Reuniones
Era una vista para recordar la familiaridad de Kuu y Julienna con Kyoko, era como ver a un hijo regresar a casa después de una larga ausencia, pudo ver cómo la tensión que parecía atenazar a Kyoko la última semana se había disuelto entre la preparación de la comida, las charlas y las risas.
—No sabía que podías cocinar tan bien, Yashiro-san —mencionó Julienna, viendo desde la barra cómo Yashiro y Kyoko trabajaban en la cocina con sincronía.
—Creo que se lo debo a Kyoko, aquí presente.
—Tonterías —respondió Kyoko con un sonrojo—, tú ya sabías cocinar.
—No así de bien, sabes que es la verdad —dijo dejándose envolver por la familiaridad de la situación.
—Solo te enseñé algunos trucos —dijo Kyoko haciendo un puchero.
—¿Algunos trucos?, en serio Kyoko, ahora incluso puedo hacer una rosa con un rábano, mejor que si hubiese tomado clase con profesionales.
Todos rieron de buena gana, hasta que la voz del recién llegado los interrumpió.
—Buenas noches, lamento llegar tarde, el rodaje se retrasó.
El tiempo pareció detenerse, vio a Kyoko tensarse a su lado y a Kuu dedicarle una mirada preocupada a Julienna, la tensión podría cortarse con un cuchillo, pero, para el gran alivio de todos, fue Julienna quien finalmente rompió el incómodo silencio.
—No te preocupes, cariño, ya casi está lista la cena, siéntate.
Para Yashiro no pasó desapercibido cómo Kuon examinaba a Kyoko, no podía culparlo, ella era hermosa, mucho más de lo que era hace cuatro años, y solo le bastó una mirada para saber que algunas cosas no habían cambiado, porque Kuon la mira con los mismos ojos que la había mirado en el pasado, y quizás con un poco de remordimiento. Kyoko por su lado, parece tan tranquila como hace unos momentos, pero él la conoce lo suficiente para reconocer los sutiles signos de tensión y nerviosismo en su cuerpo.
Este es el momento que tanto temía, pero ya no hay marcha atrás.
Después de lo que parece una eternidad es Kuon el que finalmente habla.
—Es bueno volver a verte, Mogami-san.
—Buenas tardes Tsu-Hizuri-san, también es un placer volverle a ver.
—Escuché las buenas noticias, felicitaciones.
—Gracias —contestó Kyoko con un sonrojo—. Es un gran honor para mí poder trabajar con Kuu-otosan.
Yashiro tenía que reconocerlo, sin importar los asuntos pendientes y malos términos de rompimiento, los dos se trataban con la respetuosa cordialidad del pasado, antes de todo el fiasco, sin actuaciones de por medio. Quizás después de todo el tiempo y la distancia ayudan a sanar, a ver las cosas desde otra perspectiva.
Yashiro se aclara la garganta.
—Yukihito —exclamó Kuon—, viejo amigo, ¿cuánto tiempo ha sido?, ¿dos, tres años?
Yashiro sonrió de buena gana. No podía evitarlo, con Kyoko de por medio o no, Ren/Kuon era su amigo. Uno muy querido.
—Casi cuatro, Kuon, y veo que has logrado lo que siempre quisiste —dijo reparando en esa apariencia tan ajena a como lo recordaba y tan parecida a la de su madre.
—Trabajo en ello, amigo mío —dijo dándole la mano.
—Guau, sé que ya me habías dicho que eras rubio, pero es toda una vista, sin embargo debo decirlo, el rubio te luce.
Ante la afirmación ve a Kyoko envararse, con todas las emociones del reencuentro olvidó por completo el asunto de Corn y la fibra sensible que es ese tema para Kyoko.
Por lo que parece una eternidad el rostro de Kyoko es una completa máscara que no refleja ninguna de sus emociones y entonces así como el sol sale de a poco entre las nubes de un cielo nublado, una sonrisa dulce nace en sus labios y finalmente habla:
—Sí que lo hace.
Y por la sonrisa que le devolvió Kuon, supo que algo comenzaba a cambiar.
La cena transcurrió sin mayores sobresaltos, las conversaciones giraban en su mayoría alrededor de los proyectos en los que actualmente estaban embarcados o anécdotas graciosas de los últimos años. Sentado con Kuon y su familia no podía evitar sentir como si el tiempo nunca hubiese pasado, como si ellos fueran los mismos de tiempo atrás, los mismos de hace cuatro años, pero la verdad era que ya no lo eran.
