Y un funeral

—Corte —llamó el director—. Tomemos un descanso de cinco minutos mientras revisamos la toma.

Kyoko salió del plato en busca de Yukihito, era extraño no encontrarlo al pie de la escenografía, usualmente se quedaba observando las grabaciones.

Cuando finalmente lo vio, estaba sentado con la cabeza gacha entre las manos.

—Yashiro-san —lo llamó como normalmente hacía cuando estaban en el trabajo, la preocupación evidente en su voz.

Yashiro se incorporó de repente.

—Kyoko—le extrañó que no usara el honorifico—, sé que es poco profesional de mi parte, pero, tengo que irme.

—¿Yashiro?

—Ya hablé con Sawara-san y prometió enviar a alguien de la sección Love Me! para que me reemplace, lo lamento, de ver…

—Yukihito—llamó Kyoko realmente preocupada, poniendo la mano sobre su hombro—. ¿Qué sucedió? —dijo, y mirándolo a la cara, pudo ver la mirada de profunda tristeza y desconsuelo en sus ojos.

—Mi p-padre —se le quebró la voz, Kyoko le apretó el hombro en un gesto de fuerza—, mi padre tuvo un infarto masivo. Él… Él murió.

Kyoko ahogó un sollozo, se agachó a la altura de Yashiro y le habló:

—Espérame un minuto, ¿quieres?, solo un minuto.

Él no fue consciente de la conversación entre Kyoko y el director, ni cómo este último insistía en que no había ningún problema, mientras Kyoko hacía una profunda reverencia. Estaba sumergido en los recuerdos de su padre, en sus consejos, en sus palabras. Sintió una mano cálida sobre la de él y se perdió en los profundos ojos dorados.

—Vamos —dijo jalándolo, y como niño pequeño y perdido la siguió.

Fue un viaje silencioso, triste…, la última vez que hicieron el recorrido, estuvo lleno de risas y conversaciones, iban a una boda.

Kyoko recordó fragmentos de una de sus conversaciones con el señor Yashiro.

Yukihito puede ser un poco raro a veces, había dicho, pero es un buen hombre, un hijo dedicado, es trabajador y por lo que hemos visto y escuchado muy bueno en lo que hace —aún recuerda su sonrisa llena de orgullo—, aunque a veces puede ser un poco descuidado, así, que por favor, cuida de él. Ella le respondió con lo primero que le nació del corazón al pensar en Yukihito, la verdad, que no tenía por qué pedirlo, que ella siempre cuidaría de él.

Kyoko reparó en la entereza de Yashiro, incluso con el dolor y la pena de su pérdida se encargó de la organización de los ritos funerarios, su hombro siempre consolando a su desolada madre y a sus hermanos. Nunca se rompió.

Él no quiso que su madre soportara la hora y poco más que duraba el proceso de cremación, no era bueno para su debilitada condición y su hermana en avanzado estado de embarazo tampoco era una opción, así que ella se ofreció a acompañarlo durante ese último momento donde los restos mortales de su padre arderían con el calor abrasador de las llamas.

Se sentaron y permanecieron en silencio, Kyoko sintió a Yashiro estremecerse a su lado, no tenía que ver, para saber que estaba llorando, para saber que por primera vez desde que se enteró de la muerte de su padre, Yukihito se permitía romperse. Entrelaza su mano en la suya, tratando de brindarle fuerza, consuelo. Yashiro se aferra a ese agarre, como una línea de vida. Una lágrima resbala hasta caer en la unión de sus manos. Las palabras de despedida de su padre la última vez que lo vio volviendo a su mente.

El amor no debe ser guardado por mucho tiempo, hijo mío, si guardas algo como el amor dentro, te enfermas. El amor tienes que cultivarlo.