Capítulo 18.

Una explosión reverberó a través de la mansión. Harry, junto a los gemelos, corrió por el pasillo lo más rápido que pudo. Tras ellos escucharon maldiciones y gritos de aquellos que habían quedado atrapados en el pantano transportable que habían soltado en medio del corredor para escapar, aunque fuera por poco tiempo.

Sabiendo que estarían solos por un rato, ya que los compañeros de curso de Harry estarían ocupados liberados o encontrando otro camino, los tres disminuyeron el paso. Harry intentó calmar su acelerado corazón. Cuando ya no fueron capaces de oír las enojadas voces, se detuvieron completamente y se tiraron al suelo, sin importarles que estuviera bloqueado todo el pasillo.

―Había olvidado lo bien que funciona― dijo Harry con una gran sonrisa; no se sorprendió de ver que los gemelos tenían la misma expresión que él.

―La última vez que lo usamos fue cuando dejamos Hogwarts.

―Creo que les tomará un tiempo limpiar éste― dijo Fred y Harry rodó para quedar de estómago y así estar más cómodo.

―Créanme, funciona mucho mejor si es liberado dentro de una habitación pequeña, como el salón de Transfiguración― dijo Harry. No tuvo que mirar a los gemelos para saber que tenía toda su atención―. Cuando fui Evan me colé una noche a Hogwarts y puse un pequeño regalo para Dumbledore en el salón de Transfiguración. Tom fue tan amable de enviarme algunas fotografías que algunos lograron tomar entre la confusión cuando abrieron la puerta y lo vieron.

―Bueno, Gred, parece que hemos logrado corromper al Niño―Que―Vivió.

―Parece que es así. Y pensar que era un niño tan inocente cuando lo conocimos.

―Bueno, ya no podemos decir que es inocente, ¿no es así?

―¿Podrían callarse ustedes dos?― siseó Harry casi pasando a la lengua Pársel mientras los fulminaba con la mirada.

―Pequeño Harry, no es un gran secreto el con quién perdiste tu inocencia. Después de todo, si lo hubieras hecho antes de volverte oscuro habría salido en El Profeta o cualquier otro periódico.

―Anduviste con Cho el año pasado.

―Y ya que no la perdiste con ella, todos suponemos que Voldie fue el responsable.

Harry gruñó y agachó la cabeza. No podía creer que no dejaran el tema.

―Ya sabemos qué tipo de parientes tienes.

―Y en Hogwarts no se les enseña a los jóvenes sobre ese tipo de cosas.

―Suponemos que es nuestra responsabilidad darte la charla sobre las flores y las abejas, ¿no es así, Feorge?

―Por supuesto, Gred. ¿Por dónde empezamos? Ya sé. Verás, cuando un chico ama a una chica…

―O en tu caso, cuando un chico ama a otro chico…

―Tienes razón, Gred. Como sea, todo comienza con una sensación muy especial.

―Como si te comieras un montón de ranas de chocolate enteras sin haberlas dejado saltar primero, o como si te tragaras una snitch.

―Cosa que no te recomendamos.

Harry gruñó otra vez y puso sus manos sobre su cabeza. No era sorpresa que Fred y George lograran burlarse del tema.

―¿No es demasiado tarde para tener una conversación como esta? Quiero decir, han pasado casi cincuenta años desde mi primera vez. En todo caso yo debería decirles cómo se hace―. Cuando las palabras dejaron su boca, Harry se percató de que había cometido un error. Levantó la mirada y vio un par de caras sonrientes―. Olvídenlo, no les diré ni una cosa. Olvídense de eso.

Ignoró las protestas de los gemelos, se levantó y miró por la ventana. Estaba nevando con suavidad desde hace tiempo, pero con el viento no era un clima para estar afuera. Todo el mundo parecía estar cubierto por una gruesa y pesada capa de nieve. Era una hermosa vista, pero Harry sentía que había pasado demasiado tiempo mirando por las ventanas. Al menos ahora tenía a los gemelos para hacer bromas con ellos, aunque más y más personas parecían lamentar eso. El único que estaba a salvo de las bromas era Voldemort. Harry suponía que era por la mirada del hombre. Prometía una lenta y dolorosa muerte a quien intentara hacerle una broma.

Los ojos de Harry se movieron hacia el cielo gris y frunció el ceño. Algo se movía con rapidez hacia la mansión. Era grande y crecía en tamaño pese a que el viento movía la cosa como si no fuera nada más que una pelota. Apoyó sus manos en la ventana, ignorando las miradas interrogantes de los gemelos.

Apoyó también su cara en el frío vidrio y siguió con sus ojos la figura que se acercaba. Pese a que era medio día y era difícil ver qué era esa cosa.

Cuando la figura se acercó en su dirección, Harry reaccionó. Se paró de puntas y agarró la abrazadera que mantenía la ventana cerrada. El fuerte viento abrió con fuerza la ventana cuando removió la abrazadera y lo obligó a dar unos pasos atrás para recuperar su equilibrio.

La nieve entró por la ventana y Harry entrecerró los ojos para tratar de ver entre el desastre blanco. Estaba agradecido por la poción que lo había ayudado a deshacerse de sus viejos anteojos. Si todavía los tuviera le habría sido imposible ver algo en esos momentos.

Algo duro y con plumas lo golpeó en el pecho y por instinto sus brazos se aferraron a la cosa. Cayó al suelo con un golpe suave y parpadeó con sorpresa, inseguro de qué hacer. Esto no era lo que había esperado exactamente cuando abrió la ventana. Pero Harry tenía que admitir que no estaba seguro de por qué había sentido la necesidad de abrirla en primer lugar.

El viento y la nieve pararon de repente y Harry se dio cuenta de que alguien había logrado cerrar la ventana dejando el viento invernal fuera. Los gemelos estaban parados frente a él, mirando alrededor y con sus varitas listas por si algo sucedía.

Sintiendo la cosa en sus brazos moverse, Harry parpadeó una vez antes de mirar lo que había agarrado. Suponía que era algo vivo por la manera en que se movía pero en el mundo mágico uno nunca podía estar seguro. Harry recordó muy b en el libro que Hagrid le había dado antes de entrar a su tercer año. El libro había sido un verdadero monstruo.

Unos ojos amarillos lo miraron sin parpadear, y un ulular salió de la lechuza blanca en sus brazos.

La sonrisa de Harry fue tan grande que temió que se le partiera la cara por la mitad.

―¡Hedwig!

La lechuza nevada ululó otra vez y le mordió los dedos de manera no muy gentil. Harry hizo a un lado el dolor y abrazó a la lechuza contra su pecho, sin importarle las lágrimas que caían por sus mejillas.

Había estado tan seguro de que Hedwig estaba muerta. Creyó que si Dumbledore no la había matado de seguro alguien más lo habría hecho. Harry suponía que no debía sorprenderse de que ella sobreviviera. Después de todo, la lechuza había probado en más de una ocasión que era más inteligente que las demás lechuzas, e incluso más que algunos humanos que Harry conocía.

―¿Qué sucede aquí y por qué Potter está sentado en el suelo y llorando?

Esa voz que arrastraba las palabras hizo que Harry apartara la mirada de Hedwig para posarla sobre Draco, que estaba parado un poco más allá de Crabbe, Goyle, Pansy y Blaise. Para su sorpresa todos vestían túnicas nuevas.

―Salieron rápido del pantano. Fred y George se están volviendo flojos, todavía deberían estar ahí.

Los gemelos sonrieron y se encogieron de hombros.

―¿Qué podemos decir?

―Sería aburrido si no pudiéramos mejorar nuestras bromas.

―El mundo perecería si eso sucediera.

Los Slytherin fueron los únicos que no rieron.

―Eso aún no responde mi pregunta.

―Te sorprenderías de lo cómodo que es realmente el piso. Deberías intentarlo.

Draco resopló y levantó la nariz.

―Un Malfoy no se sienta en el suelo.

Harry rodó los ojos.

―Te sorprenderías de saber lo que un Malfoy en realidad puede hacer. Mortimus y yo nos sentábamos así a menudo. De alguna manera se nos ocurrieron nuestros mejores planes para humillar a Dumbledore sentados en el suelo.

Harry sonrió con suavidad ante el recuerdo. Claro que no todos sus planes habían sido realistas pero aun así había sido muy divertido salir con algunas de esas ideas. Y habían reído hasta que les dolía el estómago cuando trataban de imaginar la reacción de Dumbledore ante algunas de esas bromas.

Alguien se sentó a su lado y Harry volvió a enfocarse en el tiempo en el que estaba. Giró la cabeza y vio que era Draco el que estaba a su lado. Miró al otro lado y descubrió que Fred y George habían seguido su ejemplo. Lentamente los otro cuatro Slytherin también se sentaron, aunque Pansy lo hizo en el regazo de Blaise. Harry levantó una ceja ante eso.

―No puedes esperar que ensucie esta túnica. Es importada de Francia y costó bastante, aunque el precio no importa. Cuando la vi supe que tenía que ser mía.

Harry se limitó a negar con la cabeza, decidiendo no comentar sobre lo que dijo la chica. Aunque Harry no lo comprendía, sabía que no era buena idea comenzar una discusión con la bruja. Sobre todo porque había visto lo que le pasaba a Blaise cuando el italiano intentaba hacerlo. No tenía deseos de sufrir el mismo destino que él.

―¿Ahora me dirás lo que tienes entre tus manos?

Harry se dio cuenta de que tenía su atención aunque Fred y George lo habían escuchado decir el nombre de Hedwig y por ende ya sabían lo que sucedía.

Lentamente soltó su agarre para que los demás pudiera ver lo que sostenía, también le dio la oportunidad de revisar a Hedwig por si tenía heridas. Harry suponía que era lo primero que debió hacer, pero tener a su lechuza de vuelta le había hecho olvidarlo.

―¿No es esa tu lechuza?

Ante la voz de Crabbe, Hedwig prácticamente frunció el ceño y Harry asintió.

―Sí, ella es Hedwig. Pensé que la había perdido para siempre. Hagrid me la regaló la primera vez que fui al Callejón Diagon, ella fue mi primer regalo de cumpleaños.

―¿Qué quieres decir con eso? ¿No habías recibido montones de regalos antes?

Harry acarició las plumas de Hedwig.

―Supongo que recibí regalos cuando mis padres estaban vivos. Pero creo que no pueden contar calcetas viejas como regalos.

Cerró la boca de golpe cuando se dio cuenta de lo que estaba diciendo. No era como si los abusos que había sufrido cuando niño hubieran sido de conocimiento público y ahí estaba, contando sobre ello sin pensar.

Miró rápidamente a su alrededor antes de volver su mirada hacia Hedwig; como esperaba, ahora tenía toda su atención, aunque era lo último que quería.

―¿Podemos pretender que no oyeron lo que dije?― no pudo evitar decir con esperanza en su tono.

―Pot… Harry, ¿el señor oscuro sabe sobre eso?

Sin mirar a Draco a los ojos, Harry asintió. Luego negó con la cabeza y terminó encogiéndose de hombros.

―Quizá. Creo que sabe algo, eso si es que se acuerda. Pensé que nunca regresaría a esta época, así que le conté algo, pero no mucho. Después de todo no había nadie con quién desquitarse. Evan James no existía, así que no había nadie para vengarse.

―Pero Voldie es inteligente, para ser una serpiente.

―Probablemente pueda deducir que algo que pasó en tu pasado sucedió en su futuro. Y no le será difícil averiguar quiénes fueron y dónde están.

Fred asintió, de acuerdo con su gemelo y agregó:

―Es de conocimiento común que James Potter fue hijo único, lo que significa que buscará en tu lado materno de la familia.

―Y aunque a nuestro querido Voldie no le agradan los muggles, es muy probable que los utilice para encontrar a tus familiares con más rapidez.

Mientras los gemelos hablaban, el rostro de Harry lentamente fue perdiendo su color. No había pensado que lo dicho en el pasado lo afectaría ahora. Aunque no le había dicho a Tom mucho sobre el abuso que había sufrido cuando niño lo conocía bien, a él y a Voldemort, para saber que no reaccionaría de manera positiva ante tal conocimiento. En especial si había algo que creyera podía hacer al respecto.

Ignorando el ulular de Hedwig en protesta, Harry se levantó de golpe. Antes de que alguien tuviera oportunidad de seguirlo ya iba a mitad del pasillo. Pese al hecho de que era el más pequeño del grupo y llevaba una lechuza consigo aun era el más rápido. Sabía que algo bueno tenía que salir de las cacerías de Harry. Evitar ser golpeado era una motivación sorprendentemente buena para aprender a correr rápido.

Debido al pantano, Harry tuvo que hacer una desviación. Lo demoró unos minutos pero ahora ya conocía muy bien la mansión para saber que cuál era el camino más corto si quería alcanzar a Voldemort antes que alguien lo detuviera.

Encontró la oficina y entró por la puerta sin tocar, sólo para detenerse de manera abrupta cuando se encontró cara a cara, o mejor dicho cara a hombro, con la persona que había estado buscando. Harry abrió la boca para gritarle, pero se quedó helado antes de poder hacer lo que intentaba. Recordaba con claridad la última vez que creyó saber algo, sólo para enterarse después que había estado equivocado. Harry no deseaba que se repitiera esa especial forma de castigo que había seguido después del asunto. Su trasero aún le dolía de sólo pensar en eso.

)00(

Voldemort observó a Evan con una ceja levantada, esperando en silencio ver lo que sucedería. El rostro de su amante estaba sonrojado y respiraba con rapidez como si el mago hubiera estado corriendo por mucho rato sin descanso.

Observó el pasillo, sólo para ver que ninguno de aquellos asignados a cuidar a Evan estaba a la vista. Al parecer tendría que darles otra charla sobre lo importante que era no perder de vista a su amante. Por otro lado, Evan parecía tener la habilidad de escaparse cuando quería. Era algo de lo que Voldemort había visto mucho en sus encuentros anteriores.

El Señor Oscuro volvió su atención a Evan, o mejor dicho a la lechuza que tenía aferrada contra su pecho como si fuera un osito de felpa. La lechuza no se veía feliz por el tratamiento recibido pero tampoco estaba protestando en su contra. Por la forma en que la lechuza lo fulminaba con la mirada parecía estarle advirtiendo en contra de lastimar a Evan. Al igual que un padre o un hermano mayor haría, aunque no había palabras involucradas en esta advertencia. Voldemort asintió ligeramente para mostrar que comprendió el mensaje.

Evan al fin pareció recuperar el aliento, o al menos estaba respirando de manera más pareja. Ninguno se movió mientras esperaban, qué cosa, Voldemort suponía que sólo Evan sabía.

―Hedwig me encontró.

Pese al tono alegre su amante balbuceó, como si temiera que Voldemort hiciera algo para lastimar a la lechuza. Sin decir nada Voldemort se hizo a un lado e hizo un gesto para que Evan entrara. Con la cabeza agachada Evan lo hizo.

Voldemort observó a Evan con el ceño fruncido. Aunque sabía con seguridad que Evan no había estado afuera hoy debido al clima, su amante tenia lugares húmedos en su túnica. Suponía que tenía algo que ver con el bullicio que sintió más temprano. Debió saber que dejar que esos malditos gemelos entraran a su casa no sería una buena idea, pero ellos hacían feliz a Evan, cosa que significaba que podía obviar el caos que creaban en su hogar. Además los gemelos también le proveían a él y su gente creaciones que eran útiles en la guerra. Al parecer ninguno de los Aurores sabía qué hacer cuando se enfrentaban a una dentadura que trataba de quitarles un trozo de trasero.

Los ojos de su amante recorrieron el lugar como si estuviera buscando algo, aunque Voldemort no estaba seguro de lo que podría ser.

―Pon la lechuza en el escritorio.

―Hedwig, su nombre es Hedwig.

Voldemort rodó los ojos pero no comentó sobre lo que había dicho Evan mientras con gentileza ponía a la lechuza, Hedwig, en el escritorio. Voldemort se paró al lado de su amante, en secreto disfrutando la cercanía entre ellos mientras lanzaba algunos hechizos a la lechuza. A diferencia de otros de su tipo Hedwig no se movió ni una vez sino que en silencio lo observaba mientras esperaba que terminara.

Al fin, satisfecho, Voldemort asintió.

―No hay hechizos de rastreo o maldiciones de ningún tipo en ella, pero me gustaría saber cómo logro cruzar las protecciones. Debió ser imposible.

Evan bufó sacando a Voldemort de sus divagaciones.

―En realidad, Hedwig es una de las lechuzas más inteligentes que conozco. Si no supiera que es imposible diría que ella y Ares eran familiares.

Esta vez fue Voldemort quién bufó. Por lo que podía ver no había parecido entre ambas lechuzas. Pero tenía que admitir que la lechuza nevada tenía que ser muy inteligente para encontrar este lugar.

―¿Hay alguna otra razón por la que viniste a verme?― dijo el hombre mientras seguía una lengua con sus ojos cuando Evan se lamió los labios.

―Quería saber si...― vaciló y cambió su peso de un pie al otro―. Quiero ir de compras por Navidad― dijo Evan y asintió con fiereza como si recién se hubiera convencido de eso.

Voldemort miró a su amante por un largo rato.

―¿Y cuándo quieres hacer eso? ¿No sabes lo peligroso que seria para ti andar donde la gente pueda reconocerte? La gente cree que estás muerto y si ven a una persona muerta nunca reaccionan bien.

Si dejaba a Evan irse, Voldemort no estaba seguro de volver a ver al chico otra vez. Ya había perdido a Evan una vez, no era algo que quería que pasara de nuevo. Evan era suyo y estarían juntos para siempre. Esta vez no habría nada que se interpusiera entre ellos.

―Tendré cuidado y me aseguraré de que nadie me reconozca. Además, ¿Cómo esperas que consiga regalos para todos?

Voldemort sintió una oleada de celos al pensar en otras personas recibiendo regalos de Evan.

―¿Y por qué tienes que comprarle regalo a todos?

―Quizás no a todos, pero tengo muchos amigos. Es natural darles regalos a tus amigos. Además, de esa manera será más difícil para ti averiguar qué te regalaré.

Voldemort miró a la lechuza como si todo fuera culpa del ave. Tenía la fuerte sensación de que ese era el caso.

―Está bien, pero irás disfrazado y yo escogeré a tus guardias.

―Quiero a Fred y George conmigo.

Aunque tenía la sensación de que se arrepentiría de eso Voldemort asintió.

―Está bien, pero los Malfoy te acompañaran. De esa manera me aseguraré de que nada te suceda y sé con seguridad se que ellos también están planeando ir de compras navideñas.

―Trato.

Se estrecharon las manos y Evan con rapidez tomó la lechuza y se marchó, probablemente a decirle a los gemelos pelirrojos lo que sucedería. Voldemort se sobó los ojos con un suave suspiro. Al menos ya sabía qué darle a Evan y estaba seguro de que su amante adoraría el regalo.

Mientras miraba por la ventana, Voldemort no pudo evitar sentir que el viaje de compras de Evan de alguna manera terminaría en caos. Tendría que llamar a Lucius y ordenarle al lord Malfoy que se asegurara de que nada malo pasara en esa salida.

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―Ahora Harry, sólo debes comerte este caramelo.

―Y asegúrate de tragarlo, tiene algunos efectos desagradables si masticas.

―Luego debes esperar un minuto y la transformación estará completa― explicaban los gemelos mientras Fred le pasaba el caramelo. Ellos ya habían tragado los suyos y la transformación ya estaba completa. Supuestamente debían ser una pareja, mientras que Fred era el supuesto primo de Lucius y George lucía como una versión mayor de Fleur.

Si recordaba correctamente se suponía eran de Francia.

Asintiendo, Harry tomó el caramelo y lo tragó sin quejas. Esperó un minuto sin que nada sucediera. Harry abrió la boca para preguntarle a los gemelos si algo andaba mal con el caramelo, cuando su cuerpo de repente se estremeció. Trastabilló pero logro mantenerse de pie mientras sentía cómo su cuerpo cambiaba. Se observó en el espejo frente a él, queriendo seguir el proceso.

Todo el asunto le recordó la primera vez que se convirtió en Beleza.

Su cuerpo comenzó a encogerse y a llenarse un poco, aunque no mucho y eso lo hacía ver más saludable. Su cabello se acortó y se volvió del mismo tono del de Draco, al igual que su piel que ahora ya no tenía su peculiar cicatriz. Levantando su mano Harry se dio cuenta que la cicatriz en ese lugar también había desaparecido. Mirando de nuevo al espejo no pudo evitar hacer una mueca. Se veía como Draco cuando era más joven, algo que nunca creyó podía suceder.

―Voy a tener pesadillas por esto. Quedé traumado para el resto de mi vida―. Incluso su voz había cambiado a la de un niño―. Me va a costar acostúmbrame.

―Vístete Harry, el disfraz durará más que la poción multijugos, y no es tan fácil de deshacer como un glamour.

―Pero aun tiene tiempo límite.

Asintiendo, Harry se puso su túnica e hizo que la encogieran hasta que le quedara bien.

―¿Nos vamos ahora F… quiero decir, papá?

Harry hizo una mueca ante la palabra. Se sentía mal por llamar a alguien que no fuera su verdadero padre de esa manera pero suponía que no podía evitarse. Supuestamente tenía que hacerse pasar por hijo de los gemelos y, ¿qué niño llamaría a su padre por su nombre de pila? Harry agarró sus manos y arrastró a los gemelos tras él.

―Ahora, vámonos, quiero ir de compras.

Definitivamente le costaría acostumbrarse a oír esa voz cada vez que hablara.

Encontraron a los tres Malfoy esperándolos en el vestíbulo, todos vestidos en cálidas ropas que gritaban dinero. Harry miró a Draco con el ceño fruncido porque ahora era más bajo que el rubio de lo normal.

―Un Malfoy no frunce el ceño, es muy impropio― dijo Draco como repitiendo algo que había oído en muchas ocasiones cuando había sido un niño.

Harry sonrió y miro al rubio más alto.

―Puedo nombrar al menos un Malfoy que hacia eso y varias otras cosas. Por ejemplo hubo una ocasión en que un centauro…

―Creo que es hora de que nos marchemos para evitar la multitud.

Harry fulminó con la mirada a Lucius e iba a continuar cuándo fue empujado hacia la chimenea. Gruñendo agarró algo de polvo flú y con rapidez miró alrededor. El Señor Oscuro se había marchado temprano en la mañana antes que despertara dejando con Nagini un mensaje de que volvería tarde.

Harry siguió después de los gemelos en la chimenea. Normalmente un niño no usaba la chimenea solo, pero aunque lucía como un niño de cinco años ya tenía dieciséis. Sólo faltaba medio año para ser considerado un adulto en el mundo mágico.

Gringotts estaba lleno de gente cuando Harry tropezó fuera de la gran chimenea. Pálidas manos delgadas lo sostuvieron y evitaron que cayera de cara al suelo. Harry levantó la mirada y vio la cara de Draco. Pero el rubio le dio una rápida mirada a los gemelos, que ya se movían entre la multitud.

―Uno pensaría que estarían cerca para echarle una mano, pero claro que no. Probablemente están planeando otra broma. No entiendo por qué el Señor Oscuro insistió en que tenían que venir. Sería más fácil sin ellos.

Tomando su mano, Draco comenzó a llevarlo con él. Harry tuvo que correr para seguir el paso del Slytherin; era eso o ser arrastrado. Al mismo tiempo evitando la gente a su alrededor. Se hacían a un lado por Draco pero él era como invisible para ellos.

Draco pareció cansarse de lo lento que se estaban moviendo y antes que Harry tuviera la oportunidad de protestar lo había levantado, lo había apoyado contra su cadera y siguió caminando.

―Puedo caminar bien solo, ¿sabes?― gruñó Harry mientras ponía sus brazos alrededor del cuello de Draco.

―Quizás, pero con tu paso nos tomará todo el día y a diferencia de nosotros tú tienes que cumplir una hora de llegada.

Harry tenía la buena sensación de saber quién estaba tras la supuesta hora de llegada. Sólo Voldemort podía hacer que Harry tuviera un tiempo límite. Tendría que hacer lo mejor con el tiempo que tenía. Alcanzaron al resto del grupo cuando llegaron frente uno de los mostradores con un goblin atrás.

―Lord Malfoy, sé que necesita reunirse con su administrador pero Navidad es nuestra época más ocupada y hay gente que ha esperado por horas que sea su turno. Así que si usted pude hacer el favor de sentarse y esperar su turno todos podemos seguir con nuestro día.

Ya que no quería perder tiempo esperando, Harry se removió hasta que Draco finalmente lo puso en el suelo. Antes de que el rubio pudiera agarrar su mano, Harry se alejó de él y se dirigió hacía Lucius así que quedó parado al lado del alto Malfoy. Molesto, Harry vio que estaba justo frente al mostrador. Dio unos pasos atrás para poder mirar al goblin, que se asomó para observarlo.

―Griphok, ¿podrías informarle a Ragnok que Evan James, acompañado de amigos, está aquí para discutir unos asuntos? Aunque si él ya no está interesado en continuar nuestra asociación supongo que podré llevar mis negocios a otra parte y entonces Gringotts ya no podrá beneficiarse de ellos.

Griphok lo miró por un largo rato antes de asentir.

―Está bien, si pudieran esperar un breve momento, me aseguraré de que Ragnok sea contactado.

Harry observó cómo un joven goblin fue enviado a la parte más interior del banco y se dirigió hacia el área de espera, donde fue acompañado por los demás.

Oyendo a Fred y George reír ligeramente mientras se sentaban a su lado, Harry rodó lus ojos aunque comprendió la razón para su buen humor. Era la primera vez que podían ver que el simple nombre de un hacedor de protecciones podía llegar más lejos que el nombre Malfoy. Suponía que era una de las cosas buenas de tener amigos entre aquellos que la mayoría de las personas miraban en menos. Ningún mago se daba cuenta de lo lejos que podían llegar si trataban a todos los seres con el respeto que se merecían.

No pasó mucho tiempo antes que el goblin regresara. Harry abrió los ojos con una sonrisa.

―Ragnok está esperándolo Sr. James.

Harry saltó de su asiento.

―Gracias, puedo encontrar el camino solo. ¿Ustedes no van a venir?― dijo Harry sin darse la vuelta para mirar a los gemelos. Después de todo tenían que mantener la farsa.

Por suerte al parecer nadie había notado lo extraño que estaba actuando. Bueno, para Harry no era extraño pero supuestamente debía ser un niño así que suponía que debía verse extraño. Por otro lado, este era el mundo mágico. Cosas más extrañas sucedían que un niño no actuando de manera normal.

Seguido de cerca por lo gemelos disfrazados, Harry guió el camino hacia la oficina de Ragnok. Había ido tantas veces que podía tomar el camino con los ojos cerrados y no equivocarse en ninguna vuelta. Mientras ninguno de los goblins caminara frente a él no tendría problemas.

Tocando a la puerta Harry la abrió sin esperar una respuesta. Aunque no se veían humanos sabía que uno de los chicos Weasley trabajaba para el banco. No sólo no quería ser visto, tampoco estaba seguro de cómo reaccionarían los gemelos al ver a uno de sus familiares. Después de todo ellos estaban considerados muertos.

Como esperaba Ragnok estaba sentado tras su escritorio trabajando en lo que parecían ser importantes papeles. Al oírlos entrar Ragnok levantó la mirada. El goblin miro brevemente a los gemelos antes de enfocar su atención en Harry.

―¿Es esta una de tus bromas de prueba que salió mal o hay una explicación lógica del por qué luces como un niño de la familia Malfoy?

Sonriendo, Harry se rascó la cabeza.

―No podía hacer bromas sin asegurarme que funcionaban primero. Pero esta vez no es una broma que salió mal. Se supone que debo lucir así, sé que cierta gente me está buscando y es mi mayor interés no ser encontrado por ellos.

Un escalofrió lo recorrió al pensar en caer de nuevo en la manos de Dumbledore. Aunque no le temía al viejo director no deseaba pasar las mismas torturas que ya había sufrido bajo su cuidado.

―¿Y puedo preguntar a quién se le ocurrió este disfraz?

Harry asintió y después de unos intentos George finalmente lo ayudó a sentarse en una de las sillas frente al escritorio de Ragnok.

―Fred y George Weasley, por supuesto.
El goblin miro a los gemelos que ahora estaban sentados uno a cada lado de Harry.

―¿Discúlpenme por ser tan directo pero no se supone que ustedes están muertos?

Los gemelos compartieron una sonrisa, a Harry le pareció simplemente mal ver ese tipo de expresión en el rostro de un Malfoy que no fuera Mortimus. Estaba agradecido de que sólo tendría que soportar esto por hoy. Porque cuando salieran de nuevo se aseguraría de elegir disfraces diferentes. Algo donde no estuviera atrapado en el cuerpo de un niño con todas sus limitaciones. Suponía que debía estar agradecido de no ser una chica, Harry no estaba seguro de haber podido sobrevivir a eso. Y los gemelos no lo dejarían olvidar eso ni por un momento aunque hubieran estado en la misma situación.

―Por los rumores que he oído de los gemelos Weasley no estoy sorprendido. Pero díganme que están haciendo ustedes tres en mi oficina, alguien mencionó algo de negocios.

―Esos fuimos nosotros― dijo Fred y atrapó la atención de Ragnok desde el momento en que abrió su boca―. Nos estábamos preguntando…

―Si no es demasiado tarde…

―De que podamos detener al vejete de meter las manos en nuestro bien ganado dinero.

―Una especie de ultimo testamento.

―O algo así.

Ragnok murmuró en voz baja y sus ojos agarraron una mirada pensativa.

―Supongo que podría ser posible. Después de todo ustedes no están realmente muertos, así que el dinero aún es suyo. Y nadie ha podido clamar el dinero. Un cierto periodo de tiempo debe pasar después de la muerte ante de que comencemos a buscar un testamento. Pero deben saber que no será barato.

Los gemelos intercambiaron una mirada antes de asentir.

―Hemos ganado suficiente dinero, así que podemos pagar por eso.

Harry observó en silencio mientras los gemelos y Ragnok trabajaban en el testamento. Varias veces sus ojos se dirigieron a la puerta antes de que su atención volviera a lo que ocurría a su alrededor. Por lo general, él no tenía nada en contra de esperar a través de este tipo de cosas pero sabía que su tiempo era limitado. Cada segundo que pasaba significaba que él estaba un segundo más cerca de volver a la mansión y aun no dejaba Gringotts.

Después de lo que pareció una eternidad los gemelos firmaron por fin los últimos papeles, se despidieron de Ragnok y se pusieron de pie. Harry iba a seguir a los gemelos cuando Ragnok lo detuvo. Haciéndoles señas a los chicos para que lo esperaran afuera Harry se giró a mirar al goblin que aun estaba sentado tras su gran escritorio.

―¿Cómo estás sanando?

La pregunta lo tomó por sorpresa y Harry vaciló.

―Bien, supongo. Snape me esta dando pociones, y aunque saben horrible supongo que están ayudando, por lo menos no he tenido ni un ataque desde que empecé a tomarlas, cosa que creo es bastante bueno. Desafortunadamente tengo prohibido usar magia hasta que Snape me de permiso de hacerlo. Dijo que era de algo con no mezclar la magia con las pociones ya que pueden deshacer todo el trabajo que ya se ha conseguido.

Ragnok asintió, al parecer satisfecho con la respuesta.

―Espero que sigas las ordenes del maestro de pociones, y cuando estés sano, arreglaré una reunión entre nosotros. Ya es hora de que vuelvas a trabajar, no te haría bien olvidar cómo proteger los hogares de la gente.

Harry se dio cuenta de que Ragnok estaba bromeando, pero estaba demasiado choqueado para hacer nada más que asentir y decir brevemente:

―Eso creo.

Cuando salió de la oficina fue con una bolsa en su cinto llena de Galeones de la bóveda que tenia como Evan James. No se había atrevido a sacar dinero de las bóvedas que sus padres o Sirius le habían dejado. Aunque Ragnok juraba que era imposible, Harry temía que Dumbledore tuviera alguna manera de rastrear esas cuentas. Pero no había manera de que Dumbledore supiera si alguien sacaba dinero de la bóveda de Evan James. Harry se había sorprendido al ver cuánto dinero tenía en esa bóveda cuando Ragnok se lo dijo. Al parecer estar intocada por cincuenta años había sido bueno para su bóveda.

Harry encontró a los gemelos esperándolo fuera de la habitación. Sorprendido y ligeramente nervioso se fijó en su perfecta imitación de la familia Malfoy. Sabía que las únicas veces en que los gemelos estaban tranquilos era cuando planeaban algo. Harry sólo ansiaba que esperaran hasta que terminara de comprar. Harry quería que esto saliera lo mas fácil e indoloro posible.

Caminando entre los gemelos volvió al vestíbulo. De alguna manera no se sorprendió de ver que más gente había llegado al banco de Gringotts mientras estuvo en la oficina de Ragnok. Ahora comprendía lo que había querido decir Lucius cuando dijo que quería evitar a la multitud. Si el Callejón Diagon estaba como aquí mejor hubiera deseado que Voldemort no le hubiera permitido dejar la mansión. Por lo menos la gente no se le quedaría mirando cosa que Harry suponía era algo bueno.

Encontraron a los Malfoy esperándolos cerca de la salida, Harry supuso al verlos que recién habían terminado lo que habían venido a hacer. Harry copió la misma postura, enderezando la espalda y levantando la barbilla. Harry se sentía ridículo pero suponía que era un pequeño precio que pagar por estar afuera. Era mucho menos probable que la gente no lo notara si era uno entre varios. Aunque estar con los Malfoy significaba que igual seria observado, pero al menos la gente no trataría de estrechar su mano.

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Con un suspiro satisfecho Harry se apoyó atrás en su silla y dejó que sus piernas se balancearan bajo la mesa mientras ignoraba las miradas divertidas enviadas en su dirección. ¿Quien habría creído que encontrar regalos para tantas personas seria tan agotador? Al menos ya tenia los regalos que necesitaba aunque había hecho que Ragnok le prometiera enviarle algunas cosas desde Grimmauld Place, después de asegurarse que no hubieran maldiciones o hechizos en ellas. No tenía intenciones de morir una muerte lenta y dolorosa.

Lamiendo su helado, Harry en silencio observó a al gente que pasaba. Como había pensado estaban siendo observados. Pero Harry no estaba seguro si era por quiénes eran, o al menos quiénes la gente pensaban que eran. Y aunque no le gustaba la atención nadie estaba tratando de estrechar su mano para agradecerle por algo que no recordaba.

―Sólo tu, Potter, elegirías helado. Si no lo has notado, estamos en invierno. Ninguna persona normal comería helado en esta época del año.

Harry escuchaba con paciencia con una oreja mientras Draco continuaba hablando. De alguna manera el rubio había pasado de quejarse por el helado a quejarse por la cantidad de tarea que sus tutores le habían asignado aunque se suponía que ahora estaban de vacaciones. Harry rodó los ojos pero se mantuvo en silencio. Hasta el momento había recibido veintitrés diferentes charlas de Draco sobre las diferentes cosas que un Malfoy no hacia.

La única cosa que impedía que Draco le diera esas charlas a Fred y George era porque ellos lucían mayores y supuestamente habían crecido escuchando cómo era las cosas a la manera Malfoy. Pero Harry vio las miradas de enojo que Draco le enviaba a los gemelos de vez en cuando y desafortunadamente, nada impedía que el rubio desquitara su molestia con Harry.

Con ojos entrecerrados observaba cómo la gente llegaba, mientras que ellos por fin habían terminado de hacer lo que habían venido a hacer. Sus acompañantes se habían intercambiado marchándose a hacer sus propias compras asegurándose de siempre dejarlo acompañado de alguien. Aunque Harry odiaba ser tratado como un niño comprendía la necesidad de tener por los menos un guardia con él. El riesgo de que alguien de la Orden estuviera aquí era grande y aunque Harry dudaba de que pudieran reconocerlo suponía que era mejor no correr riesgos. Pero eso no significaba que no estuviera cansado de ser observado constantemente, y ahora ya estaba listo para volver a la mansión si eso significaba tener un momento para sí mismo.

Una cabeza con pelo rojo apareció y Harry se tensó con anticipación y sus ojos siguieron el cabello rojo hasta una persona con cabello castaño y figura más bien regordeta. Mirando a sus guardias del día Harry supo que nadie vería lo que iba a hacer porque por primera vez desde que habían dejado la mansión nadie le estaba prestando atención.

No queriendo perder la oportunidad que se le había presentado, e inseguro de volver a tener otra oportunidad como esta, Harry se bajó del asiento. Conteniendo el aliento lentamente se alejó de los sangrepura aferrando el helado en su mano como si pudiera esconderlo de la vista como su capa de invisibilidad lo había hecho tantas veces antes. Mientras la distancia entre él y el grupo crecía Harry apuró el paso. Quería alejarse lo suficiente antes de que alguien se diera cuenta de que se había marchado. Si no tardaba demasiado podría decirles que había ido al baño.

Aunque Harry no era muy bueno en mentir esperaba que fuera suficiente.

Entró a la tienda de libros sin que nadie lo viera. Aunque no había mucha gente allí como en la calle o en Gringotts aun era difícil ver desde su punto de vista. Sabiendo que no tendría mucho tiempo antes que notaran su desaparición, se movió. Tenia que encontrar al par antes que alguien se preguntara porque un niño andaba solo.

Por suerte sólo un puñado de gente mágica tenía este tono de cabello rojo y Harry sabía que todos ellos pertenecían a la familia Weasley, así que no le tomó mucho tiempo encontrar a la persona que había divisado en la calle

Harry se escondió tras un estante en la sección de Herbologia de la tienda y fulminó con la mirada a Ron antes de mirar al mago que lo acompañaba. Ambos estaban de pie con sus espaldas hacia Harry así que supo que no lo notarían luego.

―Neville, ¿por qué perder el tiempo en una vieja y polvorienta tienda de libros? No me digas que te estas volviendo otra Hermione.

La voz de Ron con facilidad podía oírse en la mitad de la tienda y Harry hizo una mueca. La última vez que había oído la voz de su antiguo mejor amigo fue cuando los Slytherin lo habían salvado de la celda. Aun le dolía pensar en la traición de su supuesto amigo y Harry no quería nada más que hacerlo pagar por todo el dolor que el pelirrojo le había infringido. Pero ya que le había prometido a Mortimus no usar magia hasta que estuviera curado no había mucho que pudiera hacer ahora.

―Si estás tan aburrido podrías ir a la tienda de Quidditch y esperarme allí. Pero he esperado demasiado tiempo para que saliera este libro y sólo me tomara unos minutos encontrarlo y luego me iré.

Harry maldijo en su mente cuando Ron no se marchó. Quería advertirle a Neville sobre los planes de Dumbledore. Y aunque probablemente el Gryffindor no le creería, después de todo Harry lucía como un Malfoy, le haría a sentirse mejor saber que por lo menos había tratado. Y aunque Neville no le creyera Harry habría plantado la semilla de la duda en la mente del mago.

―No puedo dejarte, eres mi mejor amigo―. Harry y Neville se estremecieron ante esto pero Ron no pareció notarlo―. Con Voldemort y los mortífagos corriendo libres por ahí alguien tiene que protegerte.

Ante las fuertes palabras de Ron varias personas miraron en dirección del dúo y Harry bufó suavemente. Ron estaba haciendo un mal trabajo de hacer lucir a Neville como un héroe frente a la gente.

―Ron, es muy poco probable que Quien―Tú―Sabes ataque el Callejón Diagon, él ha estado muy tranquilo últimamente y aparte de un ataque no ha habido más actividad de su bando.

―Sí, Dumbledore y la Orden han echo un buen trabajo asuntándolos para que se alejen. Es muy poco probable que se atreva a mostrar su feo rostro otra vez.

Harry dejó escapar un fuerte gruñido al alejarse de su escondite. Nadie tenía permitido llamar feo a Voldemort, en especial alguien que estaba hecho de pecas y pelo rojo. Aunque Fred y George eran diferentes, al menos ellos no apuñalaban por la espalda a sus supuestos amigos.

El sonido alertó a los dos chicos sobre su presencia y se dieron la vuelta para mirarlo. Al ver quién era, Neville se relajó e incluso le dio una pequeña sonrisa que Harry regresó. Ron, por otro lado, hizo una mueca de desprecio y Harry se encontró incapaz de contener su lengua.

―Cuando mi primo hace eso da miedo y al mismo tiempo es hermoso. Tú, por otro lado, ni siquiera asustarías a un niño, y, aunque no creí que fuera posible, te pusiste mas feo de lo que eres.

―Pequeño imbécil.

Conociendo a Ron por tantos años como lo conocía, Harry estuvo preparado para la maldición enviada en su dirección y se movió antes que pudiera alcanzarlo.

Dejando que lágrimas aparecieran en su ojos Harry miró al pelirrojo con grandes ojos.

―No eres bueno.

Al parecer verse como un niño estaba sirviendo de algo. Cuando Ron levantó su varita para intentar maldecirlo de nuevo Neville se interpuso entre ambos.

―Eso es suficiente, Ron, es sólo un niño.

Ambos se quedaron mirando al Gryffindor con la boca abierta, Harry fue el primero en recuperarse del shock de ver a Neville deteniendo una pelea.

Lloriqueando Harry esperó hasta que Neville se girara para dejar caer las lágrimas. Echó la culpa a estar rodeado de tantos Slytherins por tanto tiempo. Fue por culpa de ellos que él, ojala, seria capaz de hacer la actuación que iba a realizar.

―Yo-yo sólo quería decirte hola pe –pero ¡él grito y sonaba aterrador y furioso y quiero a mi mamá!

Harry estaba consiente de la atención que estaba llamando hacia ellos, pero también sabia que tenia que mantener el acto. Al menos de esta manera Ron no trataría de maldecirlo de nuevo.

A través de sus lágrimas vio cómo la expresión de Neville se suavizó mientras Ron fruncía el ceño.

―Deja al niño solo, Neville. ¿No puedes ver que es un Malfoy?, probablemente ya es uno de los seguidores de Quien-Tú-Sabes?

Ron empujó a Neville y agarró el brazo de Harry con tanta fuerza como para dejar moretones. Sin importarle la costosa tela Ron jaló con fuerza hasta romper la manga.

Ron se quedo mirando el pálido brazo sin marca de Harry con la demás gente a su alrededor.

―Es cosa de tiempo. Apuesto a que sus padres ya le están enseñando artes oscuras y cómo torturar indefensos muggles.

El pelirrojo lo golpeó en el pecho y Harry golpeó el estante de atrás antes de caer al piso. Harry comenzó a llorar con ganas, sabiendo que aunque Ron tenía una hermana menor, no lidiaba bien con niños pequeños, en especial cuando lloraban.

Como esperaba, Ron se alejo como si lo hubieran quemado.

"Ya no eres tan grande, ¿no es así?"Pregunto en su mente. Harry quería golpear a Ron con sus propias manos ya que no tenía permitido usar magia, pero sabía que tenía que mantener la farsa. Estaba en territorio hostil y en inferioridad numérica. Era mejor seguir en su papel y esperar seguir haciéndolo bien.

Dos manos lo agarraron bajo sus brazos y de repente Harry se encontró presionando contra un cuerpo. Las manos se movieron hasta que una estuvo bajo su trasero mientras la otra acariciaba su espalda. Harry envolvió sus manos y piernas en el cuello y cintura de la persona para asegurarse de no caer. Mirando por sobre el hombro de la persona Harry vio a Ron fulminándolo con la mirada. Incapaz de resistir la oportunidad Harry le saco la lengua a Weasley.

―Vamos, amiguito, busquemos a tu familia. Dime, ¿Cuál es tu nombre?― preguntó Neville mientras sacaba a Harry de la tienda.

―Soy Tiberius Castor Malfoy segundo y soy de Francia.

Asegurándose de que nadie estuviera cerca para oír Harry acercó su boca al oído de Neville.

―Debo advertirte sobre Dumbledore, Neville. Él no es la persona buena que dice ser y le ha causado miseria a mucha gente. ¿Pregúntate porque Harry Potter de verdad abandonó a aquellos a quienes consideraba sus amigos?

Los pasos de Neville vacilaron y Harry no tuvo que mirar al Gryffindor para saber que estaba con la boca abierta. Suspirando Harry se dio cuanta que ya no le acariciaban la espalda. Era una pena porque lo había disfrutado.

―¡Tiberius!

Los cuerpos de Harry y Neville se tensaron ante la fuerte palabra que sonó en algún lugar a la izquierda de Harry. Había oído esa voz bastante durante las ultimas horas para reconocerla y suspiró. Al parecer se había marchado más tiempo del esperado.

Volviendo a actuar como un niño Harry levantó la cabeza y observó la multitud hasta que vio a Fred y George, aun disfrazados, dirigiéndose hacia él junto con los Malfoy. Mirando alrededor vio varios rostros de mortífagos, aquellos que habían sido imposibles de probar que eran culpables o de aquellos que jamás habían sospechado. Al parecer su pequeña escapada había echo que la gente tuviera mas pánico del que había creído.

Apenas los gemelos los alcanzaron, Harry se giró en los brazos de Neville y miró al pequeño grupo.

―Mamá, papá, me perdí pero me encontraron. Y había un chico muy malo que no me agradó― dijo mientras era tomado desde los brazos de Neville y abrazado con fuerza―. Pero Neville me ayudó, es mi amigo― exclamó orgulloso mientras Neville se sonrojaba ante sus palabras.

―No fue nada― dijo Neville mirando al suelo, luego al grupo y otra vez al piso―. Supongo que es normal ayudar a un niño. Debo marcharme ahora, hay un libro que debo comprar.

Neville practicante se fue corriendo de vuelta a la tienda de libros, Harry suspiró y apoyó su cabeza en el hombro de Fred. Le apenaba ver a Neville marchándose así, de alguna manera más de lo que le había dolido ver a Ron otra vez. Él y Neville nunca habían sido realmente amigos pero el tranquilo chico había dejado que Harry se escondiera con él en los invernaderos cada vez que había necesitado tranquilidad. Ojala Neville oyera su advertencia.

Harry se dio cuenta de que se habían movido cuando de repente sintió calidez a su alrededor. Sorprendido se dio cuenta de que estaban dentro del Caldero Chorreante donde habían planeado ir para regresar a la mansión una vez que los demás terminaran sus tragos y él su helado.

Viendo que se dirigían a la chimenea, Harry dejó escapar un suave suspiro, sabia que era mejor que no protestara su vuelta a la mansión. Era muy poco probable que lo dejaran salir de nuevo, pero eso no significaba que lo aceptaría.

)00(

―Tom, es muy probable que no haya sucedido nada malo, quien sabe, quizás él solo fue al baño.

Voldemort seguía paseándose en su antesala.

―Sabía que no debí dejarlo salir. ¿Quién sabe lo que puede haberle sucedido?

La mente de Voldemort produjó una imagen de un Evan herido que yacía en el suelo. La nieve blanca bajo él lentamente se volvía roja y sus ojos verdes miraban sin vida hacia el cielo.

Un escalofrío recorrió su cuerpo y Voldemort meneó la cabeza para alejar esos pensamientos. Evan estaría bien y si no era así Voldemort se aseguraría de que cualquiera que se hubiera atrevido a lastimarlo sufriera las consecuencias.

―Debería estar haciendo algo en vez de estar aquí esperando por noticias. Soy lord Voldemort; no me sentaré aquí con las manos en el regazo mientras los demás buscan a Evan.

Narcissa había realizado una llamada por flú hace quince minutos con la noticia de la desaparición de Evan. Él había estado a punto de ir a encabezar la búsqueda de su amante cuando Narcissa y Nagini habían discutido en contra de esa idea. En vez de eso había enviado más de sus seguidores para ayudar en la búsqueda, asegurándose de que supieran que Evan no debía ser lastimado.

―Alguien debe estar aquí para recibir noticias de la búsqueda, es más fácil si la gente tiene cómo contactarte, Evan llegará con más facilidad a tu lado si la gente sabe dónde estás.

―Odio cuando te pones toda lógica conmigo.

Nagini ignoró las palabras y ambos se giraron a mirar la chimenea cuando las llamas de repente se pusieron verdes.

De la chimenea salieron cinco rubios, uno de ellos llevaban un niño de cómo cinco o seis años en sus brazos. El niño tenía enterrado el rostro en el hombro de la mujer como si tratara de esconderse de la vista. Voldemort notó que la túnica del niño, que reconoció como la túnica que los elfos domésticos habían dejado esa mañana para que usara Evan, estaba arrugada y tenía rasgada una de las mangas. Voldemort se acerco al niño y lo tomo de los brazos de uno de los gemelos, aunque no sabía de cuál.

―No. Bájame.

Voldemort ignoró la protesta de Evan, sosteniendo el cuerpo del pequeño niño contra el suyo, necesitaba saber que Evan de verdad estaba aquí y no iba a desaparecer otra vez.

―¿Cuándo volverá a la normalidad?

Presionó el rostro de Evan contra su hombro para ahogar la voz de su amante y lo sostuvo en su lugar con una mano bajo su tarsero.

―Puede suceder en cualquier momento ahora.

Los gemelos ya habían cambiado.

―Déjennos solos e infórmenles a los demás que ya fue encontrado.

Voldemort esperó hasta que el ultimo de ellos desapareciera, o por la puerta o por la chimenea. Cuando la puerta se cerró y la chimenea volvió a su color original por fin respió aliviado. Tenía a su amante de vuelta donde pertenecía y no lo volvería a dejar ir.

Como los gemelos habían dicho el cuerpo de Evan cambió hasta que Voldemort tuvo que dejarlo bajar al piso aunque igual siguió abrazándolo.

Luego Voldemort agarró el rostro de su amante para que quedaran mirándose y lo besó con fuerza. Voldemort dejo de besarlo y escucho como Evan jadeaba y levantó su barbilla y la apoyó sobre la cabeza de Evan.

―Estas aquí.

―Suéltame.

Ignoro la demanda de Evan y en vez de eso tomó a su amante en brazos y lo llevó a su dormitorio. Cerrando la puerta tras él Voldemort se detuvo.

―¿Por qué huiste, Evan?

Su amante bostezó, al parecer su escapada lo había agotado mas de lo que Voldemort había esperado.

―Tenia que advertirle.

Voldemort frunció el ceño ante las palabras de Evan.

―¿A quien?

―Neville, tenía que advertirle sobre Dumbledore.

Voldemort no pudo evitar sonreír al poner a Evan en la cama. Normalmente no dejaría ir un tema como este pero suponía que habrían menos gritos si ambos estaban descansados y calmados.

Después de poner a Evan en la gran cama Voldemort desvistió a su amante. Frunció el ceño al ver los moretones en el brazo. Quien se hubiera atrevido a lastimarlo pagaría por esto.

Desvistiéndose también Voldemort se metió en la cama con Evan y los tapó a ambos.

-No estoy cansado― murmuró Evan mientras se acurrucaba contra él.

―Claro que no, ahora duerme.

―Voy a patear tu trasero si sigues mandándome así. No soy un niño.

Voldemort sacó un mechón de cabello del rostro de Evan y acarició su suave mejilla. Lo acercó contra su pecho, sintiéndose contento por el intercambio de calor e inhaló el aroma de su amante. Parecía que el sueño no tenía piedad con nadie porque aunque Voldemort quería seguir mirando a Evan se quedo profundamente dormido.

Preocuparse por otros era un trabajo duro. Si le salían canas después de esto le echaría toda la culpa a Evan.