De los mánager en los tiempos de relaciones

Lo vio venir, no podía mentir. Siempre supo que Hikaru estaba interesado en Kyoko-chan, había que ser ciego para no verlo o eso, o él era endemoniadamente talentoso a la hora de descifrar sentimientos ajenos. Llevaban siendo amigos desde mucho antes que él tomara el papel de mánager de Kyoko y contra todo pronóstico Kyoko después de varias, en su opinión, inocentes citas, llenas de sonrojos y risas nerviosas, había aceptado ser su novia. ¿Cómo lo supo?, sencillo, ella misma se lo contó; y estaba feliz por ellos dos.

Hikaru era un espléndido muchacho y a pesar de toda su timidez y momentánea tartamudeadera cuando estaba frente a Kyoko, la trataba como una princesa, le demostraba con cada gesto que era la mujer de sus ojos. Y Kyoko se veía feliz, eso era lo que importaba.

Si bien no era como ver un drama de romance tórrido y épico con giros inesperados, era como uno de esos mangas shojos lleno de adolescentes tímidos, dulces, llenos de sonrojos y pelusa, eran adorables. Y su relación con Hikaru no hizo más que aumentar su popularidad y la del joven ídolo y eso era perfecto para su carrera en auge. Todavía recuerda el titular de su primera entrevista como pareja: A Chicken's love, una dulce y tierna historia de amor.

Se despidió de Hikaru y Kyoko, dedicándole una última mirada a su representada mientras se alejaba, él siempre tuvo la razón, crecía rápido, hermosa, talentosa, Kyoko se había convertido en una mujer frente a sus propios ojos. El diamante de su generación.