De villanos y otras historias

Volvió a mirar el teléfono esperando ver algún mensaje de ella, pero seguía igual que hace dos días.

Siempre era una bendición tener días libres, pero hoy no. Se sentó mirando el techo con un sentimiento oprimiéndole el pecho, juraría que por un instante había visto en los ojos de Kyoko la sombra de dolor y la traición, lo que era ilógico, él solo trataba de ayudarla y si tenía que ser sincero quitarse finalmente la espina de Lee Gin del costado. ¿Qué había hecho mal?, eso estaba más allá de él, pero sí era consciente de que algo iba mal. No, no era que Kyoko estuviera abiertamente enojada, no era que le aplicara la ley del silencio, se trataba de cosas más sencillas y cotidianas: cuando le sonreía las arruguitas que se formaban en las comisuras de sus ojos no estaban, su mirada no danzaba como luces en el firmamento. Le daba esa sonrisa educada que le daba a todos, y sus conversaciones se limitaban a la revisión de la agenda o el análisis de propuestas, nada de bromas, nada de esa familiaridad y confidencialidad que habían compartido por años.

Se pasa la mano por los cabellos desordenándolos, tratando de entender.

Se había prometido preguntarle si había hecho algo mal cuando la fuera a llevar a casa, pero Kotonami-san había ido a recogerla, tarde de compras le dijeron, pero para él no pasó desapercibida la mirada desaprobatoria de Kanae.

La verdad, era que de repente se sentía como uno más del montón, Kyoko lo trataba como a uno más de sus colegas en el mundo del entretenimiento.

Pero entonces, ¿qué?

La realización le golpeó como un rayo, no podía ser eso, o ¿sí?

Antes de pensarlo estaba tomando las llaves del auto y azotando la puerta de su departamento.

El rápido repiqueteo en la puerta y los ladridos de Tsuki hacen que Kyoko se levante a toda prisa del sofá, dejando la película en pausa. Su respiración se atora en su garganta cuando lo ve, despeinado y a medio vestir en la puerta de su departamento.

—¿Yashiro-san? —allí estaba de nuevo el uso impersonal de su apellido—, ¿sucedió algo?

—¿Puedo entrar?

—Disculpa mi falta de modales, por supuesto, adelante. Voy a preparar un poco de té. Acomódate donde gustes.

—Gracias.

Yashiro jugueteó nerviosamente con Tsuki-chan mientras esperaba el regreso de Kyoko, cuando vio la película que estaba en pausa.

—¿Qué te trae por aquí, Yashiro-san? —dijo trayendo las tazas de té con ella.

—Nunca he necesitado una excusa para venir —mencionó tratando de ocultar el dolor que le causaba el lejano tratamiento. Volteó a mirar la pantalla del televisor y agregó—. Pensé que la íbamos a ver juntos —dijo con el ceño fruncido.

—Y yo pensé que era mucho más que solo un trabajo —y para él no pasó desapercibido el tono amargo de sus palabras—, además estoy segura que no te pagan para que veas películas conmigo, o ¿sí?

—Entonces, ¿es cierto?

—¿Qué cosa? —preguntó molesta.

—¿De verdad crees que eres solo un trabajo para mí, Kyoko? —exclamó entre herido y asombrado.

—Tú lo dijiste, yo estaba allí, ¿recuerdas? —dijo sin apartar la mirada, soltando cada palabra con amargura.

—Solo estaba intentando detener a Lee Gin.

El teléfono de Kyoko repiqueteó en su bolsillo pero ella lo ignora, él toma un respiro profundo y continúa.

—Eres mucho más que solo un trabajo para mí, Kyoko, mucho más y estaba seguro de que lo sabías.

El teléfono vuelve a sonar incesantemente y Kyoko lo sigue ignorando.

—Lo sé, lo sé, sé que somos amigos —exclamó ella—, pero no pude evitarlo.

Yashiro negó con la cabeza y se dejó caer pesadamente en el sofá, nunca se habría imaginado que las cosas iban a resultar de aquella manera.

—Kyoko, tú, eres mucho más que un trabajo, eres mucho más que una amiga… Kyoko…

Ahora el teléfono de él también repiqueteaba insistentemente. Yukihito maldijo para sí mismo. Miró el nombre en la pantalla: RETM. Tenía que contestar.

—Lo siento, tengo que contestar, es de RETM, la propuesta de colaboración internacional que hemos estado esperando para ti.