Navidades
A Kyoko le encanta torturarlo, no hay otra explicación del por qué se pasea por su departamento poniendo decoraciones navideñas vistiendo solo su camisa, oh, sí, porque él sabe muy bien que no lleva nada, absolutamente nada más, puesto, toma un sorbo más de su café y acaricia la cabeza de Tsuki-chan que está acostado a su lado.
—¿No es un poco temprano para las decoraciones navideñas? Además no es como si los japoneses celebráramos navidad…
Una mirada de ella es suficiente para cerrar la boca y seguir tomando su café, mientras se pierde en sus piernas desnudas.
—Listo —dice feliz tirándose a su lado en el sofá— ¿Cómo quedó?
—Lindo.
—¿Eso es todo? —dice haciendo un puchero.
—No sé qué esperas que diga.
—Algo más.
Él sonríe y le revuelve los cabellos atrayéndola hacia sí.
—Es perfecto, como tú, pero, ¿sabes que sería más perfecto?
—¿Qué?
—Si dejamos de pretender que vivimos separados. Ya sabes, mi apartamento es un criadero de arañas de lo poco que paso por allá. Y sería mejor compartir cuentas contigo que pagarle al alquiler a las arañas. Además no es como si no compartiéramos las comidas, la cama y otras superficies.
La cara de Kyoko se tornó colorada y él rió.
—Y yo aquí esperando una declaración más romántica —dijo con su característico puchero y él la besó.
—Ah, es que se me ocurrió señalar el lado práctico del asunto, así lograría convencerte más rápido de que vivir juntos es una perfecta elección, pero si ayuda a mi causa, debo recordarte que te amo con toda el alma y el corazón.
—Tú, tú, pequeño manipulador, pero sí, sí, acepto.
