Mil gracias por sus maravillosos reviews, no he podido contestarlos, pero siempre los leo y me alegran muchísimo.
Pensando en ti
Mira el estuche sin terminar de creerlo. Lo mira y la vuelve a mirar a ella, la expresión atónita en su rostro no tiene precio.
—¿C… cómo? —pregunta cuando finalmente encuentra las palabras.
—Es un secreto de estado —dice con una sonrisa coqueta—, ¿te gustan?
—Me encantan, nunca nadie me había dado algo como esto. No debiste.
—No, no debía, pero quería, además sé lo poco que te gustan las lentillas y que hace semanas estás cambiando la montura porque te está molestando y no lo has hecho. Así que bueno..., estaba en Knightsbridge y me acordé de ti —comentó con un rubor en las mejillas.
—Pero, Kyoko, hubiese bastado con unas sencillas, no tenías... Son unas Tom Davies, Kyoko —mencionó repasando con las yemas de los dedos el discreto grabado de su nombre.
La verdad era que era el mejor par de lentes que había tenido jamás, no lo mal entiendan, siendo cegato como lo era él, solía gastarse una pequeña fortuna en lentes, eran sus ojos después de todo, pero nunca diseñados exclusivamente para él, pensados en él.
—Pruébatelos —le pide ella y él no puede hacer más que cumplir, y la verdad sea dicha: Son sencillamente perfectos.
—Son perfectos, Kyoko, gracias, pero ¿cómo hiciste? ¿Cómo supiste la prescripción de los lentes?... Todo.
—Te conozco.
—¿Me conoces o me has estado espiando? —dijo con una sonrisa maliciosa y coqueta.
—Espiar no es correcto, Yukihito —dijo fingiéndose ofendida.
—Entonces, ¿cómo es que has conseguido información médica confidencial?
—Bueno… —Yashiro vio con satisfacción y orgullo masculino cómo las mejillas de Kyoko se coloreaban de un rojo más intenso—, puede que le haya comentado de mis planes a tu médico, para sorprenderte —respondió con las mejillas encendidas y su corazón aleteó inquieto en su pecho—, además puede que le prometiese entradas a la premiere de mi próxima película.
Yashiro levantó una ceja, una sonrisa de medio lado en su boca.
—¿Quién eres y que has hecho con Kyoko-chan?, ya no solo me espías sino que ahora también ¿sobornas a mis médicos?
Kyoko hizo un puchero.
—Si no las quieres dámelas de regreso.
—No, son mías —dijo poniéndoselas y Kyoko sonrió, una de esas sonrisas que le calentaban el alma—. Es lo mínimo que merezco después de que violaran mi privacidad.
Vio a Kyoko envararse y vio la disculpa venir en camino, a veces olvidaba que Kyoko se tomaba algunas cosas muy a pecho.
—Y yo que pensé que espiar el historial médico era privilegio de los casados —dijo fingiéndose afectado—, y tú no me has invitado ni a una cita.
Kyoko permaneció en silencio un momento.
—¿Kyoko?
—Deberías ser tú el que la pidas, ¿lo recuerdas?
Su corazón se brincó un latido y con las palabras de ella retumbando en su cabeza, dio finalmente un salto de fe.
—Mañana a las ocho para cenar.
—¿Tu apartamento o el mío?
—Ninguno, te voy a llevar a una cita. No una de colegas, ni tampoco una de amigos, te voy a llevar a una cita de un hombre que está interesado en una mujer, en una bella mujer, así que mañana paso por ti a las ocho.
La vio abrir y cerrar la boca como pez fuera del agua y luego susurrar con las mejillas rojas:
—Me encantaría.
