La cita

No era raro ver a Kyoko enfurruñada y envuelta en una bola de miasma oscuro cuando algo no iba bien, eso era después de todo una marca patentada en ella. Lo raro era ver a su leal y siempre dispuesto mánager con la cabeza baja y rodeado de nubes de tormenta murmurando con el celular en su mano enguantada.

—Yukihito, ¿estás bien?

Yashiro la miró y dejó escapar un suspiro desesperado.

—Mi hermana se casa.

—Eso es fantástico, felicitaciones.

El aura depresiva de Yashiro creció con más fuerza.

—Mi hermana menor —aclaró.

Kyoko siempre la incauta preguntó:

—¿No quieres que se case?

—No, no, no es eso. Pero trata de ir a una boda familiar, siendo el hijo mayor, casi en su treintena, soltero y sin cita —dijo agachando la cabeza—, es como poner un pie en infierno.

—¿Así de mal?

—Mucho peor —su rostro se transformó en una máscara de horror—, seguramente tratan de concertarme un matrimonio, de nuevo.

—¿De nuevo?—preguntó levantando una ceja.

—Larga historia, Kyoko-chan, larga historia.

Kyoko sonrió ante el uso del cariñoso honorifico, con el tiempo se habían acostumbrado al uso de sus nombres de pila sin honoríficos, pero a Yukihito a veces se le escapaba.

—¿Serían mejores las cosas si llevaras una cita?

—Bueno, sí, pero, ¿de dónde voy a sacar una cita?, con la última terminé en la sala de emergencias.

Kyoko rodó los ojos.

—Solo tienes que preguntar.

Los ojos de Yashiro se iluminaron cual árbol de navidad.

—¿De verdad?

—Bueno, tengo que mirar mi agenda, pero estoy segura que ese eficientísimo mánager mío encontrará la forma de que pueda acompañar a un buen amigo a una boda y salvarlo de lo que parece su infierno personal.

—Gracias, gracias, gracias —Kyoko sonrió al ver las flores que parecían estallar alrededor de Yukihito.

—¿Yukihito?

—¿Sí?

—Aún no me lo has preguntado.

Yashiro se enderezó y haciendo una principesca reverencia preguntó:

—¿Me concedería esta noble dama el honor de ser mi cita para la boda de mi hermana?

—Cómo podría negarme.