Ella no está sola
La ve a unos pasos de distancia, hablando animadamente con algunos de los que serán sus compañeros de reparto y sonríe. Es difícil pensar que la chiquilla insegura de hace algunos años es ahora una mujer hecha y derecha que desbordaba confianza y humildad a la vez. Pronto será tiempo de volver a Japón, la próxima vez que regresen será cuando comience oficialmente la filmación en un par de meses.
—Lo supe el día que la vi —habló Kuu Hizuri a su lado—, que era un diamante, el tiempo solo me ha dado la razón, ella es simplemente perfecta.
—Sí, lo es —dice y no puede evitar la sonrisa que nace en su corazón y que se refleja en sus labios.
Para Yashiro pasó desapercibida la mirada inquisitoria de Kuu.
—Ella es mi hija —afirma Kuu mirando con severidad a Yashiro—, puede que no lleve mi sangre, ni mi apellido, pero Kyoko es tan hija mía como lo es Kuon —Yashiro siente un escalofrío subirle por la espalda y empieza a entender de dónde provienen las auras demoniacas de Kuon—. Ella es, y siempre será mi pequeña, y cualquiera que se atreva a tocar un pelo de su cabeza u ose romper su corazón, deberá enfrentar la ira del clan Hizuri.
Yashiro mira a Kyoko y voltea mirar a Kuu, espalda recta, mirada en alto.
—No puedo prometer que nunca la lastimaré, eso sería mentir, pero nunca lo haré con intención —Kuu lo mira amenazante y Yashiro siente la imperiosa necesidad de aclarar su afirmación—. Emocionalmente me refiero, jamás levantaría una mano contra ella, primero me corto el brazo. A Kyoko la amo, la he amado por largo tiempo, ella es todo para mí y daría mi vida solo por hacerla feliz.
Siente el palmetazo de Kuu en la espalda dejarlo sin aire y se dobla hacia adelante tratando de recuperar la respiración.
—Voy a confiar en ti, Yukihito, cuida a mi preciosa niña…, pero, ya sabes lo que sucederá si no lo haces —escucha la voz risueña de Kuu alejándose y entrevé a una angustiada Kyoko, viniendo en su ayuda.
Pero bueno, no se podía quejar, salió bien librado, solo una palmadita en la espalda que casi le saca el pulmón, después de todo, las cosas pudieron haber ido mucho peor.
