Autor: HuskyWalker

Beta: LatexoHPo

Capítulo 8

Lo primero que Harry notó cuando despertó fue que el dolor había desaparecido. Respiró profundamente, disfrutando del hecho de que podía hacerlo sin sentir dolor. Al parecer alguien había sido bueno con él y lo sanó mientras estaba inconsciente.

Abrió los ojos, rodó fuera de la cama en la que había dormido y aterrizó en el suelo con un golpe seco. Se quedó donde estaba y observó lo que al parecer, si no se equivocaba, era la habitación de un niño. Las paredes estaban pintadas de un suave tono azul, y ubicados alrededor había ositos y viejos juguetes, cosas con las que parecía un padre había jugado con su hijo si hubiera nacido en una familia muggle.

Lentamente y esperando que su anfitrión no lo hubiera escuchado despertarse pese al bullicio que había hecho, se sentó. En la habitación había una buena mezcla de juguetes para niños y libros para alguien de su edad. Recordaba haber visto alguno de esos libros en la segunda habitación de Dudley. Su primo nunca se molestó en leerlos, pero eso no significaba que él, Harry, no lo había hecho. Simplemente se aseguró de que nadie se enterara de que los leía para que no se lo quitaran.

Mirando alrededor se fijó en una ventana, y por lo que veía parecía ser medio día. Se acercó a la ventana, quería saber dónde estaba, se apoyó en el alfeizar. Donde quiera que estuviera, el lugar tenía un gran jardín, y aunque no estaba tan ordenado como los de Privet Drive, no parecía tener ninguna planta inútil a la vista.

—¿Qué cree que está haciendo afuera de la cama, señor Potter?

Harry se giró con la mano levantada, listo para lanzar una maldición. Cualquiera que lo conociera en esos días era un posible enemigo. Después de todo lo que había vivido no correría el riesgo de relajarse.

Su sorpresa fue mayor cuando vio al profesor Snape, el idiota grasiento de Hogwarts, el murciélago de las mazmorras, y cualquier otro apodo que se le hubiera ocurrido a los estudiantes a través del tiempo, parado en la puerta.

Su cuerpo se tensó y se preparó para huir o pelear. Severus Snape probablemente era una de las personas más peligrosas con las que se pudo haber encontrado. No tenía idea de si Snape estaba con Dumbledore o Voldemort, aunque en realidad no había gran diferencia. Sin importar con quién lo entregara el hombre, terminaría en una cosa: Harry muerto. La única diferencia sería el tiempo y lo doloroso que sería.

—Así que la celebridad del mundo mágico al fin a decidido unirse al mundo de los vivos.

Harry se quedó de pie, tenso, sin molestarse en responder. Snape no era peor que otras personas que había enfrentado en el pasado. El hombre vestía ropa muggle, algo que Harry nunca pensó ver y vivir para contarlo. Claro que aún no sabía si viviría, y no era como si tuviera a alguien a quien contárselo.

—Snape, ¿qué está haciendo aquí?— habló al fin.

—Es Profesor Snape, Potter. Y ya que ésta es mi casa tengo todo el derecho de estar aquí.

Harry se quedó mirando al hombre.

—¿Cómo llegué aquí y dónde estoy exactamente?

Snape ignoró la pregunta y dio un paso enfrente. Harry caminó hacia atrás, hasta que su espalda chocó contra la pared.

—Siéntate en la cama, Potter, para echarte una mirada. Sería una lástima que destuyeras todo mi duro trabajo.

Harry bufó y se cruzó de brazos.

—Deme una buena razón para confiar en usted… profesor. ¿Qué lo detiene para entregarme a Dumbledore o a Voldemort? Es seguro que cualquiera de sus amos lo recompensaría por entregarme.

Fue el turno de Snape para bufar.

—Yo cuidaría mis palabras si fuera tú. Mientras estés bajo mi cuidado harás lo que yo mande.

Harry resopló manteniendo un ojo vigilante sobre el profesor. No confiaba en que el hombre no lo atacara cuando le quitara los ojos de encima aunque fuera un breve momento.

—No puede obligarme a estar aquí si no quiero.

—Está bien, si es así como quieres que sea. ¡Flubby!

Sonó un "plop" y un viejo elfo apareció entre los dos magos.

—¿Qué puede hacer Flubby por el amo maestro de Pociones Snape?

El ver el rostro del hombre cuando el elfo dijo tal título provocó una risa disimulada en Harry. Desafortunadamente llamó la atención de Snape de nuevo hacia él. Harry supo que la sonrisa de medio lado en ese rostro cetrino no significaría nada bueno para él.

—El señor Potter está enfermo, pero no tiene el suficiente cerebro para saber lo que es bueno para él. Quiero que lo acuestes y te asegures de que se quede en la cama.

Flubby se giró para mirarlo, y Harry supo entonces cómo se sintieron Ron y los gemelos cuando la señora Weasley los regañó aquél verano anterior a su segundo año, cuando lo liberaron de los Dursley.

—El joven mago Potter se quedara en cama como el amo maestro de Pociones Snape ha ordenado— sentenció Flubby chasqueando los dedos.

Harry se encontró repentinamente flotando en el aire, de espaldas e incapaz de moverse.

—¿Qué crees que estás haciendo? ¡Bájame ahora o vas a lamentarlo! ¡Snape, no tiene derecho a mantener aquí si no quiero!

—¿Y qué harás al respecto, Potter? Aunque pudieras hacer magia no haría diferencia. Es una de las razones por las que los elfos domésticos son utilizados para tratar a pacientes difíciles en San Mungo. Cuando se les ordena pueden impedir que el mago o bruja realice magia con el fin de que no se lastimen. Y en estos momentos sólo te lastimarías si te levantas y comienzas a caminar en lugar de estar acostado.

Harry rodó los ojos mientras era devuelto a la cama. Uno siempre podía confiar en que Snape volvería cualquier cosa una lección. Algo que tenía en común con Hermione.

Flubby lo cubrió hasta la garganta y se marchó después de cerciorarse de que no había nada más qué hacer. Todo ese tiempo ignorando las miradas de furia y los gritos de Harry para que lo dejara libre.

Snape se sentó en una silla que parecía bastante cómoda, la ubicó a lado de la cama. Harry, que aún no podía moverse, dejó de gritar y ahora se limitaba a fulminar con la mirada al hombre. Incluso ahora no sabía a qué bando pertenecía Snape. Sin importar cuál, dudaba que significara algo bueno para él. Ninguno de los dos habló por un largo rato. Harry comenzó a desear que el hombre dijera algo, aunque sólo fuera para romper el silencio.

—Dime, Potter, ¿cómo escapaste de la mansión Malfoy? Sé con seguridad que todo el lugar ha sido protegido para que nadie pueda salir de allí sin el permiso del actual jefe de familia, cosa que es seguro que tú no tenías.

Harry rodó los ojos y habría cruzado los brazos si fuera capaz de hacerlo.

—En realidad no fue tan difícil. Sólo tuve que hacer que las protecciones me viera como un invitado indeseado y ellas me echaron. Claro que no sabía que sólo me echarían fuera de las mismas protecciones. Estaban hechas para enviar a la gente mucho más lejos, pero creo que fue porque no han sido actualizadas en mucho tiempo—. Dándose cuenta de su error palideció drásticamente—. Lo que quise decir es… ¿sabe?… fue suerte. Fue pura y llana suerte que pudiera huir como todas las otras veces que me he enfrentado a Voldemort—. Incluso a Harry le sonó plano y supo que era imposible que Snape le creyese.

Se atrevió a mirar a Snape. El hombre lo observaba en silencio y con una ceja levantada. Harry sabía por sus clases de Pociones que la ceja levantada no era una buena señal. Normalmente terminaba con él en detención y Gryffindor con muchos puntos menos.

—Sugiero que comiences a explicarte, Potter, porque ninguno de los dos dejara ésta habitación hasta que lo hagas. Y si no me lo dices, simplemente usaré legeremancia para echarle un vistazo a tus recuerdos.

Harry suspiró. Era mucho mejor hablar antes que permitir que Snape violara su mente. Así al menos podría decidir lo que el profesor sabría.

—Quiero un juramento inquebrantable, antes de que diga nada— sentenció. Se removió cuando Snape se inclinó en la silla, fulminándolo con la mirada.

—¿Y qué es tan importante que necesitas un juramento de mí? Incluso me sorprende que sepas sobre ello. Supongo que fue Granger quien te lo dijo.

Harry se negó a caer en la trampa. Tuvo años para madurar.

—Quiero un juramento o no hablaré.

Ahora fue el turno de Snape para rodar los ojos.

—Muy bien, Potter. Aunque sería más fácil usar legeremancia dejaré que me cuentes lo sucedido. Así no tendré que tomar algo para el dolor después de estar en tu vacía cabeza. Pero déjame advertirte, si esta es otra de tus bromas, estarás limpiando calderos hasta el día en que te gradúes—. Snape se detuvo, mirando brevemente a otro lugar antes de volver a fijar sus ojos en Harry—. Yo, Severus Tobias Snape, juro guardar el secreto que Harry James Potter está a punto de confiarme, que así sea.

—Que así sea. Profesor Snape, por favor acomódese en la silla y relájese, está a punto de tener el viaje de su vida.

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Reuniendo sus cosas, Draco dejó del salón de clases seguido de cerca por Pansy y Blaise. Crabbe y Goyle habían sido retenidos por el nuevo profesor para recibir información sobre su detención. Draco había perdido la cuenta de cuántas habían recibido hasta ahora.

Mucho había cambiado desde que Severus dejó Hogwarts para llevar a cabo las órdenes del señor Oscuro. Y un nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras fue asignado; lamentablemente era del Ministerio y tan malo, si no peor, que Umbridge. Esta vez no estaba Potter para tomar la carga de la ira del profesor, así que todos sufrían con ella.

Ahora que Severus no estaba, el profesor Slughorn, nuevo profesor de Pociones, actuaba como el Jefe de Casa de Slytherin. Por lo que Draco veía, y sabía que varias serpientes compartían su opinión, el hombre no era apto para esa posición. Severus era duro con los alumnos de las demás casas en un intento de compensar el trato injusto que los otros profesores le daban a la Casa Slytherin. Cada vez que lo necesitaban, fuera por una poción, una conversación o porque algún niño de primero echaba de menos su hogar, la puerta de Severus estaba abierta para ellos siempre.

El profesor Slughorn no era para nada como Severus. El hombre se enfocaba en aquellos que tenían talento para algo, mientras los demás eran ignorados. El sólo pensar en eso hacía rabiar a Draco.

—Miren esto. Tres pequeñas serpientes solas. ¿Acaso tu padre ha fallado otra de las misiones de Quien Tú Sabes, Malfoy? Apuesto a que adora arrodillarse y besar el borde de su túnica.

El pasillo estaba bloqueado por un grupo de Gryffindor. La comadreja, la sangre sucia, Thomas y Finnigan. Draco pudo ver a Longbottom parado más allá del resto. Era muy probable que el chico hubiera sido obligado por sus propios compañeros para estar ahí. No sería una sorpresa para Draco si ese era el caso.

—Es interesante lo mucho que pareces saber sobre cómo saludar al señor Oscuro. Uno podría cuestionarse en qué lado de la guerra estás.

—¡Cállate, chico hurón! Me tratarás con el respeto que merezco, serpiente asquerosa.

Draco miró sus uñas como si fueran la cosa más interesante del mundo.

—Bueno, me encantaría quedarme a conversar, pero después de la muerte de Potter, ya no es lo mismo. Tus insultos son viejos y faltos de calidad. Al igual que el resto de tu familia.

—¡Retira lo dicho, hurón!

Una varita le apuntó a Draco y éste bufó.

—Piénsalo bien, comadreja. No te gustaría una repetición de segundo año, ¿verdad? ¿Cómo se siente, Granger, besar a alguien que ha tenido babosas en la boca?… ¿Sabes qué? No me respondas, de verdad no quiero saber.

Los rostros de Weasley y Granger se pusieron de un fuerte tono rojo. De repente Draco y su grupo encontraron tres varitas más apuntándolos, mientras Longbottom parecía a punto de desmayarse. Draco de verdad esperaba que el chico lo hiciera, al menos así tendría una excusa por no haber participado cuando los demás Gryffindor le preguntaran por qué no se unía a ellos.

—Creo que sería mejor que todos sigan caminando. Tienen más clases y no sería algo bueno que llegaran tarde. Avancen, esta vez no tomaré puntos de ninguna casa.

El profesor Slughorn estaba de pie tras los Slytherin, Draco se giró para mirarlo. Confiaba en que Pansy y Blaise le cubrieran la espalda, aunque dudaba que alguno de los Gryffindor se atevieran a hacer algo con el profesor enfrente.

—Hola, profesor Slughorn. Los Gryffindor fueron muy amables en mostrarme sus varitas. Verá, intento averiguar cómo el material usado en la varita la afecta.

El profesor le miró con un brillo de interés en los ojos.

—Quizá estés pensando en una carrera como hacedor de varitas. Si quieres puedo hablar con Ollivander por ti. Por lo que sé no tiene aprendiz en estos momentos.

Draco asintió, aunque no estaba interesado en ser hacedor de varitas.

—Estoy verdaderamente honrado de que haga algo así por mí. Pero quizá sería mejor esperar hasta que esté seguro sobre mi futuro. Después de todo, Ollivander probablemente es una persona muy ocupada.

—Por supuesto, muchacho. Pero cuando tomes una decisión…

—Me aseguraré de que usted sea el primero en saberlo, profesor.

Cuando Slughorn finalmente los dejó ir los Gryffindor ya se habían marchado. Los Slytherin, incorporados ya Crabbe y Goyle, se apresuraron a su próxima clase sin que se notara que estuvieran corriendo.

Era Historia de la Magia, y ya que el profesor Binns aún la enseñaba, eran libres de sentarse atrás y conversar. Era poco probable que alguien intentara escuchar lo que decían, ya que la mayoría dormía o estaba sumido en sus propias conversaciones. De todas formas Pansy lanzó un hechizo para no ser notados, nadie les prestaría atención.

—No puedo creer el comportamiento de los Gryffindor. Desde que Potter murió han sido un dolor en el trasero. Dudo que puedan ser peores.

Por suerte no había Gryffindor en esa clase. Y los Hufflepuff estaban demasiado asustados como tratar de escucharlos. Eso era lo bueno de estar con ellos en esa clase. Al menos estaban tranquilos para planear como querían. Draco bufó al tener que lidiar con aquellos en Pociones. Se imaginó que harían estallar más calderos que Longbottom.

—¿Alguien encontró algo útil sobre Evan James?— comenzó Blaise. Al igual que todos quería saber más sobre la persona que sus padres buscaban.

Pansy aclaró su garganta y puso un papel en el escritorio que Draco, Blaise y ella compartían. Crabe y Goyle, sentados un poco más allá, ya estaban completamente dormidos. Draco les contaría después de qué habían hablado.

—Recibí carta de mi madre. Dice que Evan James fue un hacedor de protecciones, que vivió en Hogsmeade hace cincuenta años. No hay documentos de él antes de que fuera hospitalizado por ser atacado por un muggle en Londres justo antes de Navidad. Después de eso los Aurores lo visitaron en San Mungo. Los documentos dicen que era un huérfano de América, sus padres eran originarios de Gran Bretaña, pero se mudaron a los Estados Unidos donde fueron asesinados después. Creció con parientes muggles, que murieron cuando Grindelwald atacó el pueblo donde vivían. Se vino a Gran Bretaña, y adoptó a su único pariente vivo: Tom Sorvolo Ryddle.

Draco frunció el ceño, golpeando con sus dedos la mesa.

—Conozco ese nombre. Lo escuché hace algunos años.

Fue Blaise quien recordó el nombre.

—La Cámara de los Secretos. Ryddle fue quien atrapó a la persona que supuestamente abrió la Cámara. Su nombre está en la Sala de Trofeos.

El heredero Malfoy frunció más el ceño, ladeando la cabeza ligeramente al tratar de recordar el trofeo; ahora que Blaise lo mencionó, recordó haberlo visto. Era pequeño y estaba ubicado en la parte trasera, como si alguien hubiera intentando esconderlo de la vista.

—¡Ey! ¿Por qué hiciste eso?— inquirió Draco sobándose el brazo en el que Pansy lo había golpeado. La chica resopló y se cruzó de brazos.

—Eso te enseñará a escucharme cuando esté hablando. Eras tú quien quería saber más sobre ese tipo ahora en lugar de esperar a las vacaciones de invierno para preguntarle a tu bisabuelo.

Draco se encogió de hombros sabiendo que la chica realmente no estaba ofendida. Y si lo estaba no era algo que un poco de chocolate no pudiera arreglar. Eso, y tiempo a solas con su novio, Blaise, probablemente la pondrían de bueno humor nuevamente. Se estremeció. Se prometió mantenerse alejado de los dormitorios esa noche. De repente la Sala Común le pareció un lugar mucho mejor para dormir en lugar de tener que escuchar a los dos amantes.

—Como estaba diciendo: Evan puso protecciones alrededor de varios hogares de familias sangrepura. Incluida la de Nott y la tuya, Draco. Al parecer era amigo muy cercano de tu bisabuelo—. El rubio asintió, eso ya lo sabía por las conversaciones con el retrato de su pariente—. Murió cuando Grindelwald atacó Hogsmeade, poco antes de que Dumbledore lo derrotara. Bueno, sabemos que en realidad no murió aunque el viejo dijera haberlo visto morir. Así que algo sucedió que lo hizo desaparecer de la faz de la Tierra por cincuenta años.

Draco volvió a asentir, esta vez lentamente, mientras pensaba en lo que había sucedido y cómo Dumbledore estuvo involucrado. Podía pensar en varios escenarios, el señor James de alguna manera le hizo creer a Dumbledore que Grindelwald lo había matado y luego desapareció. Pero eso dejaba una pregunta: ¿Por qué nadie lo había visto antes? ¿O acaso él pensó que ya era seguro aparecer porque todos quienes le conocían ya estaban muertos?

También podía ser que Dumbledore fuera el culpable. Ya que el viejo había sido víctima de muchas de las bromas del señor James y podía ser que hubiera decidido vengarse. Quizá Dumbledore había mantenido capturado a Evan James y lo escondió todos esos años, y ahora al fin pudo huir. ¿Pero entonces por qué no había buscado al señor Oscuro?

Tantas interrogantes comenzaban a darle dolor de cabeza, aunque no lo mostró. Después de todo, un Slytherin nunca mostraba cualquier debilidad, los enemigos podían usarlo en su contra.

El jadeo de Pansy sacó a Draco de sus pensamientos.

—¿Qué pasa? ¿Encontraste qué le sucedió y por qué desapareció?— susurró frenético, mientras se acercaba a ella junto con Blaise, para asegurarse de que nadie escuchara lo que decían pese al hechizo. Era mejor asegurarse. Pansy negó con la cabeza y Draco comenzó a irritarse y, se atrevería a decirlo, ponerse nervioso. La chica tenía el mismo brillo maniaco en los ojos que cuando andaba de compras. Draco sabía que no significaba nada bueno, pero aún quería saber lo que pasaba.

—¡Ese hombre tenía al más dulce gatito negro!

Draco no pudo evitar rodar los ojos, aunque se aseguró de que la chica no lo viera. A veces se preguntaba por qué intentaba comprender a las chicas. Simplemente eran demasiado extrañas y daban miedo.

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—Y ahora usted probablemente comprenderá por qué no puedo quedarme aquí— dijo Harry terminando su historia mientras cruzaba los brazos. Había recuperado la movilidad de su cuerpo mientras hablaba y ahora estaba sentado en la cama.

Snape lo observaba en silencio, Harry se removió bajo esa mirada.

—¿Quieres que crea que fuiste alcanzado por la maldición asesina, fuiste enviado en el tiempo, te hiciste llamar Evan James y adoptaste a Tom Ryddle, que en realidad es el señor Oscuro. Luego luchaste contra Grindelwald, lo mataste sólo para ser asesinado por Dumbledore, que era el amante de Grindelwald y quería venganza. Después él tomó el honor por lo que tú habías hecho. ¿Y esta vez la maldición asesina te trajo de vuelta a nuestro tiempo?

Cuando Snape lo decía de ese modo hasta Harry encontraba difícil creer su propia historia.

—Sí, es más o menos lo que pasó.

Cuando una de las cejas de Snape se elevó, Harry supo que no le gustaría lo que le diría el hombre.

—Aunque no me has explicado qué tienen de malo tus pulmones o por qué toses sangre. Aunque creo que están relacionados.

Harry se puso colorado. Había tenido un ataque mientras contaba la historia. Y claro que había sido imposible esconderlo de Snape, el hombre tenía ojos de halcón. Ahora el hombre ya sabía que había algo malo con sus pulmones. Harry no supo cómo había logrado averiguarlo, pero sospechaba que Snape lo había examinado a conciencia la noche anterior.

—Para ser honesto, no tengo idea de qué pueda estar mal. Comencé a tener estos ataques de tos cuando viajé al pasado. Luego cuando me encontré con Grindelwald y Dumbledore en el Callejón Knockturn comencé a toser sangre. Y ahora que regresé los ataques se han vuelto más frecuentes.

Snape asintió y le dedicó una mirada pensativa; como si Harry fuera un nuevo y desconocido ingrediente y el profesor estuviera intentando descifrar en qué poción podría utilizarlo.

—Tengo algunas teorías sobre lo que pudo causar esto. Claro que tendrás que quedarte aquí hasta que pueda probarlas y encuentre una cura.

Harry, que ya se estaba levantando de la cama, fulminó con la mirada al profesor.

—¿Escuchó lo que le dije? Tengo que salvar a Remus antes de que Greyback le haga algo y luego debo encargarme de Dumbledore.

Una fuerte mano se cerró sobre su brazo y lo regresó a la cama.

—¡No irás a ninguna parte sin mi permiso y eso no sucederá hasta que encuentre una cura! Después de todo se lo debo…— se detuvo Snape antes de decir algo más.

—¿Qué? ¿Usted le debe algo a alguien? ¿Quién es y qué le debe a esa persona?

Harry era incapaz de contener su curiosidad, así que ni siquiera lo intentó.

—Ten cuidado, Potter, o Gryffindor se encontrará en puntos negativos cuando regrese.

Harry bufó no permitiéndose sentirse amenazado por el maestro de Pociones.

—¿Y a mí qué me importa? Ya no estudio allí. Se supone que estoy muerto. Aunque por otro lado, si Binns puede seguir enseñando… ¿Por qué un estudiante muerto no podría seguir estudiando?

Por un instante Harry creyó ver a Snape sonreír. Fue una sonrisa tan pequeña y tan rápida que no estuvo seguro de haberla visto realmente. Decidió ignorar aquello por el momento. Pensar en Snape sonriendo daba mucho miedo.

El silencio entre los dos fue interrumpido por un "plop" cuando Flubby apareció en la habitación.

—El amo maestro de Pociones Snape es requerido en el laboratorio. La poción de olor extraño está haciendo ruidos raros y Flubby no está seguro si la extraña poción deba hacer eso.

Una breve mirada al rostro de Snape le mostró a Harry un breve destello de molestia que enseguida desapareció.

—Está bien, iré a ver la poción, Flubby— dijo el hombre, en un segundo volvió su atención a Harry—. Potter, ¿tienes tan poco cerebro que crees que puedes huir de aquí apenas te dé la espalda?—. Aunque sabía que era infantil, Harry no respondió, fulminó con la mirada al profesor. Snape se veía cansado y agregó—. Está bien. Flubby, asegúrate de que Potter no pueda salir de la cama. Está enfermo y no entiende que debe escuchar a sus mayores.

Los ojos de Flubby se volvieron imposiblemente grandes al mirar al joven mago en la cama.

—Joven amo mago, debería escuchar al amo maestro de Pociones Snape. El amo maestro de Pociones Snape puede curarlo todo. Una vez la barriga de Flubby dolía mucho y el amo maestro de Pociones Snape le dio a Flubby una poción pegajosa que lo curó.

—Suficiente, Flubby.

El elfo doméstico agachó la cabeza.

—Flubby lo lamenta amo maestro de Pociones Snape. Flubby será bueno.

El elfo doméstico chasqueó los dedos y Harry sintió que sus músculos se relajaban, mientras caía de vuelta a la cama y era incapaz de moverse.

—Recuerda, Potter: aunque puedas hacer magia sin varita, no te ayudará mientras estás bajo la magia de un elfo doméstico. Es algo muy positivo que prefieran servir a los magos, con facilidad podrían tomar el control del mundo mágico.

—¡No!— Harry intentó moverse, pese a que sus músculos se sentían como mantequilla derretida— ¡Libéreme, maldición! ¡Es en serio, Snape!

—Estoy seguro de que así es, Potter— dijo el hombre levantándose de la silla—. Y lo haré… en la mañana—. Harry lo fulminó con la mirada, esperando en silencio que un rayo lo alcanzara. Claro que si eso pasaba entonces no podría huir debido al encantamiento que le había puesto el elfo—. Puedes protestar o gritar todo lo que quieras, Potter, pero no servirá de nada. Nadie sabe que estás aquí, así que nadie puede liberarte. Te quedarás aquí el tiempo que yo lo desee. Considera esto la detención que te prometí para cuando comenzara el año escolar.

Snape salió rápidamente de la habitación, cerrando la puerta tras él.

—¡Vuelve, Snape! ¡Idiota grasiento! ¡Tienes tanto miedo de enfrentarme que decides huir! ¡NARIZÓN!

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El sonido de la voz del chico lo siguió todo el camino hasta el laboratorio ubicado en el sótano. Apenas cerró la puerta el ruido se detuvo y Severus respiró aliviado.

Potter fue más fácil de manejar de lo que había pensado. Claro que no esperaba que fuera así todo el tiempo. Probablemente el mocoso pronto encontraría la manera de salir de la cama y se colaría por toda su casa, metiendo la nariz en todos los lugares en los que no era bienvenido. Por suerte podría usar a Flubby para mantener al chico de vuelta a la cama cuando eso sucediera.

Él mismo ya había estado bajo el cuidado del elfo, y el recuerdo aún lo estremecía. Fue una ocasión en que había estado tan absorto en una poción nueva que olvidó por completo cuidar de sí mismo, e ignoró todos los intentos de Flubby de llamar su atención.

Aquello terminó con Flubby llamando a Narcissa y Lucius. Entonces se vio obligado a quedarse en cama una semana e incluso después sus dos amantes no lo dejaron solo por bastante tiempo. Fue frustrante, por decirlo suavemente. Y Lucius y Narcissa todavía iban a verlo de vez en cuando para asegurarse de que estaba bien. Por suerte el señor Oscuro les ordenó que no fuera molestado, y sabía que sus amantes obedecerían esas órdenes.

Suspirando, Severus volvió su atención a la poción que hervía en un gran caldero. Era delicada y por lo tanto sólo le permitía a Flubby observarla cuando había algo que no podía posponer. El elfo le informaría cuando la poción llegara a un punto crítico o tenía que añadírsele otro ingrediente.

Severus sabía que no debía arruinar la poción. No habría manera de que Voldemort no lo castigara si algo malo sucedía. Era una de las razones por las que no le había dicho al mocoso Potter en qué tipo de poción trabajaba. Conociendo a Potter probablemente le echaría algo que la arruinaría sin importarle lo que sucediera con aquellos a su alrededor.

Con un bufido cortó en rodajas los ojos de dragón y los añadió a la poción. Observó cómo la poción cambió de púrpura a un gris acero y respiró profundamente. Hasta el momento no había tenido problemas, pero esa había sido la parte fácil. En los estados posteriores la poción demandaría toda su concentración. Cuando llegara a ese punto haría que Flubby se asegurara de que Potter no tuviera la oportunidad de molestarlo.

Viendo que todo estaba como debía, Severus dejó el laboratorio. Cuando cerró la puerta se dio cuenta de que Potter había dejado de gritar. Probablemente el mocoso se había metido en problemas pese a que Flubby había usado su magia. Potter llamaba los problemas como las abejas a la miel.

Un escalofrío recorrió su espalda cuando recordó el ataque que Ha… Potter había tenido cuando le contó su historia, cosa que aún sonaba increíble para él. Al principio sólo pudo ser capaz de obervar cómo el chico tosía. Cuando la sangre salió de la boca del mocoso su entrenamiento entró en funcionamiento. Desafortunadamente no hubo mucho que pudiera hacer para ayudarlo. Todo lo que pudo hacer fue asegurarse de que el chico no muriera e intentó fijaste en la mayor cantidad posible de datos. Trataría de averiguar qué estaba mal con Potter después de la cena. Y una vez que supiera qué era, buscaría una cura.

Le debía a Lily cuidar de su hijo.

Abriendo la puerta miró dentro de la habitación y casi sonrió. Al parecer la magia de Flubby había dejado de funcionar, pero no importaba por el momento. Potter estaba profundamente dormido, y si Severus no lo supiera, habría creído que lucía inocente. El chico estaba acostado de espaldas con un brazo sobre su cabeza, las mantas yacían en el suelo. El hombre estaba a punto de marcharse, pero cambió de opinión. Entró en silencio a la habitación y se detuvo frente a la cama. Potter no despertó, cosa que no le sorprendió. El chico parecía medio muerto.

Severus se tomó su tiempo observándolo. Al igual que la noche anterior notó lo mucho que el chico había cambiado. El parecido con el torturador de su infancia, James Potter, había disminuido. Ahora que tenía el cabello largo y no se le alborotaba tanto, incluso se preguntó si le acariciaba el cabello se sentiría como el de Lily.

Negó con la cabeza, esperando que ese pensamiento desapareciera. Era imposible que hiciera algo así con el chico Potter.

Pero por otro lado era el hijo de Lily.

Incapaz de resistirlo más se agachó un poco y pasó su mano por esos cabellos. Como si se hubiera quemado se retiró de inmediato. Aunque odiaba admitirlo, el cabello de Potter se sentía muy similar a como se sentía el de Lily. Recordó cómo, cuando eran niños, ella le había permitido pasar las manos por su cabello.

Era difícil de creer que Harry Potter y Evan James eran la misma persona. Desde que conoció sobre el hacerdor de protecciones, Severus admiró el trabajo de aquél hombre. Odió que hubiera muerto tantos años antes de que él naciera. Aquellos cuyas casas habían sido protegidas por Evan James se salvaron de los ataques del señor Oscuro. Pero ahora no estaba seguro de si fue porque Evan James había sido muy bueno en su trabajo, o porque el señor Oscuro no quiso destruir las protecciones que su amante había hecho.

Era algo divertido, y de alguna manera perturbador, saber que el chico Potter se había acostado con el señor Oscuro. Los enemigos habían sido capaces de volverse amantes. Claro que ahora no funcionaría. Si Voldemort se enterara de eso, Severus no tenía duda de que mataría a Potter. Y, desafortunadamente, no podía permitir que sucediera, aunque traicionara todo en lo que creía y a la gente que amaba.

Fulminó con la mirada al chico dormido, incapaz al parecer de causar los problemas que sabía de cierto que el mocoso causaba.

Siguió con el ceño fruncido mientras se agachaba a recoger las mantas y tapaba a Potter hasta la barbilla. Todo el tiempo diciéndose a sí mismo que lo hacía porque no quería que el chico atrapara un resfriado.

… incluso él mismo lo encontró difícil de creer.

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Los cazadores volvían. Remus se quedó atrás, no queriendo unirse al resto de la manada a darles la bienvenida.

Había despertado en la pequeña comunidad hacía cuatro días. Para su asombro se encontró despertando en una cama con pieles que compartía nada más y nada menos que con Fenrir Greyback, el que lo había transformado cuando eran niños.

Al principio estaba enojado y quería marcharse. Pero pronto se percató de que eso no sucedería. Cuando Fenrir no estaba siguiéndolo, alguien más de la manada lo observaba. No lo hacían de manera obvia, pero Remus había vivido bastante en el mundo mágico como para saber cuando era observado. Pasó la mayoría de su tiempo mirando a los cachorros.

Para su sorpresa se encontró con que de verdad le gustaba la vida en la manada. No sólo observaba a los cachorros, también les enseñaba lo que sabía del mundo mágico, de la magia y qué plantas usar cuando estaban lastimados, o de cuáles alejarse a menos que quisieran morir dolorosamente.

Era casi como estar en Hogwarts otra vez, sólo que mejor. Allí sus estudiantes sabían sobre su pequeño problema peludo, y no les importaba. Principalmente porque también tenían el mismo problema, aunque en la manada no era visto como tal.

—¿Me extrañaste?

Una profunda voz sonó cerca de él. Remus se giró deseando tener, una vez más, su varita con él. Normalmente podía confiar en su fuerza de hombre lobo si se encontraba en una situación sin su varita, pero éste no era el caso.

—Fenrir.

El licántropo mayor sonrió y lo envolvió en sus brazos.

—Sé que me extrañaste.

Remus rodó los ojos. Desde que despertó en la habitación de Fenrir, éste actuaba como un cachorrito enamorado alrededor de él. Asumía que tenía que ver con el asunto de las parejas que había leído en los libros. Claro que los libros eran bastante vagos sobre el tema, ya que ningún hombre lobo publicaría algún libro sobre su raza.

—Extraño a Harry.

El gruñido de Fenrir lo interrumpió antes de poder decir más.

—¿Qué quieres con él? Yo soy todo lo que necesitas, no debes pensar en otra pareja, en especial una que no es un hombre lobo.

Remus negó con la cabeza, ignorando la rabia en la voz de Fenrir.

—No lo entiendes. Harry no es algo así. Él es mi… cachorro, creo que esa es la palabra correcta.

La comprensión iluminó los ojos de Fenrir y asintió lentamente.

—Ya que es tu cachorro, veré qué puedo hacer. Pero no te prometo nada. El señor Oscuro anda tras el chico, y mi manada lo sigue. Es la única manera en la que seremos iguales a los magos. Pero ya que significa tanto para ti, haré lo que pueda para asegurarme de que tu cachorro siga con vida una vez el señor Oscuro haya ganado la guerra.

Remus apoyó la cabeza en el pecho de Fenrir y cerró los ojos suspirando. Suponía que no era lo mejor que podía conseguir. Ojalá fuera suficiente para que su cachorro siguiera con vida. Harry era lo último que le quedaba de Lily, James y Sirius. No estaba seguro de poder sobrevivir si lo perdía.

Hola, volví, primero que nada gracias a Naty, sin ti mi alejamiento habría durado mucho más de lo presupuestado, y gracias a todos ustedes por su apoyo y paciencia, aquí estoy de vuelta, quizás no a un cien por ciento, pero vamos en camino. Pasen a ver la nueva traducción que subiré también hoy, me hizo compañía en estos días de hospital, ya que mi acceso a un computador , estaba demasiado limitado, para distraerme, traduje una historia, que es bastante corta, una vez más gracias por todo, byeee