Ay, mi pobre corazón
Debía ser una cosa buena que Kyoko estuviese dedicada de lleno a sus trabajos, perfecta, inigualable, excepto porque lo tenía como conejillo de indias.
Habían pasado poco menos de dos meses desde que su relación con Hikaru terminara por común acuerdo de las partes, un rompimiento amistoso, sentían un inmenso cariño el uno por el otro, pero sus carreras en auge y crecimiento se volvieron un obstáculo difícil de sortear. Y ellos eligieron el trabajo como su prioridad, no hubo resentimientos.
Kyoko lo tomó bastante bien, le dolió, lo sabía bien, si bien su último representado era cerrado como una concha con sus emociones, Kyoko las llevaba a flor de piel. Eso y él, la conoce. Así que como siempre hace cuando se encuentra en uno de sus momentos anímicos menos prolíficos se levanta con más fuerza, más decidida y eso lo traía a su predicamento actual. Amaya, el más reciente personaje de Kyoko, una mujer con un extremo fetiche con los lentes, sin importar quien los llevase, hombre, mujer, niño, quien fuera, y quien justo en este momento se inclinaba peligrosamente sobre él… Esto era demasiado, podía soportar, que le hiciera bullying como Akane o que lo ignorara por completo cuando era Yumi, incluso cuando casi lo mata del susto como Kurai, pero esto, Kyoko iba a ser la muerte de él. ¡Ay! Su pobre corazón.
Así que se entumeció como un bloque de hielo, sintiendo como las yemas de sus dedos rozaban suavemente mientras le quitaba las gafas y le acomoda un mechón de cabello detrás de la oreja. Contra todo pronóstico e intención su corazón pareció brincarse un latido.
Lástima que Yashiro fuera tan ciego como un topo sin gafas o lentillas, porque si no lo fuera, habría visto el cambio momentáneo en los ojos de Amaya y hubiese visto el sonrojo un poco fuera de personaje que decoraba sus mejillas.
