomó el libro y dejó la parte trasera de la tienda. Sin una sola palabra pagó el libro y dejó el lugar.

Ni él o alguien más notaron a la persona que había estado observándolo y siguiéndolo desde que había hablado por primera vez en el Caldero Chorreante.

)00(

Severus marchó hacía el punto de aparición con su capa negra ondeando tras él. Tuvo que partir en medio de una reunión de la Orden porque había sido convocado. Le había tomado sólo una mirada al Director para que el hombre entendiera lo que estaba sucediendo y le había permitido marcharse. El viejo confiaba en que le traería cualquier información que recogiera cuando estaba con Voldemort y los mortífagos.

No que en realidad planeara hacerlo, el Director nunca había hecho nada para ganar su confianza.

En sus años de escuela Dumbledore había mirado entre los dedos cada broma que los merodeadores le habían hecho. Incluso con el incidente del hombre lobo, como Severus lo llamaba, el director no había hecho nada más que darles una palmadita en la mano diciéndoles que no lo volvieran a hacer.

Hacía mucho tiempo se había dado cuenta de que no había sido culpa de Lupin. Después del incidente Severus había estudiado varios libros hasta que llegó a la conclusión de que Lupin no había sido culpable, ya que no había sido capaz de controlarse. Había sido culpa de Black. Pero eso no significaba que le agradara Lupin o cualquier otro licántropo.

Dumbledore había prometido que Lily estarían a salvo cuando había ido donde él para contarle que Voldemort sabía de la profecía. La siguiente cosa que Severus supo fue que ambos Potter estaban muertos y aunque Harry había sobrevivido, había desaparecido del mundo mágico.

Dumbledore le había asegurado que el hijo de Potter estaba a salvo donde fuera que estuviese y Severus había elegido confiar en el hombre. Fue uno de los muchos errores que había cometido durante su vida. Cuando el hijo de Lily finalmente había llegado a Hogwarts, Severus ya había tomado la decisión de mantenerse alejado del chico sólo observándolo desde las sombras, cosa que había sido otro error.

Lily había sido una buena amiga y hubo un tiempo en que había estado enamorado de ella. Pero después del incidente en quinto año ella había comenzado a salir con Potter y él se había vuelto amigo de Lucius Malfoy y Narcissa Malfoy antes Black.

La Amistad había llevado a más y aunque Draco no era su hijo sanguíneo Severus sabía que el chico lo veía como un segundo padre, además de su padrino.

Severus salió de sus pensamientos cuando una gran fuerza chocó contra él y lo sostuvo contra la pared.

—Hola, Snape.

Su cuerpo se quedó helado por un breve momento antes de que consiguiera que sus músculos se relajaran. Aun así, sabía que el otro hombre lo había notado.

—Greyback, dudo que nuestro señor esté feliz si llegar a ver esto. Y si me retraso, tu le dirás la el por qué.

Greyback gruñó pero de todas maneras lo soltó.

—Has preparado algo de Poción Matalobos—. Severus levantó una ceja. Ahora que el hombre lobo lo había soltado y había algo de distancia entre ellos se sentía mucho más seguro— ¿Por qué? Pensé que no querías tener nada que ver con esa poción repugnante, como tú mismo la llamaste.

"No es para mí, quiero saber si Lupin está recibiendo su poción. Él la necesita. El lobo es violento porque está lejos de mi.

Severus reprimió un comentario áspero. Aunque no comprendía a los hombres lobo era de conocimiento común entre los mortífagos lo que Greyback sentía por Lupin.

—No, no lo he visto desde que desapareció. Ya que yo no sé dónde está, sería peligroso para él que alguien lo viera tratando de conseguir cualquier poción.

Aunque Greyback no lucia feliz, asintió.

—Está bien. Te gustara saber que vi al cachorro Potter, parece que Dumbledore no fue tan honesto sobre la muerte del chico como había dicho.

Severus sintió que la sangre le dejaba el rostro cuando su cerebro finalmente registró las palabras del hombre lobo.

El hijo de Lily estaba vivo.

Quería hacer algunas preguntas pero Greyback ya se había marchado y llegaría tarde a su reunión con Voldemort. Maldijo en su mente al licántropo mientras se apresuraba por el pasillo. ¿Podía ser esa la razón por la que había sido convocado?

Sumido en sus pensamientos Severus se detuvo enfrente de las puertas que daban a las habitaciones de su lord. Sabía que no debía entrar sin tocar primero. No sólo corría el riesgo de que le lanzaran un crucio, sino que además uno no sabía con qué podría encontrarse si llegaba y entraba. La última vez que lo había hecho había aprendido que Voldemort no llevaba a todos sus amantes al dormitorio. O por lo menos no se quedaban allí.

Cuando llegó la respuesta, Severus entró y cerró la puerta tras él.

Lord Voldemort estaba sentado en un sillón frente a la chimenea encendida. Nagini no estaba a la vista y Severus supuso que estaba afuera cazando a Pettigrew o algo igualmente desagradable.

—Mi lord.

Severus hizo una reverencia aunque sabía que no era necesario cuando estaban sólo los dos en la habitación.

—Siéntate, Severus.

El aludido cruzó la habitación y se sentó en una silla frente a Voldemort. Un cáliz con whiskey de fuego flotó hacia él y Severus lo tomó pero no bebió. Ambos sabían que se reuniría después con el director y el hombre sabría si había bebido algo.

—Mi Lord— comenzó Severus— ¿Puedo ser directo y preguntar por qué me ha llamado? Sería bueno saber la razón por la que fui llamado cuando estaba en una reunión, antes de tener la oportunidad de escuchar las ideas que el poderoso Dumbledore tiene para dañar el mundo mágico más de lo que ya lo ha dañado.

—Por supuesto. Planeo encargarme de Dumbledore pronto. El hombre se vuelve más poderoso con el paso del tiempo.

—Pero usted también, mi lord.

Severus sabía que podía llegar lejos con adulación. Era como uno sobrevivía en ese mundo. Alaga a aquellos más poderosos que tú y aplasta a los inferiores. En medio todo está permitido.

Voldemort rió y bebió su trago.

—Quiero que me prepares una poción, Severus.

—¿Cuál, si no le molesta que pregunte, mi lord?

—Supongo que será difícil para ti preparar una poción si no sabes cuál es—. Voldemort parecía sumido en sus pensamientos y Severus sabía que no era prudente disturbarlo cuando se encontraba así—. Un aliado me contó que aquel que creía muerto ha regresado. Mientras tengo gente buscándolo, quiero que me prepares una poción que restaure mi antigua apariencia.

Severus frunció el ceño. Podía pensar en varias pociones que podían hacer que alguien luciera mejor, pero una poción para restaurar su antigua apariencia sería más difícil que esas pociones.

—Haré lo mejor posible lord, pero me tomara al menos una semana reunir todos los ingredientes, ya que algunos de ellos son bastante raros. Después me tomara un mes preparar la poción.

—Entonces te sugiero que comiences de inmediato. Reúne a algunos de los otros para que te ayuden con los ingredientes que necesitas para la poción. Mientras más rápido mejor.

Severus asintió. Sabía cuando estaba siendo despedido.

—Si mi lord.

—Y, Severus, alguien me dijo que el chico Potter ha sido visto. Sabes que no podré detener lo que tiene que suceder.

El Maestro de Pociones cerró los ojos por un breve momento.

—Por supuesto mi lord. Si me disculpa por favor, comenzaré de inmediato. Como usted dijo: mientras más rápido, mejor.

)00(

El Valle de Godric era un pueblo al oeste de Inglaterra. Era un pueblo bastante lindo con una iglesia, una oficina de correos, un pub y unas cuantas tiendas. Por lo que había podido averiguar era uno de los pocos lugares donde las familias mágicas vivían junto con muggles. Los rumores decían que Godric Gryffindor había nacido ahí, por eso el nombre del pueblo.

Este era el lugar en el que habría crecido si Voldemort no hubiera decidido ir tras él y luego matara a su familia. Harry no pudo evitar preguntarse cómo habría sido. Esperaba no haber terminado como Dudley. Quizas él y Ron habrían sido amigos desde pequeños. Dudaba mucho que hubiera tenido mucho que ver con Draco Malfoy, ya que Lily había sido una bruja nacida muggle.

Se detuvo enfrente de la estatua, observándola. Desde lejos parecía un obelisco con nombres grabados, pero cuando se acercó se había transformado en una estatua de sus padres y él. Quien quiera que hubiera hecho la estatua había hecho un gran trabajo con los hechizos que la escondían de los muggles. Harry suponía que había sido ubicada allí poco después de la muerte de sus padres.

Alejando la mirada de la estatua continúo caminando. Ya había visto el lugar donde sus padres habían sido asesinados. La casa estaba en ruinas y honestamente dudaba que hubiera quedado algo allí.

Había sólo unas cuantas personas cuando Harry encontró el cementerio. Ignorando a los otros visitantes caminó entre las filas de tumbas observándolas. Nunca había estado allí y no tenía idea de dónde encontraría la tumba de sus padres. Eran más las personas mayores quienes se encontraban visitando. Harry suponía que las demás personas tendrían otras cosas que hacer que pasar su tiempo en un cementerio. De alguna manera podía comprenderlos. ¿Por qué pensar en los muertos cuando podías enfocarte en la vida?

—Hola mamá, hola papá—habló y se agachó enfrente de las dos tumbas una vez encontradas—. Soy yo, Harry, su hijo— bufó—. Hablando con gente muerta, creo que eso prueba que de verdad estoy loco—, suspiró y paso una mano por su cabello.

"Dudo que crean lo loca que ha sido mi vida. Tengo un señor oscuro tras de mí. La mayoría del mundo mágico me odia y todos creen que estoy muerto. Creo que soy el juguete favorito del Destino— dijo en voz baja, y nadie que estuviera cerca podría oír lo que estaba diciendo. Resopló—. En realidad, sólo vine a decir hola, creo que nos veremos pronto. Entonces van a poder gritarme cuanto quieran.

Harry dejo de hablar y se sentó en silencio. Estuvo sumido en sus pensamientos mientras pasaban las horas. Los visitantes iban y venían sin que les prestara atención. El sol desapareció y la noche se arrastró hacia adelante. El frio atravesaba piel y hueso y Harry envolvió sus brazos alrededor de sí mismo para mantener el frío a raya.

Sabía que debía marcharse. Todos ya se habían ido. A pensar del frio y los tiritones Harry se sentía extrañamente pacifico. No quería moverse aunque sabía que nos sería seguro para él quedarse ahí toda la noche.

Tosió y se cubrió la boca con su mano, sintiendo dolor en los pulmones, pero ligero esta vez. Al parecer no tendría un ataque verdadero ahora, cosa que le parecía perfectamente bien. Quería la menor cantidad posible de ataques, pero, desafortunadamente, no era algo que pudiera decidir. Cuando la tos se detuvo y sostuvo su mano bajo la débil luz de la luna y las estrellas sobre él, vio sangre. Limpió su boca y lanzó un hechizo refrescante para quitarse el mal sabor.

Desvaneció la sangre de su mano y le sonrió a la tumba de sus padres.

—Aunque en realidad nunca llegué a conocerlos, los extraño a ambos.

Se sentó en silencio una vez más, inseguro de qué hacer o decir. Sacó el trozo del papel en el que había escrito temprano ese día.

-Visitar a los Dursley.

-Visitar la tumba de mis padres.

-Matar a Dumbledore.

Una vez que dejara el cementerio sólo le quedaba una cosa por hacer. Tendría que encontrar un lugar dónde poder planear la muerte de Dumbledore. Y luego tendría que…

—No te muevas.

Harry se quedó helado cuando sintió una varita contra su cuello. Sintiéndose extrañamente calmado ladeó la cabeza, tratando de recordar dónde había oído esa voz antes. Sabía que era de alguien que supuestamente debería recordar. La pregunta era si estaba de lado de Voldemort o Dumbledore.

—Tengo que decir que tu disfraz es miserable. Si de verdad querías lucir como Harry, debiste hacer un mejor trabajo. Mi cachorro tenía el cabello corto y anteojos.

El gruñido en la voz hizo que lo recorriera un escalofrío. Cuando sintió la punta de la varita comenzar a calentarse Harry saltó. Su mano busco su varita hasta que recordó que ya no tenía una. Tendría que conseguir una en algún momento. La gente se pondría sospechosa si andaba entre magos y no tenia varita.

Tratando de decidir si debía huir o pelear Harry se alejó de la varita y lentamente se dio la vuelta. La persona frente a él lanzo un lumos y Harry parpadeó varias veces para que sus ojos se acostumbraran al cambio de luz.

—Hola, Remus.

Su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras había cambiado mucho desde que lo había visto por última vez. Suponía que era por la pérdida de Sirius, el último de los amigos del hombre lobo de su época en Hogwarts.

Harry se vio obligado a agacharse para que la maldición que pasó sobre su cabeza no lo alcanzara.

—¿Qué estás haciendo?"

—¡Bastardo! ¿Cómo te atreves a hacer eso, a deshonrar a los muertos?

—¿De qué estás hablando? Soy yo, Harry.

—No te burles de mí. ¿Crees que no puedo notar la diferencia entre el verdadero Harry y uno falso?

Rodando del camino de otra maldición Harry saltó a sus pies y lanzó un hechizo aturdidor hacia el hombre lobo. Sabía que en realidad no sería lo suficiente como para detenerlo, pero ojalá lo hiciera, aunque fuera un poquito.

—Si ese es el caso, entonces deberías saber que soy yo. Pregúntame algo que sólo Harry sabría.

Harry buscó refugio tras una tumba. No estaba seguro por qué aún no huía. Por todo lo que sabía Lupin podía ser uno de los que lo habían traicionado. Pero aun así no podía dejar de esperar que ese no fuera el caso.

Su antiguo profesor estuvo en silencio por varios momentos y Harry comenzó a preocuparse de que el hombre no le daría la oportunidad de probar que realmente era él.

—¿Qué criatura use cuando te enseñe el Encantamiento Patronus?

—Un boggart, y antes de que preguntes, se volvía un dementor…

Harry ni siquiera había terminado la oración cuando se encontró en los brazos de un muy feliz hombre lobo.

Harry cayó debido a la fuerza del mago más fuerte y termino de espaldas con Lupin sobre él. El hombre lobo se inclino hacia adelante y lo olfateó, Harry no se atrevió a moverse.

—¡De verdad eres tú! Pensé que estabas muerto. Harry James Potter: me explicarás por qué desapareciste y por qué Dumbledore de repente le dijo a todo el mundo que te habías vuelto oscuro y por eso tuvo que matarte.

El tono del hombre lobo hizo que Harry hiciera una mueca. Había olvidado cómo podía ser a veces su ex profesor.

—Por supuesto que te contaré todo. ¿Pero por favor podrías encontrar otro lugar dónde conversar? Cualquiera podría vernos aquí y no es seguro que la gente me vea. Después de todo, se supone que estoy muerto.

Lupin asintió y le ofreció una mano. Harry la tomó y aceptó que el hombre lo ayudara a ponerse de pie. Se removió la suciedad de la túnica con un hechizo sin varita y siguió a Lupin fuera del cementerio.

—Tengo un lugar no lejos de aquí. Caminaremos.

Harry asintió y caminó al lado de Lupin.

Sabía que el otro mago lo observaba con el rabillo del ojo. Después de vivir con un Slytherin Harry había aprendido a leer las pequeñas señales. Y Lupin no era para nada sutil como Tom lo había sido. Lupin aun sostenía su varita, lista para usarla si probaba ser necesario. Al parecer su antiguo profesor en realidad no creía en él. O quizás algo había sucedido que había hecho que su amigo Lupin fuera más precavido que antes.

Caminaron por un tiempo y Harry comenzó a preguntarse cuánto tendrán que seguir para llegar a su destino. No se atrevía a hablar y se encontraba incapaz de relajarse. Aunque Lupin no le había hecho nada desde que había averiguado quien era, Harry todavía no confiaba en el profesor. Aún no probaba que no quería lastimarlo.

El hogar del profesor Lupin era una casa anónima. No era grande, pero de seguro era más grande que la casa de Harry. Se veía triste y oscura pero el jardín estaba bien mantenido y la casa no parecía estar a punto de colapsar.

Aun así, no era un lugar en el que habría pensado buscar a Remus. El hombre lobo no lucia como alguien con dinero y la casa está muy bien cuidada. Lucía como el hogar en que un joven mago sangrepura viviría si no era heredero.

Sin una palabra Lupin lo guió adentro. Harry vaciló en la puerta antes de adentrarse. La puerta se cerró tras él y Harry se estremeció. Sintió como si estuviera de vuelta en Grimmauld Place y espero que la madre de Sirius comenzara a gritarles en cualquier momento. Cuando nada sucedió suspiró aliviado.

Forzando sus pensamientos lejos de Sirius, Harry siguió a Lupin más profundo en la casa. El hombre lobo se veía más relajado ahora y el joven se preguntó cuál sería la razón. ¿Acaso era porque se sentía a salvo dentro de la casa? Harry había sentido las protecciones al pasar a través de ellas. Eran poderosas pero para nada como las protecciones de Hogwarts. Pero no había duda en su mente que esas protecciones podrían contener un atacante a raya, por lo menos por un tiempo.

Aun sin hablar Lupin lo guió a través de la oscura casa hasta que llegaron a lo que Harry asumió era la biblioteca. Libros viejos estaban lado a lado con libros nuevos. Harry se preguntó de dónde habría sacado Lupin esos libros. Aunque él no era un ratón de biblioteca sabía que algunos de esos libros eran muy valiosos. Quizás venían con la casa.

Harry empujó esos pensamientos a un lado cuando Lupin se sentó en el sofá, él se sentó a su lado, pero se aseguro de mantener la distancia con el otro mago. Aun no tenía idea de que haría Lupin. No hacia ni media hora el hombre lo había atacado. Harry no entendía por qué no había huido cuando tuvo la oportunidad. Quizás era porque quería estar al lado de alguien. Temía estar solo como cuando vivía con los Dursleys. Incluso en el pasado no había estado solo, después de todo en ese tiempo había tenido a Tom.

Como si sintiera su incomodidad, Lupin conjuró una tetera y dos tazas para ellos. Sin una palabra el hombre lobo vertió algo en las tazas antes de ofrecerle a Harry una de ellas. Harry asintió al tomar la taza y olfateó el contenido. Era chocolate caliente, por alguna razón no le sorprendió que Lupin le diera eso para beber. El hombre parecía pensar que todos los problemas del mundo podían ser resueltos con chocolate.

Si sólo fuera tan fácil.

Ante la ceja levantada de Lupin, Harry bufó.

—Si tú hubieras experimentado los cuatro años que yo viví, también sospecharías de todo.

—Creo que sería conveniente que explicaras de qué estás hablando. ¿Por qué Dumbledore te declaró oscuro, qué sucedió? Dijo que te había matado, y aquí estas sentado frente a mí, vivo.

Harry suspiró y bebió un sorbo de chocolate. Algo le decía que sería una noche larga.

—Antes de que lo haga, ¿podrías explicarme cómo me encontraste? ¿O fue pura coincidencia?

—No, te vi en el Caldero Chorreante. ¿Tienes idea de la suerte que tuviste de que no te atacaran o llamaran a los aurores por lo que dijiste? Tuve que hacer caer a algunos para que no te atacaran. Eres bastante impopular por estos días. Decidí seguirte para saber quién eras. Fue cuando te paraste frente a la tumba de tus padres que decidí confrontarte.

Harry se sonrojó al pensar que alguien lo había estado siguiendo todo el día. Al mismo tiempo se maldijo a sí mismo. Debería estar más consciente de sus alrededores. Lupin tenía razón, había tenido suerte.

Se sentía raro ser regañado por su antiguo profesor de eta manera. No pudo evitar reír. Ni siquiera la mirada desaprobadora de Lupin pudo hacer que se detuviera. Cuando finalmente dejo de reír Harry se limpió una lágrima.

—¿Qué es lo que encontraste tan gracioso?

—Es sólo que ha pasado mucho tiempo desde que alguien me había hablado así. En realidad la última vez fue cuando…

Harry cerró la boca, repentinamente no sintiéndose tan feliz como hacia un momento. Tom había sido quien lo regañaba cada vez que hacia algo estúpido. Hubo veces cuando Harry se preguntó cuál de los dos era el adulto.

—Creo que mejor comienzo con mi relato. Mejor ponte cómodo porque esto tomara tiempo.

)00(

Como Harry predijo, le tomó la mayor parte de la noche contrale a Lupin todo lo que había experimentado. A diferencia de Ragnok, Harry no dejo fuera mucho de la historia. Ni siquiera sobre su relación con Tom. No sabía cómo Lupin reaccionaria pero necesitaba decirle a alguien y Lupin era el único a mano.

El hombre le hizo varias preguntas pero aparte de eso no dijo nada. Ahora ambos estaban sentados en silencio una vez más. Harry giró la cabeza y miro por el escritorio tras él. El sol estaba saliendo, esparciendo color al de otra manera oscuro cielo y se sintió completamente drenado de energía. Se sentía como si pudiera acostarse y dormir una semana en esos momentos.

Lupin pareció leer sus pensamientos, se levantó de su lugar en el sofá y ubicó su taza en la pequeña mesita enfrente de ellos. Durante la historia de Harry ambos habían bebido varias tazas para mantenerse despiertos y aclarar sus pensamientos.

—Sugiero que ambos durmamos por ahora. Cuando despertemos de nuevo, podemos conversar.

Harry asintió y se levantó, inseguro de qué hacer. No tenía un lugar donde quedarse en esos momento pero Lupin lo resolvió antes que pudiera incluso expresar su problema.

—Hay una habitación de huéspedes lista para que la uses. Aunque no recibo visitas es bueno estar siempre preparado.

Harry asintió y siguió a Lupin arriba donde estaba la habitación. Le dio las buenas noches al otro mago y cerró la puerta tras él. No se movió hasta que Lupin entró a la que Harry suponía era su habitación.

Sólo entonces Harry permitió que la tensión dejara su cuerpo y se dejó caer en la cama, sin molestarse en sacarse la ropa. Demasiado cansado para que le importara, cerró los ojos y se durmió inmediatamente.