Ella dijo no

—Suéltala —gruñó apretando la muñeca de la mano que rodeaba el brazo de Kyoko.

Tuvo que poner todo de sí, para no ir y liarse a puñetazos con el co-protagonista de su representada. Desde el comienzo había sido obvio el claro interés de Lee Gin en Kyoko, y las llamas de los celos se habían encendido en su pecho, lo que empeoraba la situación era el hecho de que el hombre no hacia ningún esfuerzo por ocultarlo.

Era conocedor de la incomodidad de Kyoko sobre los continuos intentos del actor coreano para intimar y su renuencia a entender una negativa, pero ella había insistido en que podía manejarlo, era una profesional, e independientemente de sus sentimientos, era algo que Yukihito aceptaba y admiraba. Kyoko no era el tipo de mujer que necesitaba un hombre que la defendiera, pero ante sus ojos la situación pasaba rápidamente de claro a oscuro, lo que al principio fueron solo coqueteos e insinuaciones un poco subidas de tono, ahora se había convertido en acoso… Del peligroso.

—Calma, Yashiro-san, solo estábamos hablando —dijo tratando de liberarse del agarre de Yukihito que no cedió.

—Lee Gin-san —llamó Yashiro tratando de contener la furia que sentía—, la última vez que supe, para hablar no hace falta violar el espacio personal de mi representada.

—Pero si somos amigos. Además, ¿qué diferencia hacen unos cuantos centímetros? —contestó el hombre.

—Aquí, en Japón, importan mucho, además, a menos que tenga algún poder psíquico que implique conversaciones telepáticas a través del tacto, le agradezco evite el contacto físico no deseado con mi representada. Los japoneses no nos lo tomamos a la ligera.

—¿Tanta alharaca porque insistí en que fuera a tomar un café conmigo?

—Lee Gin-san —llamó Yashiro acomodándose los lentes—, Mogami-san ha dejado claro que no le interesa su invitación, bastante claro, múltiples veces si he de agregar. Seguramente todo el staff de producción puede dar fe de ello.

Se escucharon algunas risas en el fondo.

—Gran cosa que fuera.

—Cuide sus palabras, Lee Gin-san… Y sus manos —dijo soltando la muñeca del hombre con desdén—, o la próxima vez que toque a mi representada sin su explícito consentimiento, habrá una demanda por acoso laboral y sexual en sus antecedentes.

—¿Me está amenazando?

—Solamente estoy informándole de las potenciales consecuencias de su inapropiado y poco bienvenido comportamiento.

—¡Ja!, así que al final el gato sacó las uñas… ¿Sabes, Yashiro-san? —canturreó—, eres terriblemente protector, para ser solo su mánager —dijo haciendo especial énfasis en la palabra solo.

Había sido un golpe bajo y certero, eso Yukihito tenía que reconocerlo, pero no se lo iba a dejar ver.

—Es mi trabajo —afirmó—, es lo que me pagan por hacer —terminó tratando de dar por zanjadas las insinuaciones de Lee Gin.

Poco sabía del daño que con aquellas palabras le había hecho a una petrificada Kyoko a su lado.

Lee Gin camina hacia él con una sonrisa maliciosa en los labios y cuando está a la altura de su oído le susurra:

—Creo que ahora el villano es otro —dijo dirigiendo la mirada hacia Kyoko.

La máscara de Yashiro se rompió en ese momento al ver la expresión de los ojos de Kyoko.

—Déjame preguntarte una vez más, Yashiro-san, ¿estás seguro de eso?