Siempre los raros

Era agradable estar de regreso en LME después de haber disfrutado unas relajantes vacaciones de casi un mes a cuenta de sus periodos vacacionales acumulados. Mira el reloj y se apresura, ya es casi la hora de su reunión con el presidente para presentarle a su nuevo encargo, con suerte su nuevo representado haría su vida más tranquila que el anterior, y esperaba de todo corazón que no tuviese trastorno de identidad disociativo, fuera un fallo en el amor o tuviese un pasado descabellado y tormentoso (no ofensas hacia Ren).

Soñar no cuesta nada, pensó, al ver a su nueva representada envuelta en su brillante, chillón y cegador mono rosado, pero una sonrisa se abrió paso en sus labios.

—Escuché de mis pajaritos que ustedes han trabajado anteriormente juntos.

—Sí, señor presidente, así es.

—Genial, genial.

—¿Presidente?

—He estado discutiendo con Mogami-kun la necesidad de asignarle un mánager, su carrera ha crecido rápidamente, y necesita a alguien que aparte de organizar su agenda y guiarla en la selección las ofertas que desea tomar, también la ayude con todos esos detalles que aún no domina debido a su condición de novata.

—Ya veo, será un placer, presidente.

—Ahora me siento más tranquilo dejando a Mogami-kun en unas manos tan confiables y experimentadas como las tuyas, Yashiro-kun.

—Gracias por la confianza, presidente —agradeció, y dirigiéndose a Kyoko agregó—. Es bueno volver a trabajar juntos, Kyoko-chan, hagamos nuestro mejor esfuerzo.

—Estaré a su cuidado a partir de hoy, Yashiro-san.

Sonríe, y de algo puede estar seguro, tranquilo y aburrido serán palabras ajenas a su vocabulario, no mientras él y Kyoko estén irremediablemente amarrados en el mismo carrito de viaje en esta nueva aventura.