Empezaba a entender por qué Kyoko amaba tanto los cuentos de hadas, sencillo, los príncipes y las princesas no tenían citas, solo un primer encuentro, una mirada y eran felices por siempre. Pero como su suerte con las citas ha de ser, ahora estaba en una sala de urgencias tratando de entretener a la hija, óigase bien, la hija de su cita mientras ella acompañaba a su hijo mientras le cosían puntos en la herida de la cabeza.

Déjenle a Koujirou conseguirle otra cita y omitir el detalle de que ella tenía dos hijos, mejor dejar que él se enterara de ese detalle cuando la niñera de los mencionados niños irrumpiera en el restaurante con uno de ellos sangrando.

—Entonces, ¿puedo ser una princesa? —lo interrumpió la voz de la niña.

—Por supuesto que puedes —le respondió con una sonrisa a la pequeña.

—Quiero ser Ariel —chilló emocionada.

—No, no, quieres. Ella deja su familia, todo lo que ama. Entrega su voz para tener piernas y poder conquistar al príncipe, y él muy tarado se termina casando… CON OTRA, y luego ella termina en un montón de espuma.

—¿QUÉEEE?

Reconocía una metedura de pata cuando la hacía, y sabía cómo corregirlas, con Kyoko se había ganado la maestría en la improvisación de excusas.

—En espuma, sí,… Para regresar al mar con todos sus amigos, ¿por qué no escoges a otra?

—La bella durmiente —exclamó emocionada.

Yashiro frunció el entrecejo.

—Mmmm, Aurora, no la mejor elección. Créeme, no querrás ser una inútil, esperando a ser salvada por un príncipe azul, además nunca sabes si tendrá mal aliento —dijo recordando su discusión con Kyoko.

La niña dejó escapar un resoplido.

—Blancanieves, entonces.

—Mmmm

—¿Ahora qué?

—Si quieres pasar tus días, lavando, cocinando, planchando para hacer a otros felices, y luego tener que esperar a que al príncipe le dé la gana de venir, perfecto.

—Entonces, ¿quién sugieres que sea? —preguntó exasperada.

—Hay algunas opciones interesantes —pensó en voz alta—. Mérida es una excelente opción.

—Pero tiene el cabello raro.

—No, ella tiene el cabello de un bonito rojo —dijo y sonrió a la imagen de una antigua cabellera rojiza llegando a su mente— además es impetuosa, decidida y valiente, así como tú. Y lo más importante, no necesita que un príncipe salido de Kami sabrá dónde para salvarla.

—Me gusta.

—O puedes ser Mulán, Mulán es mi favorita —exclamó emocionado—, ella es guapa, apasionada, inteligente, audaz y determinada, incluso salva a su país y honra a su familia. Sin mencionar que ese pelo corto negro le queda magnífico, es el cabello de una guerrera.

Si solo se hubiese podido ver el rostro en ese momento.

Una voz se aclaró a sus espaldas.

—Gracias por cuidar de ella. No sabía que fueras tan versado en cuentos de hada —mencionó su cita—. ¿Tienes niños?

—No, para nada, pero tengo una amiga que los adora, los cuentos de hada, me refiero, no los niños, bueno la verdad también es buena con los niños —dijo sin notar que sonreía de oreja a oreja, ni que estaba divagando—, puede que me los haya hecho ver todos, en una sola noche.

La mujer levantó la ceja, pero Yashiro no lo notó.

—Debe ser muy especial, lo digo para hacer el sacrificio de verlos todos en una noche con ella.

—Sí, Kyoko, lo es.


NA. Primero: No tengo absolutamente nada en contra de las madres solteras, el comentario de Yukihito va mas encaminado al hecho de que quien le consiguió la cita omitió mencionar que su cita tenía hijos, no al hecho de que los tenga.

Segundo: No hay absolutamente nada malo con ser una ama de casa. Algunas mujeres nos decidimos a entregarnos a una profesión, otras eligen dedicarse a sus hogares y las dos opciones son igual de valiosas.

¡Besos!