Talentos ocultos
La ve desde la distancia, sonriendo educadamente y respondiendo amablemente a las preguntas de su entrevistador. Toma el lápiz y sus manos viajan sobre el papel, los trazos son suaves y fluidos, levanta la vista, aunque no es que lo necesite, la tiene memorizada, la curva de su nariz, el perfil de sus pómulos, la sonrisa dulce y franca, la forma en que el siempre presente mechón del lado derecho encuentra su camino hacia su cara.
La mira porque desearía poder inmortalizar el brillo de sus ojos y la calidez de su sonrisa en sus sencillos y poco profesionales trazos. Quiere retratar para siempre el sonido de su risa, el dolor en sus lágrimas, la calidez de su presencia, la pasión en su mirada.
—Es hermoso —menciona la voz a sus espaldas.
Cierra la libreta de golpe y voltea a ver a María.
—No es nada.
María se sienta a su lado y toma la libreta de sus manos volviéndola a abrir.
—No sabía que podías dibujar, Yashiro-san —dice revisando los dibujos de flores, escenarios, animales, pero la mayoría de ellos son de Kyoko.
Yashiro se siente expuesto.
—Me encanta este —dice señalando uno de Kyoko jugando con Shiro-chan—, me gusta cómo captas ese brillo y calidez en sus ojos.
—¿De verdad lo crees?
—Sí, ¿puedo quedármelo?
Yashiro sonríe
—Sería un honor que lo tuvieras, María.
—Qué bien, lo pondré junto al muñequito tuyo que le quité a onee-sama, ya sabes, el que va en ropa informal y sin lentes.
María se fue saltando felizmente sin ser consciente de haber dejado a Yashiro boqueando como un pez fuera del agua.
