Respuestas a preguntas no formuladas
Deja caer el contrato en el escritorio y se quita las gafas. Toma una copa y se sirve un poco más de coñac y camina al ventanal, en el horizonte el sol comienza a ponerse. Debería aprovechar para ir a la playa o darse un baño en la piscina. Kuon y Kuu están fuera por trabajo y Julienna había arrastrado a Kyoko a una tarde de compras después de finalizadas sus reuniones. Él había decidido quedarse a revisar los detalles del contrato, pero su mente estaba en otra parte, con seguridad un poco de ejercicio le ayudaría a despejar la mente. El toque de la puerta lo sorprende.
—Adelante.
—¿Yukihito? —ve asomarse la cabeza de Kuon.
—Pensé que trabajabas hasta tarde —dice con sorpresa.
—Sí, así era, pero hubo un inconveniente con uno de los escenarios.
—Ya veo —dijo tomando otro trago de su copa.
—¿Sucede algo? Raras veces bebes, mucho menos a estas horas —mencionó sirviéndose él también una copa.
Yashiro cerró los ojos por un momento. Cuando los abrió habló con decisión.
—La amo.
Kuon detiene la copa a mitad de camino y la toma de un solo trago después de la pausa. Coge la botella y se sirve uno más, ofreciéndose a rellenar el de Yashiro, quien extiende su copa.
Kuon le dedica una sonrisa triste e incluso pareciera que vencida.
—¿Es esa la razón por la que dejaste de contestar mis mensajes?
—En parte sí —decide ser sincero—, en parte no. Eres mi amigo, Kuon, en algún momento te consideré un hermano, y eso no ha cambiado, pero la amo.
—¿Lo sabe? —pregunta—, ¿ella lo sabe?
—No, pero planeo decírselo, pronto. Pensé que merecías saberlo de mi boca.
—¿Sabes, Yukihito? La amo, una parte de mí siempre la amará, Kyoko es una parte de mi vida, una parte brillante que me hizo ser mejor. Es imposible que no la ame.
—…
—Ella es y no es la misma Kyoko de hace algunos años. Es una mejor versión de sí misma, tú la ayudaste a convertirse en la mujer que es hoy. Una mujer que cualquier hombre sería afortunado de tener a su lado.
—No —dice Yukihito con una sonrisa—, eso lo ha logrado ella sola.
—No, Yukihito, te equivocas, tú hiciste lo que yo nunca hice, la has puesto a ella primero, sobre los deseos egoístas de tu corazón.
—...
—La amo, quiero que lo entiendas, pero también quiero que sepas, que estoy dando un paso al costado.
Yashiro lo mira con sorpresa.
—¿Por qué? —fue lo único que pudo articular.
Kuon tomó otro trago más de su copa y la dejó en la mesa mientras caminaba hacia la puerta.
—Ella no me ama… Ya no.
Kuon cerró la puerta y se recostó en ella por un momento.
—Al final ganó el mejor hombre —susurró al vacío—. No esperes demasiado, viejo amigo.
Y con cada paso que daba alejándose, un ciclo que llevaba mucho tiempo abierto llegaba a su final.
