Autor: HuskyWalker
Beta: LatexoHPo
Capítulo 6.
Una vez más se encontró despertando en una cama diferente y en una habitación que no reconocía. Harry se quedó en silencio mirando a su alrededor. Las paredes verde oscuro le recordaron demasiado a la Sala Común de Slytherin; salió de la cama antes de concluir ese pensamiento.
Sintiéndo ganas de golpearse se pegó contra la pared, sólo para descubrir que tenía un hechizo suavizador. Quizá la gente que vivía ahí antes no deseaban que sus invitados se lastimaran, o que sus inexistentes cerebros golpearan contra la muralla.
—¡Merlín! ¿Cómo pude ser tan estúpido? Se pensaría que después de vivir tanto tiempo con una serpiente se aprendería a no pensar tanto como un Gryffindor.
Harry se quedó helado, apoyado contra la pared mientras observaba la puerta cerrada. Todo lo que sabía era que un grupo de Aurores podrían estarlo esperando al otro lado de la puerta.
Mordiendo su labio inferior decidió que si iba a caer lo haría de una manera espectacular, una que la gente no olvidaría en mucho tiempo. Después de todo el sombrero seleccionador lo había puesto en la casa Gryffindor por alguna razón.
Abrió la puerta y se dejó caer al suelo para evitar cualquier maldición que se enviara a su dirección. Rodó y saltó antes de que algo sucediera. Podía sentir la magia moviéndose bajo su piel, lista para usar contra cualquier oponente que se le enfrentara.
Para su sorpresa no había nadie en el oscuro pasillo. Aparte de algunos retratos en las paredes, estaba completamente solo. Lentamente se enderezó; su cuerpo aún estaba tenso y preparado para moverse si era necesario.
Harry esperó por varios minutos, y cuando nada sucedió decidió finamente moverse. Cerró la puerta de la habitación en la que había dormido antes de aventurarse por el pequeño pasillo. Podía sentir cómo la gente en los retratos lo seguía con la mirada, pero ninguno le habló. Estaba seguro de que los habría hechizado si se hubiera dado el caso, y quizá fueran lo suficientemente inteligentes como para sentirlo.
Más temprano había estado demasiado cansado para mirar mejor la casa en la que estaba. Ahora que buscaba a Remus, Harry utilizó el tiempo para mirar al que, al parecer, era el hogar de su antiguo profesor. De alguna manera ese lugar le recordaba a Grimmauld Place. Quizá era por los colores Slytherin, o por la manera en la que la gente en los retratos parecían fulminarlo con la mirada. Estaba seguro de haber visto algunos de ellos en Grimmauld Place, aunque hacía tanto tiempo que no estaba seguro. Además los artefactos en las paredes le daban escalofríos. No podía catalogarlos como oscuros, pero tampoco como objetos de la luz. Quién fuera que vivió en la casa antes de Remus seguro había escogido una forma interesante de decorar la casa.
Encontró a Lupin en la cocina, trabajando en lo que parecía ser la comida. Mirando el reloj, Harry se dio cuenta de que había dormido casi todo el día. Tom lo hubiese regañado si se entera que se había saltado dos comidas. Pero Tom no estaba ahí para reprenderlo, y saltarse un par de comidas en realidad no le importaba mucho a Harry. Cuando vivió con los Dursley era común que ellos olvidaran alimentarlo por días.
Pero eso no significaba que ahora no estuviera muriendo de hambre.
En lugar de entrar a la cocina se quedó en la puerta y observó a Remus. El hombre había envejecido bastante desde la última vez que lo vio. Tenía canas en el pelo y una mirada cansada en los ojos. Había perdido unas veinte libras y la ropa le colgaba en el cuerpo. Pero algo había cambiado desde la noche anterior. Remus se movía con una renovada energía y de alguna manera se veía contento y bien descansado.
Harry se preguntó qué podría haber provocado el cambio.
—Harry, siéntate. La comida estará lista en un momento.
Remus no lo había mirado ni una vez y Harry estuvo seguro de no haber hecho ningún ruido. Pero los licántropos tenían sentidos súper humanos, seguramente lo escuchó cuando dejó la habitación. Después de todo no había sido la persona más silenciosa.
—Por supuesto, profesor.
Harry se sentó en una de las sillas. Se sentía raro no ser el que preparaba la comida.
—Harry, no he sido tu profesor en años. Si quieres puedes llamarme Remus. O Lupín, como gustes.
—Sí, pro… quiero decir, Remus.
Después de que la comida fue puesta en la mesa, Remus también se sentó y comieron en silencio. Harry comenzó a relajarse lentamente cuando únicamente un "Pásame la mantequilla, por favor" y "¿Quieres algo más de beber?", fue dicho. Sintió la intensidad de Remus al mirarlo por el rabillo del ojo, como si el hombre temiera que fuera a desparecer si miraba a otro lado, aunque fuese un breve momento.
Cuando ambos estuvieron satisfechos Harry movió una mano sobre la mesa y los restos de la comida desparecieron con una suave "plop". Remus dio un salto en su asiento y se giró hacía Harry con un extraño brillo en los ojos.
—Creo que hay algo que olvidaste decirme.
Harry se estremeció ante el tono de voz de Remus. La verdad era que aún había varias cosas que no le había dicho, incluida su enfermedad. No quería que Remus se preocupara innecesariamente por él, y no era como si el hombre pudiera hacer algo para ayudarlo de todas maneras.
—Lo siento. Ya me he acostumbrado a esto y ya no lo pienso mucho. Además, desde que Grindelwald rompió mi varita he tenido que hacerlo, o no podría hacer magia para nada.
—¿Pero no comprendes lo grandioso que es esto? Por lo que sé sólo Dumbledore y Voldemort pueden hacer magia sin varita sin ningún problema. Claro que hay otros, pero sólo hacen cosas pequeñas y los drena de energía y magia. Por lo tanto eres uno de los pocos que lo hacen.
Harry se encogió de hombros.
—Aún no entiendo por qué es tan importante. Tom también podía hacerlo. En realidad no es tan difícil, sólo hay que saber lo que quieres hacer y luego dejar que la magia haga todo el trabajo.
—Hablando de ese Tom, ¿cuándo voy a conocerlo? Ya que ni James ni Sirius están aquí supongo que me corresponde a mí darle una advertencia sobre lo que le sucederá si lastima a mi cachorro.
Las palabras de Remus hicieron estremecer a Harry. Se maldijo por haber mencionado a Tom.
—No volveré a verlo nunca más.
—¿Por qué no? Sé que han pasado cincuenta años, y probablemente ya es muy grande para ti, ¿pero no crees que él merece, al menos, una explicación?
Harry bufó ante el pensamiento.
—Lo más probable es que trate de matarme si me ve. Eso si sus supuestos amigos no lo hacen por él.
—Seguro que exageras. Probablemente él estará más que feliz de verte y saber que estás bien. Claro que será un problema si apoya el lado de la oscuridad o de la luz, dudo que tengamos suerte y sea un mago neutral. Y sin importar qué, no debes decirle tu verdadero nombre hasta que te haya dado un juramento mágico de que no le dirá a nadie quién eres en realidad.
—Remus, no le diré a Tom que estoy vivo.
—Pero él merece sa…
—Sé que lo merece. Pero Tom Ryddle es Voldemort.
Si Remus hubiera estado bebiendo algo el contenido estaría esparcido sobre la mesa.
—¿Quién dijiste que es Tom? Harry, tus bromas son tan malas como las de tu padre.
—Gracias, creo… Pero hablo en serio.
La sonrisa desapareció del rostro de Remus.
—¿Y hace cuánto tiempo que sabes eso?
—Desde segundo año.
—Entonces no hay razón para que te culpes. No sabías quién era él cuando lo adoptaste, pero eso no explica cómo te juntaste con él.
—En realidad quise decir mi segundo año en Howgarts.
Harry supo que no debió abrir la boca cuando vio que los ojos de Remus se volvían de color ámbar, una clara señal de que el lobo estaba cerca.
—¡HARRY JAMES POTTER! ¿EN QUÉ DIABLOS ESTABAS PENSANDO? NO, BORRA ESO, DUDO MUCHO QUE HAYAS PENSADO. DE TODAS LAS COSAS ESTÚPIDAS QUE PUDISTE HABER HECHO TENÍAS QUE ADOPTAR AL FUTURO SEÑOR OSCURO SIN PENSAR EN LOS PELIGROS A LOS QUE TE EXPONÍAS. NO SÓLO ESO, TAMBIÉN VIVISTE CON ÉL A SOLAS DURANTE CUATRO AÑOS… ¿EN QUÉ ESTABAS PENSANDO?
Harry se estremeció. Estaba convencido de que nunca más volvería a escuchar por su oído izquierdo. De alguna manera había encontrado a alguien que logró perforarle los tímpanos más rápido que tía Petunia.
—Al principio quería ver si podía cambiar el futuro. Pero al regresar me dí cuenta de que nada había cambiado. Mis padres y Sirius aún están muertos, y Voldemort sigue siendo el señor Oscuro.
Remus golpeó la mesa.
—¡Por supuesto que no cambiaste el futuro, Harry! ¡Eso es imposible!—. El licántropo respiró profundamente y Harry supo que debía prepararse para una lectura—. Es imposible cambiar el pasado. Digamos que logras matar a Dumbledore en el pasado. Entonces el director no habría estado allí para enviarte accidentalmente en el tiempo y por ende no habrías podido matarlo, porque nunca viajaste en el tiempo y nunca lo mataste en primer lugar. Entonces se crearía una paradoja.
—Oh… ¿y los giratiempos?
Remus respiró profundamente una vez más antes de continuar. Harry casi lamentó hacer esa pregunta. Si hubiera sabido que Remus sería tan malo como Hermione cuando le hacían una pregunta jamás habría abierto la boca.
—Estás pensando en tu tercer año. Sirius me dijo lo que sucedió. Sólo para que lo sepas, habría sido imposible que hubieras cambiado nada porque ya había sucedido. Pero no significa que no debes tener cuidado al usar un giratiempo. Después de todo los errores suceden.
Harry se dejó caer en la silla y pensó en todo lo que Remus dijo.
—Así que no importa lo que hice, igual habría sido imposible que cambiara el futuro…
Decirlo no lo hacía menos real, pero sonaba peor que cuando lo pensaba.
—Sí, pero supongo debiste viajar en el tiempo o nada hubiera sucedido. Así que, aunque lo hubieras intentado, no hubieras sido capaz de cambiar nada porque ya todo había sucedido de todos modos. Y técnicamente ya sucedió, porque fue parte de tu pasado y por ende fuíste incapaz de cambiar nada.
Un dolor de cabeza anunció su llegada y Harry se frotó los ojos cansado pese a que no había pasado mucho tiempo desde que había despertado.
—Es mucha información para asimilarla.
—Al igual que averiguar qué estás vivo y que Dumbledore es un fraude.
Harry levantó la vista y miró a los ojos al licántropo.
—Sí, me he estado preguntando algo: ¿cómo es que estás escondido aquí y no me has delatado?
Remus bufó y cruzó los brazos.
—Después de que Dumbledore anunció tu muerte decidí renunciar a la Orden. Te conozco y encontré difícil creer que cambiarías de bando sin una buena razón. Y cualquier razón que tuvieras probablemente sería suficiente para mí. Y después de la lectura del testamento de Sirius tuve más razones para esconderme, antes de que alguien me hiciera desaparecer en alguna misión.
La mención del testamento de Sirius provocó que Harry se iluminara.
—¿Quieres decir que Sirius tenía un testamento? Ragnok no me dijo nada sobre ello.
—Sirius te nombró su heredero. Así que, técnicamente, tu nombre ahora es Lord Harry James Potter-Black. Sirius se aseguró de que nosotros dos, y Tonks y su madre recibiéramos su dinero. Aparte de eso Sirius te dejó todas sus propiedades, excepto esta casa que me dejó a mí, para que así tuviera un lugar donde vivir, un lugar en el que ni Dumbledore o los de la Orden pudieran encontrarme. Y entró en uso más pronto de lo que había creído.
Remus bebió su café antes de continuar.
"Ya que fuíste declarado muerto por el Ministerio, tu herencia fue dividida entre Tonks y yo. Puedes quedarte con lo que yo recibí. Lo que Sirius me dejó es más que suficiente para mí.
Harry negó con la cabeza.
—No, gracias. Tengo lo que necesito. Es mejor que te quedes con todo.
Remus no necesitaba saber que no planeaba vivir mucho. Además Remus recibiría lo que le pertenecía como Harry Potter. No había razón para que le entregara las cosas si luego igual le serían devueltas.
—Si es lo que quieres. Pero hay algo que Sirius quería que tú tuvieras. Sígueme, por favor.
Ambos se levantaron de sus asientos y Harry siguió a Remus hacia la parte trasera de la casa. Pasando por una puerta llegaron a lo que parecía ser un garaje en desuso. Harry levantó una ceja.
—¿Pero la familia de Sirius no era una de esas familias sangrepura que odiaban todo sobre los muggles?
—Sí, pero tenía un tío (o algo así) que estaba en desacuerdo con resto de la familia. Él le proporcionó a Sirius las cosas necesarias cuando decidió huir de casa. La casa y la mayoría de las cosas en ella le pertenecían a ese tío.
Harry asintió mientras sus ojos recorrían la habitación. El garaje necesitaba una buena limpieza y era claro que nadie la había usado en mucho tiempo. El polvo cubría el suelo y Harry pudo ver donde Remus había pisado. Paquetes estaban puestos uno sobre otro alzándose más alto que su cabeza. Se aseguró de mantener distancia con ellos. Tenía la sensación que un ligero viento los podría hacer caer y no tenía el deseo de terminar como un panqueque bajo ellos.
Remus se detuvo frente a algo grande cubierto con una tela que antes había sido blanca, pero que años de polvo habían vuelto gris.
—No tengo idea de cómo terminó esto aquí. O fue cosa de magia o del mismo Sirius que la puso aquí antes de asegurarse de que yo recibiría la casa. Él quería que tú la tuvieras.
Mordiéndose el labio inferior, Harry se acercó, pero luego vaciló. Conciéndo a Sirius bien podría ser una broma, pero de alguna manera lo dudaba. Remus ya sabía lo que era y probablemente le habría advertido si fuese algo peligroso. Por otro lado, Remus era un Merodeador, y Harry con facilidad podría terminar con el cabello rosa y el otro hombre no diría nada porque no sería algo que pudiese lastimarlo.
Decidió correr el riesgo y removió la tela. El polvo llenó el aire y Harry lo desapareció antes de que sus pulmones se irritaran. No necesitaba que Remus supiera sobre su enfermedad.
Parpadeó varias veces mientras intentaba convencerse de que lo que veía era cierto. No había manera de que Sirius le hubiera dejado aquello. Por lo que él sabía era una de las posesiones más preciadas de su padrino.
La motocicleta de Sirius lucía igual que en sus sueños. Harry dejó a sus manos recorrer tiernamente la máquina, disfrutando la sensación.
—¿Aún funciona?
—Que yo sepa, sí. Hagrid la cuidó muy bien antes de devolvérsela a Sirius. Canuto no tuvo la oportunidad de conducirla, así que no sé si aún vuela. Pero a menos que alguien le haya hecho algo podrás manejarla sin problemas. Sirius le puso un encantamento para que cualquiera pudiera conducirla, aunque no sepa cómo, siempre y cuando sepa la contraseña.
—¿Y cuál es la contraseña?
—"Cógeme como quieras"
Harry ni siquiera intentó contener la risa. Era típico de Sirius escoger algo así. Podía ver a su padrino sonriendo cada vez que alguien decía la contraseña.
Usó su manga para limpiar sus lágrimas. Aunque había superado la muerte de Sirius aún le dolía saber que ya no estaba ahí para él. Ver la motocicleta y saber que ahora era suya hacia todo más real.
Una mano se apoyó en su hombro y sin pensarlo Harry se giró y abrazó al licántropo. Remus no dijo nada pero lo sostuvo con una mano en su espalda y la otra acariciando su cabello. Harry cerró los ojos e inhaló el aroma del otro hombre mientras permitía que las lágrimas cayeran libres.
Se sintió bien el permitirse llorar.
)00(
Le tomó tiempo pero por fin logró perder a esos Aurores. Fenrir bufó al pensar en ello. Se pensaría que ya que habían sido entrenados harían un mejor trabajo al perseguirlo. Aunque francamente no le sorprendía. El que ellos podían menear una varita no significaba que al producir una cuantas chispas eran mejores que los demás.
Era una pena que hubieran olvidado que no todos dependían de la magia. Ser un hombre lobo le permitía moverse más rápido que aquellos agitadores de varita. A aquellos que lo intentaban los asustaba gruñéndoles, asegurándose de que vieran sus afilados dientes.
Sólo unos pocos no sabían quién o qué era. O aprendían con rapidez que no le agradaban los de su tipo, o simplemente no vivían mucho tiempo. Para sobrevivir en el Callejón Knockturn se requería de una reputación. Fenrir se había hecho un nombre por sí mismo cuando aún era joven. Con la fuerza desmedida que le daba el ser un licántropo aquello fue fácil. También ayudaba que era más grande y fuerte que cualquiera de su tipo.
No le tomó mucho tiempo llegar a la posada en donde había encontrado al mocoso Potter. No había sido una coincidencia que hubiera estado allí la mañana que vio al chico. A menudo usaba esa posada cuando se reunía con alguno de sus informantes o algún otro licántropo de su manada. Era uno de los pocos lugares donde servían a los de su tipo.
Vio que su explorador ya había vuelto de la misión a la que lo había enviado. El chico era lo suficientemente mayor como para haberse graduado de Hogwarts, si le hubieran permitido la educación, pero ya era más grande que sus compañeros. Aunque no era grande comparado con él, Fenrir. Había encontrado a Tobias cuando aún era un cachorro y decidió quedarse con él. Normalmente no se preocupaba por aquellos que él o los de su manada no habían mordido. Pero algo le dijo que ese chico sería útil después y había tenido razón. Si necesitaba información era Tobias a quien enviaba.
Fenrir se sentó frente al chico. Ninguno habló al otro mientras ordenaba una cerveza de mantequilla. Tobias ya tenía el mismo trago frente a él pero no bebió. Cuando la cerveza de mantequilla de Fenrir arribó ambos bebieron antes de dejar las jarras en la mesa.
—Es bueno verte de nuevo, cachorro.
—Alpha.
Había mucha más gente en el local que la última vez que había estado ahí. Fenrir lanzó un hechizo silenciador alrededor de ellos para que nadie escuchara su conversación.
—¿Qué tienes para mí, cachorro?
Tobias aclaró su garganta antes de sacar varios papeles de sus bolsillos.
—Como me ordenó he estado buscando a Remus Lupin. Fue convertido por usted cuando ambos eran jóvenes, ¿correcto?—. Fenrir asintió aunque no era necesario. Quería que Tobias se apresurara, pero sabía que el cachorro haría las cosas a su paso. Decirle que se apresurara no serviría de nada—. Lupin era partidario de Albus Dumbledore. Después de la muerte del chico dorado despareció.
Fenrir reprimió una réplica furiosa. Ya sabía eso, pero no sería bueno llamar innecesaria atención a su pequeña reunión. Después de todo él no debería estar allí. Debería estar en las calles, buscando a dicho chico dorado y a alguien llamado Evan James, a quien lord Voldemort parecía conocer. Aunque no podía decir si era para bien o para mal.
"Al parecer Lupin ha sido visto en varios lugares, sólo para desaparecer de la vista de nuevo por un tiempo. Supongo que se aparece al azhar por ahí para hacer más difícil encontrarlo. Una táctica inteligente, pero con fallas—. Fenrir se enderezó. Por la forma en que Tobias hablaba, hasta ahora, se había convencido de que el cachorro no había encontrado nada útil. Quizá pronto tendría a su pareja con él—. Mis fuentes me han dicho que Lupin ha sido visto varias veces en un pueblo llamado Godric Hollow. Es el mismo lugar en el que los padres de Potter están enterrados. Más investigación muestran que uno de los miembros de la familia Black vivía en el mismo pueblo. Esa persona era cercana a Sirius Black, amigo de Lupin hasta que el primero fue acusado de traicionar a los Potter. Es muy probable que Black le haya regalado una casa a Lupin para que tuviera un lugar dónde vivir o esconderse si era necesario.
Fenrir ni siquiera intentó esconder su sonrisa. Las noticias de Tobias eran mucho mejores de lo que había esperado. Con la jarra en mano se acomodó en la silla.
—Reúne a los demás miembros de la manada. Regresaremos a un miembro perdido a nuestro hogar.
Tobias le hizo una pequeña reverencia con la cabeza antes de marcharse.
El licántropo alpha se quedó varios minutos antes de marcharse también. Tenía un largo viaje qué hacer hasta Godric Hollow. Buscado por la ley no podía tomar el Autobús Noctámbulo, como deseaba. Por suerte tenía otros medios a utilizar para viajar.
)00(
Draco encontró difícil mantener fuera de su rostro la expresión de desprecio al observar a los estudiantes del Gran Comedor. Hacía poco había comenzado el año escolar y ya ansiaba que llegara Navidad para regresar a casa. Al menos allí podría comer si estar asqueado.
Sus plateados ojos recorrieron la mesa Gryffindor y fue aún más difícil mostrarse neutral. Aunque la mesa de los leones estaba al otro lado de la sala lograban hacerle perder el apetito.
Desde su lugar no le era complicado distinguir a la sangresucia y a la comadreja, anteriormente conocidos como los dos compinches de Potter. Después de la muerte de éste aquellos dos habían hecho todo lo posible para asegurarse de que todos comprendieran que habían sido engañados por Potter.
Le asqueaban.
El pensar que podían actuar como si cinco años de amistad no importaran nada decía mucho sobre sus personalidades. Desde que Potter había rechazado su oferta de amistad, Draco había observado al "trío dorado", como eran llamados. Había visto cómo la Comadreja había abandonado a Potter debido a sus celos. Y la sangresucia había usado su conocimiento para derribar a Potter cada vez que el chico intentaba hacer las cosas por su cuenta.
Podría haber sido diferente y mejor si sólo Potter hubiera sido inteligente y hubiera aceptado su mano. Aunque fuera sorteado en Gryffindor habría aprendido que un Malfoy no abandona a sus amigos sin una buena razón. Y si algo le sucedía a alguno de sus amigos cobraban una venganza horrible. Muy similar a lo que su bisabuelo había hecho con los Weasley una vez que rompieron el contrato matrimonial entre las dos familias. Incluso ahora no tenían el mismo dinero o estatus que ostentaran alguna vez.
Dejó de mirar la mesa Gryffindor y observó a sus compañeros de casa. Ningún Slytherin creía que Potter fuera partidario de lord Voldemort. Después de todo la mayoría de ellos tenían padres mortífagos. Y Draco sabía con seguridad que su padre le habría contado si Potter se hubiese unido a su bando.
Así que la pregunta era: ¿Por qué Dumbledore mintió sobre la verdadera causa de la muerte de Potter? Frunció el ceño mientras cortaba molesto un trozo de carne en su plato. Odiaba cuando algo no tenía sentido. Sin embargo, cualquier cosa que tuviera que ver con Potter nunca era algo simple. Eso lo aprendió al asistir a la misma escuela que el chico dorado.
Miró la mesa de los profesores donde su padrino, Severus, estaba sentado. El maestro de Pociones miraba alrededor con expresión fría, y ni siquiera los otros profesores se atrevían a hablarle. El único que no parecía afectado era el director. Aunque el hombre era tan duro de cabeza que quizá no notaría si el cielo del Gran Comedor comenzaba a caerse a su alrededor; probablemente se debía a todos esos caramelos de limón que siempre comía. No había manera de que fueran buenos para su cerebro, o sus dientes.
Últimamente el maestro de Pociones lucía más cansado y pálido de lo normal. Por lo que Draco había escuchado, el pocionista había recibido una misión de su amo. Nadie sabía qué era, mucho menos él, Draco, y no era tan estúpido para perturbar a su padrino.
Especialmente no después de que había visto lo que le sucedió al último estudiante, un Gryffindor, que se había atrevido a molestarlo. La chica aún no dejaba la enfermería, y los rumores decían que era incapaz de estar en la oscuridad sin gritar.
Se preguntaba qué le habría hecho el hombre, pero descubrió que era mejor no preguntar. Con el ánimo en el que se encontraba su padrino, quizá decidiría mostrarle en lugar de sólo decirle. Era mucho más seguro mantener la distancia con el hombre hasta que éste volviera a la normalidad.
—Entonces, Draco, ¿ha averiguado tu padre algo más sobre el misterioso amigo de tu bisabuelo?
El rubio rodó los ojos ante las palabras de Blaise. Aunque el chico italiano era un Slytherin y un muy buen amigo, a veces abría la boca cuando debería mantenerla cerrada.
—Blaise, si quieres saber nadie, ni siquiera mis padres, han podido averiguar mucho sobre esa persona. Aunque mi bisabuelo, Tiberius Castor Malfoy, me ha contado historias sobre él, un tal Evan James, nunca habría imaginado que sería su amigo y de nuestro lord. Por lo que me ha dicho, el señor James desapareció cuando Hogsmeade fue atacado y nadie volvió a verlo. Aparentemente mi bisabuelo apreciaba mucho a ese Evan.
Blaise no pudo evitar bufar.
—¿Pero tú bisabuelo no fue conocido como "El Loco Malfoy"?
—Sí, incluso se hacía llamar por otro nombre; Mortimus, creo que era, o algo así. Su retrato está en la mansión, y cuando alguien pasa por ahí los hechiza. Nadie sabe cómo lo hace, y aunque mi padre ha tratado de sacarlo nadie ha podido hacerlo.
Draco sonrió al pensar en ello. Cuando era pequeño a menudo visitaba el retrato de su bisabuelo para escuchar las historias que le contaba. Muchas de ellas incluían a ese Evan James, a quien lord Voldemort buscaba. Por esas historias Draco concluyó que Evan había sido, y probablemente era aún, un mago muy poderoso, pero también un bromista que había escogido al profesor Dumbledore como su víctima. Algunas de las bromas que había realizado superaban a las de los gemelos Weasley.
El rubio heredero Malfoy miró una vez más hacía los profesores. Ojos negros se posaron en los suyos y con rapidez alejó la mirada. Sabía muy bien que su padrino podía usar Legeremancia, y no le convenía que Severus supiera lo que tenía en la cabeza. Después de la última clase del día Draco tenía planeado envíarle una carta a sus padres diciéndoles que Severus, una vez más, había olvidado cuidar de sí mismo.
Ojalá su padrino lo perdonara por hacerlo. Pero sin importar lo trascendental de la tarea que el señor Oscuro le había encomendando, no era más importante que su propia salud.
Además era divertido observar cómo su madre y su padre se hacían cargo del gran murciélago de las mazmorras de Hogwarts.
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Harry tarareaba mientras usaba un trapo y terminaba de sacarle el polvo a la motocicleta. Sabía que habría sido más fácil usar un encantamiento, pero de alguna manera se sentía mejor hacerlo a la manera muggle. Con facilidad podía imaginar cómo Sirius habría pasado horas encargándose de su motocicleta de esa manera, y así él, Harry, se sentía más cercano a su difunto padrino.
La motocicleta fue todo un espectáculo una vez estuvo limpia, y Harry comprendió por qué Sirius la amaba tanto. Se preguntó qué se sentiría volar en ella. Sabía que ya había volado antes en la moto, pero en ese entonces no había sido más que un bebé, y no estaba seguro de que sería como había imaginado en sus sueños.
La única cosa que tenía para comparar era volar en su escoba, y seguramente eran experiencias muy diferentes. Pero, claro está, no lo sabría hasta probar.
Escuchó la puerta abrirse y sonrió.
—¿Estás listo para almorzar?— dijo Remus tras él.
Harry asintió.
—Sólo dame un momento. Quiero terminar.
Escuchó moverse a Remus y supo que el hombre había regresado a la cocina, ahí lo esperaría.
La semana que había pasado en compañía de Remus resultó silenciosa y pacífica. Su ex profesor le había hecho preguntas intentando comprender lo que le había sucedido. Harry intentó también responder de la mejor manera posible.
Sin embargo habían sido incapaces de averiguar cómo había terminado en el pasado. Tres veces había sido alcanzado por la maldición asesina, y ninguna la maldición había hecho lo que se suponía. Remus lo estaba volviendo loco buscando la manera de solucionar ese misterio.
Harry aún no le había dicho sobre su enfermedad, y era una maravilla que Remus no lo hubiera averguado ya. Suponía que era por el uso de la poción matalobos que había embotado tanto los sentidos licántropos del hombre, y ya no podía detectar el aroma a sangre.
No había pasado toda la semana únicamente limpiado la vieja motocicleta de Sirius. También había tomado ventaja de la biblioteca de la casa. Para derrotar a Dumbledore necesitaba toda la ayuda posible. Remus no tenía idea de sus planes, y Harry esperaba que siguiera así. El hombre trataría de detenerlo si averiguaba lo que tenía planeado.
Dejó el trapo con un suspiro y se puso de pie. Le lanzó una mirada de cariño a la moto. No podía esperar para conducirla, pero tendría que ser muy cuidadoso. Y aunque no llegara a usarla seguramente Remus la atesoraría.
Recién entró a la casa cuando lo sacudió una explosión y fue derribado. Aterrizó de espaldas y parpadeó con lágrimas en los ojos. Sabiendo que se le formaría un gran moretón se puso de pie. Se apoyó contra la pared y esperó hasta estar seguro de que no caería antes de comenzar a moverse.
Harry abrió los ojos desmesuradamente cuando se percató de que la explosión provenía de la cocina. Remus no era un chef, pero dudaba mucho que hubiera hecho algo que provocara explotar la cocina. Pero con Remus no podría estar completamente seguro.
Maldiciendo en su mente corrió por el pasillo, deseando que sus pies se movieran más rápido de lo que ya lo hacía. Quería asegurarse de que Remus estuviera bien. Imágenes de un sangrante e incluso muerto Remus corrían por su cabeza. Harry se estremeció y suprimió esos pensamientos. No necesitaba que aquello lo distrajera ahora.
Se detuvo en la misma puerta en que la se había apoyado una semana atrás, cuando observó a Remus preparar la comida para ambos. La cocina estaba irreconocible. La pared más alejada había volado en pedazos y se podía ver la calle. Por suerte las protecciones alrededor impedían que alguien viera lo que estaba sucediendo. Eso significaba que era una cosa menos de la cuál preocuparse.
La adrenalina corrió por sus venas mientras sus verdes ojos recorrían el lugar, intentando localizar a Remus. El polvo cubría el aire y le dificultaba encontrar a su amigo.
—Vaya, vaya. Parece que Remus ha decidido ocultarme un cachorro. El señor Oscuro estará más que contento de verte, Potter.
Harry se congeló al escuchar la voz de Fenrir Greyback. No sabía cómo el licántropo lo había encontrado. Pero una cosa sí tenía clara: él y Remus tenían que huir antes de que las cosas se pusieran feas.
Cansando del polvo en el aire, que le complicaba el ver bien, Harry lo desapareció. Después de todo, Greyback era un hombre lobo y no necesitaba usar los ojos para saber dónde se encontraba él. Así no estaría en desventaja.
Harry abrió los ojos, ahora que no había polvo finalmente veía la situación. A diferencia de lo que había pensado, Greyback no estaba solo, tras él había otros cinco hombres que, por lo que podía ver, también eran licántropos. Antes de que tuviera tiempo de pensar dio un paso atrás, para crear algo de distancia entre ellos.
Maldiciéndose en su mente, Harry se detuvo y fulminó con la mirada a los hombres lobo.
—¿Qué estás haciendo aquí, Greyback? Por lo que sé, ninguno de ustedes fue invitado a tomar el té.
El licántropo bufó.
—Créeme, cachorro, no estamos aquí por ti. Pero supongo que serás un buen bono. Ahora dime, ¿dónde está Remus?
Harry dejó de mirar a los hombres lobo y recorrió el lugar. Remus debería supuestamente estar en la cocina, pero no lo veía. Tendría que contenerlos hasta saber dónde estaba Remus. Después podría comenzar a hacer planes.
—Así que… ¿cómo se siente inclinarse ante el señor Oscuro? Seguro que a Voldemort le gustan los perros falderos. ¿Sigues todas sus órdenes?—. Harry apenas logró esquivar el ataque—. Salvaje. Si no fuera porque no me gustan los de tu tipo serías mi hombre ideal.
Greyback, quien había atacado, gruñó.
—Todos ustedes, los magos, son iguales. Nos miran abajo sólo porque somos hombres lobo.
Harry negó con la cabeza mientras esquivaba otro ataque.
—En realidad quise decir que eres demasiado tonto para mi gusto.
Sonrió y se alejó del ahora furioso licántropo mientras se preguntaba cómo saldría de ese desastre. Al igual que los vampiros, los hombres lobo tenían fuerza y velocidad inhumana. Lo que significaba que no podría seguir esquivando ataques por mucho más tiempo. A diferencia de con un vampiro no podía simplemente producir una poderosa luz y terminar con todo eso.
Y mientras no supiera dónde estaba Remus no se atrevería a conjurar plata, podría lastimar a su amigo, probablemente más de lo que ya estaba. Sabía que algo le había pasado al hombre, de lo contrario ya habría recibido su ayuda.
Una patada contra sus costillas envió a Harry volando hacia la pared. Aterrizó en el suelo similarmente a un gato, y tosió. Sus costillas no estaban rotas, pero al menos una de ellas estaba trisada. Una mano apareció de la nada y lo agarró de un brazo. Harry fue levantado del suelo y sostenido por Greyback, quien lo fulminó con la mirada. Los ojos color miel cambiaron a ámbar, Harry supo que el lobo dentro del hombre estaba cercano a la superficie.
—Si no supiera lo contrario, diría que te gusta estar cerca de mí. Lamento decirlo, pero aún no eres mi tipo— le dijo Harry y enseguida mordió el brazo del licántropo.
No fue suficiente para romper la piel, pero al menos fue soltado… aunque no de la manera esperada. Harry maldijo a su gran bocota mientras volaba por la habitación. Ignorando sus protestantes costillas, aterrizó de pie y salió corriendo. Quedarse en un solo lugar sólo le llevaría a que lo atraparan nuevamente, y no era su intención.
Al fin vio a Remus medio enterrado entre los montones de escombros y saltó entre Greybak y su amigo.
Fenrir levantó la mano para golpearlo, pero se congeló cuando vio la inmóvil figura de Remus tras Harry. Contra su mejor juicio, el chico se giró. Aún no había visto qué tan mal estaba Remus.
Una cosa tenía clara: si quería salir del desastre no podría contar con la ayuda de Remus. Uno de los trozos de pared lo había golpeado en la explosión y ahora el hombre yacía en el suelo con la sangre saliendo de su cabeza.
Harry se estremeció y sus rodillas se doblaron. Remus se veía pálido, y no parecía respirar. Se le formó un nudo en la garganta. El pensar en perder la última conexión con sus padres no era algo que estuviera dispuesto a aceptar.
Ya había perdido demasiado gente. Sus padres, Cedric, Sirius y Tom. Perder a Remus no era algo que aceptaría sin dar pelea.
Sin pensarlo dos veces se lanzó hacía su amigo. Aún no aprendía a aparecerse, pero pensaba que sería capaz de hacerlo. En el peor de los casos se escindirían, pero ante sus ojos era mejor que ser capturados por el lado oscuro. No deseaba ver a Voldemort pronto. Y si tenía opción, prefería no verlo nunca.
Alcanzó a Remus y lo abrazó, cerró los ojos con fuerza esperando lo mejor. Sintió el familiar jalón y comenzó a sonreír. Podrían huir.
Pero antes de que pudiera completarse la Aparición, una mano lo agarró del tobillo rompiendo su concentración.
Harry se giró para darle una patada a quien lo estuviera sosteniendo, pero el otro lo alejó de Remus y presionó su rostro contra el suelo.
—Vaya, pequeño mago. Al parecer no te escaparás esta vez. El señor Oscuro estará complacido de saber que encontré al mocoso Potter.
Harry abrió la boca para protestar o gritar, cualquier cosa que le impidiera ser llevado ante Voldemort, aunque sabía que nada haría diferencia.
—¡Deja en paz a Remus, hijo de perra, o te patearé el trasero con tanta fuera que tus antepasados lo sentirán por una semana!
Fenrir bufó.
—Como si un cachorro como tú pudiera hacer algo contra nosotros. Si no fuera porque el señor Oscuro te quiere, me encargaría personalmente de ti.
Un escalofrío recorrió la espalda de Harry. Recordaba los rumores de cómo Greyback tenía de preferidos a los niños pequeños para convertirlos. Aunque él, Harry, era mayor para caer en esa categoría, parecía que no había mucha diferencia para el licántropo.
Un hechizo por la espalda le dio de lleno a Harry, dejándolo inconsciente, antes de que pudiera hacer algo con su magia.
