Mi regalo, mi vida
Ella aún duerme y él revisa por última vez la libreta en sus manos, lo ha pensado una y otra vez y lo ha planeado cuidadosamente. Este debería ser el regalo de día blanco para ella, pero siente que al final del día el más afortunado será él.
Deja la libreta en su lugar de la cama, una nota adhesiva en la tapa con la palabra Ábreme.
Sale del apartamento llevando a Tsuki con él, su peludo amigo también hace parte de la sorpresa.
Kyoko abre los ojos perezosamente buscando la calidez de su costilla, pero en lugar de tropezar con la familiar forma, sus manos tropiezan con una libreta, sonríe al ver la nota en la perfecta caligrafía de Yukihito. La abre y sus manos recorren curiosamente los trazos en las hojas, un cuento de una princesa guerrera y su fiel caballero. Era extraño verse personificada como una princesa, y era aún más curioso cuán acertado era que Yukihito fuera su caballero y no un príncipe.
Sonríe al ver las peripecias que hace el caballero en las primeras páginas para ayudar a la princesa guerrera a superar sus peores miedos, y cómo su trabajo se transforma rápidamente en una bella amistad, de la que termina floreciendo un bonito amor. Todo dibujado en aquellas páginas, no hacían falta palabras, diálogos, él había retratado cada gesto, cada caricia, cada sentimiento, él había pintado su historia, la de ellos, convertida en uno de esos cuentos que ella tanto adora.
Cuando llega a la antepenúltima página, hay un último retrato, de ella dormida en la cama de dosel con la libreta a su lado, solo una página más. Sonríe al ver la imagen de la última página, juraría que puede sentir la brisa, la caricias del sol, el olor a sal, que puede escuchar los ladridos de Tsuki, que escucha la sonrisa de Yukihito, esa que le recuerda al trinar de los pájaros en las mañanas de primavera. Una nota al final de la hoja hace su corazón saltarse un latido.
Estoy listo para escribir un nuevo capítulo en mi vida y quiero que sea contigo. Estaremos esperando por ti.
Lo encuentra allí, sentado contemplando el horizonte, su cabello siendo movido suavemente por el viento, los pies enterrándose en la arena.
—Hola —dice y sin esperar invitación se sienta a su lado, poniendo su cabeza en su hombro.
—Hola —responde él—, supongo que te lo puse muy fácil.
—Supongo, ahora cuéntame cómo comienza ese nuevo capítulo, me da curiosidad.
—Pues verás, comienza con una pregunta y una respuesta, y puede que incluya una casa con un patio muy grande y discusiones sobre el color del que deberían ser las cortinas, también puede que haya grandes y pequeñas peleas que terminaran en apasionadas reconciliaciones. Con seguridad siempre estaremos allí él uno para el otro, incluso cuando nos odiemos, habrá risas, y planes, muchos de ellos, algunas veces no será fácil, pero con el tiempo vendrán más alegrías y risas y quizás pequeños pies corriendo por todo el lugar.
—No habrá discusiones sobre el color de las cortinas.
—¿Perdón?
—No tienes opinión sobre eso —dijo con una sonrisa.
—Pero… —iba a replicar cuando lo entendió.
—Sí —le dice ella sonriendo—, quiero el resto de capítulos de mi vida contigo, Yuki, pero debo recordarte, que no vengo sola —dijo señalando a Tsuki que correteaba por la playa.
—No lo querría de otra manera —mencionó sacando la caja de terciopelo del bolsillo—, pero solo para estar seguro de no estar soñando o que estamos hablando de cosas diferentes —a esto Kyoko soltó una risa nerviosa—. Déjame preguntarlo a la vieja usanza. Kyoko Mogami, ¿te casarías conmigo?
—Sí, sí. Te amo.
